03/05/2017

15 discos imprescindibles publicados entre los meses de enero y marzo de este año.

Bonobo – Migration

Outlier’ es un buen ejemplo de lo que es Simon Green. El vigor creciente de las percusiones y la letanía de pequeños garabatos sintéticos que van incorporándose, todo dirigido a generar estímulos. No hay nada de visceral, Bonobo es un minucioso orfebre cuyo último objetivo es emocionar a su oyente, encerrarlo en su taller y avasallarle. La espontaneidad y la calidez en este inmenso trabajo, que llega después del también abrumador The North Borders, corre a cargo de unas colaboraciones estelares, entre las que destaca la ternura de Rhye en la maravillosa ‘Break Apart’ o la hedonista ‘No Reason’ con la voz de Nick Murphy (el hombre antes conocido como Chet Faker). Bonobo entra en Migration con la canción homónima, una invitación a admirar la precisión con la que erige su particular universo buscando las sonoridades exactas, en este caso el piano de otro tótem como Jon Hopkins. En anteriores discos, el músico británico parecía explorar elementos con los que abastecerse y ahora ha sido capaz de aunarlos todo en un solo disco. ‘Kerala’ lleva consigo el espíritu de Black Sands y algo similar ocurre ‘7th Sevens’ y su álbum anterior. Y todavía hay espacio para los coqueteos de ‘Surface’, con la voz de Hundred Waters, y la intimidad de ‘Second Sun’ y el final de ‘Figures’ en la nueva joya de un preciso alquimista. (Carlos Marlasca)

Cloud Nothings – Life Without Sound

El iniciático piano con el que abre ‘Up In The Surface’ presagia la mutación de Cloud Nothings. Los furibundos ímpetus que engendraron Attack On Memory y su posterior Here And Nowhere Else han evolucionado, al menos temporalmente, en melodías más apacibles, en canciones que, como ‘Things Are Right With You’ o la brillante ‘Modern Act’, tienen su fortaleza en lo estimulante de sus estribillos más que en la contundencia cruda y distorsionada de sus guitarras. A pesar de que Dylan Baldi escribió este Life Without Sound en un proceso de ruptura sentimental, no existen signos, más allá de retazos escondidos tras las letras de ‘Sight Unseen’, de una intensa dolencia y se aprecia el deseo de complacer en canciones como una ‘Internal World’ que parece inspirada en los tiempos en los que Weezer recordaba a Buddy Holly. A pesar del cambio de producción, tras la que esta vez se asienta John Goodman (Sleater-Kinney, Death Cab For Cutie), y la evidente dulcificación, la banda no olvida su pasado más primitivo y lo actualiza en ‘Darkened Rings’ y ‘Strange Years’. Lejos de mermar su hechizo, el proceso de desaceleración en el que Baldy ha sumergido a su criatura la convierte en algo más complejo y seductor. (Carlos Marlasca)

Dirty Projectors – Dirty Projectors

No puede pasarse por alto el hecho de que una banda le ponga su propio nombre a su séptimo (!) álbum. Ese detalle, infinitamente más propio de un debut, esconde cosas necesariamente. El más reciente disco de Dirty Projectors, convertidos hace tiempo en el diván personal de Dave Longstreth, es un acto de reafirmación. Quedan atrás años, trabajos (todos genuinos y algunos, caso de Bitte Orca o Swing Lo Magellan, excelentes) y miembros que parecían fundamentales, pero no la esencia de un proyecto clave si se quiere entender el sonido de la última década. Sin su obra, punto de encuentro imposible entre Beyoncé y Oneohtrix Point Never, entre folklore y futurismo, mainstream y underground posiblemente serían dos mundos bastante más irreconciliables. Entre esos dos terrenos se mueve, más ambiguamente que nunca, Longstreth en este Dirty Projectors que aligera notablemente las líneas maestras de su habitualmente barroca propuesta musical, quizás porque su interior ya contiene suficiente trascendencia. La sombra de Amber Coffman, ex-pareja de Longstreth y ex-componente del grupo, sobrevuela sus 48 minutos, a menudo de manera tan explícita como para que escuchemos sentencias como “no sé por qué me abandonaste, eras mi alma y mi compañera” en ‘Keep Your Name‘, tema inicial que marca la pauta para los ocho cortes que vienen después: Dirty Projectors es un imaginario mundo digital en el que todo, por extraño que parezca sobre el papel, funciona. Todo salvo, claro, el amor. (Victor Trapero)

Exquirla – Para los que aún viven

Tras más de diez años en activo y ya con cuatro álbumes a sus espaldas, por fin Toundra han hablado. En realidad lo hacen mediante la voz de Niño de Elche, cantaor heterodoxo y terriblemente inquieto, y para ello han conformado con él el proyecto paralelo exquirla. Más que un álbum que fusiona post-rock instrumental con flamenco, Para los que aún viven es un álbum de post-rock cantado, comprometido; un salto al abismo que comparten ambos géneros: a las profundidades distorsionadas de la épica mediante la vertiginosa y visceral vía del cante jondo. Pese a que las estructuras responden al dogma siempre practicado por la banda madrileña, el esfuerzo de interpretación que ésta hace en favor de la aportación de Niño de Elche se materializa –especialmente en ‘El Grito del Padre’ e ‘Hijos de la Rabia’– en nichos que, sin interrumpir las progresiones instrumentales, le permiten recitar versos de La marcha de 150.000.000, un extenso poema de Enrique Falcón, con los que ataca la indiferencia humana de nuestros días. ‘Europa Muda’ –“Europa muda, el cementerio blanco donde puede terminar el ahogado”–, ‘Un Hombre’ –“Un hombre está muriendo y nadie va a decirle ven conmigo”– y ‘Destruidnos Juntos’ –“Y al final se desentierren / 20.000 flores negras / 20.000 flores blancas / 20.000 espaldas con capuchas y electrodos: / Bajo un régimen de aislamiento”– son algunas de las piezas más escalofriantes: fibrosas (por Toundra) y afiladas (por Niño de Elche), no pueden dejarte indiferente. exquirla es, sin duda alguna, el paso más arriesgado –y tal vez un punto de no retorno– de Toundra en toda su carrera y la mejor noticia que podía ofrecer el post-rock instrumental nacional. (Pablo Luna)

Jens Lekman – Life Will See You Now

Rotundo giro de 180 grados el que ha hecho Jens Lekman con su último trabajo. Y es que bien lejos queda el doloroso y crudo sentimiento que el sueco desarrolló en su disco I Know What Love Isn’t. Una energía que no tiene sitio ni lugar en su último trabajo Life Will See You Now. Por sorpresa para muchos, el cantautor ha regresado absolutamente renovado con un disco bajo el brazo que rebosa luz y vida y que está compuesto por absolutos hits de pista de baile –algo que no es de extrañar teniendo en cuenta que el productor ha sido el DJ británico Ewan Pearson-. Mostrando su lado más brillante, Lekman invita a disfrutar y a bailar con cada una de las canciones de Life Will See You Now, donde su imaginativo y soñador pop encuentra su versión más dinámica y alegre en los ritmos exóticos, tropicales y disco. Todo un festín para los oídos que encuentra su punto álgido en los irresistibles ‘How We Met, the Long Version‘ y ‘What’s That Perfume That You Wear‘. Sin dejar de mencionar la original ‘To Know Your Mission‘, donde el sueco recrea un encuentro con un mormón el día de la muerte de Lady Di. En definitiva, cinco años de silencio que, sin duda alguna, han valido la pena. (Raquel Pagès)

Los Planetas – Zona Temporalmente Autónoma

Solo por haber firmado una canción como ‘Islamabad’ a estas alturas de su carrera merecería la pena Zona Temporalmente Autónoma, el nuevo disco de Los Planetas. Siete años después de su anterior largo, cuando muchos no solo dudábamos del momento creativo del grupo sino que llegábamos a cuestionar su continuidad, Los Planetas nos hacen este regalo en forma de auto-homenaje. Porque aunque el título (Zona Temporalmente Autónoma, sacado del ensayo anarquista de Hakim Bey, pseudónimo de Peter Lamborn Wilson) y la propia ‘Islamabad’ amagan con la simbología religiosa y política (Jota ha explicado en entrevistas que parte de la liberación espiritual que propone el islam para llevarlo al terreno social y personal), ZTA es en realidad un disco de puro desamor… y también de amor. Es un viaje: a través de la desazón inicial de “No ha habido en el mundo nadie / Que te quiera más que yo” en ‘Soleá’ (la hija de Enrique Morente es protagonista indirecta del disco, con su participación en la mágica ‘Una cruz a cuestas’, el título de ‘Soleá’ y quién sabe si la propia letra de ‘La Gitana’) y de “Y lo que me da más pena / Es que ya nunca seamos almas gemelas” de ‘Hierro y níquel’ a la felicidad sanadora de “Me senté a la vera tuya / Y se me quitó la pena” de ‘Espíritu olímpico’ y “Entonces te veo a ti / Cuando menos lo esperaba / Y de nuevo soy feliz / Solo con verte la cara” de ‘Amanecer’. Pero ZTA también es un viaje musical, a través de la trayectoria del grupo granadino: de los largos desarrollos instrumentales de sus primeros discos (‘Islamabad’) a la experimentación con el flamenco de La Leyenda del Espacio (‘Seguiriya de los 107 Faunos’, ‘La Gitana’, ‘Libertad para el solitario’, si bien rebajando la densidad) pasando por las joyas de pop casi amateur que son ‘Hierro y Níquel’ y ‘Ljtihad’ o los deliciosos arreglos de cuerda de ‘Amanecer’ y ‘Porque me lo digas tú’ que evocan a la placidez de Encuentros con entidades y Contra la ley de la gravedad. El poso que queda, al final, es el de un trabajo cálido en esencia, embriagador por momentos, quizá un pelín desenfocado en primeras escuchas debido a su largo minutaje pero que poco a poco se va revelando como un tratado inspirado en el que no sobra nada. Un disco que abriga y que emociona, que tanto puede hacer que te desmorones como que reboses felicidad. Y claro, que contiene ‘Islamabad’, monumental pieza de la que ya lo hemos dicho todo y que abre el disco con el mensaje más optimista a la postre: que Los Planetas siguen siendo capaces de hacer grandes discos mirando atrás a su legado, pero también siguen contando con esa chispa que tan pocos grupos tienen para salir de su zona de comfort. (Aleix Ibars)

Los Punsetes – ¡Viva!

Quedarse indiferente al escuchar a Los Punsetes parece ser algo casi imposible. Tanto si los odias como si los admiras, el grupo madrileño tiene el poder de generar siempre una reacción en el público con su original propuesta. Y su quinto disco, ¡Viva!, es otro claro ejemplo de ello. Irreverentes y reivindicativos, Los Punsetes regresan siendo absolutamente fieles a su reconocible estilo con un potente, fresco y rabioso disco producido, de nuevo, por el que sería (casi) el sexto miembro del grupo: Pablo Díaz-Reixa (El Guincho). La fórmula, entonces, sigue siendo la misma de siempre – más allá del cambio de sello discográfico a Mushroom Pillow-. Un catálogo de once hits rotundos a caballo entre el punk y el pop que rebosan actitud y carisma en los frenéticos ritmos, las explosivas guitarras y el personal timbre de voz de Ariadna y que muestran, en todo momento, ironía, sarcasmo y diversión en sus letras. Una mezcla sonora que encuentra su mejor versión en temas como “Mabuse”, “Tu Puto Grupo” y “¡Viva!”; claros caballos ganadores de este más que notable último trabajo. (Raquel Pagès)

Mount Eerie – A Crow Looked at Me

La muerte “no es para cantar sobre ella, no es para convertirla en arte“, canta Phil Elverum en el corte de apertura de su octavo álbum bajo el alias Mount Eerie. Pese a ello, la muerte ha sido el tema central de algunos de los discos más excelsos de la historia y de la música contemporánea reciente. Sin irnos demasiado lejos, podemos recaer rápidamente en el doloroso Skeleton Tree, el disco que Nick Cave publicó el año pasado tras la muerte de su hijo; Carrie & Lowell, un trabajo que Sufjan Stevens escribió aún conmocionado por el fallecimiento de su madre; o Young Prayer, que le sirvió a Panda Bear (Noah Lennox) para afrontar la pérdida de su progenitor masculino. Todo ello sin mencionar las geniales despedidas en forma de álbum de David Bowie y Leonard Cohen del pasado año. Sin embargo, pocas veces un artista ha abordado esta preocupación universal de una forma tan descarnada y visceral como Elverum, que grabó A Crow Looked at Me en la misma habitación en la que el pasado verano falleció su pareja sentimental y compañera de vida, la artista Geneviève Castrée, utilizando los instrumentos de ella. El dolor y la congoja emanan de todas y cada una de las canciones del trabajo, y cada rasguño al instrumento, cada sílaba desubicada, cada suspiro destripador y cada silencio entumecido martillean al oyente en esa calma de forzosa irrealidad que acontece cuando el mundo se ha convertido en un lugar peor. Pero en lo inhóspito de los paisajes e incendios forestales que Elverum evoca, en la crudeza de la austera producción de la que irremediablemente ha dotado este legado sobre la pérdida, hay sobre todo un mensaje de amor. Y es que incluso en los pasajes musicales de más desasosiego, Mount Eerie conjura una suerte de preciosismo melódico, de virtuosismo terrenal, que de bien seguro guarda relación con las cosas importantes por las que seguir viviendo, como su hija de solo un año que pregunta si su madre sabe nadar en la desgarradora ‘Swim’ y susurra en sueños en la enternecedora ‘Crow’. Absolutamente lacrimógeno. (Max Martí)

Renaldo & Clara – Els afores

Pisar fuerte y sorprender con un disco debut es algo verdaderamente complicado, pero mantener la línea y evolucionar hacia una dirección acertada con el segundo trabajo es algo que pocos consiguen. Y entre estos pocos, por suerte, están Renaldo & Clara. No hay duda de que con Els fruits del bosc el grupo originado en Lleida se ganó el corazón de muchos, pero el lanzamiento de Els Afores ha supuesto el reconocimiento de la banda como una de las más interesantes del panorama catalán. Y motivos no les faltan. Con tan sólo diez canciones y un total de 24 minutos, la banda es capaz de cautivar a cualquiera con un pop tan fresco como minimalista que explora, esta vez, aquello que sucede a nuestro alrededor. Aquello que va más allá de nuestra introspección. Un viaje dulce, luminoso y, en algunos momentos, ácido por los rincones de pequeños y preciosos universos narrados de una manera exquisita por la voz aniñada y, a la vez, cruda de Clara Viñals. Una combinación de varios elementos que hacen de este trabajo una pequeña y cuidada joya por descubrir. (Raquel Pagès)

Rosalía – Los Ángeles

Con Los Ángeles, Rosalía firma su primer alegato como futura referencia a tener en cuenta cuando analicemos por qué el pop español, o al menos lo que algunos ya empiezan a catalogar como “el nuevo pop”, despertó. Ciertamente, hay que elogiar a la jovencísima cantaora el haber logrado que letras y melodías extraídas de nuestro folclore conmuevan a las generaciones venideras, descolocadas en un contexto en el que las grandes discográficas habían dejado de oler el talento genuino para adormecerse en el pop rock de corte más insustancial y edulcorado. Con el acompañamiento de un artista tan desprejuiciado, prolífico y visionario como Raül Refree, responsable no solo de la producción del disco sino también artífice junto a la catalana de una sinergia musical que traspasa piel, carne y huesos, estamos ante una suerte de experimento que, pese al meticuloso trabajo de documentación que hay detrás al arraigarse en elementos cuando menos centenarios, conecta en todo momento con el ahora. Con la muerte como elemento central, su tratamiento e inspiración folk logran abrir un canal en el que fluyen sentimientos que tanto habrían podido emocionar en su momento a un seguidor de La Niña de los Peines como despiertan ahora la atención de los chavales millennials. Es ilusionante que una canción como ‘Catalina’ pueda entrar hoy dentro de la categoría de hit popular, que la letra de ‘Por Castigarme Tan Fuerte’ nos descomponga casi tanto como cuando la cantaba Manolo Caracol o que la versión de ‘I See A Darkness’ de Bonnie “Prince” Billy, descontextualizada hacia el final del álbum tanto por idioma como por autoría, parezca un guiño de lo que la artista nacional con más proyección de la actualidad nos depara en un futuro posiblemente cercano. (Max Martí)

Stormzy – Gang Signs & Prayers

Después de tres años siendo la gran promesa del grime (la derivación autóctona británica del UK garage, el jungle y el hip hop) gracias a un EP de debut autoeditado en 2014, llevándose premios a Mejor Artista de Grime ese año, colándose en la lista del BBC Sound of 2015 y con un pelotazo como el vídeo de ‘Shut Upen directo en el parque (más de 55 millones de visualizaciones), el londinense Michael Omari, más conocido como Stormzy, canceló todos sus conciertos y su presencia online en el último tramo de 2016. Fundido a negro. No sabemos exactamente lo que pasó, pero su primer disco, Gang Signs & Prayers, que vio la luz a finales de febrero de este año, empieza dejando las cosas clara con la explícita ‘First Thing First” (coescrita y coproducida, ojo, por Mura Masa): “Tuve problemas con la familia / Tuve problemas con la banda / Pero puse esa mierda en pausa / (…) Que alguien les diga que he vuelto”. A partir de aquí, lo que despliega Stormzy con su primer disco es un simple y llano golpe encima de la mesa. Conservando la credibilidad de la escena underground que le vio nacer pero con una aproximación mucho más accesible que otros compañeros de género como Skepta o Novelist, Stormzy logra el equilibrio perfecto entre la arrolladora mala leche de ‘Cold’, ‘Mr Skeng’ y la colosal ‘Big For Your Boots’ –bases electrónicas, fraseos incansables y una pizca de agresividad verbal y física– con maravillas de r&b sedoso como ‘Blinded By Your Grace’ (en sus dos partes, especialmente la segunda, con MNEK) y ‘Cigarettes & Cush’ (con Kehlani) en un disco que por ahora ha conseguido lo imposible: conciliar a los amantes del género mientras da la bienvenida a los neófitos. Veremos si la balanza no acaba decantándose finalmente por el lado del mainstream (Omari ya cuenta en su haber con colaboraciones con Ed Sheeran y Linkin Park), pero de momento Stomrzy nos ha dejado un debut para la posteridad. (Aleix Ibars)

The xx – I See You

“Las dos canciones más importantes de I See You están al principio y al final. ‘Dangerous’ abre el álbum, como ya habrán escuchado una y mil veces, con el sonido más alejado a la ‘fórmula The xx’ que encontraremos en todo el disco, unos vientos eufóricos seguidos de una trepidante base de UK garage. La letra también ofrece una declaración de intenciones: “They say we’re in danger / But I disagree / If proven wrong, shame on me”. Dicen que estamos en peligro, pero me da igual, si me equivoco serás mi error favorito. Un mensaje sorprendentemente asertivo para tratarse de una banda que fundamentaba su discurso entre las declaraciones incondicionales de amor y, a la primera de cambio, las inseguridades.

No sería justo decir que I See You se basa solo en experiencias traumáticas, pero sí le aportan una profundidad necesaria. En muchos momentos es el disco más ligero y abiertamente disfrutable de The xx, gracias a que la experiencia de autolimitarse con Coexist había sido fallida. “Esta vez queríamos crear sonidos que tuviéramos ganas de escuchar”, han dicho ellos. Y por eso se levantaron las barreras, y se olvidaron de únicamente grabar sonidos que pudieran tocar en directo (norma 1) y de cantar lo que cada uno había escrito (norma 2). Prueba de ello es ‘On Hold‘, el primer single, en el que un estribillo explosivo a base de un sample colisiona con una letra que habla de una relación tóxica en la que el o la protagonista asume que la otra persona le esperará el tiempo que haga falta. Y se hace difícil leer “Now you’ve found a new star to orbit” y no pensar en las las expectativas y el distanciamiento vivido por los tres miembros de The xx. (Crítica completa) (Aleix Ibars)

Tinariwen – Elwan

Son los máximos exponentes de la música que se mueve entre las arenas del desierto, una estela que han seguido Bombino o Imarhan, pero que Tinariwen lleva difundiendo desde hace más de dos décadas. Después de Emmaar, el disco que quizá mejor representa su eclosión entre el público generalista y que fue grabado en Estados Unidos, han vuelto a sus orígenes saharianos para realizar un Elwan que marca su regreso a Ítaca con las enseñanzas de un enriquecedor viaje. Es un trabajo que bebe de su periplo occidental, manifiesto en las colaboraciones de Kurt Vile, Matt Sweeney o Mark Lanegan, y que también marca el patrón de una de las mejores canciones de su carrera, la monumental ‘Sastanáqqám’, tan abrumadora como alejada de su idiosincrasia seminal. Por otro lado, la banda tuareg vuelve a exponer su particular lectura del blues con guitarras electrificadas que protagonizan piezas íntimas como ‘Ittus’ y que acompañadas con sus percusiones tribales alcanzan delicias como ‘Tiwayyen’, ‘Imidiwán n-ákall-in’ o ‘Hayati’. En el último trabajo que realizaron en su tierra, Tassili, había una preeminencia de cuerdas acústicas y armonías vocales sobresalientes que ahora recuperan con la risueña ‘Assáwt’ o la intensa ‘Nizzagh Ijbal’. Tinariwen renuevan su colorida paleta en una obra que subraya el descomunal talento de una banda que abarca cada vez más horizontes. (Carlos Marlasca)

Thundercat – Drunk

Era cuestión de tiempo que Stephen Brunner eclosionara con su proyecto Thundercat. Después de colaborar y de haberse frotado bien las nalgas con sus amigos Kendrick Lamar, Flying Lotus y Kamasi Washington en los últimos años, el bajista, compositor y vocalista californiano ha entregado un álbum que nos emborracha de su estilo. Hay de todo: r&b moderno –‘Jethro’–, free-jazz fusión –‘Uh Uh’–, una genuina mezcla entre soul sintético, orgánico y funky subterráneo –‘Tokyo’, ‘Friend Zone’, ‘Them Changes’–, hip-hop suave –‘Walk On By’ (con Lamar) y ‘Drink That’ (con Wiz Khalifa)– y una producción electrónica (a cargo de Flying Lotus, claro) glamurosa y rimbombante que se acopla al entramado siempre conductor de bajo y teclado. Drunk podría funcionar perfectamente como mixtape dado el elevado número de canciones, de cambios de ritmo y de ambientación que tiene, pero sobre todo por la presencia de muchos cortes breves que sirven de transición y desahogo: ‘Capitan Stupido’, por ejemplo, ‘Jameel’s Space Ride’, ‘Day & Night’, o la terna ‘I Am Crazy’–‘3AM’–‘Drunk’. Porque si hay una sensación imperante durante la escucha de este disco es el empacho (para bien), el hedonismo, el cadente frotis de infinidad de influencias y referencias en el espacio reducido de una cama redonda dentro de un perfumado antro de perversión. Con la serie de importantes colaboraciones que hay en el disco Thundercat aparentemente corría el riesgo de quedar determinado por ellas, pero su verborrea estilística ha propiciado justo lo contrario. (Pablo Luna)

Sampha – Process

Escuchando el debut largo de Sampha Sisay, uno siente un nudo en la garganta. Precisamente en dicho punto del cuerpo desde donde emana su voz imperfecta pero diferencial y genuina, el artista británico de raíces sierraleonesas nota desde hace algunos años un incómodo bulto que ningún médico ha logrado detectar. Con el tiempo ha aprendido a convivir con él, y en ‘Plastic 100ºC’, el corte de apertura de Process, se convierte en metáfora de su propia mortalidad. La eclosión pública de Sampha en 2010, momento en que publicó su primer EP y se embarcó junto a SBTRKT en un sinfín de aventuras colaborativas, se vio mancillada por un doloroso acontecimiento: su madre fue diagnosticada de cáncer ese mismo año. El cantautor y productor compaginaría desde entonces su atención y cuidados con el reclamo cada vez más frecuente por parte de los artistas más populares sobre la faz de la tierra: no cualquiera ha dejado su huella en los trabajos de Drake, Beyoncé, Kanye West, Frank Ocean y Solange. Paradójicamente, en Process nadie le acompaña más allá de sus propios demonios y Rodaidh McDonald (The xx, King Krule, Adele), quien entró como ingeniero pero acabó implicándose en la producción. En la lacerante balada ‘(No One Knows Me) Like the Piano’, escrita durante los últimos días en vida de su madre, Sampha vuelve a sentarse en el viejo piano que su padre trajo al hogar cuando tenía tres años, siendo el único momento del disco en el que no nos asaltan las producciones modernas que impregnan los otros nueve temas. Un momento de lucidez y honestidad en medio de la catarsis que convive con la ansiedad de la vigorosa ‘Blood on Me’, el groove importado de sus orígenes africanos de ‘Kora Sings’, la tensión futurística de ‘Reverse Faults’ en la línea de los recientes artificios diseñados para ANOHNI o el escurridizo soul electrónico de ‘Incomplete Kisses’, que bebe de la herencia de James Blake. Ni el proceso ha terminado ni las heridas se han cerrado, pero dentro de unos años recordaremos 2017 como el año en que la música de Sampha adquirió una identidad propia e irremplazable. (Max Martí)

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