27/10/2017

10 artistas de futuro que descubrimos el pasado fin de semana en Barcelona y Madrid.

Hubo una época no demasiado lejana, con culmen en aquella edición de 2011 encabezada por St. Vincent, Fleet Foxes, Stephen Malkmus, Girls, John Maus o Superchunk y aquella de 2012 que contó con Swans, Los Planetas, Mark Lanegan o The Vaccines, en la que el Primavera Club pareció rebelarse ante su propio destino: ser el hermano pequeño (además de otoñal e indoor) del gigante Primavera Sound y servir de plataforma de lanzamiento a grupos y artistas noveles, a menudo sin un LP en el mercado. Si hubiera seguido creciendo a ese ritmo, el aprendiz quizá hubiera terminado haciendo sombra al maestro. En 2013, sin embargo, llegó el frenazo, casi el derrape: como protestas por las trabas colocadas por algunos organismos públicos, Primavera Club abandonó sus sedes en Barcelona y Madrid para tomarse un descanso y, de paso, recuperó gran parte de su esencia más underground. El exilio duraría solo un año, pero la vuelta a los orígenes estaba servida. Gracias a ese respaldo que supone que el Primavera Sound se haya convertido en uno de los mayores festivales del globo, el Primavera Club vuelve a arriesgar con nombres todavía extraños para el gran público, convertido definitivamente en el escaparate de la futura escena musical para el que fue concebido. Del 20 al 22 de octubre, Primavera Club tomó varias salas de Barcelona y, de nuevo tras un lustro, Madrid a las que ir con los deberes hechos fue tan estimulante como ir a ciegas: fin de semana de confirmaciones y, sobre todo, descubrimientos. En total, 39 propuestas de aquí y de allá (Brasil, Noruega, México, Turquía e Italia estuvieron bien representados) de entre las que destacamos esta decena. No cuesta imaginarlas dando el salto al Parc del Fòrum dentro de siete meses.

10. Jakuzi

A altas horas de la noche, las exigencias del público de un festival parecen notarse un poco más. Uno ya no tiene la paciencia de horas antes y necesita un concierto que le sorprenda, que le mantenga despierto y que le haga alucinar en todo momento. Y, por suerte para muchos, este fue el caso de Jakuzi. El dúo turco dejó al público con la boca abierta desde la primera canción con un sonido muy ochentero y nostálgico que jugaba con un synth-pop catchy y atractivo y con un directo arrollador entre flores rojas – de decoración – , luces frenéticas y un Kutay Soyocak (cantante) que no paraba de ir de un lado al otro del escenario como si no hubiera mañana. Cantaban en turco y, obviamente, los asistentes no llegaban a entender qué decían exactamente las letras de Jakuzi. Pero no hizo falta, la conexión con su universo fue absoluta. Y, la verdad, quién lo hubiera dicho al ver la actitud lánguida y entristecida de Kutay al salir al escenario…

9. Happy Meals

A Happy Meals fuimos un poco sin saber lo que nos encontraríamos, pero el dúo escocés que conforman Lewis H. Cook y Suzanne Rodden no quiso que nos marcháramos sin que su espectáculo perdurara en la memoria. Por momentos reconvertidos en unos Peaking Lights más gamberros y nada modosos ante su nuevo público, los de Glasgow arrojaron una buena dosis de contundencia electrónica a la última jornada creando una sensual atmósfera cósmica a golpe de acid-house, italo-disco y voces pop. Y si bien Cook supo mantener los niveles de euforia altos mediante atronadores beats y todo tipo de desvaríos cercanos a la psicodelia, el centro de todas las miradas fue Suzanne, una vocalista que tanto emula los brincos de Alice Glass como los gestos de Brigitte Bardot. Perdimos la cuenta de cuánas veces bajó del escenario para fundirse entre el público, para desgracia del personal de seguridad, siendo especialmente alocado el momento en el que se subió en una de las barras para cantar ‘If You Want Me Now’. Te queremos, Suzanne.

8. DBFC

Encender la noche. Eso es lo que lograron David Shaw y Dombrance, conocidos artísticamente como DBFC, al llegar las 00.00 del viernes. Y es que, tras haber vivido algunos conciertos frenéticos y llenos de energía como los de Starcrawler y PAULI., el dúo medio británico medio francés se hizo rotundamente con la Sala Apolo para convertirla en una verdadera pista de baile. Mirases donde mirases, el público estaba totalmente entregado a su propuesta de club y, realmente, era casi inevitable resistirse a su sonido teniendo en cuenta ese constante bombardeo directo a tus caderas provocado por los vibrantes ritmos de la electrónica, con matices del disco, shoegaze y la psicodelia e influenciados por el french touch y el sonido Madchester. En definitiva, DBFC consiguió meterse al público del Primavera Club en el bolsillo con una más que sólida propuesta y, también, con una envidiable actitud en el escenario sorprendentemente dinámica e hipnótica. De entre toda la explosiva secuencia de temas que interpretaron, destacaría ‘Autonomic’, uno de los hist que forma parte de su LP debut Jenks.

7. Marina Herlop

En una habitación a oscuras, con los sueños del público todavía pegados a su psique –aunque era mediodía– y apoyada sobre un teclado con sonido de piano como único órgano vital externo, Marina Herlop desplegó su hipnótica música el domingo por la mañana en el Centre Cultural Albareda ante el respetuoso y sepulcral silencio de los allí presentes. Confiesa que, mientras nosotros planeamos dulcemente concentrados por los terrenos deshabitados que nos propone, por los mundos trascendentales, majestuosos y profundamente dañados que dibuja entre piano y voz triste, ella se distrae y dialoga consigo misma en cada acorde. Pero su mente hermética y su postura clásica, además de su música, nos traducen el bagaje emocional que lleva o que ha llevado dentro para construir sus canciones. Nanook, su álbum de debut publicado con Instrumental Records, ofrece momentos de belleza y calma dilatadas, de elegantes sobresaltos y, en general, sensaciones mágicas muy poderosas. Todo ello quedó volcado en su actuación durante el Primavera Club, creando una atmósfera reservada, enigmática y casi secreta con ayuda de Sergio Picón, responsable del sello Aloud Music –que la ha fichado recientemente–, que hizo las veces de técnico de sonido. Fue como seguir soñando.

6. Moor Mother

Por más que el rap se haya convertido en algo parecido al nuevo pop a diestro y siniestro, en sus márgenes siguen desarrollándose ideas incómodas, ásperas, experimentales, quizás demasiado comprometidas como para llegar al gran público. Escuchar verdades amargas no gusta a todo el mundo. Moor Mother, por ejemplo, se sitúa infinitamente más cerca de proyectos extremos como HO99O9, clipping. o incluso Death Grips que de los charts. El suyo es un flow de trinchera. Más que conciertos, la de Filadelfia firma mítines sobre bases de jazz libérrimo o electrónica industria que dispara ella misma. Ni siquiera hace falta comprender sus rimas para saber que Camae Ayewa no pretende mover, sino remover. Su propuesta ni se puede ni se debe bailar; ni se puede ni se debe obviar. Le pese a quien le pese.

5. Low Island

En este banco de pruebas que supone el Primavera Club, el cuarteto británico Low Island demostró que pese a su inexperiencia (era la primera vez que tocaban fuera del Reino Unido, explicaron) tienen madera para pasar al Primavera Sound sin titubeos, en horario nocturno a poder ser. Y es que su puesta en escena, más enfocada a los desarrollos épicos que al pop, les convierte en una propuesta perfecta para la transición nocturna entre los cabezas de cartel y la electrónica de fin de fiesta. Piensen en los Foals más atmosféricos, en el carisma escénico de Glass Animals e incluso en los Radiohead más accesibles. Y ya tienen grupo de futuro.

4. Cor Blanc

Esa contradicción que, en principio, podría ser un festival a cubierto encuentra su verdadera razón de ser en conciertos como el de Cor Blanc, momentos difíciles de imaginar al aire libre. Si todo va como debe, el proyecto de Mireia Bernat y Sergi Serra Mir crecerá y tendrá que adecuarse a otro tipo de circunstancias más hostiles, pero ahora mismo, durante sus primeros pasos, no se intuye mejor entorno para disfrutar de su directo que la intimidad de El Cielo de Barceló, un espacio pequeño, coqueto, cálido, como los temas de Cor Blanc, miniaturas indietrónicas de alma folk, en su mayoría introspectivas con la excepción de su particular mini-hit, ‘Alice‘. Mireia  y Sergi las desgranaron situados frente a frente, sin aspavientos, casi sin levantar la cabeza, ni siquiera entre canción y canción. Cuando la música cesaba, no había discursos, sino samples vocales loopeados como sacados de una película de época. Unas veces se escuchaba “je t’aime”; otras, “I don’t love you anymore”. Pero con ellos no hay duda: hay que quererles.

3. Gabriel Garzón-Montano

Aunque la de Gabriel Garzón-Montano fue una de las propuestas más sobrias de esta edición de Primavera Club, no le hizo falta al neoyorquino excesíva parafernalia para llenar cada uno de los recovecos de la sala principal de Apolo. El autor de Jardín desgranó mayormente el repertorio del álbum con su voz entre sedosa y estridente, demostrando sensibilidad y tablas con los mínimos recursos. Frente a los momentos de languidez R&B o pasajes casi jazzísticos, Garzón-Montano encandiló sobre todo cuando sacó a relucir los arrebatos con más groove de su repertorio, desplegando bases pregrabadas que infundieron calidez funk a un público que, algo incrédulo de entrada, se vino progresivamente arriba con canciones como ‘Fruitflies’, ‘Six Eight’, ‘Crawl’ o ‘Bombo Africa’. Siempre concentrado en su teclado, al frente, y el portátil, a su espalda, la complicidad con la audencia fue total cuando despidió la velada con la cumbia del pescador en una exótica demostración que le sirvió para rebajar la seriedad sin perder en ningún momento la clase.

2. Yellow Days

Quizá más que ningún otro artista presente en el cartel de esta edición, Yellow Days encarnó durante la jornada del sábado el espíritu que ha nutrido siempre el Primavera Club: él es el artista que veremos crecer en los años venideros, la futura promesa que hoy empieza a despuntar y que mañana sobresaldrá por encima del resto. Pese a su arrolladora juventud, el crooner británico mantuvo al público embelesado a lo largo de todo un recital en el que su voz, carisma y presencia se impusieron a cualquier otro elemento escénico, hasta el punto de que, por momentos, incluso su propia banda y los visuales palidecieron a su alrededor. Desde la desgarradora canción con la que abrió el concierto,  ‘A Little While’, su poderoso pero rompedizo chorro de voz, capaz de adquirir los mil colores, fluyó entre estridentes líneas de sintetizador, guitarras más tradicionales y percusión descompasada. La redondez de canciones como ’That Easy, ‘Hurt in Love’, ‘I Believe in Love’ y ‘Holding On’, además de algún inédito, tiñeron la noche de blues, soul e indie rock. Y pese al abuso de una especie de aullidos muy característicos al final de cada verso, mantuvo nuestro vello erizado de principio a fin. Que se agarren King Krule y Mac DeMarco: si alguien les pisa hoy los talones, ese es George van den Broek.

1. Superorganism

El pop del siglo XXI tiene que ser así: divertido, vistoso, desconcertante por momentos. Queda claro que el éxito ya no depende únicamente de tener buenas canciones sino de construir un relato a su alrededor con el que conectar. Superorganism lo saben bien, incluso demasiado: el titular de “una chica japonesa de 17 años (que aparenta 12) con sus seis amigos ingleses” es muy suculento, y viéndolos encima del escenario de la sala Apolo quedó claro que no hay nada al azar en ellos. Aunque solo tengan tres canciones publicadas y esta fuera su primera gira, hay una idea muy definida detrás de Superorganism, una que bebe de la estética digital retro (es muy inusual ver a grupos tan emergentes apostar tanto por el apartado visual), que en la puesta en escena opta por cierto surrealismo (tres coristas con chubasqueros de colores, mucho flúor y delirio general, todo compensado por el temple de Orono, cantante que parece haber nacido en un escenario) y que a nivel musical se nutre de un pop electrónico que por momento recuerda a Gorillaz, en otros a Blur (no exageramos si decimos que Damon Albarn podría perfectamente estar detrás de todo esto) y generalmente a la euforia multicolor de The Go! Team. Valiéndose de sus tres temas publicados (especialmente el hit ‘Something For Your M.I.N.D.’) y de algunos inéditos que ya cumplen a la primera escucha (el estribillo de ‘Superorganism’, muy ‘Charmless Man’, es irresistible), Superorganism dejaron bien claro que están aquí por algo. Y lo celebramos.

 

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Foto. Pablo Luna Chao   Festivales. Nuevos grupos
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