25/07/2008

El FIB, más que un festival de música, es una constante prueba de supervivencia. Uno se acuesta tarde, se levanta pronto por el calor, por […]

El FIB, más que un festival de música, es una constante prueba de supervivencia. Uno se acuesta tarde, se levanta pronto por el calor, por la noche hace cosas que no contaría a su madre ni a su novia y, cuando llega al cámping, no se preocupa en ordenar un poco sus cosas. Así, no es de extrañar que, de repente, uno no sepa dónde ha dejado cosas de valor tan dispar como, por poner un par de ejemplos al azar, una acreditación de prensa o unas palas para jugar a tenis en la playa. Si no pregúntenle a Orri Páll Dýrason, el batería de Sigur Rós, que en el concierto del jueves del pasado FIB perdió la colorida corona que luce en la foto de arriba. El grupo islandés se ha espabilado a dejar un requerimiento en su página web donde ofrecen una recompensa a quien sepa algo que ayude al bueno de Orri a recuperar su «fantástica» corona. Quién sabe, ni que sean un par de entradas para alguno de los conciertos que Sigur Rós darán en Madrid y Barcelona el 12 y 13 de noviembre respectivamente y que, por cierto, salen hoy a la venta. Ya saben, a través de los canales habituales etc etc, y al módico precio de 35 euros más los habituales gastos de distribución. Yo no sé qué pensarán, pero me da a mí que la sala Razzmatazz vivirá esa noche un lleno bien agobiante.

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