15/07/2008

El camión de la basura circula en dirección contraria, y Tom Waits ha tocado en Barcelona. Pueden pensar que son cosas que sólo un ilusionista […]

El camión de la basura circula en dirección contraria, y Tom Waits ha tocado en Barcelona. Pueden pensar que son cosas que sólo un ilusionista puede lograr, Waits lo es, pero esta vez va en serio. El ilusionista hace creer al público que algo imposible está ocurriendo; Tom Waits logra que ocurra. No lo simula. Son dos horas en las que te envuelve con un manto invisible y te cuenta flojito a la oreja, con su característica voz rota, que te va a llevar a un lugar en el que no has estado antes.

Así es un concierto de Tom Waits. Su voz ya forma parte del personaje creado, las canciones antiguas también se ven afectadas por el filtro de los años pero en la medida precisa, no hasta el punto de hacerlas irreconocibles. Tom es un ilusionista que crea lo imposible, y lo logra comandando una banda excelsa. Esta noche no habla mucho, seguramente por temor a la comunicación errónea. Es honesto. Tan honesto que logra ponerte los pelos de punta cuando inicia ‘Innocent When You Dream‘, cuando golpea repetida y metódicamente el suelo levantando una arena polvorienta y juega a su antojo tanto con el público como con su banda.

Tom se lleva de gira a su hijo Casey como batería en su banda, y también hace intervenir en un par de ocasiones a Sullivan, su otro retoño. Seguro que Kathleen estaba entre bastidores también. Ya no hay rastro de la persona confundida, perdida, aislada, que crea canciones para sobrevivir; Tom está de vuelta, eso ya lo ha vivido, ahora crea realidades basándose en todo lo que ha pasado, crea realidades muy exactas, y por ello muy honestas, y crea por el mero placer de crear. Es un ilusionista de verdad, capaz de dejarnos completamente boquiabiertos con interpretaciónes descomunales de ‘Hoist That Rag‘ o ‘Make It Rain‘, de aquellas que terminan pero no te das cuenta, de las que pueden alargarse seis o siete minutos pero te parece que acaben de empezar. Un pequeño entarimado circular, la banda rodeando a Waits y mirándole en todo momento, un telón de fondo adornado con platos de batería y una decena de megáfonos, de distintos tamaños y tipos, vigilando desde la alturas. Un traje viejo, barato y que le va corto, su clásico sombrero que sólo se quita momentáneamente para dar las gracias, sus gestos al público, a su banda, para hacerles funcionar desde su posición privilegiada de domador de circo, de rey de la noche. «Creo que no hemos trabajado nunca juntos, ¿verdad?«, espeta simpático cuando el ritmo de las palmas del público no era el adecuado. No, Tom, aunque eso ya es historia.

Ahora se me hace raro escuchar sus canciones sin aplausos, sin ovaciones contenidas para no perderse ni un segundo de la interpretación, de esta ilusión tan real. Y el precio: 130 euros por el concierto, con las 23 canciones que más o menos ha tocado esta noche, me sale a poco más de 5 euros por canción. 5 euros por poder vivir ‘All The World Is Green‘, ‘Falling Down‘, ‘God’s Away On Business‘, ‘Innocent When You’re Dream‘, ‘Make It Rain‘ en directo. 5 euros por canción: piensen en cuánto le habrá costado a Tom parir cada uno de esos temas. Cuánto ha tenido que vivir, beber, sufrir, llorar. Te lo debemos, Tom. Desde el guiri con sandalias al yuppie trajeado, desde el que se emociona con ‘All The World Is Green‘ al que te imita a la salida del concierto, desde el padre de familia al trabajador del Auditori del Fòrum que no quiere perderse el concierto, desde el segurata que me echa porque quiere llegar a casa después de muchas horas de trabajo a la que desea que toques ‘Downtown Train‘. Te lo debíamos todos los que estuvimos allí, Tom. La mayor ovación te la llevaste antes de empezar, cuando saliste al escenario. Todos en pie. Gracias.

Espantapájaros Tom

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