
No ha sido, por decirlo, suavemente, el mejor año del FIB. Pese a que, con los números sobre la mesa, todo parecía ideal (un sold out escandaloso, con entradas extra a la venta y aún así todas vendidas), la realidad era bien diferente: un cartel muy discutido, unas confirmaciones polémicas y acciones incomprensibles como no publicar el mítico diario Fiber o hacer pagar por el libreto + horarios (¡7 euros! ¿Pero nos hemos vuelto locos?) ya nos hacían llegar a Benicàssim con la mosca detrás de la oreja. Pero es que además, la decimoquinta edición del FIB Heineken se vio salpicada por algo inesperado: la tormenta de viento que aconteció el viernes 17 de julio y que obligó a cancelar prácticamente todos los conciertos de ese día (entre ellos, los esperados Kings of Leon) y sembró (un poco) el pánico en las zonas de acampada. Total, que no ha sido el mejor año para el FIB. Y tampoco para nosotros, siendo sinceros, porque hemos visto francamente pocos grupos, y de ninguno de los conciertos salimos con la sensación de haber visto algo extraordinario, único y especial (como sucedió el año pasado con My Bloody Valentine o Leonard Cohen, por ejemplo). Hemos visto buenos conciertos, grandes conciertos y malos conciertos, y cerramos el capítulo del FIB de este año con la esperanza de que remonten el vuelo el año que viene y podamos volver a tener a grupos punteros no sólo del indie más mainstream sino de géneros más minoritarios que este año no han tenido tanta cabida. Pero de momento, y sin más, repasemos lo que dio de sí este FIB Heineken 2009.
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