23/02/2014

Repasamos 'Post Tropical', el fascinante segundo disco del cantautor irlandés.

Las comparaciones son odiosas. Es un axioma recurrente pero que algunos músicos insisten en objetar. Otros se puede decir que lo han padecido. The Monkees, por ejemplo. Burdos imitadores de los Beatles para la mayoría, los californianos supieron  aportar ‘I’m A Believer’ como su granito de arena para la posteridad. Los morritos de Steven Tyler y la pose camorrista de Aerosmith les granjearon afilados paralelismos, siendo tildados como los Rolling Stones del otro lado del Atlántico. Pero supieron escribir su historia, tan turbia y menos brillante que la de los británicos, pero suya a fin de cuentas. Y, acercándonos a nuestro tiempo, es mucho más sencillo encontrar la huella dylaniana en The Tallest Man on Earth que resistirse a elogiar trabajos como Shallow Grave o canciones como ‘King of Spain’.

Vaya por delante que cualquiera que se enfrente al nuevo disco de James Vincent McMorrow tendrá que superar los mencionados prejuicios.  Su historia tiene ciertas similitudes con el que se enseguida se revela como su máxima referencia, Bon Iver. El primer disco del irlandés, más orientado al clasicismo folclórico de su compatriota Villagers, fue grabado rehuyendo del mundanal ruido, al igual que hiciera Justin Vernon con el lacerante For Emma, Forever Ago. Una granja, según cuenta, a media milla de la frontera mexicana le ha servido de inspiración para este Post Tropical hermanado con aquel Bon Iver, Bon Iver que significó en su momento la luz al final del tenebroso túnel.

James Vincent McMorrow Post Tropical

La melancolía es la tónica general de un trabajo capaz de tocar la fibra sensible y de evocar lugares y recuerdos. Un terreno que siempre contiene un alto nivel de persuasión y que no necesita demasiado esfuerzo para atrapar al que se adentra en él. Algo que sucede con los inicios de ‘Cavalier’, donde unos susurros y unas discretas notas son tan solo un preámbulo de la emocional detonación instrumental. Es esta la fórmula más efectiva, la que aporta los mejores momentos en el último trabajo de McMorrow. A pesar de que en ocasiones esos crescendos estén excesivamente sintetizados, como ocurre en la excelsa ‘Gold’, el ímpetu que imprime el falsete del compositor deja en un segundo plano los inconvenientes que pueden aparecer.

Post Tropical es un buen ejemplo de que el talento de su autor ha logrado relucir por encima que su vocación de convertirse en lo que finalmente es. A pesar de haber cogido su guitarra con ya 19 años, McMorrow, que ahora cuenta 31 primaveras, se adivina como un fino artesano a la hora de modular sus cadencias vocales, en ‘Repeating’ acompañadas de cuerdas que evocan las sinuosas orillas de la portada de su disco, y en ‘Look Out’ bajo la penumbra de las teclas de un piano. Y por supuesto, será fácil recordar ‘Minnesota’ cuando resuenen las percusiones o ‘Holocene’ cuando se dispare la sensibilidad, pero habrá que reconocer los méritos de alargar hasta el placer la agonía en la canción que da nombre al álbum y de ornamentar con delicados juegos corales cada una de sus composiciones.

En la despedida de ‘Outside Digging’, McMorrow asegura insistentemente que queda muy poco tras el calor de la luz del sol. Es el epitafio que deja después de desnudar sus temores más íntimos. Pero habría que recordarle que algunas de esas cosas que persisten son conmoverse bajo el influjo de una melodía y dejar que una nota musical sirva para exculpar cualquier condena. Permitir, en resumen, que la soledad transcurra por cauces más soportables. Si las canciones logran ese difícil objetivo, no existe ningún reproche porque aludan a un imaginario ya conocido. Por muy eminente que sea el arquitecto de ese edén.

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