17/04/2008

Desconozco cómo las 200 o 300 personas que llenaban esta noche la sala Sidecar de Barcelona han descubierto a Vetusta Morla. Con un grupo como […]

Desconozco cómo las 200 o 300 personas que llenaban esta noche la sala Sidecar de Barcelona han descubierto a Vetusta Morla. Con un grupo como ellos, nueve años de trayectoria a sus espaldas, es probable que hubiera fans antiguos (uno mostraba orgulloso su camiseta), aunque también seguramente muchos les hayan descubierto a raíz de su debut, el reciente Un día en el mundo.

A lo que iba: espero que estas personas que los han descubierto últimamente lo hayan hecho a través de blogs como este, o de revistas de música dignas, y no gracias a los medios más mainstream. Porque Vetusta Morla son un grupazo, y actualmente navegan entre los mares del indie y el mainstream, y siendo sinceros: sería una pena que el mainstream nos los quitara. Porque tienen talento, tesón en directo, y porque hacen canciones fabulosas, como han demostrado hoy encima del escenario de esa cueva que es Sidecar. Con un sonido que ha ido de más a menos (en las canciones más tranquilas no había problemas, pero en las más contundentes la percusión se comía demasiado), el repertorio de Vetusta Morla ha sido preciso, milimetrado: las dosis justas de energía, momentos tranquilos, entañables, un bis imparable (‘Sálvese quién pueda’, una apoteósica ‘Año nuevo’ y ‘Sharabbey Road’), y un singalong constante por parte de un públic entregado (sorprendente especialmente en ‘Copenhague’); una auténtica catarsis en forma de concierto que ha tardado nueve años en gestarse pero que gracias a ello ha sido inolvidable. Ya tenía un buen presentimiento sobre ellos cuando escuché Un día en el mundo, por aquello de su calidad, por haberlo autoeditado ellos mismos y por haber esperado los años que hicieran falta hasta grabar el debut ideal. Y ahora esta sensación se ha consolidado: Vetusta Morla están haciendo las cosas bien, muy bien, y sus dos sold out en las presentaciones de Barcelona y Madrid demuestran que están obteniendo la recompensa que se merecen. Sólo espero, pido, que el mainstream no nos los quite, de verdad. ¡Por favor!

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