19/01/2008

¿Qué debía de pensar Oriol Casanovas, exguitarrista de los catalanes The Unfinished Sympathy, viendo a su antigua banda desde el público, ayer en la sala […]

¿Qué debía de pensar Oriol Casanovas, exguitarrista de los catalanes The Unfinished Sympathy, viendo a su antigua banda desde el público, ayer en la sala Bikini de Barcelona? Quizá recordara aquel ya mítico concierto de presentación de Rock For Food, en la misma sala y por las mismas fechas, hace un par o tres de años, con mucha más magia que la noche de ayer; quizá se arrepintiera de haber abandonado la formación; quizá no. Lo que seguro que debió comprobar es que The Unfinished Sympathy han cambiado -un poco, sólo un poco, pero han cambiado. Algunos lo llamarán evolución, otros craso error, pero los Unfinished de We Push, You Pull (Subterfuge, 2006), su último trabajo editado, muestran sin rubor su predilección actual por los ritmos sincopados más bailables, e incluso por las peripecias de personajes como Justin Timberlake (ahí está ‘First Girl I Kissed Is Dead’, por desgracia una pieza habitual en sus conciertos). Y eso que Èric Fuentes, cantante, guitarrista y compositor, sigue sudando de lo lindo como siempre, dándolo todo, y que el inicio del concierto (organizado, a todo esto, por la marca de ropa Macbeth con motivo del Bread & Butter) con ‘Teletransport Please‘ prometía.

Pero no fue así, y la primera parte del show, entregada por completo a los temas menos contundentes de su último disco (‘Sharpshooter’, ‘I’m A Lone Wolf, Babe’, ‘Cease Fire’, una desafortunada relectura de ‘No Key To Any Door’) fue acogida con frialdad. Suerte que después llegarían ‘Catenaggio’, ‘Gratitude’, ‘Spin In The Rye’ y ‘Hotel España’ (los cortes más inspirados de We Push, You Pull), acompañadas de los clásicos de la banda (aunque faltó ‘The Loveless Curse’ y eché de menos más temas de An Investment In Logistics, su segundo disco, pero eso ya es cuestión personal), a saber: ‘This Living Kills’, ‘You’ve Got A Long Run’, ‘An Investment In Logistic’, ‘I Killed Her But That’s Not The Point’. Pero sin embargo, esta sensación de estar ante un grupo casi desconocido se iba acrecentando, hasta rozar su máximo apogeo cuando presentaron en primicia un tema nuevo, de estribillo demoledor pero también con influencias de (sí, sí) reaggeton y música latina, y alcanzarlo del todo con la versión rumbera de ‘Rock For Food‘. Sí, luego la encadenaron con la misma ‘Rock For Food’ en furiosa versión eléctrica, y sonó mejor que nunca, pero eso no sirvió para perdonarlos sino más bien para no condenar al ostracismo a un grupo que, aunque ha parido dos de los mejores discos de rock hechos jamás en este país (An Investment In Logistics y Rock For Food), parece bastante confundido respecto a la dirección que tomarán su próximo trabajo. Y, pese a que tengo que reconocer que la mayoría de la banda parece que se lo pasan mejor con estas nuevas sonoridades, de cara al seguidor, que el próximo disco de una de tus bandas favoritas te provoque más miedo que ansia no es precisamente una buena señal.

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