21/09/2008

Cuando el público empezó a hacer espontáneamente los coros de ‘En la que el Bernat se’t troba’, sin dejar tiempo al cantante Guillem Gisbert a […]

Cuando el público empezó a hacer espontáneamente los coros de ‘En la que el Bernat se’t troba’, sin dejar tiempo al cantante Guillem Gisbert a pedirlo, las caras de los cuatro en el escenario eran un libro abierto que hablaba de sorpresa, gratitud y felicidad. Por segunda vez en pocos meses, los presentes en los Jardinets de Gràcia tuvimos la certeza de que son un secreto a punto de convertirse en vox populi, porque esto no se puede esconder mucho más tiempo. Quizás sea por la franqueza que transpiran y el sentido del humor que les hace cercanos, pero su sencillo directo es un regalo. Manel son un regalo.

El estribillo de dicha canción, ‘En la que el Bernat se’t troba’, es la descripción perfecta de qué significa el grupo, sus canciones y sus conciertos. Cantan «que bonic!, que bonic!, que bonic, m’he dit» a pleno pulmón, y hace falta muy poca autosugestión para que el coro atraviese la piel y lo riegue todo. Manel es un grupo de un optimismo surreal. ‘Pla quinquennal’ es el ejemplo: la seguridad y la esperanza razonada se anteponen a cualquier síntoma de fracaso, confiando el éxito al papel determinante de una ¡¿corbata?!

Pero más que sus canciones, lo realmente significativo de la tarde de este sábado de Mercè, fue la constatación de que cuentan con una base de seguidores afianzada, que cantan sus canciones y las viven, quedando el público en una bonita mezcla de familias con hijitos, algún hippy de guitarra y foc de camp y bastantes pantalones de pitillo. Sin ánimo de estereotipar, sirve esta fácil descripción para deducir que Manel son, ahora en sus comienzos, tremendamente transversales. Y para sacar provecho de esto hace falta una buena autogestión y hacer de su naturalidad su principal activo.

El único pero a la actuación fue el formato del concierto, repetido al dedillo al que ofrecieron la Universitat de Barcelona en julio. En ‘Nit freda per ser abril’ (preciosa oda a los tímidos) y ‘Ceràmiques Guzmán’ (un canto a los enamoramientos fugaces y anónimos) Gisbert empieza las piezas relatando una escena inmediatamente anterior al concierto que engancha con la canción. Ayer nos volvió a encantar, pero será mejor para ellos que Gisbert agudice el ingenio y se piense otras sorpresas.

Su disco de debut está previsto para este octubre bajo el paraguas del sello Discmedi. Grabado este verano, el álbum previsiblemente incluirá la mayor parte de canciones de la maqueta, pero no ‘El bròquil’, esta hilarante versión («ja sé que no sóc Sant Pere» cantan en el estribillo) de ‘La tortura’ de Shakira con la que cierran los conciertos, también ayer.

La foto está extraída del Flickr de tpanades.

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