18/07/2017

Entrevista con el motor creativo de los añorados Antònia Font, que acaba de publicar 'Atlantis', un nuevo disco en solitario.

Joan Miquel Oliver es uno de los nombres que pasarán a la posteridad de la música en catalán. Al frente de Antònia Font fue pionero en contribuir a dejar atrás definitivamente el rock català para dar forma a la eclosión del pop catalán junto a Mishima o Refree y posteriormente Manel, El Petit de Cal Eril o La iaia, con el valor añadido además de hacerlo transmitiendo la idiosincrasia mallorquina, crucial para entender el universo del grupo. Pero Antònia Font anunciaron su separación en 2013, casi sin darnos margen de reacción, y a partir de ahí Oliver, que ejercía de principal compositor de la banda (si bien no cantaba) retomó una carrera en solitario que ya había esbozado con los deliciosos Surfistes a càmera lenta (2006) y Bombón Mallorquín (2009). Manteniendo el imaginario balear, tan íntimo como surrealista, en solitario Joan Miquel Oliver siempre ha acortado distancias con los oyentes, liberado de cualquier corsé y con permiso para dar rienda suelta a una creatividad que no se queda en la música: también es autor de dos novelas (El misteri de l’amor y Setembre, octubre i novembre) y ha hecho sus incursiones en la poesía y el teatro.

Pero al final la música es el eje vertebrador de su mundo, siendo el último de los episodios Atlantis, disco publicado este año en el que Oliver juega más que nunca con su amplio abanico estilístico. Capaz de acariciarnos dulcemente (‘Nins a tobogans‘), de hacernos bailar al son de una rumba (‘Rumba del temps‘) o de tecnopop (‘Atlantis‘) e incluso de incomodarnos con distorsión (‘Torneig amistós‘), es probablemente su obra en solitario más completa y redonda, aunque por el camino haya perdido parte de esa inocencia de sus primeras incursiones en solitario. Hablamos con él, hace algunas semanas, de civilizaciones perdidas, los retos de la creación artística y el legado de Antònia Font.

Si quieren verlo en concierto, actúa próximamente en Cabrera, Cadaqués, Maó y Ciutadella. Todas las fechas aquí.

Creo que tu nuevo disco es muy completo e inspirado, pero al mismo tiempo pienso que no es ninguna novedad: todos tus discos comparten estilo, un mínimo de calidad asegurada y también una cierta fórmula. ¿Cómo se afronta un nuevo trabajo con este bagaje que ya llevas?
JOAN MIQUEL OLIVER: A veces miro mis discos anteriores y me pregunto si seré capaz de repetir el ambiente de Taxi, el rollo de ‘Milers d’habitants’… Y me da un poco de miedo. Pero después hago un ejercicio de memoria y cuando estaba escribiendo ese disco, o los otros, pensaba lo de siempre: que no me iba a salir, que no tenía tiempo, que estaba puteado… Y me salían discos buenos. Ahora estoy igual, siempre puteado y pensando que se me han agotado las ideas, pero de repente un día me doy cuenta de que ya lo tengo otra vez: y sale Atlantis. Sigo intentando hacer un disco de pop perfecto, intento acercarme lo máximo posible a esta idea. En todos los discos hay defectos, siempre sobra alguna canción, y lo que intentas es no repetir los errores.

¿Haces una escucha crítica de tus discos anteriores?
Es raro escuchar un disco que has hecho tú. Muy raro. Inevitablemente te lleva al momento en el que lo hiciste, y recuerdas a la gente con la que te relacionabas en esa época, las giras de Antònia Font… Y cuesta un poco. Ahora me siento más seguro pero también soy más consciente de la parte interpretativa, no solo técnica sino del sentido de la interpretación, de lo que estás diciendo.

Has dicho que este disco es más fácil de escuchar para la gente…
Bueno, es que ahora estoy escuchando mucho Frank Zappa, y mi música me resulta completamente banal (risas).

¿Has hecho el disco que querías hacer o uno que fuera fácil de escuchar?
No, yo siempre hago el disco que quiero hacer. Y si soy capaz de hacer una canción como ‘Rumba del temps’ es porque el cuerpo me lo pide y me parece graciosa y entrañable.

También has dicho que el leit motiv de este disco son las personas. Aunque creo que hasta cierto punto todos tus discos lo son de alguna forma… ¿El concepto del disco es algo que decides a priori o lo extraes en función de lo que ha ido surgiendo?
Yo antes de hacer un disco me planteo algunas cosas, pero al mismo tiempo sé que lo que me saldrá será muy diferente. Tú puedes querer hacer un disco de una manera, pero después te encuentras con un montón de problemas: la mecánica de la música, de las palabras… Por otro lado también creo que si te pones un listón, si te marcas un objetivo, no lo superarás. Como mucho llegarás a ese listón. Si no te lo marcas siempre llegarás más lejos. Tu propia música te inspira a ti mismo. Cuando tienes un tema como ‘Ses persones’ te sale otro como ‘Disseny de producte’. Marcarte un objetivo es la mejor manera de ponerte un límite.

Me sorprende que después de tantos discos, tu proceso creativo aún pase por estos altibajos, inseguridades…
Sí, porque la parte técnica de hacer un disco es muy fácil. Lo difícil es decidir qué quieres hacer en un disco. Es como un pintor: hoy en día no se valora la técnica, se valora la idea que tengas. Esto es lo que tiene valor y lo que es complicadísimo, porque las ideas que tú proyectas son sencillas. El valor que tienen es que sean esas y no otras. Eso es difícil de decidir… y no hay un sistema.

Pero hasta cierto punto sí tienes una especie de fórmula, de parámetros definidos, ¿no?
No te creas, no. Lo único que tengo claro cuando hago un disco es que quiero que sea conceptual, que quiero explicar una sola cosa (una idea abstracta y estética) y poco más.

¿Qué idea querías explicar con Atlantis?
Es difícil traducirla en lenguaje normal porque es una idea abstracta, pero… Digamos que es la idea de que se sospecha que nuestra vida y nuestro mundo es la distracción de otra cosa. Todo esto que hacemos, ir de un sitio a otro, ¿es realmente la vida? ¿O es una distracción de alguna otra cosa más profunda que no controlamos y que no hemos descubierto? Esta es la idea del disco (risas). Yo no dije “tengo esta idea y voy a hacer un disco”, sino que empecé a escribir y reconocí esta idea entre lo que estaba haciendo. Escribí un prólogo para una edición de La Metamorfosis de Kafka el año pasado y expliqué la idea de que cuando lees a Kafka no sabes si lo que está explicando es el tema principal o es una elaborada distracción. Iría un poco por aquí.

Cuando le pusiste Atlantis al disco, ¿pensaste en el paralelismo con Mallorca a nivel de civilización perdida por la amenaza del turismo masivo y demás?
Es algo que ha salido mucho en la prensa, porque esta inquietud que tengo yo por la plaga turística está muy estandarizada, hay muchísima gente concienciada con ello. Y pasa en muchas partes. Es un tema que me preocupa, que en Palma está empezando a ser grave… Pero yo tampoco quería que esto formara parte del disco, es solo una frase de una canción (‘Posidònia‘) que dice “Esto está lleno de guiris, qué mierda, si tuviera una ametralladora…”. Pero ha sido un detonante de toda una temática que casi ha eclipsado el resto de temas del disco. Aunque tampoco tengo ningún inconveniente.

¿Cuándo escribiste esa frase? ¿Fue después de haber vivido algo concreto?
No, fue una cosa abstracta. Es un pensamiento Tarantino, muy de película, y pensé que la rima era guapísima: “Si tingués una ametralladora per dir-ho”. Lo digo en una canción porque en la vida real soy incapaz de matar una mosca. Pero claro, lo piensas, todos lo hemos pensado alguna vez.

También he leído que explicabas que a veces pides ayuda a tus hijos para las letras. A mí hace muchos años alguien me dijo que escribías las letras de Antònia Font sentado en el sofá, mirando documentales por la tele y cogiendo esas frases o imágenes aleatorias.
(Risas) He escrito mucho mirando la tele, es verdad. Con Lamparetes, por ejemplo, me hice una maratón de Clint Eastwood, y escribía mirando pelis suyas en el estudio. O pelis de Woody Allen… Yo escribo todo tipo de cosas. Un día me dijeron que parece que las palabras no tengan importancia en lo que escribo… Y sí que la tienen, pero lo que pasa es que todas las palabras tienen la misma importancia.

A nivel puramente sonoro, este disco es una culminación del sonido que has ido desarrollando en solitario. Pero también es tu disco más variado. ¿Cómo decides lo que te pide cada canción, qué límites te pones?
Sí, tiene desde un tema muy crudo como ’Torneig amistós’ a un tema solo con maquinitas como ‘Atlantis’, en la que no hay ni una pista acústica. Lo hago por explotar recursos. Con ‘Torneig amistós’ he explotado todos mis recursos eléctricos, con ‘Atlantis’ los electrónicos, con ‘Rumba del temps’ los acústicos… Pero está todo al límite.

¿Y qué hay después? ¿Hacia dónde puedes ir después de esto?
No lo sé. Más mala hostia a nivel sonora que la que hay en ‘Torneig amistós’ es muy difícil de conseguir para mí. O el guitarreo de ‘Rumba del temps’, está muy logrado también… Es difícil, no sé qué haré, tendré que romper del todo este esquema y pensar otra cosa.

Pues sí, porque ahora te toca terminar la trilogía que has anunciado… Ya has dicho que falta un disco para cerrarla después de Pegasus y Atlantis.
Sí, la haré, la haré. Creo que el próximo será un disco más en la línea de ‘Nins a tobogans’, grabado con micros alejados, sin claqueta, donde no quede tan claro dónde empieza y termina una canción… Quiero que sea algo aún más fluido.

También me gustaría que me explicaras en qué sentido este disco es la antítesis del anterior, como dice la nota de prensa de Atlantis. No lo entiendo.
No lo entiendes porque es en un sentido puramente promocional (risas). Fue con Albert Pinya, el pintor que ha ilustrado los dos discos, que decidimos que los dos discos seguirían la misma línea estética. Pero entonces él dijo que no podíamos hacer solo dos discos, que tenían que ser tres para completar la trilogía. Y según la dialéctica clásica, una trilogía se compone de tesis (Pegasus), antítesis (Atlantis) y síntesis (el próximo). Lo hemos hecho a nivel gráfico y cromático, eso sí. Pero ya está.

Como músico y escritor, ¿no te atrae el lenguaje gráfico o visual para explicar cosas?
El lenguaje gráfico es un lenguaje acabado, figurativo, mientras que la música es un lenguaje abstracto. Quizá el lenguaje gráfico es demasiado organizado para mi forma de pensar. Mi cabeza es un poco caótica… Y no sé si estos contrastes musicales o líricos en los que yo me muevo serían aceptables a nivel gráfico.

Volviendo al tema del turismo y cómo está cambiando las Islas Baleares entre muchos otros sitios… ¿Crees que podría salir otro grupo con el imaginario de Antònia Font actualmente?
Ostras, no lo sé… Porque esta transformación de la realidad a mí me ha influido, por ejemplo. En mi disco, por ejemplo, ya no es todo tan idílico. Cuando escribía para Antònia Font me basaba mucho en los recuerdos de infancia, de esa Mallorca idílica y perfecta que cuando yo era pequeño aún existía. Cuando teníamos el grupo había que buscarla un poco pero todavía podías encontrarla. Ahora es prácticamente imposible.

Es una pena, porque al menos cuando yo escucho Antònia Font me remite a un momento, a un paisaje, a un sentimiento incluso, que creo que ahora serían imposibles de capturar.
Sí, ahora sería un poco impostado. En la época de Antònia Font ya era un poco forzado, pero era muy reciente, mucha gente se identificaba con ello, y era real. Hoy en día habría que aplicar mucha fantasía. La realidad ha cambiado, y creo que mi música también ha cambiado al mismo ritmo.

¿Echas de menos el grupo?
Bueno, echo de menos ser más joven, más inconsciente y tener el mundo por delante. Ahora lo tengo por delante pero también por detrás. Pero con Antònia Font quemamos etapas muy difíciles también. Nos costó mucho, hasta que sacamos ‘Wa Yeah!’ éramos un grupo de tercera categoría, y eso que llevábamos diez años tocando.

Al menos a partir de entonces tuvisteis el reconocimiento que merecíais…
Reconocimiento tuvimos siempre. Yo me refería a tocar mucho, llenar en todas partes… Catalunya es un país pequeño pero tiene plazas suficientes para que un grupo que funciona pueda ir tocando durante todo el año. Y nosotros eso no lo teníamos. Como mucho lo tuvimos durante los primeros años en Mallorca, porque fue una explosión. Después sacamos A Rússia, que a la gente no le gustó, y después Alegria que tuvo buenas críticas pero la gente tampoco venía, y Taxi que también tuvo muy buenas críticas y es un disco que ha trascendido muchísimo pero que en ese momento estábamos tocando en pistas de futbol sala con 30 personas de público… y después hicimos ‘Wa Yeah!’, que sí (risas). Después estuvimos años sin hacer un disco nuevo, hicimos Coser i Cantar, que también fue un pelotazo, y luego Lamparetes que fue muy bien. Y después Vostè és aquí, que ya nadie lo entendió. Siempre lo digo, todavía faltan 5 o 6 años para que la gente empiece a entender ese disco…

No creo que tenga sentido a estas alturas preguntarte por qué lo dejasteis, pero sí por qué lo hicisteis de esa manera, solo con un par de conciertos de despedida en Palma. Muchos no pudimos despedirnos del grupo.
La decisión de dejar Antònia Font fue cosa de un día. Un día decidimos que lo dejábamos y ya está. En el momento en el que decides dejarlo te liberas… Y a nosotros como grupo no nos gusta la comedia. Creo que tiene que ver con el carácter mallorquín. El grupo se separa y ya está. Estábamos haciendo la gira de Vostè és aquí, y no llenamos ni un solo bolo de los 30 o 40 que hicimos. ¡Ni uno! Y dijimos que nos separábamos y la gente se daba de hostias para ir a esos conciertos finales.

¿Os han llegado muchas propuestas para reuniros?
No. Ni una. Pedirlo todo el mundo lo pide, pero nadie lo hace formalmente. Bueno, la Orquesta Sinfónica de las Baleares se interesó en hacer Vostè és aquí. Pero si Antònia Font se vuelve a juntar ya lo haremos nosotros, será algo nuestro, no porque alguien nos lo pida.

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Foto. Pere Joan Oliver   Entrevistas
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