06/11/2008

Y aquí la segunda parte de nuestro resumen del festival In-Edit 2008, con un repaso a los años 60, The National, el heavy metal en […]

Y aquí la segunda parte de nuestro resumen del festival In-Edit 2008, con un repaso a los años 60, The National, el heavy metal en Iraq, los Rolling y un poquito de oscuridad a la Joy Division. Como siempre, después del salto. Disfruten.


The National: A Skin, A Night (Vincent Moon, 2008)
A Skin, A Night es de este tipo de documentales o películas que cuando los ves por primera vez no sabes muy bien a qué conclusión llegar. Sabes que no te ha dejado indiferente, pero tampoco te ha cambiado la vida, por decirlo de alguna forma. Es de los que captan la atención pero no absorben, que tienen sabor pero fallan en sustancia, que atraen, pero no fascinan. El archiconocido Vincent Moon (alma de La Blogothèque) firma y filma en esta pequeña obra el singular proceso de grabación de su último álbum, Boxer (Beggars Banquet, 2007), que parece no ser más que la excusa para mostrar la cara más humana (y melancólica) de The National con una estética exquisita. Y a pesar de la dispersión, de “la falta de”, el efecto es épico, bonito. Casi lírico. Vincent Moon balancea la reflexión, la elocuencia de los personajes y los paisajes urbanos con delicadeza y fragilidad, y convierte el conglomerado en una enorme paradoja visual; una mezcla del éxito y circunstancias de la banda, la magnanimidad de su música y la infinita tristeza que todo lo rodea. Aquí la melancolía trasciende la pantalla; y, aunque la fórmula no siempre funciona, tampoco se puede decir que falla. ¿El resultado? Como una gota de tinta en un vaso de agua, que cantaban ellos: si no se remueve, no se mezcla. Y si se mezcla, pierde color. (Carlota Surós)

The Rolling Stones: Gimme Shelter (Albert & David Maysles, Charlotte Zwerin 1970)
Ya lo dijo el director (el mismo del documental de los Beatles) al terminar: la mejor película para mostrar lo que era el rock. Y es que un concierto gratuito de los Rolling podía dar de mucho… 4 nacimientos… 4 muertes… Para después quejarnos de nuestros festivales… ¡Imprescindible! (Romà Bertran)

A Technicolor Dream (Stephen Gammond, 2008)
90 minutos parecen ser los necesarios para la culminación de este interesante documental sobre la década de los sesenta. Ya se sabe: música, ideas y drogas que se balancean a través de imágenes, testimonios y una narración que rodean aquel happening (adjetivado así por John “Hoppy” Hopkins, uno de sus pensadores) del 29 de abril del 67, al que llamarían 14 Hour Technicolour Dream y resultó ser el principio del fin del movimiento underground tal y como se conocía entonces. No falta nada, pero tampoco sobra nada. Si obviamos la sinopsis con que presentaron la película (que no se ajusta del todo al contenido), podemos entender la misma como un vehículo contextual de un concepto y una época de clara agitación social. Aquí se habla de todo: desde la lectura de poemas en el Albert Music Hall y la fundación de la London Free School hasta las manifestaciones del CND (el movimiento antinuclear que empezó en los cincuenta), el auge literario de la generación Beat y el principio de una era experimental que abarcaría (y cambiaría) lo que había sido entendido como cultura popular hasta entonces. Pink Floyd, Love, Move o Pretty Things (recuperados lícitamente por Gammond) musican este viaje a través del tiempo y el espacio; y Hoppy, Nick Mason (Pink Floyd), Roger Waters (Pink Floyd) o Joe Boyd (productor de varios grupos y co-fundador del club UFO) son sólo algunos de los muchos personajes que dan voz al movimiento, dando a percibir el idealismo, resignación, nostalgia y negación (mediante la voz de Waters) que ha permanecido a lo largo de esta travesía cultural. Un apunte interesante es, asimismo, la involución de la figura del malogrado Syd Barrett, quien ilustra, de forma más o menos metafórica, el transcurso del movimiento: la culminación inmediata y paulatina decadencia del underground. Más acertado que su transcurso, un final incierto y contundente cierra el documental, que no es más que lo que se muestra, pero que tampoco por ello merece ser relegado al olvido. (Carlota Surós)

Heavy Metal in Baghdad (Eddy Moretti & Suroosh Avi, 2007)
Al poco de caer el régimen de Sadam Hussein en Irak, la revista Vice publicó un artículo acerca del único grupo de heavy metal del país árabe, Acrassicauda. A partir de aquí, la curiosidad de los miembros del staff del magazín norteamericano fue creciendo paralelamente al conflicto interno que azota Irak en la posguerra, para concluir en los dos viajes que dos miembros de Vice TV hicieron primero a Bagdad y luego a Damasco, en Siria, donde acabaron exiliados todos los miembros de la banda. Acrassicauda podría haber sido un grupo de punk, pero no de pop o electrónica. El hecho de pertenecer a un colectivo contestatario como es el heavy metal por definición, añade la épica bélica a la miseria de la guerra que sustenta buena parte de la película. Es, pues, Heavy Metal in Baghdad, un buen ejercicio de periodismo de guerra cuya grandeza reside precisamente en escaparse de los aspectos técnicos del conflicto para adentrarse de pleno en el trasfondo social a través de un grupo de rock. (Eduard Gras)

Joy Division (Grant Gee, 2007)
Que Joy Division es muchísimo más que ‘Love Will Tear Us Apart‘ ya lo sabemos todos. De hecho, Joy Division era y sigue siendo Ian Curtis, en quien este documental se centra evitando el sentimentalismo y con un admirable y necesario distanciamento. Aún así acaba siendo emotivo, y resulta difícil no empatizar con la figura torturada de un personaje introvertido que sufre frecuentes crisis epilépticas, totalmente anulado por la presión que rodeó al grupo a partir de su primer trabajo, y que terminó colgándose en su propia casa después de haber hecho un disco llamado Closer (‘más cerca‘, pero también ‘uno que cierra‘) con una tumba en la portada. Documental de aproximación cinematográfica, con los testimonios de los restantes miembros de Joy Division al completo, e imprescindible para preservar el legado real de Joy Division en su justa medida, que es mucho. (Aleix Ibars)

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