02/02/2008

La botella no se terminó. En una sobremesa atípica, porque muchos no habíamos cenado y porque se había cambiado el habitual whisky por una botella […]

La botella no se terminó. En una sobremesa atípica, porque muchos no habíamos cenado y porque se había cambiado el habitual whisky por una botella de vino, David Carabén (Mishima) y Pau Guillamet (Guillamino) olvidaron por una vez las acaloradas discusiones sobre política, fútbol y farándula que gobiernan tal tradicion, y lo sustituyeron por música, gracias al ciclo Sobretaula: Petits concerts impossibles, ideado por la discográfica Bankrobber. Armados únicamente con sus guitarras acústicas (y en un par de momentos concretos, una armónica para Carabén y xilófono para Guillamet), David y Pau, Carabén y Guillamet, Mishima y Guillamino, destilaron una serie de canciones despojadas de todo artificio y recuperadas de sus repertorios habituales, además de alguna novedad y sazonado todo ello con apetitosas versiones (Elvis Costello y… ¡Gnarls Barkley!) y dejaron momentos entrañables, como cuando Pau interrumpió una de sus canciones porque tenía una cucaracha en el micrófono, cosa que le daba «mal rollo«. Normal. No era difícil epatar teniendo en cuenta el ambiente íntimo creado en la sala Apolo para estos Caprichos 2008, con mesas, luces tenues y mucha complicidad, pero la sencillez de ambos músicos (sin exceso de bromas, dándole la importancia que se merece a su propia música pero distendiendo lo suficiente el ambiente) cautivó al personal, además de confirmar a Carabén como un excelente creador de melodías pop (aunque apenas toque cuatro acordes con su guitarra) y a Guillamet como versátil creador de las melodías más inverosímiles que puedan imaginarse, incluso sólo con una guitarra acústica en la mano. Una delicia de capricho, y quizá mejor que la botella no se terminara, ¿no?

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