18/08/2008

Anoche vimos dos conciertos de sendos grupos catalanes que seguramente están viviendo su mejor momento como banda. Por un lado, y como les avanzábamos ayer, […]

Anoche vimos dos conciertos de sendos grupos catalanes que seguramente están viviendo su mejor momento como banda. Por un lado, y como les avanzábamos ayer, Sanpedro tocaron en el Teatre Grec de Montjuïc y Mishima en el Festigàbal de las fiestas mayores de Gràcia. Ambos grupos son los responsables de dos de los mejores discos en catalán del año pasado, L’atracció monumental (Cydonia) por parte de los primeros y Set tota la vida (Sinnamon) por parte de Mishima, pero parece que el mundo sólo se ha dado cuenta de que existen estos últimos. Fue extraño, pero Sanpedro apenas congregaron un centenar de persona en la montaña mágica en lo que anticipábamos como el marco perfecto para sus costumbristas y monumentales canciones.

Oriol Canals, cantante de Sanpedro, es un frontman atípico. Habla al público como si nos estuviera invitando a entrar en su casa, para que nos pongamos cómodos y que observemos y disfrutemos, que él y los suyos nos van a dar un recital. Sabe caer en gracia, aunque tenga problemas con su guitarra y le tenga que pedir prestada la de Raül Moya, que había tocado justo antes. Pero no importa, como tampoco que se equivocara en la letra de un par de canciones. Con el escenario del Grec iluminado y la pared de detrás de un color anaranjado, las canciones de L’atracció monumental y el anterior La porta estreta suenan a orquesta cuando lo único que se podría denominar así es el órgano pregrabado que hacen sonar en su mejor canción, ‘El Caire’.

Y es que sinceramente, no nos explicamos la poca cantidad de gente que se acercó a verles. De acuerdo que es agosto y que la ciudad está vacía estos días, pero como bien apuntó Raül Moya al acabar su repertorio, en un país normal Sanpedro tocarían más a menudo y tendrían el reconocimiento que se merecen. Echando una ojeada al respetable, lo que está claro es que el respeto de sus colegas lo tienen, pero esto es muy raro. Tanto sus textos como a nivel musical, sus composiciones están a un nivel superior de la mayoría de material publicado aquí en casa los últimos tiempos. ¿Qué es lo que pasa?

Los que ya no tienen este problema son los Mishima. David Carabén y los suyos llenaron sin problemas la plaza Rovira i Trias de Gràcia y no es temerario afirmar que dieron uno de los mejores conciertos desde que publicaron Set tota la vida. Y créanme, que los he visto muchas veces los últimos meses. Pueden empezar el concierto con dos canciones antiguas, de cuando cantaban en inglés, y no pasa nada, el público está de su parte y viene convencido de casa. A su vez, el principal defecto de Mishima es su mejor virtud. La tristeza y la desolación con las que llenan sus discos no las consiguen trasladar al directo (lo intentaron en el Auditori en mayo y así les fue), así que optan por convertirlo en un espectáculo. Y cuando no tienen encima ningún tipo de presión o ya se han encargado de olvidarla se despiertan como unos maestros de como hacer un concierto entretenido y animado.

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