25/01/2008

Cierren los ojos e imaginen estar en aquel lugar, aquél que les produce sosiego, no sólo una sensación de calma y tranquilidad sino también de […]

Cierren los ojos e imaginen estar en aquel lugar, aquél que les produce sosiego, no sólo una sensación de calma y tranquilidad sino también de seguridad, de bienestar, como quien tiene la certeza más absoluta e irreprochable de que todo está en su sitio. A un lugar así, a ese lugar, nos transportaron Madee el 24 de enero en la pequeña de las salas Apolo, con una interpretación breve, certera y nada afectada de los seis mejores temas de L’Antarctica, su nuevo disco (las cinco primeras canciones y la sensacional ‘Mu’), además de la recuperada ‘Fallen Heroes’ de su anterior tratado, Orion’s Belt. A ese lugar, especialmente, sobre todo, con creces y maravillosamente, nos transporaron Madee en un bis astronómico («sólo una canción, pero es larga»), después de llevarnos de la mano hasta allí a lo largo del repertorio, con la monumental ‘Orion’s Belt’, que se benefició de una acústica inmejorable y una emotividad a flor de piel. Y todo pareció estar, durante esos casi siete minutos que se hicieron cortos, en perfecto orden, nada fuera de lugar, incluso el ahogado lamento de Ramon cobró un nuevo significado, insospechado, más allá de las palabras, pese a que nos estuviera diciendo que no podíamos volver atrás entre una épica majestuosa de mares de distorsión, notas de piano y arreglos orquestrales. No hay que volver atrás. No hace falta. Hemos cerrado un ciclo. El cinturón de Orión puede haberse desintegrado, puede que ya no esté al alcance de nuestra vista, pero siempre nos quedará la Antártida. Life just passes by. We’ll know now, you know?

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