22/06/2017

Repaso a más de 20 actuaciones del festival barcelonés.

El Sónar de la ola de calor, el récord de visitantes (123.000 en total, cifra histórica) y Björk. Del (escenario del) trap, el retorno de Justice y el triunfo de Moderat. Un repaso a más de 20 conciertos y sesiones del festival de electrónica de Barcelona, que el año que viene ya cumplirá nada menos que 25 años (agendas: del 13 al 16 de junio de 2018).

BJÖRK DJ SET

Quizá fue Björk la culpable de que este Sónar haya sido el más tórrido que algunos recordamos, ya que la islandesa vino dispuesta a caldear el ambiente desde la misma jornada inaugural de la cita anual barcelonesa de la electrónica. Protagonista, desde horas antes, de una exposición retrospectiva en el CCCB, Björk Digital, y una charla como parte de la programación de Sónar+D, el excéntrico icono de la música puso gradualmente patas arriba el SonarHall con un ecléctico dj set de cuatro horas en el que, oculta bajo una máscara, un sombrero y una extravagante vestimenta, desplegó en medio de una instalación selvática desde world music hasta electrónica experimental, además de desgranar una buena dosis de R&B moderno y desglosar todo tipo de arrebatos de pop comercial y UK dancehall. Entre su extenso catálogo previsto para la ocasión tuvieron cabida tanto canciones indias, árabes y africanas como hits de Kate Bush, Kelela, Ariana Grande y Rihanna, siendo las canciones de Arca las que más veces se adueñaron de la velada, quizá como homenaje de la artista a su amigo y productor ante la proximidad de su esencial show al día siguiente. Björk no venía al Sónar desde 2003, de modo que para recibir el festival como merecía decidió quemar todos los cartuchos con una desenfrenada selección en la que incluso incluyó ‘Bombay’ de El Guincho como guiño al público local. Ardiente apertura. (Max Martí)

PRINCESS NOKIA

La primera actuación de Princess Nokia en Barcelona arrancó con mal pie: con casi 45 minutos de retraso, de hecho, por motivos de última hora que desconocemos. Pero lo cierto es que la neoyorkina Destiny Nicole Frasqueri supo cómo arreglarlo desde el primer segundo, abrumando a su salida al escenario con ‘Kitana‘ y ‘Tomboy‘, probablemente sus dos mayores temazo, para delirio de un personal que la recibió como la figura underground que todavía es. No tiene Princess Nokia un repertorio demasiado extenso todavía, debido a su evidente juventud y multidisciplinariedad, pero sí sabe desenvolverse con desparpajo ya en un escenario que llena ella solita, ahora tirándose al público, ahora haciendo muecas constantes de complicidad y rebeldía, ahora haciendo discursos sobre sus orígenes y la fraternidad entre los afroamericanos. Lo malo fue que el resto del repertorio (entre el que destacó obviamente ‘Brujas‘) palideció en entrega y ritmo en comparación con el arrollador inicio. Con más temas hubiera sido (más) apoteósico. (Aleix Ibars)

YUNG BEEF

Cuando ves a Yung Beef o Pxxr Gvng (ahora Los Santos) en “concierto”, tienes dos opciones: la primera es indignarte por el playback, los berridos desafinadísimos, las canciones a medias, la agresividad que se desprende del escenario y en general la sensación de que eso es un circo sin ton ni son; la segunda es tratar de entender qué están intentando hacer con ese concierto. A estas alturas ya sabemos que Fernando Gálvez Gómez aka Yung Beef no da puntada sin hilo, y la sensación que acabé teniendo viéndole en el escenario XS del Sónar fue de cierta ansiedad por forzar el caos, por mostrarse como un artista en continua transformación que obvia su repertorio más representativo (salvo ‘Ready pa morir‘, disparada al final) para no anclarse en nada. El concepto es arriesgado pero el show roza lo esperpéntico: hay momentos de verdadera energía entre artista y público (el trap es el nuevo punk, dirán) pero también mucho descontrol en el que nadie parece entender ni conectar con nada. La intención no lo es todo. (Aleix Ibars)

PRINS THOMAS

El jueves de día en el Sónar es todo efervescencia. Todo es nuevo, todo vuelve a empezar. El SonarVillage es cuando más concurrido está junto al cierre del sábado. Y este año el bautismo de bienvenida lo dio Prins Thomas: clase nórdica, destellos bailarines, melodías digeribles… El mejor inicio de fiesta imaginable, y uno de los sets más comentados y que se recordará cada próximo jueves de Sónar de Día. (Jordi Isern)

DENIS SULTA

Ya comentamos que Denis Sulta era uno de los nombres a los que debíamos tener en el radar. Y escapar de Prins Thomas tuvo su recompensa. El joven de Glasgow homenajeó la historia de la cultura de club de UK, con clásicos de los 90 junto a repertorio propio. Saltar de su ‘Nein Fortiate‘ a The Hacker desató histerio colectiva. (Jordi Isern)

ARCA

El regreso de Arca al festival barcelonés dos años después de su primera visita era, sin lugar a dudas, una de las paradas obligatorias del jueves. Acompañado de nuevo, como no, por el inseparable artífice de su retorcido universo visual Jesse Kanda, Alejandro Ghersi abarrotó SonarHall confirmando su temprana consagración tras la publicación de un reciente y magnífico tercer álbum homónimo vía XL Recordings. A lo largo de un show de intensidad desgarradora, el venezolano arrojó tanto afilados temas instrumentales de sus trabajos anteriores como algunas de sus nuevas composiciones, en las que su falsete adquiere un protagonismo central junto a sus ya conocidos desvaríos electrónicos fraguados en galaxias lejanas. La interpretación de ‘Anoche’, por momentos susurrada en la oreja de un espectador con el que se fundió en un sensual abrazo, y ‘Desafío’, que se confirma como hit pop pese a su abrumadora complejidad, fueron dos de los puntos álgidos de tan inmejorable catarsis sónica, mientras que su habitual paseo semidesnudo entre las multitudes y una impactante y explícita exhibición audiovisual de fisting, antes de la cual pidió a los menores que abandonaran la sala, pusieron de relieve el imparable espíritu transgresor de este genio andrógino y visionario que redefine la figura del artista y productor en el siglo XIX. “¡Donald, coño!”, dijo antes de despedirse arropado por uno de los aplausos más prolongados y calurosos que esta edición recuerda. (Max Martí)

ROOSEVELT

Uno se había propuesto arrancar el viernes de la mano de Juana Molina, autora de Halo, uno de los discos más sugerentes del año, pero la idea quemarse el alma al son de maravillas como ‘Calculos y oráculos’ (la bonaerense estaba programada en exterior a las tres de la tarde) terminó por dejarme en casa. Entramos al final justos para ver el show, este sí digno de tanta luz, de Roosevelt, el proyecto del alemán Marius Lauber. Vestido íntegramente de blanco, como el resto de miembros de su banda, el alemán desplegó con mucha gracia todo su florido pop electrónico, provisto de bajos andarines y beats discotequeros. Muy lejos de la exigencia de otras muchas propuestas del festival, que a veces plantea verdaderos retos, lo más bailable de Roosevelt entró tan ricamente como la cerveza que casi nos echamos por encima para aguantar la cita. ’Wait Up’ y ‘Elliot’ nos pusieron a bailar rápido, pillamos aliento con la tremenda ‘Belong’ y acabamos pillando un cachito de sombra pasada ‘Moving On’ para acabar sudados, bronceados y felices. Muy de agradecer también el buen rollo desde el escenario, con un Lauber que estuvo toda la tarde impecable y se lo pasó tan bien como nosotros. (Daniel Boluda)

BAD GYAL

El precedente el día anterior con Yung Beef solo hizo sumar dudas al directo de Bad Gyal. También autotuner profesional y abanderada de esa escena que muchos denominan trap pero ella misma se encarga de matizar como dancehall en su caso. Nada más lejos: Alba Farelo arrasó con todas las dudas y con todo el escenario XS, estrenado este año para todas estas nuevas propuestas que, en casos puntuales como el de Bad Gyal incluso hubieran requerido de un espacio mayor. Con actitud descarada, llena de confianza y con un directo bien trabajado, la catalana se lo toma en serio, y esa es la mejor manera de que te tomen de igual. Arrancó con ‘Mercadona‘, lanzó ‘Pai‘ (su versión de ‘Work‘ de Rihanna) y derrumbó con ‘Jacaranda‘. Coreografías bien preparadas y dos bailarinas haciendo twerking coordinadas. Esto puede ser grande. (Jordi Isern)

NONOTAK

Lo de Nonotak no es ni un concierto, ni estrictamente una sesión, es una performance audiovisual en la que casi es menos importante lo audio que lo visual. El proyecto lo comparten la ilustradora Noemi Schipfer y el arquitecto y músico Takami Nakamoto. Su propuesta es una paranoia geométrica bicolor a base de lineas, puntos; de luces y sombras. Colocados el uno frente al otro, mirando a un centro del que salen en forma de X cuatro pantallas traslúcidas (no se me pierdan) la pareja despliega una performance impresionante. Sobre las pantallas se desarrollan patrones a base de líneas y sólidos que engordan y adelgazan, se estiran y se contraen, sometidos a las sacudidas, a menudo violentas, de la música que las acompaña. A veces, la verdad, flipas: un golpe de luz la descubre a ella, al desaparecer, también lo hace la artista; pero de pronto un hilo blanco engorda a la derecha y aparece él, dislocado. De pronto, un caos de parpadeos giratorios proponen la ilusión de una hélice y cuando lo captas, pum. Se acaba. Se entiende que ella, ilustradora, se encarga de los diseños, que lo mismo hipnotizan que epilapsian, y él, músico, de las tormentas sonoras. Pasada la primera media hora de sincero asombro, la cosa decae un poco y si a uno, allí sentado con el aire acondicionado puesto, se le cierran por un momento los ojos, descubre que la cosa vale casi exclusivamente como experiencia audiovisual. Porque lo audio ya tal. Con todo, mereció la pena. (Daniel Boluda)

ANDERSON .PAAK

Pillar ahora mismo a Anderon .Paak en directo es como pillar a un futbolista descarado en los mejores años de su juventud, falto quizás de maniobras de perro viejo pero sobrado ya de técnica y, sobre todo, de físico. El angelino, que lleva publicando bajo su propio nombre desde 2014, salió al SonarPub revolucionado, arropado por una crew de musicazos bajo la etiqueta de Free Nationals. Los temas de su aclamadísimo Malibu perdieron matiz sobre el escenario, pero ganaron músculo. Ejecutados con una intensidad que nos contagió en segundos, estuvieron más cerca de Funkadelik que de D’Angelo, por aventurar dos referencias que le presumo. Le funcionó todo.  Sobresaliente subido a la batería, sudando como un fondista senegalés en ‘Am I Wrong’; magnético y divertido de puro frontman en ‘Heart Don’t Stand a Chance’; e inapelable de maestro de ceremonias en el resto, con mención especial a la fibrosa ‘Come Down’, que terminó de rendir al más escéptico. Fue la primera actuación del festival en la que noté que el protagonista no se estaba dejando nada en el escenario. Allí había todo: soul, funk, R&B, hip hop… un torbellino de referencias bien digeridas que Paak sabe hacer suyas con un carisma limpio, de buen chico de mal barrio, que te gana de inmediato. Al acabar el show recuperé esa sensación que me deja también Malibu cuando termina ‘The Dreamer’: Paak se puede comer el mundo. (Daniel Boluda)

MODERAT

Por mucho que fuera un festival y que el trío formado por Modeselektor y Apparat estén bregados en mil batallas, no me extrañaría que, en algún momento de su concierto en el escenario grande del Sónar de Noche, los miembros de Moderat intercambiaran miradas de ligera incredulidad entre ellos. Porque estaban tocando ante más de 20.000 personas, por lo bajo, una multitud que en el festival barcelonés estaba reservada históricamente para figuras de primer nivel como The Chemical Brothers, Kratwerk o New Order. No es que Moderat no lo merezcan, claro, pero que la gran masa ya haya abrazado un grupo que solo tiene tres discos (el primero de ellos de 2009) dice mucho de los tiempos en los que vivimos. (Y convirtió la tarea de conseguir una copa en poco menos que un milagro durante un par de horas, todo sea dicho). Ellos, como acostumbran, estuvieran impecables, pletóricos en la ejecución precisa y musculosa de esa electrónica emocional y oscura, capaz de seducir en ‘Bad Kingdom‘, abrumar en ‘A New Error‘ y ponerlo todo patas arriba en ‘Running‘, pero sobre todo capaz de epatar a gran escala, principal reto cuando un grupo consigue un ascenso tan fulgurante a la primera división. Que se aparten las leyendas. (Aleix Ibars)

SOULWAX

Entre el miedo y la resignación. Así me movía ante uno de esos grupos que te marcan de joven pero que asumes que quizá ya se les ha pasado el arroz. Los hermanos Dewaele y sus dos proyectos musicales, Soulwax y 2manydjs, supusieron toda una revolución: un grupo de rock alternativo del montón convertido del día (Any Minute Now, otro disco ramplón) a la noche (Nite Versions, ¿puede ser el primer disco de remixes que se convierte en más clásico que el original?) en una arrolladora maquina de ritmos orgánicos; y un par de DJs sin técnica en sus inicios pero con un desparpajo, una biblioteca musical inacabable y una total falta de prejuicios que permitieron abrir la mente y la perspectiva a una escena electrónica tan a la vanguardia como, en ocasiones, encerrada en sí misma. Sin crear confusiones, From Deewee, su nuevo disco, no es para nada un mal trabajo (aunque sí que es cierto que no aporta nada más allá de un estudio pormenorizado de la percusión en su vertiente más electrónica), pero es un disco que llega tremendamente tarde: hace un lustro se esperaba con los brazos abiertos, ahora los continuos retrasos (demasiados frentes abiertos que querer cubrir a lo largo de estos años) lo han convertido ya en innecesario.

¿Era motivo para dudar de ellos en directo? Para nada, las tablas se les suponen y había la curiosidad de comprobar cómo se lo podían montar con tres baterías a la vez. El resultado: apabullante aunque con altibajos. Divertido y bailable cuando caía una de Any Minute Now (esos 20 minutos finales de clímax marca de la casa), y contundente y elegante cuando se visitaba su trabajo más reciente. Puesta en escena sobria y elegante y una formación de siete músicos con tres baterías… que vaya qué tres baterías (uno de ellos era Igor Cavalera de Sepultura, ojo) para ganar peso muscular con una sincronización perfecta. Moraleja: duda de todo menos de Soulwax, ellos nunca te van a defraudar. (David Jiménez)

PIMP FLACO Y KINDER MALO

A veces lo que marca un concierto no es el buen o mal hacer de quién está encima del escenario sino el dónde y a qué hora le toque actuar. Desconociendo el motivo por el que el Sónar los programó en el Hall (estando el nuevo XS para esos menesteres) y en ese horario, las 14:30 de la tarde, quedó claro que al dúo de raperos barceloneses les quedó el espacio demasiado grande a pesar de poner todo de su parte para encender a un público diferente al que están habituados a ver en sus conciertos (más joven y local). Pimp Flaco y Kinder Malo mostraron una entrega intachable, reforzada por el apoyo de otros MCs (más para caldear el ambiente que como refuerzo vocal real), mucha arenga (quizá demasiada, rozando el cansinismo) y un setlist que tiró mucho del recién estrenado EP Terremoto Turquesa (que ya se puede confirmar que sí, que ‘Pico 3‘ es tan temazo inmediato como se suponía, pero que al resto de temas les falta aún más rodaje -y, posiblemente, escuchas- para situarlas al nivel de sus temas más celebrados) y donde también se echó en falta algo más de material de sus comienzos, de cuando no tenían nada que perder y hacían rimas desprejuiciadas y llenas de vacileo original e insano. Ahora todo parece más calculado y ha perdido ese punto de frescura. Aún así, el concierto remontó con un tramo final imparable donde cayó ‘Porfi‘, ‘¿Serán las gafas?‘, una muy bien recibida ‘El banquero de Dios‘ y la aún más celebrada ‘Chemtrails‘ (ayudó que se haya convertido en un hit que se ha extendido más allá de nuestras fronteras), eso sí, estas últimas sostenidas en un llamativo playback para asegurar el tiro.

La sensación de que se quedaron algo a medias se vio aún más manifiesta cuando ya finalizado el show (por la política del festival de horarios estrictos cuando en ocasiones no hay motivo para dar unos minutos de margen –el siguiente directo se celebraba una hora más tarde–) Kinder se quedó con ganas de dar más guerra marcándose un a capella de ‘¿Cuál es el tabaco más caro que hay?‘ y ‘Sombra y luz‘ antes de que le invitasen a salir del escenario, dejando la impresión de que en el SónarXS y en un horario de tarde lo hubieran petado mucho más. (David Jiménez)

NICO MUHLY

El currículum musical de Nico Muhly es de esos que hasta cansa leer. Con menos de 25 años este superdotado de la música ya estaba echándole una mano a Bonnie Prince Billy con los arreglos de The Letting Go y desde entonces su nombre aparece en los créditos de bandas como Grizzly Bear, Mew, The National, Jónsi, Anthony and The Johnsons, Joanna Newsom o Villagers (según la Wikipedia, sí). Además ha compuesto un par de óperas y tiene en su catálogo personal varios discos y colaboraciones de altura, la última como integrante se la superbanda que ha firmado Planetarium, en la le acompañan mindundis como James McAlister, Bryce Dessner o un tal Sufjan Stevens. A un tipo de tales credenciales hacerle una crítica sería un tanto osado. Me limitaré a decir que mis oídos no siempre estuvieron a la altura de su propuesta en el SonaarComplex. Disfruté las dos canciones de (des)amor con las que arrancó solo al piano (intrincadas, no se imaginen una cosa cinematográfica a lo Ludovico Einaudi) y luego todo me costó más. Acompañado a ratos por un otro teclista y un violista, que llegó a quedarse solo sobre el escenario para una suerte de experimento de ecos electrónicos con el que no llegué a conectar, Muhly fue conduciéndonos, entre frases rapidísimas (no se le ve muy zen), por los intrincados mundos de la música clásica contemporánea. De su visión de tal escena, al menos. Con destellos, como algún fragmento sobrecogedor de su proyecto The Drones pero con ratos largos de una expresividad disonante y espasmódica en los que contó con mi incomprensión y, por qué no decirlo, mi aburrimiento. (Daniel Boluda)

C. TANGANA

Tres letras copaban el escenario al que debía salir C. Tangana la tarde del sábado del Sónar 2017: AGZ. Y no fue un guiño ni una simple muestra de respeto al colectivo del que forma parte (Agorazein), sino una declaración de intenciones: aunque en el cartel del festival apareciera su nombre, la mitad de su repertorio iba a estar destinado a celebrar el grupo que forma junto a Sticky M.A. y Jerv.Agz (invitados al escenario para la ocasión), entre hits propios pretéritos (‘Bolsas‘, ‘Nada‘, ‘Los Chikos de Madriz‘) y recientes (‘Espabilao‘). La combinación dio como resultado dos conciertos en uno, lo cual deslució ligeramente un set que ya de por sí fue bastante breve. Descamisado, con autotune pero sin playback y mucho dominio escénico, donde sí brilló C. Tangana fue en una apoteósica recta final con la desbocada ‘C.H.I.T.O.‘, ‘Antes de morirme‘ (sin Rosalía) y ‘Mala mujer‘ (acompañado por su productor Alizzz, con cuatro bailarinas en el escenario y el público absolutamente enloquecido) en la que vislumbramos definitivamente la estrella del pop urbano en la que se está convirtiendo a la velocidad de la luz. (Aleix Ibars)

BEJO

El dolor de llegar tarde justo a este concierto y no poder verlo completo al 100% no se me va a ir en semanas, tanto como para buscar al instante sus fechas a tocar por estos lares junto a sus compañeros de Locoplaya. Y es que el de Bejo era uno de esas citas ineludibles que se saldó con lleno completo (y eso que coincidía con un C. Tangana que arrasaba a nivel popular en el Dome) y, por supuesto, no defraudó en absoluto. El canario maneja los tiempos como nadie (aunque eso signifique poner los dientes demasiado largos con ese Hipi Hapa Vacilanduki ya a punto de caramelo), tiene su propio estilo, un flow único, una imagen personalísima y, como suelta en la magnífica ‘Bejismo‘ parece lo mismo pero en realidad es distinto. Y tanto que lo es, como demostró este sábado en el SónarXS, lo de Bejo es mucho más serio de lo que en realidad parece, una joya ya bien pulida que domina como pocos el escenario (esas chanzas al público a cuentas de ‘Mango‘, ese baño de masas cantando en multitud ‘Mucho‘, llegar al delirio absoluto con ‘Crazy‘ y ‘¿Qué dice la Juventud?‘ junto a sus inseparables Don Patricio y Uge (que, todo hay que decirlo, no acabaron de Sónar del todo bien por un problema de reverberación). Bejo es algo que va mucho más allá del trap, es puro hip hop sin cortapisas ni patrones lingüísticos y estéticos predeterminados. Disfrutémoslo mientras dure. (David Jiménez)

NOSAJ THING + DAITO MANABE

Si cada festival se tiene que definir por aquellos momentos únicos que solo pueden suceder dentro de sus puertas, el Sónar este año escribió sus letras de oro con el exclusivo espectáculo del productor norteamericano Nosaj Thing junto al artista y creador audiovisual japonés Daito Manabe. Mano a mano, lado a lado encima del escenario. Concebido como un show total, en el que la electrónica atmosférica y emotiva de Nosaj Thing se acompañaba por visuales en tiempo real de Manabe (incluso grabándose a sí mismos en espectaculares montajes, deformados y en continuo movimiento), no requería ningún esfuerzo el dejarse llevar por la perfecta unidad que presentaba el discurso, hecho a medida para maravillar por la vista y emocionar por el oído casi al mismo nivel. Lástima de algún problema técnico hacia la mitad del espectáculo que cortó momentáneamente la magia, pero ni eso fue capaz de deslucir uno de los conciertos más especiales de este Sónar 2017. (Aleix Ibars)

DELLAFUENTE Y MAKA

De la conciencia social al roneo reggatonero solo va un paso, el que dan Dellafuente y Maka cada vez que afrontan la composición de una nueva canción o se suben a un escenario. Los dos granadinos han sabido encontrar su camino y conectar totalmente con un nicho de público que le bebe el agua (y lo mostró allí mismo) a su música folklórica atemporal o, lo que es lo mismo, a su lograda mezcla de música urbana con dejes flamencos. El sábado, en un SónarXS que no se acabó de llenar, mostraron que de tablas van sobrados y de autotune algo pasados como para entenderles de primeras las letras (más si el sonido del escenario no acompaña del todo) para aquellos otros que se presentaron por curiosidad y les viene de nuevo. Una lástima, porque algunas de esas letras están muy trabajadas, como la de ‘A lo mejor‘ o ‘La vida es‘, y la forma de cantarlas y las bases que sostienen las mismas son irresistibles. (David Jiménez)

KEYS N KRATES

Un lustro después de actuar casi de tapadillo (a la hora de comer) en el Sónar de Día de la ya no tan añorada época del Raval, el trío canadiense volvía a pisar el Village aunque esta vez con más espacio y en un horario prime time para animar a un público que a esas horas ya lo que busca es que le pongas la rampa de salida con destino al hedonismo nocturno. Y no fallaron porque ese es su hábitat natural, un directo rompepistas y divertidísimo en el que cayó todo lo que se cuece y te mueve de la música de baile más urbana, todo aderezado con una técnica impecable en el que cada uno en su papel (Adam Tune con la batería, David Matisse con los sintes y Jr. Flo tras los platos) se coordinaban a la perfección. Ese ‘Chimes‘ casi al final sonó a gloria pura, a la altura de una producción propia (ya sea componiendo o remixando) que no desentona en absoluto, y dejó una papeleta importante a unos Optimo que luego no pudieron estar al mismo nivel. (David Jiménez)

SOHN

Por mucho que sea un tópico manido, el segundo disco siempre es jodido. Si en el primero has tenido un poco de suerte, es probable que se esfume en el segundo dejándote con el culo al aire. Y si no que se lo digan a SOHN, que tras haber firmado en 2014 un debut que colmó las expectativas generadas por sus primeros singles, ha tardado tres años en dar forma a una continuación que trunca la línea ascendente del productor, sacando a relucir carencias tanto a nivel lírico como musical. No es que canciones nuevas como ‘Conrad‘ y ‘Signal‘ no luzcan bien en directo, que lo hacen, sino que sumadas a las ya conocidas ‘Bloodflows‘, ‘The Wheel‘ y ‘Tremors‘ dan como resultado una gran masa uniforme de temas que dicen y transmiten exactamente lo mismo, con los mismos trucos y recursos. Eso sumado a una excesiva teatralidad del protagonista (parece querer emular constantemente a Banks en versión masculina) nos lleva a pensar que el esfuerzo sigue allí pero la magia se ha esfumado. (Aleix Ibars)

JUSTICE

Gaspar Augé y Xavier Rosnay eran ese dúo que todos dábamos por hecho que se iba a comer el mundo y tomar el testigo generacional de Daft Punk, pero eso fue cinco minutos antes de que el nu rave se disolviese como un azucarillo, que el dúo robótico francés volviese por todo lo alto a reclamar su trono, y que en su segundo álbum (el muy AOR Audio, Video, Disco) cambiase totalmente de tercio descolocando a la mayoría de sus seguidores. Desde entonces Justice salen a la luz lo justo como para no caer definitivamente en el ostracismo. Saben que tienen la suerte de haber parido un Cross que, para bien y para mal, ha marcado su carrera, y un directo visualmente apabullante y musicalmente efectivo que les permite encabezar festivales de relumbrón. Presentando Woman, otro tratado nostálgico que mira mucho más al disco y aún más al pop bailable que sus antecesores, suben al escenario con la lección bien aprendida de qué deben de dar a aquellos que revientan las costuras del impresionante SónarClub para verlos: un directo que por concisión, talento y, cierto, una producción de dejarse un pastizal (para mí, el show audiovisual más disfrutable de todos los que se presentaron este año, con una luminotecnia trabajadísima) te tumba por KO. Salen poco pero te marcan mucho, al menos hasta la siguiente ocasión. Este 2017 presentaron la que quizá ha sido su versión más profesional y programada, pero no por eso dejan de epatar y levantar a un público entregadísimo desde los primeros compases de ‘Safe & Sound‘ y su primera concesión a su debut con ‘D.A.N.C.E.‘, en un setlist bastante equilibrado donde tenían cabida sus tres álbumes sin un minuto de respiro: ‘Pleasure‘, ‘Waters of Nazareth‘, ‘Heavy Metal‘, ‘Stress‘, ‘Phantom Pt. 2‘, ‘Civilization‘… dirigido a enloquecer a un público condescendiente y rendido a otra clase magistral sobre el escenario de los franceses. (David Jiménez)

AVALON EMERSON & COURTESY

La gran apuesta del Sónar en formato DJs para uno de los escenarios emblemas de la noche como es el SónarPub resultó ser, al menos para el que redacta este texto (y creo que para muchos del público que la disfrutó esa noche), la mejor sesión de todas las que se presentaron en la presente edición. La estadounidense Avalon Emerson y la danesa Courtesy se marcaron una hora de actuación pluscuamperfecta dando cabida a todas las ramificaciones del techno más bailable, electrónico y elegante (aquí no se abusó del bombo revienta tímpanos como sí sucedió con la actuación de Nina Kraviz) picoteando del acid y el electro en un viaje de ida y vuelta de Detroit a Berlín, y todo con una técnica finísima y una compenetración tras los platos que debería servir de ejemplo de muchos back 2 back que en lugar de simbiosis acaban en frankensteins de difícil digestión. Ayudó, no cabe duda, una selección de temazos de ayer y hoy (cayeron el ‘Defeat‘ de Oklov, el ‘2 Freaks‘ de Blim, el remix de ‘Trappist‘ de los alemanes Cassegrain, entre otros) donde la propia Avalon Emerson dejó constancia con ‘Why Does it Hurt‘ y la final ‘The Frontier‘ que es una productora de techno oscuro, ambiental y rítmico muy a tener en cuenta. (David Jiménez)

VITALIC

Es un factor muy compartido y habitual, y ya ha aparecido alguna vez por aquí: el factor melancolía en los festivales. Los amantes de la música, y ya empezamos a tener una edad, solemos recordar las fechas o ediciones en las que vimos a tal artista, y cuando se repite todo aflora. Era el FIB 2007, cuando aún existían carpas en los festivales y Vitalic era un nombre con solera. Despertaba modernidad, la gente era joven y ‘La Rock‘ y ‘My Friend Dario‘ no tenían ni un gramo de polvo. Ha pasado el Sónar 2017, una década después, y servidor no ha escuchado nada más de Vitalic. Esas dos canciones y nada que supere el 2009 en la discografía del francés. Pero su actuación del sábado fue un ejercicio de introspección inesperado, en el que todo funcionó tal como recordaba: empuje, brocha gorda, distorsiones, juegos de luces de otra época, los saludos entre canción y canción… todo igual. Todo igual de bien. Vitalic no pretende adaptarse ni mostrar algo que no es. Y con esta sinceridad, volvimos a gritar eso de “Brutalic!”. Bien entendida y en su contexto, la melancolía es maravillosa. (Jordi Isern)

DAPHNI & HUNEE

Después de que Marcel Dettman y Dr. Rubisntein ofrecieran una soberbia exhibición del mejor techno berlinés en SonarLab, y compitiendo con el cierre de The Black Madonna –cabe destacar una edición en la que ha habido dos mujeres, contando el set del día anterior a cargo de Nina Kraviz, las que han puesto el broche final a las jornadas principales–, la oportunidad de despedir esta entrega del Sónar con dos selectores con la clase de Daphni y Hunee, por primera vez juntos frente a los platos, difícilmente podía dejarse pasar. En un show altamente bailable que se alargó hasta bien entrada la mañana, y ya con los primeros rayos de sol irradiando en el recinto y dejando entrever las sonrisas satisfechas de los asistentes bajo sus gafas de sol con motivo de tan extática experiencia, Daniel Snaith y Hun Choi dieron fe de su inmejorable sintonía musical con una selecta fusión de house psicodélico y funk con alma que tardará años en borrarse de nuestras memorias. Y es que aunque creíamos que a lo largo de cuatro intensos días ya lo habíamos sudado todo, al son de ‘Fantasy‘ de Aquarian Dream todavía hubo tiempo para exprimir las últimas lágrimas de felicidad en el festival. (Max Martí)

Publicidad

Foto. Pablo Luna Chao   Conciertos. Festivales
Publicidad