08/06/2017

Crónica de la jornada final del festival, protagonizada por el baño de masas de Arcade Fire y el concierto sorpresa de Haim.

Crónicas del jueves 1 de junio.

Crónicas del viernes 2 de junio.

Agorazein

Por más que C. Tangana no dejara de lanzar chascarrillos (¿o no lo eran tanto?) acerca de su nuevo contrato con Sony, su popularidad creciente y su ya largo historial de soldouts, el show de su crew Agorazein no fue el baño de masas al que el madrileño ya parece andar (mal)acostumbrado. Hay días en los que todavía tienen que remar un poco a contracorriente. No está claro si fueron los protagonistas los que no consiguieron encender al público o viceversa, pero el caso es que Puchito y compañía pasaron de puntillas por un festival tradicionalmente rockero que, además, en esta edición recibía más asistentes extranjeros que nunca. Mal sitio para su propuesta, que se ciñó al repertorio de Agorazein (‘Tentación‘, ‘To Pue’ Ser‘, ‘Ya Sabes‘) y, por lo tanto, derivó en una actuación mucho más rapeada que cantada, o eso pareció entre esos graves retumbantes hasta el límite. Quizás si Rosalía se hubiera dejado caer por allí… (Víctor Trapero)

Pond

El concierto de Pond fue de aquellos que logró amenizar el bochorno y el sofoco que caía en el Fòrum la tarde del sábado gracias a una propuesta de atmósfera psicodélica y espacial repleta de guitarras eléctricas y sintetizadores capitaneada por el andrógino y deslumbrante Nicholas Allbrook –quien vestía un peto vaquero que dejaba al descubierto todo su pecho-. Presentando gran parte de los temas de su último trabajo, The Weather, la formación de origen australiano demostró ser bastante más que la antigua banda del conocidísimo Kevin Parker (Tame Impala), a pesar de que justamente este último trabajo lleve más que nunca su sello –él ha sido su productor–. Pero, más allá de esto, Pond lograron meterse al público en el bolsillo con trepidantes temas como ‘Sweep Me off My Feet’ o ‘Waiting Around For Grace’, piezas interpretadas con una cierta actitud rebelde por parte de Allbrook, quien rompía el estatismo de sus otros compañeros bajando a la zona donde estaba el público. (Raquel Pagès)

Rosalía & Raül Refree

Corría la mitad de la presentación de Los Ángeles en el Auditori Rockdelux cuando la solemnidad hizo crack. Alguien en las primeras filas, harto del llanto de un bebé, soltó un “a ver, los padres de la niña, que salgan” que no tenía mucho duende aunque saliera del alma. La respuesta, claro, llegó: “vete a Van Morrison, pureta”. Hubo quien se posicionó con silbidos o aplausos. Rosalía cerró el debate como lleva cerrando debates sobre si es digna sucesora de la tradición flamenca o sobre si sus gustos son demasiado eclécticos para el género desde hace un tiempo: con su voz. Carraspeó y empezó a cantar otra vez. Se calló todo el mundo, hasta la cría. La catalana no es amiga de numeritos o aspavientos, pese a que su cante conecte con una estirpe folclórica dada a la sobreactuación y los excesos. El suyo es una arte sobrio y austero, aunque ilumina todo el espacio como una ristra de fuegos artificiales. Da la sensación de que para remover ni siquiera le haría falta el acompañamiento de Refree, cada vez más seguro como guitarrista flamenco. Cuenta en sus entrevistas que ha tenido que aprender a cantar flamenco, pero cuesta creerlo teniendo delante a esta chica de ¡23 años!: la capacidad de emocionar que tiene, especialmente cuando se levanta de la silla en ‘Catalina‘ para recalcar eso de “apúnteme usted, señor escribano”, no la enseñan en ningún lado. (Víctor Trapero)

Van Morrison

Es absurdo discutir la clase de Van Morrison. Es un privilegiado, un genio, alcanza por sí solo cúspides históricas como Astral Weeks o Veedon Flece, su voz es terciopelo a los 71 años e incluso puede permitirse el lujo de tener un par de carraspeos, saxo en mano, y que ‘Too Late’ suene deliciosa. ¿Y qué decir de la banda que asume el absolutismo ejercido por el León de Belfast? Tiene swing, la pulsión de cada nota es magia cuando suenan clásicos como ‘Moondance’ y la guitarra de ‘Magic Time’ embruja. Pero más allá de todos los pertinentes halagos, ni su obstinado virtuosismo ni la supremacía de sus canciones pueden romper la frialdad con la que el británico desarrolla sus directos. Empequeñece sobre las tablas cuando llueven los recuerdos de otros clásicos como Neil Young, Patti Smith o Bruce Springsteen. Probablemente opte por pequeños clubes para disimular la distancia con aquellos que pagan onerosas cantidades para comprobar que el avejentado dios conserva intactas sus virtudes. No fue el caso de los asistentes del Primavera Sound, que con un precio próximo al de una de las entradas de Van Morrison pudieron disfrutar de un excelso catálogo. Para muchos era una de las principales atracciones y la exposición fue excelente, aunque las herméticas vitrinas solo se rompieron cuando la maravillosa Dana Masters acortó el abismo entre músicos y público con la calidez de su voz en ‘Days Like This’ o ‘In The Afternoon’. El final fue la principal concesión con ‘Brown Eyed Girl’ y ‘Gloria’. Tan excelso, tan único… tan gélido. (Carlos Marlasca)

Angel Olsen

La magia se apoderó inevitablemente del Fòrum cuando Angel Olsen, al atardecer del sábado, subió al escenario Ray-Ban enfundada en un entubado vestido plata a conjunto con sus tacones. La cantante se mostró serena, delicada y firme al interpretar las canciones de su último trabajo My Woman, con una presencia que lo era todo y una mirada fija y potente que denotaba una seguridad apabullante por su parte. Garra, delicadeza e intensidad fueron las claves de su rock con ciertos matices de folk y pop haciendo que, a diferencia de otros conciertos celebrados en el festival, este no tuviera tanto que ver con el ritmo sino con el sentimiento, como bien dejaba claro el final de la canción ‘Sister‘. Algo que pareció no acabar de convencer al público quien, a medida que avanzaba el concierto, iba abandonando filas –a pesar de que la cantante acabara con un ‘There are so many stages here and we appreciate that you are here”-. Una verdadera lástima lo sucedido, ya que el concierto fue una delicia. (Raquel Pagès)

Teenage Fanclub

Fueron la banda perfecta durante la hegemonía grunge de los noventa, probablemente el mejor descendiente de los Beatles en esa década. Su tiempo ha podido haber pasado, pero Teenage Fanclub siguen haciendo lo que mejor saben hacer, componer buenas canciones como las de su último disco con una fórmula inagotable. Prefirieron dejar que su reciente Hair ocupara un lugar secundario para que prevalecieran las melodías vocales de joyas como Gran Prix o Bandwagonesque, como ‘Don’t Look Back’, ‘The Concept’ o ‘Sparky’s Dream‘. Son estas las que se llevaron los mayores reconocimientos de algunos que ya peinaban canas y que tarareaban efusivamente sus recuerdos de juventud. No son los escoceses excesivos en sus formas (aunque sí en el fondo) ni tampoco se prodigan en la soberbia, y son capaces de disimular las carencias escénicas con los acentos distorsionadas de sus guitarras y la contundencia rítmica que se multiplica en directo. Lo suyo estuvo más orientado a la nostalgia que al jolgorio. (Carlos Marlasca)

Metronomy

Que faltaran cerca de tres horas para el gran bolo del día, el de Arcade Fire en Mordor, no pareció impedimento para que muchos guardaran sitio para los canadienses ya desde Metronomy. “¡Desde aquí los veremos bien, a Arcade Fire!”: así se expresaba una pareja a las puertas del bolo de los británicos. ¿Convencimiento o ironía? Lo cierto es que el proyecto encabezado por Joseph Mount en los últimos años no ha demostrado mucho movimiento desde The English Riviera (2011). Fuera como fuese, los que se acercaron hasta el escenario Mango no salieron defraudados: ‘The Look’ o ‘The Bay’ siempre son suficiente excusa, y así lo hacen valer Metronomy, que pese a un sonido bajo y descompensado –desde diferentes puntos del espacio– dejaron claro que son de los pocos capaces de sobresalir con melodías pop untadas de gracejo funk. (Yeray S. Iborra)

Hamilton Leithauser

No se estrenaba Hamilton Leithauser en Primavera Sound, aunque esta vez era diferente. Después de un par de visitas liderando a The Walkmen, a Leithauser le tocaba plantar su propio nombre en el cartel. El cambio parece haberle venido bien. Quizás no en lo musical (su disco conjunto con Rostam Batmanglij es estupendo, pero la discografía de The Walkmen sigue por encima), pero sí en lo anímico: el de Washington parece liberado tras este reset, plenamente concienciado de disfrutar el presente. De hecho, no incluye ni un tema de su anterior banda en el setlist, que muestra a un Leithauser camaleónico (y todavía rodeado de magníficos músicos): salta entre el rock’n’roll, el blues y el country sin despeinarse hasta que un escenario como el Pitchfork se le queda diminuto. (Víctor Trapero)

Seu Jorge

Ni el sonido de bombo que se colaba desde el escenario Pitchfork (suerte que era Hamilton Leithauser y no Priests o Preoccupations; aunque vaya mala pata que coincidieran completamente) pudo romper la magia que Seu Jorge recreó para su concierto en el Primavera Sound. El mítico cantante brasileño llegó al festival con una misión clara, que era homenajear al añorado David Bowie en el festival que nunca pudo tenerlo de la mano de su banda sonora de The Life Aquatic with Steve Zissou de Wes Anderson, formada íntegramente por versiones en clave íntima y bossa nova de canciones del Duque Blanco. Y la recreó hasta el último detalle: desde su vestuario (con el gorro rojo que luce la tripulación del Belafonte en la película) a la escenografía (una pequeña tarima rodeada de bombillas a modo de velas) pasando por supuesto por un repertorio basado exclusivamente en versiones de Bowie. El artista británico dijo de ellas en su día que le habían servido para descubrir “un nuevo nivel de belleza en ellas”, y escuchando los dulces susurros de ‘Changes’, ‘Space Oddity’ (la preferida de Wes Anderson, explicó Jorge), ‘Life On Mars?, ‘Starman’’ y ‘Ziggy Stardust’ al aire libre y en un escenario tan especial como el Ray-Ban era absolutamente imposible no emocionarse. Por ti, Bowie. (Aleix Ibars)

LVL UP

Tal como comentamos en la previa, LVL UP deben haber escuchado de manera compulsiva, como el 75% del público del Primavera Sound, a Neutral Milk Hotel. Ese sonido de radio que viene de la guitarra es delatador. Pero aquí no hay solo ensoñación y cantos al viento, aquí se impone la angustia, el dolor y, sobretodo, la fuerza y el músculo de querer salir a ganar. Lo consiguieron a medias. Ellos se entregaron, y las primeras filas del público también, pero no sabemos si por nuestra propia edad lo que hace 5 años hubiera sido nuestro concierto favorito, esta vez lo vivimos con algo de distancia. Con una manera de entender la música que nos queda atrás. Sin ánimo ser condescendientes, ojalá sigan saliendo grupos así. Con este ADN y con unas primeras filas entregadas que cada vez sean más. Se lo merecen. Alzamos tímidamente el puño en ‘Angel From Space‘. (Jordi Isern)

Arcade Fire

La actuación sorpresa del jueves les confirmó como uno de los actuales emperadores del Primavera Sound. Arcade Fire se sienten como en casa y para los promotores suponen una absoluta garantía. A punto de sacar su quinto trabajo y luciendo su reciente ‘Everything Now’, los de Win Butler y Régine Chassagne gozan de un momento de gloria que les permite incluso inaugurar su particular obra de arte con el himno ‘Wake Up’, destinado a un efervescente final en giras previas. Lo inesperado de su irrupción continuó en la madrugada del último día con la vuelta de ‘Neon Bible’ y ‘In The Backseat’, descartadas desde hace tiempo de su repertorio. Este última simbolizó el momento de esplendor de Chassagne, que culminaría con una irrepetible ‘Sprawl II’, lo mejor de una noche de gloria, tanto por la voz como por la profundidad de sintetizadores y bajos. La eclesiástica ‘Intervention’ disparó contra Donald Trump y ‘Reflektor’ y ‘Afterlife’ pusieron el acento discotequero. De nuevo, la épica de fantasía de una de las bandas del siglo volvió a ser irresistible y celestial, y el éxtasis de ‘Rebellion’ quedó atenuado con una ‘Windowsill’ final necesaria para rebajar las pulsaciones. (Carlos Marlasca)

King Krule

Para los fans –y también para los no tan fans– de King Krule, el concierto en esta edición del Primavera Sound era todo un acontecimiento. Era la primera vez que pisaba Barcelona y, además, después de haber estado una larga temporada sin aparecer demasiado sobre los escenarios. La ocasión era especial y la verdad es que cumplió totalmente con las expectativas. La atmósfera oscura y misteriosa del joven Archy Marshall arrancó con una pieza introductoria seguida de temas como ‘Has This Hit’ o ‘Lizard State’, despuntando con un estilo sumamente personal y oscuro protagonizado por su grave y desgarrado timbre de voz y su inocente presencia. Alumbrado por un arsenal de luces de tonos naranjas y rojizos acordes con su pelo, el londinense derrochó oscuridad, elegancia y madurez con temas absolutamente coreados como ‘Easy Easy’ y aprovechó la oportunidad para presentar un tema nuevo, ‘The Locomotive’, el cuál dijo que formaría parte de su nuevo álbum. Un regreso más que esperado. (Raquel Pagès)

John Talabot Disco Set

El Disco Set de John Talabot ya se ha consolidado como una tradición para el festival. Una de las actuaciones más esperadas, como ya lo son Shellac o DJ Coco. Aunque al contrario de estas dos, sin notar ni un síntoma de agotamiento, sino de ir sumando cada vez más expectativas e importancia. Solía darse en el cierre de una de las jornadas, pero esta vez fue para el arranque nocturno del sábado. De 00.30h hasta que todo estuviera en plena ebullición. En el re-renovado escenario Bowers & Wilkins feat, Desperados, como si las marcas ya fueran en sí colaboradoras entre ellas como hacen los artistas, que se quedó pequeño. Con gente fuera de esa haima hawaiana de estilo Tomorrowland, pero con un sonido impecable, fue soltando una sesión de ritmos bailables que solo aumentaban el jolgorio y las pulsaciones. Pudimos descubrir el acid edit del ‘Windowlicker‘ de Aphex Twin, o ese momentazo que fue escuchar en comunión su remix del ‘Cheaters‘ de Teengirl Fantasy, amén de todo tipo de perlas de su joyero conseguido a base de bucear entre cubetas de todo el mundo. Una recompensa para el público fiel, y para un productor que da la sensación de afrontar cada sesión como si fuera la más importante. Y así no hay quien le pare ni quien dude de él. (Jordi Isern)

Skepta

En cuanto a seguidores, pocos podían competir el jueves con las hordas de Arcade Fire. Tan solo el británico Skepta, que hizo valer sus millones de escuchas y consiguió un buen número de adeptos (menos tal vez que en el pasado Sónar), pese a tratarse de la última visita al lejano Heineken. El grime es uno de esos sonidos a los que los jóvenes (y por tanto el Primavera Sound, con ansias de nuevas caras) le han echado el ojo desde un tiempo para aquí. Y en esa liga Joseph Junior Adenuga no tiene competidor: rápido, salvaje pero preciso. Su camarilla, ampliada por miles en el escenario Heineken, saltó las bases más sincopadas y brutas durante una hora de la mano de barbaridades como ‘That’s Not Me‘, ‘No Security‘ y muy especialmente ‘Shutdown‘. Mercury Prize o colaboraciones con Drake y Kanye West, todo eso son condecoraciones de mierda, en comparación con lo que Skepta tiene todavía por conseguir. (Yeray S. Iborra)

Japandroids

Los propios Japandroids explican que las limitaciones de su formación como dúo les obligan a aumentar el perfeccionamiento de su sonido en los directos, más allá de impulsivos movimientos de cabeza. Habiendo oído hablar sobre la orfandad en el escenario de bandas similares –aunque más consagradas– como The White Stripes, la mayor virtud de Japandroids fue administrar los escasos elementos de los que disponen y elevar decibelios sin una mengua cualitativa de la mezcla de guitarra, batería, voces y coros. Empezaron y acabaron su concierto con dos hits irrenunciables como ‘Near To The Wild Heart Of Life’ y la aplastante ‘The House That Heaven Built’. Entre medias, los canadienses sacan músculo y garra, azotando baquetas y cuerdas para desplegar la autenticidad de temas de indudable potencial como ‘No Known To Drink or Drug’, ‘Younger Us’ y la enorme ‘The Nights of Wine and Roses’ que abría su Celebration Rock. Lejos, al menos todavía, de alcanzar su anhelo de parecer una banda más numerosa, la honestidad y la furia con la que descargan su catálogo es suficiente para que la experiencia sea satisfactoria. (Carlos Marlasca)

Preoccupations

Cortad”. Tres minutos después: “Cortad”. Nada. Cinco minutos más de progresión del demonio, batería enfurecida y guitarras percutoras. “Corten”, repiten desde una de las bandas del escenario. Caso omiso. Finalmente, tras más de diez minutos de instrumental sin fin, el cuarteto pone punto y final al tema. O no. De golpe, arrancan de nuevo con la música, pero el sonido ya está abajo. Ellos siguen bramando con rabia, sin más emisión acústica que la que sale de sus propios monitores. El público aplaude. Es sin duda la escena más curiosa del festival: un grupo tocando sin impacto, poco más que mimos. Preoccupations acaban cuando ellos deciden, y esa es la mejor imagen para entender lo gordo de los canadienses, antes Viet Cong, para los que el directo es una religión y su liturgia post punk es la sagrada escritura. (Yeray S. Iborra)

Haim (#UnexpectedPrimavera)

Poniéndonos quisquillosos, Arcade Fire ya formaban parte del cartel del festival y Mogwai son viejos amigos del Primavera Sound (y el vuelo desde Glasgow dura apenas tres horas). Pero que las hermanas Haim, nativas de Los Ángeles, aparecieran por sorpresa en el Primavera Sound 2017 sí que fue verdaderamente inesperado y emocionante. Por muchos motivos: el principal es que la gira de presentación de Something To Tell You, su esperadísimo segundo disco, no empieza oficialmente hasta finales de mes con su presencia en Glastonbury, y que el propio disco no sale hasta el 7 de julio. Pero un par de conciertos aislados en el festival Radio 1’s Big Weekend y una sala de Londres un par de días antes hizo que cuando Danielle, Este y Alana compartieron en sus redes sociales una imagen de la Sagrada Familia, todo cobrara sentido. Para cuando el festival empezó a comunicar en sus redes sociales eso de “We’ve got something to tell you”, todas las cartas estaban encima de la mesa, pero a los escasos segundos de arrancar con la colosal ‘Want You Back’ a las 3 de la mañana en el escenario Ray-Ban, Haim rompieron la baraja para pasar de ser una sorpresa noticiable a directamente opositar a mejor concierto del festival. El “Come on, Barcelona!” de Este antes de la primera explosión del tema de apertura (en el vídeo) se contagió entre todos los presentes, pero especialmente entre sus hermanas, que en 45 minutos arrollaron con una entrega desbordante pero también una precisión milimétrica en el juego de voces de hits como ‘Don’t Save Me’ y ‘Forever’. Estuvieron arropadas por un batería descomunal, es cierto, pero hasta en las percusiones finales de ‘Right Now’, la (enorme) ¡balada! con la que acabaron, se mostraron desenvueltas, en un momento que pese a tener a Safri Duo sobrevolando por el escenario supuso el colofón perfecto a un auténtico vendaval. Si vuelven el año que viene tendrá que ser como cabezas de cartel. (Aleix Ibars)

!!! (Chk Chk Chk)

Hay momentos en la vida en los que uno ya no tiene el cuerpo para riesgos o arrebatos aventureros. Lo previsible no vende demasiado, pero reconforta de allá para cuando. La penúltima actuación de un festival tan agotador como el Primavera Sound es uno de esos momentos en los que más vale viejo conocido. Véase !!!, que vienen a ser ese recurso en el WhatsApp para salvar la noche sobre la bocina. “Oye, ¿has salido?”. Nic Offer y los suyos siempre salen. No era la primera vez que ocupaban el mismo horario en la cita barcelonesa y, posiblemente, no será la última: el chiste todavía tiene su gracia, ahora aliñado con la incorporación de otra vocalista que compite con Offer en cuanto a repertorio de pasos de baile. Su deriva electrónica ha convertido sus conciertos en una maratón sin cortes al estilo de una sesión DJ (todo el setlist se formó con temas de sus tres últimos discos), pero siguen sonando orgánicos, reales, “a banda”. Lo de siempre, por suerte. (Víctor Trapero)

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Foto. Pablo Luna Chao y Jordi A. Sintes (salvo la de Seu Jorge, de Garbine Irizar)   Conciertos. Festivales
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