08/11/2017

Una Razzmatazz 2 llena hasta la bandera vibró al son de Jungle, que intercalaron hasta cinco temas nuevos entre los infalibles hits de su debut.

Cuando un grupo aterriza en la industria musical de la forma que lo hizo Jungle hace tres años, con aquel álbum de debut homónimo tan increíblemente defendido en el Primavera Club 2014 –y, ya por todo lo alto, en el escenario Ray-Ban del Primavera Sound 2015–, es porque se trata de algo grande. Su infecciosa mezcla de funky electrónico, neosoul, disco-pop en falsete, frenético R&B y sonido setentero cayó como un estimulante jarro de ritmo bailable en una escena británica dominada entonces por la influencia de James Blake. Luego el recorrido de su ópera prima superó cualquier expectativa: prácticamente solapándose con un segundo disco del que estamos ya a las puertas, todavía sin fecha oficial pero con un montón de temas listos y muy rodados. Y con ese material en plena renovación, alimentando el instinto bailongo del más aburrido, de la más acatarrada y del menos sospechado de los presentes en su actuación de anoche en Barcelona, los de Londres volvieron a atizarnos una vez más con su brillante directo.

A tenor de las cinco nuevas canciones que pudimos escuchar ayer en una abarrotada sala 2 de Razzmatazz –y el día anterior en Madrid–, deberíamos esperar un nuevo álbum aún más sofisticado que el primero pero no menos efervescente. El arranque etéreo y espumoso de ‘House in L.A.’, pieza inédita con la que abrieron el recital, fue la primera pista. Más tarde, con ‘Give Over’ y ‘Cherry’, percibimos cierto (repito: cierto) acercamiento al aplomo de Blake y a la compleja y elegante tranquilidad soul de Bon Iver, ¿con un tímido acento latino en el caso de la segunda, tal vez? Pero entre el glamuroso resplandor de ‘Happy Man’ y, sobre todo, el encantador, magnético y muy setentero groove de ‘Beat 54’, un temazo que genera amor a la primera escucha, queda claro que Jungle seguirán apostando por convertir en oro las pistas de baile. Son los reyes Midas del ritmo.

En cualquier caso, su nuevo material quedó magníficamente intercalado entre una retahíla de hits capaces de incendiar hasta la última cadera de la sala. El primero de los cartuchos que soltaron, ‘Platoon’, sonó con el punto más de euforia que requiere un directo, mientras que ‘The Heat’ y ‘Accelerate’, justo a continuación, con un plus de elegancia y profundidad en el beat, de ritmo templado en ambos casos. Especialmente notable fue la adaptación que hicieron de ‘Lucky I Got What I Want’ a las exigencias del momento que marcaba el guión: revistiendo de ligereza, clase, excepcionalidad y épica su vibración para relanzar el concierto hacia la fiesta.

El punto de no retorno, nada más presentar ‘Beat 54’, lo marcó ‘Julia’ con su brillante, dorado y una pizca soberbio carácter; y el dúo, con sus invocaciones al delirio del público. De ahí en adelante, en una recta final que más bien pareció un terraplén de gravedad invertida, los ingleses revistieron sus canciones con un fulgor rítmico que no paró de retroalimentarse. Sobre todo en una transformadísima ‘Drops’, que empezó con su original sutileza R&B para acabar a modo de sesión, acelerada, intensificada y con un subidón final enorme; y, obviamente, en ‘Busy Earnin’’, incuestionable techo musical del dúo, que sirvió de falso cierre antes de ‘Time’, ambas cegadoras, prolongables hasta el infinito, y protagonistas de un final impecable.

La buena salud de la música y, en especial, de la música en directo en nuestro país, se ejemplifica en conciertos como el vivido anoche en Razzmatazz: atmósfera festiva, despreocupada y exultantemente viva, una banda que no necesita presentar disco para vender hasta la última entrada y la sensación final de que una hora y cuarto de Jungle amortiza cualquier precio estipulado. ¡Que no pare! (Adjuntamos formulario de solicitud formal para que repitan la actuación del Ray-Ban de 2015)

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Foto. Pablo Luna Chao   Conciertos
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