24/10/2017

Una conversación sobre las luces y sombras que conlleva asaltar el mainstream.

En enero de 2015, C. Tangana puso en marcha un plan cuyos resultados llevan ya meses materializándose: abrir una brecha en la música comercial. “Ya está bien de hacer el gilipollas y de que nos ninguneen”, nos contaba el madrileño el pasado mes de junio tras estrenar ‘Mala Mujer’, su todavía omnipresente éxito de baile con ingredientes latinos. Desde entonces, el hombre del momento ha logrado asaltar radiofórmulas que, para alguien procedente del underground, parecían infranqueables. Precisamente el mismo día en el que tuvo lugar esta entrevista se hizo público que Ídolo, su primer disco bajo el paraguas de la multinacional Sony Music, entraba directamente en el número uno de los álbumes más escuchados y reproducidos de España.

Pero convertirse en ídolo no ha sido un camino de rosas para Antón Álvarez Alfaro, ni su ambicioso plan parece haber concluido. Las concesiones a un sonido más bailable y luminoso que auguraban bombardazos como ‘De Pie’ no son ni de lejos una constante en el conjunto del álbum, en el que productores como livinglargeinvenus, Horror Vacui, Danni Ble, El Guincho y, sobre todo, un alquimista tan imprescindible como Alizzz, han labrado sus arreglos y ritmos en consonancia con los códigos de la música urbana internacional, el rap y el R&B contemporáneos sin renunciar a las pinceladas más oscuras. Hay más sombras que luces en el solitario viaje de Pucho hacia la cima, aunque puede que algún día todo haya merecido la pena. Según nos cuenta el más espabilao de la industria, esta está a punto de cambiar para siempre.

Primero de todo, felicidades por tu reciente número uno. ¿Qué opinas de esta nueva lista oficial que contabiliza las escuchas y reproducciones?
C. TANGANA: Juega muy a mi favor porque toma en consideración el mundo de Internet en el que yo he crecido. Recuerdo que cuando empecé a sacar música era todo lo contrario: si solo estabas en Internet no podías ser alguien importante. Y ahora cada vez sucede más al revés: si no estás en Internet es como si no existieras. Vamos a ver cómo evoluciona, pero yo creo que ahora mismo el streaming es el mercado musical real.

¿No puede influir en la configuración de esta lista que, por ejemplo, una discográfica tenga partnerships sellados con plataformas como Spotify?
Bueno, depende… Piensa que Spotify es el mercado pero no el dueño de lo que la gente escucha. Spotify tiene el poder de saber qué es lo que la gente va a escuchar, porque está constantemente analizando las audiencias, pero no puede hacer que tú pases la canción. Al final el consumidor tiene poder de decisión. Evidentemente, si tú tienes un partner como Spotify y solo sacas tu música en digital, y además todo tu público es joven, tienes más posibilidades de estar ahí que si eres Joaquín Sabina y llevas toda la vida vendiendo CDs.

¿Por qué se optó en este caso por sacar el disco solo en digital?
Porque yo le dije a Sony que me parecía una buena apuesta, y también ellos lo vieron de esta manera. Conmigo han querido arriesgarse en ciertas cosas, han querido hacerlo diferente y que todo el mundo lo percibiera así… Sacar un disco que era de importancia para la compañía solo en digital era un gesto importante hacia todo esto. Desde el principio quise sacarlo solo en digital.

En el corte de apertura, ‘Tiempo’, terminas con la frase “I don’t wanna waste my time”. ¿Consideras que has perdido el tiempo hasta llegar hasta aquí?
Sí, muchísimo. Ahora menos, pero en general siempre pierdo el tiempo.

¿Por qué tenía sentido sacar este álbum? ¿Cuál es su hilo vertebrador?
En el álbum hay una contradicción, que es que yo estoy celebrando el éxito de aquello en lo que me he convertido, de poder vivir de mi música y de poder hacer lo que quiero. Ese es un sentido obvio de lo que estoy diciendo, pero hay un sentido por debajo, que es que convertirse en ídolo conlleva un montón de cosas que son más oscuras; hay un montón de discursos oscuros vinculados al éxito. De eso trata buena parte del contenido del disco.

Ciertamente se aprecia mucho esa dualidad entre el rapero arrogante y tu yo más vulnerable. Por ejemplo, en ‘Otro Hombre’…
Sí, ‘Otro Hombre’ muestra mi parte más oscura y vulnerable. Sobre la arrogancia que comentas, cuando veía las letras que me salían me entraba inseguridad. Veía las letras y me preguntaba: “¿Qué te pasa?”. En ‘Intoxicao’, por ejemplo, asumo que algo está bien pero que eso también comporta otras muchas cosas malas. Por eso estoy todo el rato hablando de excesos y se percibe un montón de individualismo, de obsesión, de exaltación del poder…

Anunciaste la salida del álbum desde una lona gigante en la Gran Vía. ¿Te sientes cómodo exponiéndote tanto?
Si yo domino esa exposición, sí. En un momento de mi vida tomé la decisión de ir a por todas con esto. Y esa decisión comportaba superar mis inseguridades y mis miedos, ya que antes no me gustaba estar expuesto, no quería estarlo… Mi forma de superarlo ha sido darle la vuelta y hacer lo contrario: controlar mi exposición y exponerme sin miedo. Sin miedo pero a la vez transmitiendo que todo esto es parte de una performance. Yo no abro las puertas de mi casa a cualquiera, yo no me hago stories cada día en plan: “Buenos días, babies, ¿cómo estáis hoy?”. Nadie sabe cómo son mis sábanas porque no las cuelgo en Instagram como sí hacen muchos famosos. Yo aparezco mucho pero siempre aparezco dentro de una performance, es decir, dentro de lo que yo quiero mostrar.

La viralización de ‘Antes de Morime’ hace ya dos veranos fue impresionante. Aquí en Barcelona sonaba en todas las casas, en todas las fiestas… sin que nos la pusieran en la radio. Esta vez ha sucedido más bien lo contrario: estás en un póster gigante, en todas las playlists… ¿Te preocupa, en algún momento de tu carrera, llegar a sobresaturar? ¿Pecar de lo contrario de lo que suponían los descubrimientos musicales y la viralización en Internet?
La cosa es que estamos sobreinformados. Recibimos muchos inputs. Si lo piensas, ‘Mala Mujer’ salió este verano y estamos a mediados de octubre. Han pasado cuatro o cinco meses desde entonces, pero parece que llevamos seis años escuchando ‘Mala Mujer’. Dentro de cuatro meses la habrás olvidado, porque habrán aparecido otras cien mil informaciones más. Por eso creo que es importante, dentro de toda esta sobreinformación, tener tu momento. Pero tampoco mi vida va a ser estar todo el rato en un cartel en la Gran Vía.

Cuando escuché ‘De Pie’ pensé que el álbum profundizaría más en ciertos sonidos latinos, en lo que ya nos habías mostrado con ‘Mala Mujer’… Pero al final estas dos canciones son más bien anécdotas en el disco. ¿Por qué?
Porque yo no soy un artista de pop, ni de reggaeton ni de baile. Yo soy un rapero y mi intención fue desde el principio que la gente tomara por mainstream un tema como ‘Caballo Ganador’, y colarles a todos los hipsters de España ‘Inditex’ en toda la boca. Para mí ese es el mayor logro. Que chavalas que quieren escuchar el nuevo tema de Maluma, en vez de tragarse eso tengan que tragarse ‘Intoxicao’. Y se lo tragan (risas). Lo guapo es que lo escuchan y dicen: “Ah, pues esto también me gusta”.

¿Qué barrera crees que has roto en la música comercial española?
Creo que nadie en España ha sacado un disco como el mío que se considere mainstream. No hay ningún disco que se parezca a este en la lista de los álbumes más reproducidos. No sé exactamente cuántos hay que sean españoles, pero de todos los trabajos nacionales que aparecen en ella ninguno tiene este sonido. ¿Qué tiene de mainstream un tema como ‘Inditex’? Ese sonido hasta hoy no era mainstream. Eso me parece romper una barrera.

¿Te ves más en la senda de artistas hispanohablantes que están triunfando a nivel internacional o más en la línea de raperos que cantan en inglés?
Me gustaría hacer mi propio camino y añadir mi propia pauta. Pero digamos que a nivel internacional hay figuras de la música de baile que me interesan mucho como J Balvin y Maluma. Como música popular, me parece mucho más potente lo que ellos hacen que lo que se está haciendo desde el EDM, el house… Calvin Harris es el único que puede seguir haciendo house, el resto me parecen ya muy aburridos. Pero luego considero que mi perfil se parece más al de artistas más independientes vinculados al rap y el R&B.

¿Hasta qué punto crees haber abierto un camino para otros artistas? ¿Crees que esta brecha ampliará el nicho de mercado y dará cabida a otra gente?
Creo que se abre una gran oportunidad. De hecho, ahora mismo también estoy metido en la parte interna de la música y veo muchas cosas que ya están cambiando, aunque desde fuera la gente aún no lo perciba. Todavía tiene que madurar todo, pero tengo pruebas fehacientes de que la industria ha cambiado y de que el modelo de la cultura urbana que había antes en España, lo que entendíamos como hip hop, ha mutado completamente. Hemos pasado a otro estadio distinto a esa historia, y realmente espero que vengan muchos artistas detrás mío para que esto se enriquezca y crezca en todos los sentidos.

¿Te consta si ya hay alguien dispuesto a disputarte la corona?
Todos. Yo creo que todo el mundo puede hacerlo. Creo que cualquier artista joven debería hacerlo, y de eso se trata… De que llegue otro y la haga más gorda. Si únicamente hay una cosa, en solo cinco meses te vas a olvidar de ella. Pero si detrás de esta viene otra, y después otra, y después otra, construiremos todo un tejido, habrá cincuenta chavales nuevos, se generará una industria, se empezará a exportar nuestra música, los artistas querrán venir aquí porque la escena mola, la gente querrá hacer vídeos aquí y colaborar con gente de aquí, vendrán productores…

¿Sientes la rivalidad con otros artistas de la misma forma que antes, o esta ha cambiado en algún modo durante los últimos tiempos?
Desde que saqué la mixtape 10/15 la siento diferente. Cuando era joven sentía muchísima rivalidad: mis colegas eran los máximos y el resto unos hijos de puta. La mentalidad rapper de “tú pintas con tu grupo, cantas con tu grupo, sales con tu grupo y el resto son una mierda”. Pero eso es cosa de la adolescencia. Ahora valoro muchas otras cosas, aunque el discurso de la competencia está ahí constantemente porque es parte de lo que nosotros hacemos, hemos crecido con eso… A mí me gusta la competencia: me anima a hacer cosas más gordas y ayuda a que aquí pasen cosas relevantes. ¡Estoy esperando a que alguien saque un tema y me diga que él es el mejor!

En ‘Espabilao’ alardeas de haber firmado “el contrato más caro en España de to’ el gremio”. ¿Has pagado un precio muy alto por él?
Sí, claro. He cambiado mi vida completamente. Tengo que cubrir una necesidad contractual. Debo asumir que habría represalias si de repente me diese por hacer pulseritas y no quisiera ganar más dinero o dar continuidad a esta faceta profesional.

A nivel de ritmos de trabajo, timings, lanzamientos… ¿has notado alguna diferencia sustancial?
La única diferencia sustancial es que me he propuesto llevar esto hasta donde yo lo quiero llevar, pero por firmar con Sony no ha cambiado nada respecto a cómo tengo que trabajar o cuántos bolos tengo que hacer.

Desde luego has forjado una alianza infalible con Alizzz. ¿Cómo ha sido el proceso? ¿Los puntos en común los tuvisteis claros desde el principio o surgieron mientras trabajabais ?
Empecé a hacer temas con Alizzz hace mucho tiempo, tras escuchar su EP Whoa!. Antes yo ya quería hacer música de baile, y por eso saqué el EP Trouble + Presidente, que tenía un remix de bRUNA, pero fue un intento patético de hacer música de baile porque con eso no bailaba nadie, como mucho hacían un pogo en algún bolo porque yo gritaba mucho… Siempre tuve la espinita clavada de hacer algo con Alizzz, y por eso pensé en él cuando tuve en mente crear una canción como ‘Antes de Morirme’. Supe que con él podría hacer música de baile que a la vez fuese urbana y se adaptase a mi mood, ya que es un artista permeable, a quien le puedo mandar ideas… A partir de ese tema él ha ido entendiendo toda mi paranoia. Él ya consumía mucho R&B, música electrónica, dancehall y otras músicas latinas más de baile, pero yo le tuve que poner mucho rap, ya que no le gustaba nada de nada. Pero poco a poco fue entendiendo mi mood, yo le he ido pidiendo cosas, él me ha ofrecido otras… Al final ha sido un proceso muy natural.

¿Te dejas guiar por él y tus otros productores (livinglargeinvenus, Horror Vacui, Danni Ble, El Guincho)?
Sí, y por muchas otras personas. Casi toda la gente con la que trabajo aporta cosas, yo no les digo lo que tienen que hacer… Trabajo con ellas porque dicen algo que a mí me parece interesante. No solo me refiero a los productores. También hablo de Javi Ruiz, que me hace las fotos; Alex Turrión, el estilista; Diana Kunst, que me ha hecho un vídeo que va a salir próximamente y es una pasada; Tomas Peña de MANSON, con quien hemos estado grabado esta mañana con CANADA… Dependo mucho de ellos. Realmente confío en ellos. Hacen cosas y yo me subo. Siempre meto el dedo en la llaga porque soy un obseso del control pero cada vez más me gusta participar de las cosas que hace esta gente. Y creo que esto lo he intentado dejar claro desde la salida del disco: dependo en gran medida de este equipo que tengo alrededor.

¿Estás muy pendiente de la recepción crítica de tu música por parte de los medios de comunicación? ¿Te influye o condiciona de alguna manera?
Depende. Si estoy modo persona normal que está en su casa no, pero cuando vuelvo al personaje público tengo que saber en qué punto estoy. Al final, todo lo que dicen sobre ti influye en la opinión pública, y si eres un personaje público no puedes obviar eso porque te faltaría información. No me influye personalmente analizar lo que se dice pero es un curro que tengo que hacer.

Respecto a esa dualidad de la figura del ídolo que comentábamos al principio, en ‘Caballo Ganador’ hablas del sabor amargo de morder el oro. ¿Cuáles crees que son las partes más malas del éxito?
Hay muchas. El disco está lleno de todas esas partes malas que comporta el camino hacia el éxito. Al menos en el camino que yo conozco, en el punto concreto en el que se encuentra nuestra sociedad occidental hipercapistalista, neoliberal o simplemente liberal de mentira, es muy fácil que te conviertas en una persona individualista y obsesiva. El poder está tremendamente ligado al dinero, de modo que es imposible adquirir poder sin adquirir dinero, o como mínimo lo necesitas para hacer las cosas que luego te hacen llegar al éxito. Inevitablemente la gente identifica una cosa con la otra. Además, el éxito te hace asumir discursos que no son tuyos, te hace ser un personaje público, te hace participar de la cultura del espectáculo… Desde mi punto de vista, en Ídolo hay muy pocas cosas buenas vinculadas con el éxito.

Volvamos al primer corte del álbum, ‘Tiempo’. En un momento de la letra lanzas una pullita a los “politicos pensando cómo contestar”. ¿Todavía defiendes que no hay que propagar un determinado pensamiento político?
No le diré a nadie qué tiene que pensar, pero una cosa es la política y otra los políticos. Los políticos son quienes ganan dinero por participar del Estado. La sociedad civil no son políticos. Los dos que han metido en la cárcel hace nada por organizar manifestaciones en Barcelona no son políticos sino agentes de la sociedad civil. Están vinculados a temas políticos pero la política está en todo. En cambio, ser político es cobrar dinero que pagamos todos para decirnos lo que tenemos que hacer, y para representarnos y tomar decisiones por nosotros. Yo no soy político y odio a los políticos, pero sí que puedo decir cosas, señalar lo que me parece mal y plantear lo que a mí se me ocurra.

¿Confiscar urnas y papeletas es fascismo? Lo decía un tuit tuyo tras el 1-O.
Acabamos de asistir a una imagen muy potente en España. A mí el conocimiento me viene a partir de las imágenes, los símbolos, los colores… Soy como un niño y me tiene que entretener. Un tocho no me dice nada. La cosa es que recientemente hemos visto un símbolo muy importante del Estado, que es la policía, golpeando y usando la violencia contra personas civiles para quitarles urnas y votos mediante lo judicial, que se supone que es la garantía del Estado. El voto y la urna son los mayores símbolos de la democracia. Los hemos visto en muchos dibujos. Fíjate qué psicosis vive nuestra democracia representativa que usa la policía para apalear a personas que quieren usar sus propios símbolos. La imagen me pareció hasta poética.

Y por último, ¿has trazado ya tu próximo plan?
Sí, claro. Siempre hay que tener un plan, pero obviamente no te lo voy a contar.

Publicidad
Publicidad