
La triste noticia de la separación de los barceloneses The Unfinished Sympathy nos ha hecho recordar que a finales del mes pasado hubo otro adiós que sorprendente e injustamente ha pasado de puntillas. En la sociedad actual el decurso de los años puede ser muy desagradecido, y a fe que con Voxtrot lo ha sido. Prematuramente encumbrados por la blogosfera gracias a una serie de excelentes EPs, el listón para estos cuatro chicos de Austin, Texas, estaba ya demasiado alto para cuando sacaron su álbum de debut. El homónimo Voxtrot rezumaba calidad pero era irregular: alternaba grandes momentos (‘Introduction’, ‘Kid Gloves’ o ‘Firecracker’) con otros un tanto monótonos. Su pop deliberadamente intrincado se había vuelto algo más sencillo, lo que sumado a la dificultad de la banda por componer nuevos temas pareció no gustar en demasía a los fans, que poco a poco les fueron olvidando. “El grupo empezó a crecer de forma lenta pero constante, explotó y decayó casi al instante”, cuenta el cantante Ramesh Srivastava en una larga y bonita nota de despedida en la web de la formación. En ella no cierra la puerta a una hipotética reunión y promete seguir creando música (la mayoría de sus compañeros ya están embarcados en nuevos proyectos). Así pues, el próximo 25 de junio el emblemático Bowery Ballroom neoyorquino acogerá el final de la gira Goodbye, Cruel World, o lo que es lo mismo, la última aparición de Voxtrot encima de un escenario. Para el recuerdo quedan sus dos conciertos en Barcelona (maldito sonido en Razzmatazz y maldito solapamiento con Explosions In The Sky en el Primavera Sound 2008), un buen puñado de himnos que recordamos después del salto y la sensación de que esta gente podría haber sido muy grande. De hecho, y aunque sólo fuera durante un breve período de tiempo, lo fueron.
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