26/07/2017

12 discos esenciales publicados entre abril y junio de este año.

Mejores discos del primer trimestre de 2017.

Aldous Harding – Party

A nadie se le escapa: el paso dado por Aldous Harding entre su debut homónimo, lanzado sin que muchos se enteraran en 2014 y reeditado un año después, y este Party es de gigante. Mientras que el primero era otro disco de chica-triste-con-guitarra-acústica, ya fuera por decisión propia o por falta de medios, el segundo muestra a una compositora e intérprete que crece en todas direcciones. Casi da cosa seguir hablando de folk: la etiqueta ya se le queda algo pequeña a la neozelandesa, que aquí, producida por John Parish, recubre su discurso con más capas y nuevos trucos. De repente, puede aparecer un pulso sintético (‘Blend‘) o un coro infantil que primero descoloca y después termina fascinando (la maravillosa ‘Imagining My Man‘); o asomar ligeramente un saxofón en ‘I’m So Sorry‘ o en el tema titular, también elevado con un coro inesperado. La paleta instrumental se ha ampliado, aunque queda en anécdota al compararla con la versatilidad y elasticidad que luce la voz de Harding, el verdadero instrumento estrella de Party. Cuesta creer que la persona que suena enrabietada en ‘Horizon‘ y absolutamente frágil en ‘Swell Does the Skull‘ (un dueto junto a Perfume Genius) sea la misma. De lo agudo a lo grave; de lo ligero a lo solemne sin despeinarse. Incluso una misma canción, caso de las citadas ‘Imagining My Man‘ u ‘Horizon‘, puede encerrar varias personalidades vocales muy diferentes. Esa es la verdadera fuerza de un trabajo con aires de clásico que no es exactamente una fiesta (su negrísima portada no engaña: anda más cerca del funeral), pero sí un festín. (Víctor Trapero)

Algiers – The Underside of Power

La reivindicación que Fred Hampton, líder de los Black Panthers, hace de su condición de revolucionario al inicio de ‘Walk Like A Panther’, es también el leit motiv del segundo trabajo de Algiers. Kendrick Lamar ha conseguido azotar el hip hop con un discurso crítico y enriquecedor en lo sonoro y, aunque por otros derroteros, los de Atlanta –ya convertidos en cuarteto con la incorporación definitiva del ex Bloc Party Matt Tong– también aúnan mensaje y melodía. The Underside Of Power no se desplaza en lo formal de su predecesor, pero goza de una mayor profundidad, conscientes sus autores de la caducidad del factor sorpresa, patente en el esqueleto Motown robustecido del que parte la canción homónima. Definido por la propia banda como un disco más optimista que el anterior y que incluye una balada como ‘Mme Rieux’, el alegato contra Donald Trump de ‘Animals’ recupera la vertiente más inflamada y forma junto a ‘Plague Years’ el pasaje más oscuro al que hay que añadir la claustrofobia instrumental de ‘Bury Me Standing’. Franklin James Fisher se antoja como uno de los vocalistas más interesantes de la actualidad marcando en la inmensa ‘Cry Of The Martyrs’ una continuación de los tiempos de ‘And When You Fall’ y acompañado por una banda que con el adiós de ‘The Cycle/The Spiral: Time To Go Down Slowly’ muestra su anhelo por explorar nuevos territorios. (Carlos Marlasca)

Arca – Arca

En su camino hacia este álbum homónimo, el tercero, Arca ha confeccionado un genuino universo sonoro fácilmente reconocible en el marco de la hipermodernidad, pero con la virtud de que difícilmente puede ser clasificado mediante patrones formales existentes. Que Björk le recomendara, por vez primera, usar su voz histriónica en este trabajo, es un acierto en cuanto a que nos encontramos ante sus composiciones más accesibles hasta la fecha –no en vano, en los últimos años Alejandro Ghersi ha demostrado con creces su maestría como productor en el maisntream pop y urbano contemporáneos–, si bien el aura que rodea cada uno de los cortes sigue fiel a su disruptivo discurso electrónico, siempre en tensión con la propia naturaleza humana. De ahí que ‘Desafío’, la canción más excepcional del disco, adquiera una brillantez melódica que firmaría cualquier hitmaker eurovisivo de no ser por sus múltiples contorsiones instrumentales y la obscenidad de sus letras (Ámame y átame y dególlame / Búscame y penétrame y devórame). Y mientras que el falsete que desvela en la apertura, ‘Piel’, nos calma como un bálsamo pese al chirrido que le acompaña, y ‘Anoche’ nos abraza físicamente del abrasivo caos sintético que el venezolano confecciona a su alrededor, en cortes como ‘Saunter’, ‘Urchin’, ‘Castration’ y ‘Whip’ simplemente somos expuestos a todo tipo de quemaduras, latigazos y cuchilladas de objetos afilados. Como en Xen y Mutant, en Arca hay dolor, pero también redención, e incluso una tierna mirada a su folclore, concretamente a las tonadas de la Venezuela rural. Como en la última actuación de Ghersi en el Sónar, en la que tanto le daba por castigarnos visualmente con dolorosas prácticas BDSM como por fundirse en el más piadoso de los abrazos con uno de sus fans. (Max Martí)

Cigarettes After Sex – Cigarettes After Sex

Cigarettes After Sex se convirtieron rápidamente en uno de los nombres a seguir más de cerca a principios de este año tras reactivar el proyecto que deslumbró en 2012 con el EP I. Su presencia en el Primavera Sound 2017 (volverán en noviembre) y el anuncio de su primer largo asentaba el grupo liderado por Greg Gonzalez. Por suerte, la presión no les ha podido: el primer álbum homónimo del cuarteto tejano es algo parecido a una piedra preciosa, una gema de un exquisito y envolvente dream-pop que tiene como protagonistas las suaves y delicadas melodías, el nostálgico timbre de voz de Gonzalez y las apasionadas y románticas letras, que hablan abiertamente de distintas experiencias amorosas. Cigarettes After Sex sorprende canción tras canción ya que, a pesar de explorar una sonoridad de tintes sombríos y algo oscuros bastante uniforme, esconde secretos en cada uno de sus cortes. Quizás sea por la proximidad de los (casi) susurros de Greg cuando recita, por ejemplo, “Your lips, my lips. Apocalypse” en la brillante ‘Apocalypse’, o puede que sea la capacidad a nivel armónico de inmersión en su sonido. Sea lo que sea, Cigarettes After Sex es todo un viaje introspectivo hacia una realidad intensa y apasionada de la mano de un pop minimalista y atmosférico. Una experiencia que vale la pena sentir. (Raquel Pagès)

Father John Misty – Pure Comedy

La comedia del hombre empieza así: nuestros cerebros son demasiado grandes para las caderas de nuestras madres. Así que la Naturaleza diseña esta alterativa: salimos al mundo a medio hacer, esperando que quien quiera que nos reciba al otro lado sea tan amable como para sacarnos adelante”. Este es el primer verso, y desde luego marca el tono de lo que sigue. Si Father John Misty miró hacia adentro en I Love You, Honeybear, enamorado hasta la barba de su recién conocida mujer, aquí mira hacia afuera. No esperen en Pure Comedy una ‘I Went to the Store One Day’. No hay canciones para ella, salvando, quizás, ‘Smoochie’, que suena a un “cari, gracias por aguantarme”. Porque, más allá de la fachada de seductor inteligente, el Josh Tillman que potencian estas letras es el misántropo simpaticón con dotes de cirujano social, el cascarrabias irónico un poco hasta la polla del mundo y sus miserias. Pero es ese tono hiriente, de criticar riéndose, llevando al ridículo nuestras mierdas modernas, lo que lo hace irresistible. En ‘Total Entertainment Forever’ Tillman habla de esa obsesión por ser entretenidos y arranca la canción con la imagen de alguien follándose a Taylor Swift cada noche a través de un dispositivo de realidad virtual (“not bad for a race of demented monkeys”). En ‘Ballad of a Dying Man’, un ególatra moribundo se preocupa de qué será del planeta cuando falten sus críticas cibernéticas. En su lecho de muerte, actualiza su news feed por última vez, sólo para saber qué se va a perder. Son letras llenas de política, de antropología y sociología. Quejas musicales para un disco largo -hora y cuarto- pero que, como hiciera Kate Tempest con su descomunal Let Them Eat Chaos el año pasado, engorda el necesario álbum de fotos fijas de este mundo que tenemos entre manos. Ah, por cierto. Tillman no se libra ni de sí mismo. En ‘Leaving L.A.’ (más de 13 minutos de chapa) no se deja nada. Sirva un verso: “And I’m merely a minor fascination to / Manic virginal lust and college dudes / I’m beginning to begin to see the end / Of how it all goes down between me and them / Some 10-verse chorus-less diatribe (inciso: habla de la canción que interpreta) / Plays as they all jump ship, “I used to like this guy / This new shit really kinda makes me wanna die”. (Daniel Boluda)

Feist – Pleasure

Puede que Feist suene un poco a la aspereza de St. Vincent en ‘Pleasure’ y en ‘Century’, y a la crudeza de la Cat Power de Sun en ‘Get Not High, Get Not Low’ y, sobre todo, en ‘Lost Dreams’, pero su nuevo disco evidencia claramente la dulce potencia de su personalidad musical. Ésta aflora especialmente en forma de cantautora íntima, de tú a tú: la que se basta de sí misma, de su voz firme y de su guitarra para derretir hasta los polos. Así son sus canciones más emocionantes: ‘Wish I Didn’t Miss You’, ‘Baby Be Simple’ y, por encima del resto, ‘A Man Is Not His Song’ y ‘I’m Not Running Away’. La primera es una preciosa e íntima balada nocturna en la que se oyen hasta los grillos, mientras que en la segunda, un intenso blues de zapato grueso, casi se oye el recuerdo del bueno de Neil Young grabando la BSO de Dead Man. Fuera de ese patrón destaca también ‘Any Party’, una pieza medio country que resume de algún modo el contenido lírico del álbum al definir el amor sano como un compendio de dulzura, pasión y complicidad: enseñanza que deriva de una madurez personal y artística patente en todo Pleasure. Después de seis años de silencio, ha vuelto la mejor de las versiones de Leslie Feist(Pablo Luna)

Karen Koltrane – Álbum

Sin abandonar el hábitat natural enmoquetado y cerrado en el que floreció su primera referencia –Plantas de interior, 2014–, Ángel Valiente ha dado un importante paso adelante con su proyecto/banda Karen Koltrane. Publicaron Álbum el mismo día (21 de abril) que teloneaban a Los Planetas en la sala Apolo de Barcelona, completando un repóquer –Emergència! Festival, Primavera Club, Fiestas Demoscópicas de Mondosonoro y teloneando a Mercromina– de actuaciones de debut impresionante. Reubicado en Barcelona tras vivir en Oslo durante los últimos años, Valiente ha subido la apuesta de su lenguaje musical ensanchando y solidificando la infinidad de capas con las que crea su synthpop. Un estilo que bebe directamente de las fuentes y cataratas del shoegaze-dreampop, sobre todo por sus recurrencias obsesivas, por el muro de sonido que envuelve cada tema y por la insistente épica doméstica que tiende a crecer en muchas de sus canciones. Esa épica íntima de habitación, ese existencialismo a pequeña escala que tan bien refleja el apartado lírico, marca el espíritu de Álbum: especialmente en las culminaciones de ‘Permafrost’, ‘Cansancio Mental’, ‘Correr’ y ‘Onda Gravitacional’, en el segmento central del disco. Hay piezas que recuerdan a Beach House –‘Sogndalsfjora’ y ‘CT’– y referencias a un norte polar –‘Nordlys’ y ‘Nieve’– que ha marcado los últimos años de Valiente, convirtiendo el álbum en la muestra perfecta de un método de expresión propio que se nutre de su entorno más ancho para hacerlo más cercano. (Pablo Luna)

Kendrick Lamar – DAMN.

¿Es posible mantener el nivel tras una hazaña como To Pimp A Butterfly? La respuesta es que sí, pero solo si eres Kendrick Lamar. A diferencia de su anterior álbum, hoy ya un clásico del hip hop de esta década, DAMN. renuncia parcialmente a las producciones free jazz y funk en aras de un sonido más limpio, compacto y contemporáneo en el que, sin embargo, la maestría técnica sigue intacta, y su voz versátil sin rival, en el centro. A lo largo de sus 14 cortes, el de Compton nos sumerge en un complejo entramado filosófico de ambivalencias contempladas desde la cima: el orgullo (‘PRIDE.’) frente a la humildad (‘HUMBLE.’), el amor puro (‘LOVE.’) frente a la lujuria carnal (‘LUST.’), o Dios (‘GOD.’)… frente a él mismo. En un mundo en el que la espiritualidad está en jaque, Lamar profundiza en sus propias dualidades y las del entorno que le rodea, siendo ‘DNA.’ el corte más arrollador. Tanto en este tema como en otros dos hace referencia –o directamente samplea– a Geraldo Rivera, periodista de Fox News que llegó a asegurar que “el hip hop ha hecho más daño a los jóvenes afroamericanos que el racismo en los últimos años”. Pero si ‘Alright’ se convirtió en una canción protesta del Black Lives Matter, K-Dot opta aquí por simplemente reflexionar acerca de lo positvo y lo negativo que el género ha aportado a la comunidad. En vez de condenar el todo como hace el conservadurismo radical, Lamar es ante todo un ser humano que analiza las contradicciones de esta era y les da forma con su aventajado storytelling, que alcanza su momento más impactante en ‘DUCKWORTH.’. Con dicho tema cierra el trabajo recordándonos cómo su padre pudo haber muerto en un KFC debido a un disparo de Top Dawg, director creativo del sello que luego le fichó y, gracias al cual, estamos hablando de este disco. (Max Martí)

Lorde – Melodrama

La juventud de Lorde es tan fascinante que poco importa si lo que cuenta es una fantasía o ha sucedido realmente. Mark Twain sostenía que es una etapa de la vida en la que se recuerdan ambas cosas, pero, real o imaginario, el panegírico de la veinteañera sobre ese periodo es universal y enamora incluso con su lógica bisoñez. Lo suyo, al contrario que lo de Chvrches, no parece algo efímero: el propio David Bowie pensaba que ella era “el futuro de la música” cuando con 16 años sorprendió con Pure Heroine. Ahora ha irrumpido con un trabajo mucho más perfecto en el que habla de desamores, soledad y acercamiento a lo prohibido. La pena puede sonar lúdica en ‘Green Light’ y el desengaño atribulado en ‘Liability’, la única y monumental balada de este trabajo, contrastes que atestiguan la inestabilidad imperante en su edad. No es un tratado que llame a la reminiscencia sino a la actualización, a abrazar la noche definida en ‘Sober’ o a revivir el romance de la sobresaliente ‘The Louvre’ (“Half of my wardrobe is on your bedroom floor“), ambas con una abrumadora producción de un pujante Jack Antonoff (Bleachers) por el que la cantante tuvo que trazar un puente aéreo entre Auckland y Nueva York. Se deduce de ‘Supercut’ que la neozelandesa vive un momento de contagiosa felicidad que sonríe al pasado de ‘Royals’ con el presente de ‘Future Places’. Si en discos como Melodrama Lorde va ir plasmando sus etapas vitales es que el Duque Blanco, una vez más, tenía razón. (Carlos Marlasca)

Perfume Genius – No Shape

Desde su debut, las canciones de Perfume Genius han abordado con extrema crudeza temas como el abuso sexual, el suicidio y la drogadicción, por nombrar solo algunos de sus traumas personales más recurrentes. Lejos de haber superado la tristeza existencial de sus primeros experimentos lo-fi, en su cuarto álbum el cantautor Mike Hadreas enfrenta la aceptación social dibujando un universo mucho más colorido. En cierto modo, No Shape es la continuación natural de Too Bright, donde el crooner gay de Seattle ya manifestaba una incipiente sensación de liberación y un sonido mucho más rico en texturas. Y aunque ‘Otherside’, el corte de apertura, arranca con sus habituales notas de piano afligidas, al minuto nos invade una densa explosión de purpurina sónica, fruto de un proceso de orfebrería pop completamente nuevo junto al productor Blake Mills. Del intenso barroquismo de ‘Slip Away’ a los seductores ritmos preciosistas de ‘Go Ahead’, pasando por el art pop ruidista de ‘Wreath’ y la belleza extática de ‘Sides’ en colaboración con Weyes Blood, Hadreas se muestra cada vez más desacomplejado respecto a todas aquellas características que le diferencian del resto. Y aunque el fetichismo sexual de ser asfixiado en la angelical balada R&B ‘Die 4 You’ pueda parecer algo perverso, no es más que una metáfora alrededor de la idea amorosa de entregarse a alguien por completo. Tanto es así que le dedica el desgarrador cierre del álbum a Alan Wyffels, su pareja sentimental y musical durante los últimos ocho años. “I’m here / I’m weird”, canta desde ese nuevo estadio en el que su pop subversivo para minorías queer ha adquirido un alcance que muy pronto reclamarán los grandes escenarios. (Max Martí)

Phoenix – Ti Amo

El retorno del cuarteto de Versalles, Phoenix, era uno de los más esperados de este año y, a pesar de haber apostado por una línea algo diferente a la que nos tenían acostumbrados, los de Thomas Mars se han apuntado uno de los discos más redondos y disfrutables de su ya dilatada trayectoria. La sombra de Wolfgang Amadeus Phoenix sigue siendo muy alargada, pero el sexto trabajo de la formación francesa, Ti Amo, ofrece una suave y cálida oda al buen tiempo, al clima mediterráneo, a la energía positiva y, por supuesto, a Italia. Todo ello al ritmo de pegadizos estribillos y frenéticos sintetizadores, sonido por el que han apostado por encima de las guitarras eléctricas. El buen rollo y la luminosa fiesta que irradia Ti Amo se contagia desde un principio, con rotundos hits veraniegos como el que fue el primer single ‘J-Boy’, la memorable ‘Ti Amo’, ‘Fior Di Latte’ o ‘Fleur De Lys’. Lástima que este soleado guateque conseguido hasta mediados del disco pierda un poco el fuelle cuando el cuarteto francés apuesta por canciones algo más insípidas y modestas como ‘Via Veneto’ o ‘Role Model’, piezas que hacen perder el equilibrio “festivo” del trabajo. Pero, detalles a parte, Ti Amo sigue siendo una de las mejores bandas sonoras para este verano: un buen helado, el calor del mediterráneo, un día en la playa y mucha dosis de Phoenix. (Raquel Pagès)

Slowdive – Slowdive

Fue el propio Primavera Sound el que en 2014 acogió el retorno de Slowdive, y los que pudimos ver su hipnótico concierto entendimos enseguida que a los británicos les quedaba cuerda para rato. Su álbum homónimo, el cuarto de su carrera, es un digno sucesor de su obra maestra, el Souvlaki de 1994, con las mismas señas de identidad y obviando la experimentación, en absoluto trivial, del posterior Pygmalion. El romanticismo oculto tras un denso onirismo vuelve a estar asentado en lo estimulante de unas guitarras que mutan desde los pasajes más acelerados de ‘Don’t Know Why’ o ‘Everyone Knows’, en las que el tándem vocal de Rachel Goswell y Neil Halstead es, de nuevo, delicioso, a las propuestas más sosegadas, encabezadas por la nostalgia de ‘Sugar For The Pills’. Más camuflados los hits que en la etapa de ‘Alison’ o ‘Machine Gun’, este renacer tiene mucho de la melancolía que atestigua ‘No Longer Making Time’, con su vacío de espacios sonoros que se desbordan y habilitan el cénit emocional que tan bien saben explotar. El estimulante adiós de ocho minutos de ‘Falling Ashes’ es el mejor argumento de que Slowdive ha retornado al espacio que siempre les añoró. (Carlos Marlasca)

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