21/12/2007

A veces ocurre. A veces, escuchas tres canciones de un disco y éste suena tan previsible que ya sabes todo lo que tienes que decir […]

A veces ocurre. A veces, escuchas tres canciones de un disco y éste suena tan previsible que ya sabes todo lo que tienes que decir para cumplir con la crítica. Y a veces, aunque hayas escuchando con atención una obra decenas de veces, sientes que no acaba de ser tuya del todo, que algo se te escapa, como arena escurriéndose entre los dedos. Puede que sea porque cala demasiado hondo, puede que sea porque sus tres primeras canciones son monumentales (los dos minutos de gloria de ‘La tarda esclata’, el hit ‘Aguéev’ y la spoken word ‘Neix el món’ son inolvidables), y todas las que siguen rinden -como mínimo- al mismo nivel. Puede que sea por la extrañeza de estar escribiendo en castellano sobre un disco escrito en catalán (valientes Sinnamon Records, una de las discográficas indie más importantes a nivel estatal, por publicarlo, aunque comprensible tras apreciar su inmensa calidad). O puede que sea, como dice la mejor canción del disco, ‘Qui n’ha begut’, que cuando lo has probado es imposible dejarlo y cuentas las horas que pasas sin ello. Set tota la vida, el cuarto disco de los catalanes Mishima, es una obra minúscula pero de grandes proporciones, que te susurra al oído que es más oscura y a la vez más luminosa que el disco que la precede, y resulta casi imposible decir algo original sobre ella. Podemos decir que Set tota la vida nos desborda por su lírica, por sus relatos turbadores de desamor con un atisbo de optimismo (‘Llavors tu, simplement’), por un Carabén que soy yo, eres tú y somos todos. Seguramente por todo ello sea uno de los mejores discos estatales del año, y seguramente por ello a partir de este disco, tendremos sed de Mishima para toda la vida.
*8

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