23/05/2008

El concierto acústico de ayer de The New Raemon (Ramon Rodríguez de Madee) en la sala Castelló fue el ejemplo perfecto de que esto de […]

El concierto acústico de ayer de The New Raemon (Ramon Rodríguez de Madee) en la sala Castelló fue el ejemplo perfecto de que esto de la música es mucho más que sólo unos acordes y una melodía. Porque el gran Ramon se presentó al evento con la baja de última hora (por un motivo que él nos explicó aunque prohibió desvelar) de Marc Prats, que le iba a acompañar al teclado, y armado únicamente con una guitarra acústica en la que, para más inri, una de las cuerdas era de eléctrica y resonaba bastante más de lo que debiera («es lo que nos pasa a los vagos«, explicó Ramon). Eso, y que las canciones de A propósito de Garfunkel, el disco en solitario del cantante de Madee, tiene buenos temas pero no es todo lo redondo que podría ser.

Pero dio igual. Porque no sólo tocó las mejores canciones de su reciente disco (‘Hundir la flota’, ‘El cau del pescador’, ‘El saben aquel que diu’), ni interpretó deliciosas versiones (de Wilco, ‘Mano izquierda’ de Nueva Vulcano, y canciones de Ghouls n’ Ghosts y Madee, sus otros grupos), sino que The New Raemon transmitió mucho más de lo que suelen hacerlo los músicos. Por proximidad, por sentido del humor (estaba inspirado) y por sinceridad: te crees a los artistas que te hablan de tú a tú, que piden que el público cante sin miedo, que tocan las canciones que les pide la gente… Es otra manera de hacer música. El concierto de ayer me recordó especialmente al que Jonah Matranga (exlíder de bandas como Far o Gratitude) dio en Barcelona hace varias semanas: era en el bar Ceferino, a las 2 de la tarde de un viernes. Pero dio igual porque la música es mucho más que acordes y melodías y aquel día salimos, como ayer, con la sensación de haber vivido algo más que un concierto. Ahí está el secreto.

Foto: Andreä

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