
A falta de poco más de cien días para pasarlas canutas en la árida tierra oscense, tomar conciencia de que la rehidratación es un consejo sabio y necesario, acabar como conguitos cubiertos con tres dedos de polvo, dejarnos la piel a tiras con ese sol que parece que estemos en Venus más que en la Tierra y quedarnos pasmados con la capacidad que tienen algunas caras para darse al contorsionismo, el evento más inclemente del año vuelve a la carga sin grandes novedades en el frente pero con una ristra de nombres a presentar como garantía de que el nombre Monegros Desert Festival es prueba de calidad, fiabilidad y diversión, que muy pocas veces deja mal sabor de boca (si no tragas arena, claro) y por el que muchos festivales matarían (tiempo al tiempo) por hacer suyo. Y es que un festival capaz de resistir encolerizadas tormentas (capaces de llevarse por delante escenarios y dejar colapsada a toda la organización), una competencia (nacional y foránea) cada vez más agresiva y desleal, o una estirpe de cholos clembuterolizados y punkos kabezabolos que se debaten toda la noche entre el buenrollismo pastillero y la agresión física, y tener cada año a más de 40.000 cadáveres (versión 10am, horario GMT, del domingo) danzando (eufemismo de arrastrar los pies o dar botes como cabras locas) felices como unas perdices, sólo un festival como el que monta la saga Arnau se puede permitir el lujo de no tener que tirar de un nombre que polemice los blogs y enerve a los puristas. Pero más allá de esa obviedad, de charla futbolera de barra de bar, el cartel tiene mucha miga que ahora nos pondremos, toma obviedad, a desmigar. Seguir leyendo Pendulum y los viejos amigos asaltan el desierto de Monegros 2010…
















