17/10/2017

14 discos imprescindibles entre julio y septiembre de este año.

Alvvays – Antisocialites

El segundo disco de Alvvays no es para nada sorprendente si uno piensa en su debut homónimo. Y realmente tampoco es un trabajo original ya que no han tomado riesgos importantes por lo que respecta a la naturaleza del proyecto. Pero eso no quita que Antisocialites sea un disco notable, fresco y redondo que desde la primera escucha destaca por su impecable armonía. El grupo originario de Toronto firmó un debut memorable hace ya un poco más de tres años con canciones tan singulares y vibrantes como ‘Archie, Marry Me’ o ‘Adult Diversion’. Un primer trabajo que les sirvió para asentar las bases de su sonido: un pop con ciertos aires noise, que juega con el surf y el rock y que tiene como pilar la dulce voz de Molly Rankin. Esa fórmula no ha cambiado ni un ápice en su segundo trabajo y lo mejor de todo es que no hacía falta hacerlo. Porque en su regreso el grupo ha demostrado que en Alvvays las piezas encajaban y siguen encajando a la perfección. Y cuando esto sucede, lo más inteligente es dejarlo todo tal y como está. ¿El resultado? Una asombrosa conexión entre el contenido nostálgico y melancólico de las letras empasta con la voz deshilachada y delicada de Molly y, a la vez, con el sonido brumoso, envolvente e intenso de un background protagonizado por sintetizadores y guitarras. Una constante que brilla de una manera especial en ‘In Undertow’, ‘Dreams Tonite‘ y ‘Plimsoll Punks’. (Raquel Pagès)

Bicep – Bicep

Músculo, fuerza y potencia son las características de un bíceps bien trabajado. Pero en el caso del de los irlandeses Bicep, el concepto además transmite elegancia e inteligencia. Desde sus primeros singles en su prolífico sello Feel My Bicep, aquellos ‘You‘ y ‘Vision of Love‘ cercanos al desparrame, al UK Garage y al beat travieso, han ido labrando y puliendo su propuesta para que más allá de ser resultones tuvieran una carrera con recorrido, y lo suyo no solo fuera un puñetazo aislado. Ya en 2015 vivieron un verano de reconocimiento con la oscura ‘Just‘ (uno de los temas electrónicos de ese año), pero es sin duda con este largo con el que consolidan su idea. Un LP, el primero si no nos fallan las cuentas, en el que se acercan al techno y las melodías entrecortadas de la pista de baile más elaborada. Las paradas y el coqueteo con la IDM en ‘Glue‘, los paisajes de ‘Kites‘ o la definitiva ‘Aura‘, en la que arrasan en el rectángulo de combate. Sin flaquezas, y a por todas. (Jordi Isern)

Brand New – Science Fiction

Es probable que toda la carrera de Brand New se explique a partir del éxito inesperado de Deja Entendu, el disco que les podría haber convertido en estrellas… si hubieran querido. Pero en vez de optar por recorrer el camino fácil de Paramore o Taking Back Sunday, Brand New optaron por reinventarse. Con el tiempo, el salto de Deja Entendu –icono del emo adolescente de los 2000– a The Devil and God Are Raging Inside Me se lee aún más valiente y crucial. Aquel fue el disco que define una carrera, igual que Daisy –su cuarto álbum– fue su necesaria continuación a modo de constatación, con la voluntad de llegar hasta el fondo de la dualidad entre susurro y desgarro que les ha caracterizado siempre. Al final el susurro ha acabado ganando la partida, como deja claro Science Fiction, quinto y último –eso han dicho ellos– disco del cuarteto de Long Island, publicado por sorpresa a mediados de agosto ocho largos años después del anterior. No es que la dualidad haya desaparecido (Brand New siguen arañando), sino que la languidez desafiante de canciones anteriores como ‘Limousine’, ‘Luca’ y ‘You Stole’ ha acabado definiendo el discurso de un disco que es, por encima de todo, homogéneo y profundo. Con una hora de duración, Science Fiction se va revelando poco a poco con cada escucha, desde las mutaciones internas de canciones como ‘Same Logic / Teeth’ y ‘Out Of Mana’ hasta las constantes referencias al final del grupo (“I think I’m going to be relieved when it’s over”, dice ‘Lit Me Up’) o a sus propias letras (“I’ve got a positive message / Sometimes I can’t get it out”, se lamenta Jesse Lacey en ‘Can’t Get It Out’, tema que también aborda en la grandiosa ‘Waste’). Un sonido coherente y cuidado que, por desgracia, se rompe un poco en el tramo final con las blueseras ‘Desert’ y ‘451’, pero que no empañan una gran conclusión gracias a la monumental canción de cierre, ‘Batter Up’, preciosa elegía de más de ocho minutos en la que Lacey asume la derrota contra sus fantasmas (“It’s never going to stop”). ¿Será este realmente el último disco de Brand New? Si lo es, puede que no sea recordado como su obra maestra (siempre recalará en The Devil and God), pero sí como el disco que Jesse, Vinnie, Brian y Garrett llevaban dentro todo este tiempo. El final perfecto. (Aleix Ibars)

EMA – Exile In The Outer Ring

Erika M. Anderson podría haber peleado por cantar ‘Sunday Morning’, recorrido las calles del Berlín de Lou Reed o haber sido socia de lujo de Sparklehorse antes de que sus letras hiriesen de muerte a Mark Linkous. En Exile On The Outern Ring, EMA reproduce el latido de los suburbios, un relato apocalíptico a veces anestesiado a modo de nana en ‘Blood And Chalk’ o por la condescendencia rítmica con la que relata la incomprensión de ‘Down & Out’. El entorno son los ladrillos de un inmueble manchados de negro, una luz roja imperturbable y unas escaleras metálicas que ascienden a ninguna parte. Una atmósfera depresiva regida por el fuzz y las distorsiones extremas con baquetazos post punk de ‘Breathalizer’ y la furiosa ‘Fire Water Air LSD’, las dos piezas que hacen más evidente su deuda con Sonic Youth. Como ocurría en trabajos anteriores con ‘California’ o ‘Satellites’, la estadounidense deja en ‘7 Years’ otro tema memorable, ese en que su voz parece más desnuda y sincera. Menos preciosista que su predecesor, The Future’s Void, el cuarto largo de EMA desprende el encanto de lo marginal. (Carlos Marlasca)

Floating Points – Reflections – Mojave Desert

Cuando Sam Shepherd preparaba la gira de Floating Points por Estados Unidos con su banda instrumental para los directos, encontró en el desierto de Mojave un lugar único para grabar. “El sonido que se refleja en las rocas, el sonido del viento entre ellas, la quietud completa de la noche y la jauría de coyotes ambulantes en la distancia” llamaron poderosamente la atención del británico, hasta el punto de querer plasmarlo todo en un nuevo trabajo discográfico que realizó in situ. Apenas media hora de duración: tres temas breves completamente ambientales –‘Mojave Desert’ a modo de intro, ‘Lucerne Valley’ de outro y ‘Kites’ como epicentro, desde el que se proyecta un sinte en redondo hasta el infinito– y otros dos, de contenido apabullante, que suman juntos dos tercios del álbum. ‘Silurian Blue’, que recuerda a los experimentos de los primeros Pink Floyd, se expande majestuosa sobre una elegante percusión jazzística; y ‘Kelso Dune’, una carrera de fondo a ritmo de sprint entre bajo, guitarra, batería y sintes, parece sacar todo el partido experimental al desierto en todas direcciones. Seguramente no es la evolución prevista de Floating Points a partir de Elaenia, su ópera prima, pero es una que amplía sustancialmente su ya de por sí prometedor horizonte. (Pablo Luna Chao)

Four Tet – New Energy

En lo de hacer música para domingos tristes y lunes imposibles, Four Tet tiene pocos competidores. A todos nos ha hecho brillar los ojos  alguna vez con la cadencia de las cajas en ‘Unspoke‘ del lejano Rounds (2003) o con los loops de ‘Circling‘ de esa obra maestra con la que dio el salto al gran público, There is Love In You (2010). En esa horquilla del ambient de carácter emocional es un nombre de referencia con pocas discusiones. Sin embargo, tras un disco llamado New Energy, y una pausa de cuatro años, se echa falta parte de renovación o nuevos horizontes. Siendo él todo un digger de música de diferentes géneros (ese guiño constante a lo oriental en sus sesiones, o producir al sirio Omar Souleyman), aquí sigue acomodado en lo que siempre nos ha gustado de él, y que tan bien sabe hacer: tempos lentos, loops de arpegios, la mirada de refilón a la pista de baile o el trance emocional; todo de firma Four Tet, pero quizás nos esperábamos otro empuje no tan habitual. Por supuesto que el talento sigue y ya quedan para esa lista de canciones que lo paran todo como ‘Two Thousand And Seventeen‘, el viaje de ‘You Are Loved‘ o la favorita y algo más pistera ‘Lush‘. (Jordi Isern)

Haim – Something to Tell You

Se han hecho de rogar las hermanísimas con la reválida de su debut y la verdad es no parece que haya pasado casi un lustro entre esta colección de canciones y la anterior. Something to Tell You es bastante continuista respecto a Days Are Gone y lo es por tanto con su lista de referentes ochenteros, con Fleetwood Mac a la cabeza y hasta Michael Jackson a la cola. Salvo cuando se dejan caer en lo electrónico en esa ‘Walking Away’ que podría caber en el último de Lorde, las Haim son mejores cuanto más se parecen a las que recordábamos: jugonas, gamberras, bailables. Y no lo lean como un halago sin matices. Como ocurrió en su debut, lo mejor está aquí en la primera mitad. No en vano entre sus tres primeros temas están los dos singles que precedieron a la publicación del álbum: la sincopada ’Want You Back’ y la divertida ‘Little of Your Love’, que podría estar en un remake de Grease. Tanta dinamita tan arriba hace que el álbum, sin bajar del notable casi nunca, sólo vuelva a esos niveles en contadas ocasiones (‘Something to Tell You’ o ‘Kept Me Crying’). En esa segunda mitad hay experimentos que salen bien, como la mencionada ‘Walking Away’, y otros que no tanto, como la melosita ‘You Never Knew’ o la extraña ‘Right Now’, a la que creo que mata una producción equivocada. Al final los hits compensan el balance y hasta los traspiés se perdonan cuando se pretende avanzar. Seguiremos atentos. (Daniel Boluda)

Moses Sumney – Aromanticism

Durante los últimos años, Moses Sumney ha logrado condensar infinita belleza con un repertorio relativamente reducido: un single por aquí, un EP por allí… Californiano criado en Ghana, su voz ha sido reclamada por artistas como Solange y Sufjan Stevens, pero es con su debut largo, Aromanticism, cuando finalmente hemos podido tomar conciencia de la complejidad y envergadura de su excelso mundo solitario, un embriagador universo sónico en el que conviven refinado electro-soul, ligereza folk, paisajes cercanos al ambient e incluso reminiscencias del jazz brasileño. Desde la misma apertura del trabajo, su falsete celestial nos mantienen a flote en su personal cosmovisión sonora, lírica y casi mitológica contraria al amor romántico en el que la mayoría hemos sido educados. “No podemos ser amantes, porque yo soy el otro”, canturrea su voz cálida y catártica en ‘Quarrel’, canción a la que sucesivamente se van añadiendo sonidos de arpa y arreglos electrónicos. En su corte central, ’Lonely World’, el minimalismo instrumental acompaña sus llorosos cánticos hasta verse erosionado por un majestuoso despliegue de elementos percutivos, sintetizadores destelleantes y el infalible embrujo de Thundercat al bajo. “No quiero acostarme contigo, solo quiero hacerlo en el coche”, narra únicamente en la sensual y sinuosa ‘Make Out in My Car’, rematada con una flauta jazzy. Pero si hay un tema que logra encapsular el aislamiento de una vida sin amor, ese es sin duda ‘Doomed’, un ritual que arranca a capela y, a través de sonidos atmosféricos, casi inertes, lanza una cruda pregunta al vacío: “¿Estoy condenado si mi corazón está inactivo?”. (Max Martí)

Mount Kimbie – Love What Survives

Dicen Mount Kimbie que están “menos interesados que nunca en la escena clubber“, aunque realmente nunca han parecido estarlo demasiado. En sus dos primeros trabajos, Crooks & Lovers (2010) y Cold Spring Fault Less Youth (2013), solían tomar la electrónica de baile únicamente como casilla de salida, aunque la abandonaban a toda prisa, hasta acabar los temas bien lejos de allí. Ahora, ni siquiera parten de ahí. Love What Survives se mueve por muchos terrenos, pero ninguno es la pista. La tercera entrega de los londinenses es post-punk (‘Blue Train Lines‘), música de cámara (‘Poison‘), soul (‘We Come Home Together‘), krautrock (“Delta“) y folklore oriental (‘SP12 Beat‘), todo mezclado en un disco que no parece sacado de la mente de un dúo de productores, sino del trabajo de una banda al uso que, por supuesto, tiene su vocalista. O, más bien, vocalistas: James Blake, King Krule, Micachu y Andrea Balency ponen voz a prácticamente la mitad de las escalas de un estimulante viaje que parece ideado para recorrerse en solitario, sin prisa, a oscuras, de vuelta a casa mientras el club ya queda definitivamente atrás. (Víctor Trapero)

Mura Masa – Mura Masa

Con las canciones publicadas antes de este debut homónimo largo, el joven británico Alex Crossan ya había empezado a escribir la crónica de un éxito anunciado. De la jugetona ‘Firefly’ con NAO a la explosiva ‘What If Go?’ junto a Bonzai, pasando por la divertidísima ‘1 Night’ en colaboración con Charli XCX y un hit de alcance global como ‘Love$ick’, que ya sonaba glorioso incluso antes de que le acompañara A$AP Rocky, podemos afirmar que el pop electrónico fraguado en dormitorios está hoy de enhorabuena. La música de Mura Masa es agradable, pero en el sentido menos peyorativo que puede desprenderse del término: sonidos de marimbas, cosquilleantes percusiones metálicas y deliciosos sortilegios electrónicos revisten la mayoría de sus caleidoscópicas gemas con sello propio, que con una clara fijación por las distintas subculturas londinenses tanto beben del hip hop y el UK garage como de las más dispares influencias tropicales. Cojan por ejemplo la deliciosa canción que abre el trabajo, ‘Messy Love’, y traten de no caer rendidos al hechizo de los delicados ritmos house que martillean su voz distorsionada. Ni las gratificantes aportaciones de Desiigner en su senda más trap, ni una desencajada Christine and the Queens entre bases drum ‘n’ bass ni el mismísimo Damon Albarn en su contemplativa despedida difuminan el perfil de Crossan. Ni tan siquiera mancilla el conjunto la inclusión de algún corte más anodino, como el que cuenta con Jamie Lidell en homenaje a Prince. Y es que no tenemos ninguna duda de que lo mejor está por llegar. (Max Martí)

Rostam – Half-Light

Aunque Rostam Batmanglij no pertenece a Vampire Weekend oficialmente desde enero de 2016, lleva toda esta década preparando el que ha sido, por fin, su álbum de debut en solitario: Half-Light. En 2011 publicó ‘Woods’ –pieza étnica entre india e iraní– y la festiva y rítmica ‘Don’t Let it Get to You’, pero no fue hasta el año pasado cuando se tornaron adelantos de un álbum real situado en el horizonte. El resultado final de tanta espera, 52 minutazos repartidos en 15 canciones de todo tipo. Las hay de ese pop artístico y entusiasta escuela de Vampire Weekend (‘Sumer’, ‘Bike Dream’, ‘Never Going To Catch Me’, ‘Don’t Let it Get to You’), del tipo armónico orquestal (‘Half-Light’, ‘Tatch Snow’, ‘I Will See You Again’, ‘Gwan’), étnico (‘Woods’, ‘When’), una saltarina y casi reggae ‘Rudy’, la joya minimalista y vocal ‘EOS’ e, incluso, concentradas en la parte final del álbum, piezas próximas al R&B sintético (‘Hold You’, con Angel Deradoorian, ‘Warning Intruders’). Ya conocíamos su versatilidad por los álbumes y artistas a los que ha producido (Ra Ra Riot, Cass McCombs, Santigold, Frank Ocean, Solange, etc.), y su capacidad muliinstrumental por los créditos de Modern Vampires of the City, el insuperable último trabajo de su banda mater, pero ahora las ha concentrado y unido en un trabajo generoso, valiente y muy bien ligado pese a la heterogeneidad de sus formas. (Pablo Luna Chao)

The National – Sleep Well Beast

Luces estroboscópicas rompiendo la oscuridad, un lamento de terciopelo, la banda sonora de la melancolía…rasgos que impregnan la idiosincrasia de una banda única cuya autoridad, al menos a día de hoy, es poco discutible. Todo son esperanzas cada vez que The National entra en un estudio. Que Sleep Well Beast se sitúe como una de las cimas de su carrera es una cuestión de pequeños matices. En lo formal hay más presencia digital sobre la que se sustentan bellezas como ‘Born to Beg’ o la canción que da nombre a su séptimo trabajo, y mayor relevancia de las guitarras desnudas de sus primeros tiempos. Pero el calibre de este largo se refleja en sutiles detalles como la entrada hacia la última estrofa de ‘Nobody Else Will Be There’ o el cierre del desenfadado solo en la descomunal ‘The System Only Dreams in Total Darkness’. La inmaculada melodía vocal de ‘Walk It Back’ o los arpegios del piano de la deliciosa ‘Empire Line’ atestiguan que el quinteto tiene infinitos recovecos por donde extender su elegante teñido a negro. La cautivadora introversión queda rota por ‘The Day I Die’ y, sobre todo, ‘Turtleneck’, una brutal renovación de los tiempos de ‘Abel’, ‘Mr. November’ o ‘Available’. The National vuelve a reivindicar su absoluta hegemonía en un disco sin fisuras. (Carlos Marlasca)

The War On Drugs – A Deeper Understanding

Yo siento no ser objetivo. Creo que Adam Granduciel me gustaría hasta haciendo zarzuela, así que no lean este texto como una crítica imparcial: estoy ante el último disco de uno de los músicos que más me ha hecho disfrutar en los últimos 10 años. Dicho esto, A Deeper Understanding creo que tiene ingredientes más que de sobra para justificar el ensalzamiento. La producción vuelve a ser acojonante. La selva de sonidos, el enjambre de arreglos, las capas a mansalva… todo vuelve a estar en cooperación solidaria, sin estorbarse, sin empujar. Desde la orgullosa ‘Up All Night’ hasta la preciosa ‘You Don’t Have to Go’, Granduciel levanta, emociona y deslumbra. Teniendo lo que tiene en la cartera, habiendo sido su última publicación el mejor disco de su año para esta publicación remillenial, no mentimos al decir que tiene aquí algunas de las mejores canciones de su catálogo. Pocas este año con la emoción de ‘Pain’, con ese solo de noche fría; pocas con la potencia melódica de ’Stangest Thing’, el mejor polvo del año entre una guitarra y un sinte. Yo qué quieren que les diga, le compro hasta los piojos. (Daniel Boluda)

Tyler, The Creator – Flower Boy

La mayoría de las veces la obra del capitán de Odd Future es escrutada en base a su subversiva y controvertida personalidad. Desde la publicación de Bastard, su mixtape de debut, infinitas líneas se han escrito acerca de sus anárquicas convicciones, sus instintos líricos abiertamente homicidas y la vulgaridad de sus salidas de tono, aislando de la ecuación, en muchas ocasiones, su irreverente a la vez que fascinante juventud. Con Flower Boy, un cuarto álbum de estudio que llega tras su primer cuarto de siglo, Tyler, The Creator parece haber abandonado la exaltación de la violencia en aras de un mensaje más maduro que arroja, además, su sonido más radiante hasta la fecha. Ciertamente estamos ante un trabajo mucho menos abrasivo y caótico que los interesantes Goblin y Wolf en el que algunas de las ideas que no acabaron de cuajar en Cherry Bomb, como las influencias de N.E.R.D. o Stevie Wonder, empiezan a dar fruto. Escoltado por múltiples vocalistas que sin ser imprescindibles saben encontrar su lugar en cada uno de los temas, como A$AP Rocky, Frank Ocean, Lil Wayne, Jaden SmithKali Uchis y la revelación Rex Orange County, Tyler tanto nos deleita con joyas dulcemente texturizadas como ‘See You Again’, ‘Boredom’ y ‘911 / Mister Lonely’ como nos somete a las rimas desafiantes y la producción claustrofóbica de ‘Who Dat Boy’ y ‘I Ain’t Got Time!’. Las canciones de Tyler siempre han explorado la soledad y el aislamiento, pero en este álbum, por primera vez, el rapero manifiesta una especie de florecimiento personal a través de una identidad más fluida, que se replantea a sí misma. La maravillosa ‘Garden Shed’, que podría parecer una metáfora de salir del armario, demuestra cuando menos que en el armario tenía guardadas sus más excelsas canciones hasta la fecha. (Max Martí)

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