28/03/2013

Crítica del primer disco del Duque Blanco en diez años.

El paso de las décadas a través de un ojo de cristal. O el viaje eterno de un explorador que deja su indeleble huella allá por donde pisa. O Bowie, simplemente Bowie. Echen un vistazo, una mirada rápida pero amplia al pasado de los géneros a grosso modo:  folk, hard rock, glam, funk, rock alternativo, electrónica… Terrenos todos ellos que, con mayor o menor acierto, ha atravesado el Gran Duque Blanco. Pueden también hacer un heterogéneo repaso nominativo: Iggy Pop, Pat Metheny, Brian Eno, Peter Frampton, Freddie Mercury, Mick Jagger, Lou Reed, Arcade Fire, Snoop Dog o TV on the Radio. Todos han sido ungidos por la mirada camaleónica, la misma bajo la que se esconde gran parte de la historia de la música contemporánea.

Extraterrestre andrógino, provocador implacable, yonqui impenitente, o prófugo de la Excelentísima Orden del Imperio Británico. Hay muchas vidas, pero todas están en una. Al igual que la Rebeca de Hitchcock, David Bowie no necesita estar en la primera plana para ser protagonista. Atrás han quedado los rumores  que lo imaginaban moribundo o encerrado sin remedio. Su distanciamiento de la luz pública se ha ido materializando a lo largo de los últimos años, desde la publicación de Reality, su último trabajo hasta hace tan solo unos días. La respuesta a todas las preguntas y enigmas se titula The Next Day.

Las páginas de periódicos mayoritarios, las televisiones y radios de medio mundo y los medios especializados echaban humo el día del último cumpleaños de Bowie. El 8 de enero aparecía ‘Where Are We Now?’, anticipo de su nuevo álbum. La canción presentaba a un mito teatral y melancólico, preguntándose por el nuevo destino y citando diversos lugares de la capital alemana. Algo que irremediablemente invitaba a pensar en una prolongación de la trilogía de Berlín, por más que la portada de su último álbum de estudio elimine la parte central de la de Heroes, segundo disco del mencionado tríptico.

David Bowie The Next Day

Sus últimas fotos son las de alguien que ha alcanzado una tardía madurez. Su sonrisa tiene más de sinceridad que de picaresca, muestra a un tipo para quien la estabilidad ha llegado como la tierra prometida y que ya no quiere ser el líder de una revolución, sino disfrutar haciendo lo que su inagotable talento le permite. Ingredientes que resumen una vida y que aparecen así reflejados en este último trabajo.

El cambio no ha sido tan radical como el mostrado por Nick Cave en su último disco. Bowie deja la nostalgia de lado y se arropa en los colaboradores habituales de su última y ya lejana época, encabezados por el productor Tony Visconti, el mismo olvidado de los créditos de la trilogía de Berlín a favor de Brian Eno. Y  siempre es de agradecer la continuidad de músicos como Garry Leonard, Sterling Campbell o Gail Ann Dorsey, la responsable del estremecimiento al oír su interpretación del ‘Under Pressure’ del  directo A Reality Tour. La primera canción disipa dudas sobre la dirección del disco. ‘The Next Day’ es contundente, un comienzo esperanzador de un disco que en ningún momento decepciona. Solo volver a escuchar la voz de Bowie es ya motivo de algarabía, pero aquí se empeña en conducirnos hacia un estribillo de esos que sienten una ineludible atracción hacia el gran escenario. ‘Dirty Boys’ suena desnuda, teatral y camorrista, un tema que podría entrar de lleno en el minimalismo de su Low de 1977, al igual que ocurre con ‘Love Is Lost’.

A medida que avanzan las canciones se registran diferentes momentos puntuales a su carrera. ‘The Stars (Are Out Tonight)’ es rock optimista sin pretensiones, pero también aparece el septuagenario introspectivo en ‘Where Are We Now?’, el  creador de riffs inolvidables como el de ‘The Man Who Sold The World’ en ‘Valentine’s Day’. El mismo que se erigía como dueño y señor de la década de los 70 y que no tiene reparos en recordar ahora la que quizá sea su obra cumbre, ‘Ziggy Stardust’, y tras cubrir con coros y cuerdas la melancólica ‘You Feel So Lonely You Could Die’ finalizar la canción con una percusión idéntica a la de la imperecedera ‘Five Days’.

El momento estelar de su banda se produce en ‘If You Can See Me’, comenzando por el crescendo vocal de Gail Ann Dorsey y siguiendo por la desbocada batería de Sterling Campbell el cruce guitarras o los teclados futuristas de Gerry Leonard. Un tema que quizá sea el más fatigante, en el mejor de los sentidos. La parte central disco es la más amable, quizá desperezada por los estribillos de ‘I’d Rather Be High’. Y el Bowie más bailable de Let’s Dance aparece algo más relajado en ‘Dancing Out In Space’.

How Does The Grass Grow?’ es un brillante canto antibelicista y para los que echen en falta algo capaz de derrumbar un estadio, ahí queda ‘(You Will) Set The World On Fire’ con un sencillo y salvaje solo que precede al último revolcón. Un riff iniciático que bien podría haber sido obra del propio Jack White. El final lúgubre de ‘Heat’ es quizá el interrogante de un inconformista que a estas alturas todavía se dice a sí mismo “And I tell myself, I don’t know who I am”.

The Next Day es idóneo para los desconocedores de la leyenda del extraterrestre y placentero para su multitudinario sequito. Asegurar que se trata de uno de sus discos imprescindibles sería el mismo error que negar que es un trabajo más que notable, un delicioso paseo por las diferentes exploraciones a lo largo de la carrera de Bowie. También es un manifiesto de continuidad y, sobre todo, un testimonio de que el rey sigue vivo sin que nadie haya sido capaz de despojarle de su corona.

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