30/10/2008

Conciertazo. Vaya por delante mi admiración hacia los conciertos Don’t Look Back: en una época de fast food musical, bravo para los que reivindiquen la […]

Conciertazo. Vaya por delante mi admiración hacia los conciertos Don’t Look Back: en una época de fast food musical, bravo para los que reivindiquen la importancia de un disco en conjunto, máxime si es del calibre de este Perfect From Now On, y se arriesguen a plasmarlo en directo con todos los problemas que ello puede suponer. Sabemos todos que un disco es un viaje (sobre todo si hablamos de Built to Spill), con sus idas y venidas, sus vaivenes, sus momentos extáticos y sus recesos. Pero es maravilloso que toda una nueva generación de fans (entre los que me incluyo) pudiera vivir ayer por la noche la interpretación completa y en orden de Perfect From Now On, el tercer disco de la banda de Idaho, publicado en 1997.  Algo para recordar…

El concierto, como el disco, tuvo sus momentos: empezó maravillosamente con ‘Randy Described Eternity‘ (aunque Doug Martsch rompiera una cuerda de su guitarra a media canción), mantuvo el vuelo con las dos siguientes canciones, llegó al clímax con los diez minutos (o más) de la colosal ‘Velvet Waltz‘ (emotiva, desbordante, todo lo que esperábamos de ella y más), y luego se relajó un poco para aterrizar con la canción que culmina el disco, ‘Untrustable-Part 2 (About Someone Else‘, también ejecutada a la perfección. Tres guitarras, un bajo, una batería y un violonchelo fueron suficientes para que el tiempo se detuviera y una hora de disco transcurriera en un suspiro.

Y después llegó el delirio: sabíamos que en el bis caerían algunos temas clásicos, pero no esperábamos que las últimas notas de ‘Untrustable…’ se encadenaran con la batería que inicia ‘Goin’ Against Your Mind’ (canción que abre You In Reverse, su último disco), y una entregada audiencia certificó algo todavía más valioso: que Built to Spill hicieron un grandísimo disco en 1997, pero que once años después siguen emocionando y siendo capaces de escribir grandísimas canciones. Chapeau.

Y no sólo eso, sino que son capaces de epatar en directo gracias a sus majestuosas composiciones. Su entrega física no es excesiva, están absortos en sus instrumentos y se dedican simplemente a tocar, apenas hablan entre canciones, y dejan que su música sea quien lo diga todo. El bis ya fue descomunal: una celebradísima ‘Car‘ dejó paso a la versión que dejó atónita a la sala Apolo (salvo a los que leyeron indiespot ayer), ni más ni menos que ‘Paper Planes‘ de M.I.A., quizá el momento más flojo del concierto pero una buena y curiosa válvula de distracción, para concluir con ‘Carry The Zero‘ y el agradecimiento final de Martsch, en nombre de un grupo que pareció quitarse una espina clavada después de su decepcionante concierto en el Primavera Sound 2007. Y de qué manera. A sus pies.

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