24/01/2008

El miércoles 16 de enero fue la fecha escogida para el pequeño gran evento: Santi Balmes  (Love Of Lesbian) y Rubén Pozo (El Chico Con […]

El miércoles 16 de enero fue la fecha escogida para el pequeño gran evento: Santi Balmes  (Love Of Lesbian) y Rubén Pozo (El Chico Con La Espina en El Costado) inauguraban el ciclo Sobretaula. Pequeños Conciertos Imposibles, incluido en el cartel de la cuarta edición de Caprichos de Apolo 2008. Una taquilla casi vacía presagiaba lo contrario a lo que sucedió. Una sala Apolo dispuesta de mesas, sillas y manteles kitsch con mucha clase acogía a los numerosos fieles que, puntuales, tomaban asiento con cervezas, intimidad, buen humor y un punto de incertidumbre. ¿Qué tendrían en común Balmes y Pozo, a parte de la nacionalidad, el idioma y una trayectoria similar siguiendo un estilo más o menos parecido? La respuesta llegó pronto: química. Pura química.

Y es que ya desde el principio la ironía, el humor y la complicidad entre músicos y público fue uno de los platos fuertes de la velada. Entre alusiones chanantes, políticas, paternas y sugerencias algo más casposas sonaban las deliciosas melodías de Love of Lesbian alternadas con las melancólicas piezas del Chico. Un piano de juguete, unas pastillas Juanola a modo de maracas, dos guitarras y poco más sirvieron para meterse el público en el bolsillo; sin demasiado esfuerzo, todo cabe decir, y mucha improvisación.

Técnicamente, hay que decir que el concierto no sonó demasiado bien. Una acústica bastante deficiente se mezclaba con la diferencia cualitativa entre ambos músicos, que era latente: las canciones de Pozo (con “No te puedo hacer feliz” y “Carretera” a destacar) tenían garra, pero poca fuerza y poco a transmitir en comparación a los temas de Balmes, quien apostó por un repertorio seguro y potente. Entre ellas ‘Los Colores de Una Sombra’, ‘Universos Infinitos’, ‘Me amo’ y la efectivamente interpretada ‘Houston, tenemos un poema’. Dejando aparte algún que otro gallo y despistes varios, poco más hay que objetar.

En conclusión, de todo lo visto y vivido de la noche, hay algo con lo que por seguro nos quedamos: el buenrollismo, la combinación musical (francamente insólita) y las versiones escogidas. Porque oír en boca de esta pareja piezas de Antònia Font, Neil Young, Lou Reed o Antonio Vega/Nacha Pop no tiene precio. Tan curioso como irrepetible.

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