24/11/2013

Repasamos Dream River, el –como siempre excelente– nuevo disco de Callahan, que vendrá a presentar en febrero.

Es difícil negarle a Bill Callahan la condición de ser uno de los grandes trovadores contemporáneos. La tolerancia a su actitud de ácrata, a su pose huraña y a su negativa a que nadie pueda inmiscuirse en su introversión más allá de lo que permiten sus canciones proviene de las aportaciones de su talento. Ha sabido sonorizar la América profunda, la de los parajes naturales que describen las portadas de sus discos desde que decidió quitarse la máscara de Smog, el alías con el que en los años 90 se convirtió en preboste de lo que se vino a llamar lo-fi. Una casualidad derivada de la terquedad del cantautor estadounidense para que ningún productor entremetido pudiera meter mano en su obra.

De aquella decisión salieron muchos trabajos memorables como Julius Caesar o Red Apple Falls. De la experimentación sonora del primero y sus rudimentarias repeticiones a la plenitud del segundo con la peculiar sorna de canciones como ‘Morning Paper’ o ‘I Was a Stranger’. Un recorrido para modelar su barítono y eliminar los alias hasta darle un nombre propio al prodigioso narrador. El camino inverso al que trazó Tom Waits desde Closing Time hasta Swordfishtrombones. Y después llegó el momento de la madurez.

Hace un par de años Bill Callahan escribió un disco que podría haber supuesto un punto de inflexión. En Apocalypse, el estadounidense ofrecía unas composiciones con una instrumentación en algunos momentos más desnuda pero también más arriesgada que en ocasiones anteriores. Por una vez dejó de ser el tipo impasible para que su reconocible ironía fuera mucho más afilada en canciones como ‘America’, o expirara una sinceridad excesiva en ‘Riding For The Feeling’.

Bill Callahan Dream River

Sería injusto después de una dilatada carrera poner como referencia tan solo un trabajo, pero es imposible moverse de la atalaya para avistar el nuevo rumbo. Tras la fina aspereza de Apocalypse, Callahan vuelve a ser el hombre tranquilo, el receptor de almas errantes, quizá la de aquellos que le escuchan. Así lo canta en ‘The Sing’, la balada que abre su último Dream River, el título premonitorio de un disco que mantiene el buen nivel de su predecesor. Apatía, el paso del tiempo en un decrépito tugurio, cerveza y violines y acordeones que vuelven a edulcorar su música arraigándola al suelo americano. Un lugar cualquiera, a fin de cuentas, del estado de Texas, el mismo desde el que Bill Callahan ha producido su último trabajo.

Un disco que tiene mucho que ver con el enorme Sometimes I Wish I Were An Eagle, repleto de espacios abiertos, con los miedos del autor todavía presentes. Al igual que su aventura en la literatura con sus Cartas a Emma Bowlcut, Callahan vuelve a retratar su fobia a la soledad en ‘Javelin Unlanding’ con repeticiones instrumentales que desembocan en el estribillo, al igual que ya lo hizo  en ‘Eid Me Clack Saw’ o ‘America’.

Además del éxito obtenido con Apocalypse, el disco sirvió también para rodar un documental en el que el autor y la directora, Hanly Banks, iniciaron un romance que se ha extendido a muchas de sus últimas canciones, que se vislumbra en la suavidad de ‘Small Plane’ o en una ‘Spring’ en la que tras declarar “All I want is make love, to you” se esconden rápidamente las humanas intenciones en un soplo instrumental.

Callahan dibuja sus sueños a través de la obra de un pintor, de su voz, tan resplandeciente cuando suena casi desnuda al comienzo de ‘Ride My Arrow’ como en los cambios tonales de la cantina que vuelve a aparecer en ‘Seagull’. La delicadeza con la que diseña cada una de las sus canciones, la misma con la que se dejan entrever flautas traveseras, se distorsionan guitarras, o se incorporan suaves percusiones puede hacer pensar que River Dream pueda pecar de monotonía. Pero al sumergirse con detenimiento se observa el cuidado en cada una de las melodías y ornamentaciones sonoras. Un trabajo sin ejercicios de paroxismo sentimental más allá de lo que puedan expresar las letras, pero con la precisión del contador de historias que ya ha dejado un largo camino atrás.

Bill Calllahan presentará Dream River en Valladolid, Madrid, San Sebastián y Barcelona el próximo mes de febrero.

Bill Callahan

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