15/06/2008

‘Let Down’. ‘Fake Plastic Trees’. ‘2+2=5’. ‘Creep’. ‘Karma Police’. ‘No Surprises’. ‘Just’. ‘A Wolf At The Door’. ‘How To Dissapear Completely’. Éstas son algunas de […]

‘Let Down’. ‘Fake Plastic Trees’. ‘2+2=5’. ‘Creep’. ‘Karma Police’. ‘No Surprises’. ‘Just’. ‘A Wolf At The Door’. ‘How To Dissapear Completely’.
Éstas son algunas de las -inmensas- canciones que el pasado jueves Radiohead no tocaron en el Parc del Fòrum, en el marco del Daydream Festival, creado exclusivamente a su alrededor y que confirmó a los de Thom Yorke como una de las bandas más grandes del mundo, incluso en un país musicalmente anómalo como el nuestro. Primero digamos lo que falló y luego ya construiremos en positivo: fallaron algunas canciones clave por ausencia (especialmente de OK Computer, disco por el que pasaron de puntillas), falló el sonido (especialmente en las primeras canciones, decepcionantemente bajo), falló un poco el ritmo del concierto (dos horas de show, supongo que es normal), falló el recinto y fallaron (por suerte) las previsiones que apuntaban a una lluvia torrencial que hubiera convertido en épico el concierto. Parece que fallaran muchas cosas, ¿no? Pues en realidad no: todo da igual cuando el grueso del concierto es de una calidad extraordinaria, cuando una banda seminal de la talla de Radiohead se sube a un escenario, a cualquier escenario del mundo. Y sobre todo cuando el grupo que hay allí arriba no sólo es uno de los más relevantes de la última década de historia musical, sino que seguramente sean los tipos que más merezcan el éxito que han obtenido.

Es curioso, porque a juzgar por los grandísimos discos que han hecho, si nos centramos únicamente en el binomio calidad-repercusión, Radiohead deberían tener todavía muchísimo más éxito del que tienen. Sin embargo, cuando tocan ante 20 mil personas (como afirma Sinnamon que hubo en el festival), la sensación es la contraria: ¿cómo puede ser que este grupo guste a las masas? Su música es oscura, retorcida, Thom Yorke es un tío medio autista cuyas canciones despliegan en general un panorama de pura desolación, con el ejemplo más claro en el devastador concepto sobre el que gira OK Computer, su disco cumbre. No es el paradigma perfecto de grupo que hace sentir bien, en plan Coldplay.

Y aún así, ahí estaban miles de personas, después de haber pagado 70 euros, para ver a Yorke y sus compañeros. Radiohead se han visto desbordados por su propio éxito desde hace muchos años, desde que ‘Creep‘ fue el pelotazo que tomaría el relevo del grunge a mediados de los 90. Radiohead no son un grupo de estadios, no pueden dar un espectáculo como hacen la mayoría de grupos que tocan en estadios: y no sólo porque su música no se preste a ello, sino porque ellos no se prestan a ello. No quieren prestarse a ellos, no pueden. En este caso el problema fue que el contexto: demasiado revuelo mediático últimamente, demasiada promoción del Daydream, y demasiada voluntad por abarrotar un recinto que ni era el mejor para un concierto de Radiohead, ni ofreció las mejores garantías técnicas (el sonido empezó muy flojo, como ya he comentado, e imagino que fue por las quejas de los vecinos).

Cinco contra veinte mil

Pero salvando todo eso, fue un gran concierto. In Rainbows es un magnífico disco, por mucho que digan, y de hecho ‘Nude‘ y ‘Jigsaw Falling Into Place‘ fueron de los mejores momentos del concierto, especialmente ‘Nude’, que sonó en los primeros compases y ayudó a entrar en calor a una vulgar y abarrotada explanada. Las luces que a modo de estalactitas adornaban el escenario, además del preciso juego de cámaras, fueron las pocas licencias de estadio que Radiohead se permitieron, porque aparte de eso estuvieron bastante callados, poco comunicativos e inmersos en su propia música. Algo normal siendo quienes son, y que sin duda en un recinto cerrado hubiera ganado en emotividad y capacidad de transmitir, pero el capital esta vez se había impuesto y Radiohead estaban tocando en un festival patrocinado por Movistar y que, pese a que podía tener buenas intenciones, acabó siendo un simple concierto de un grupo grande con unos cuantos teloneros tratados… pues eso, como simples teloneros.

Y sí, faltaron muchos clásicos, pero con siete discos a sus espaldas y sabiendo que reniegan públicamente de ‘Creep’ y la mayoría de temas de sus dos primeros discos, era previsible que eso sucediera. Aún así, dejaron lugar para la sorpresa a los fans más tocando ‘The Bends‘ y terminando el concierto con ‘Planet Telex‘, además de ofrecer momentos mágicos con las descomunales ‘Idioteque’ y ‘Everything In It’s Right Place’, además de ‘Paranoid Android’, ‘Reckoner’ o ‘The National Anthem’.

Radiohead son un grupo de masas que no debería ser de masas. Que no quiere serlo. Pero no hay solución. Aún así, siempre nos quedarán sus discos, y la vaga esperanza de que algún día alquilen el Auditori del Fòrum durante una semana y nos den el concierto de nuestra vida que todos sabemos que pueden dar. Hasta entonces, paciencia.

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