02/09/2017

Crónica del concierto de la banda colombiana en Barcelona.

Li Saumet sale a escena con más abalorios que los Reyes Magos. Pese al despiste inicial con ‘Siembra’, que abre Ayo (Sony Music, 2017) emulando las baladas coloristas de Residente, las cuentas de su capa quedan justificadas con los vaivenes cumbieros de ‘Química (Dance with me)‘ –semejante en su melodía hasta la preocupación a ‘Soy yo’– o ‘Duele’, que enseguida marcan los derroteros de la fiesta. Bomba Estéreo han abandonado la idea de estirar el hilo de la vanguardia estética, y su objetivo principal es ahora más que nunca el baile.

La dirección de los bogotanos en los últimos tiempos cabalga hacia el EDM latino viral, que los emparenta a jóvenes cumbieros como Olvídate!. Una idea actualizada del sonido de baile internacional que les ha dado buen resultado. Antes del verano y su gira internacional, telonearon a Arcade Fire en Lima.

Y no es casualidad, porque la banda colombiana ha hecho de sus directos una feria, con momentos de speaker de toro mecánico incluidos. “Vacilen, gócenlo”, vocifera su percusionista, Diego Cadavid, mientras se suceden los pregrabados incendiarios. Momentos de tecno-folklore: una propuesta de live mucho más popular que la de sus anteriores presentaciones. Y algo más orgánica: la eléctrica y los vientos, hechos de un material más fusible que antaño, han tomado ventaja, pese a que no se han hecho con el cetro. También la voz de Saumet aguanta mejor los agudos, sin tanta ingeniería. Aunque por encima siga la inyección de BMP’s de base electrónica: hay que crear un salón burrero donde el color y la diversión primen.

Como en el siglo XIX, cuando dichos salones eran espacio de jarana donde se juntaban colonos y locales –estos segundos aparcaban burros y mulas a la entrada del salón, de ahí el nombre–, hoy en día las salas de concierto para Bomba Estéreo emulan las fiestas mestizas (lo fue, pese al precio prohibitivo: 30 euros el ticket). Como bien saben ellos, la historia anda repletita de reapropiaciones. Los mismos carnavales –y en consecuencia los salones burreros– tienen su fundación en los calendarios católicos. Así nació el de Barranquilla, que allá por el siglo XIX los locales se hicieron suyo con música popular y baile; igual que el grupo colombiano ha hecho de los sonidos internacionales un espacio más donde reivindicar la cultura propia.

Dicho y hecho. En hora y media de directo en Barcelona nadie se acuerda de la vuelta al trabajo o de los paraguas (la lluvia no ha hecho peligrar el sold out). Los temas de Ayo, quinto largo de los colombianos, dejan paso a una retahíla de clásicos que tienen su punto culminante en ‘Qué Bonito’. “Qué bonito es bailar apretado”, dicta el tema. El sold out en Razzmatazz hacen cumplir a rajatabla el sentido de la canción: meneo multitudinario, y ensardinado.

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Foto. Pablo Luna Chao   Conciertos
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