14/03/2017

Entrevistamos a la cantaora revelación a raíz de su disco de debut con Raül Refree, 'Los Ángeles', en el que reinterpretan cantes sobre la muerte con una mirada nueva.

Pocas veces un disco de debut nacional ha generado tanta expectación antes de ser publicado como el de Rosalía. En Los Ángeles, la cantaora catalana indaga en lo ancestral y metafísico de nuestro folclore para construir un espacio de libertad y emoción descarnada en una simbiosis artística con el músico y productor Raül Refree, quien no solo acredita una trayectoria intachable como cantautor desde finales de los 90 sino que además ha sido clave en la confección del sonido que durante los últimos años ha realzado a artistas como Rocío Márquez y Sílvia Pérez Cruz. “El flamenco está hecho, pero sobre lo hecho se puede seguir creando sin engañar, sin mitificar“, dijo una vez Camarón de la Isla, responsable de que desde muy temprana edad la de Sant Esteve Sesrovires se obstinara en desentrañar los secretos del género pese a provenir de un entorno ajeno al mismo. Consciente de ello, Rosalía ha dedicado su vida tanto a rastrear en la tradición como a aprender sus normas y técnicas, primero acudiendo al que fue su maestro, Chiqui de la Línea, y posteriormente formándose en la Esmuc de Barcelona, donde actualmente termina sus estudios. Desprejuicidada y ecléctica, sin embargo, tanto le emocionan los cantes antiguos de La Niña de los Peines, Caracol y Vallejo como las producciones modernas de Kendrick LamarSufjan Stevens y James Blake. Sin ir más lejos, este verano la vimos moverse sin complejos entre el pop y el R&B en el hit ‘Antes de Morime‘, colaboración con C. Tangana cuyas reproducciones en YouTube se cuentan por millones.

A diferencia de Instagram u otras redes sociales que la joven de 23 años maneja sin tregua ni descanso, en las canciones de Los Ángeles no hay filtros; su ejecución es cruda, primaria y visceral. Hiladas por una preocupación universal como es la muerte, parten del flamenco para en cierto modo, sin desvirtuarlo, huir de él. Durante los próximos días, dicho repertorio será desgranado en Madrid (16, Teatro Lara), Barcelona (23, Luz de Gas) y Valencia (20, Les Naves), y en pocos meses cobrará vida en festivales como el Primavera Sound, el Atlantic Fest y el Vida. Y es que aunque cante sobre la muerte, Rosalía contribuye al vívido momento que experimenta nuestro folclore. Pertenece a esa generación de músicos que, mediante nuevos lenguajes y fuera de su espacio tradicional, está logrando que un nuevo público lo conozca, lo consuma y lo valore. Hace unos días, en el lobby de un hotel del Eixample barcelonés, hablamos con la artista sobre esta ilusionante apertura y más cosas en una entrevista que a continuación os transcribimos.

La primera vez que te oí cantar fue en el Ornitorrincos, hace dos años. Tú y Raül os sacasteis de la manga un cruce de R&B y electrónica. La definición de cantaora se queda un poco pequeña, ¿no? ¿Cómo es Rosalía como artista?
ROSALÍA: Siempre me permito tanta libertad como puedo. Sí me siento cantaora en el sentido clásico la palabra, pero también me siento músico, si te refieres a eso. No quiero limitarme en cuanto a proyectos y estilos musicales. Intento darme toda la libertad posible y hacer todo aquello me apetece hacer.

En Los Ángeles, en cambio, partís de unos cantes antiguos. A nivel de melodía y letras no dista tanto del debut que cabría esperar de un cantaor al uso. Sin embargo, son muchos quienes usan la palabra ‘renovación’ para hablar de este disco. ¿Qué crees que aporta de nuevo vuestra reinterpretación del flamenco?
No sé si estamos renovando o innovando algo. Personalmente, no creo que la innovación exista; creo que está todo hecho. En todo caso, existe la ilusión de crear algo nuevo. Creo que la música que Raül y yo hacemos nace de una necesidad personal. Esa es la forma que tenemos de entender la música. Creo que se da una convergencia de estilos, y que tanto las influencias y referencias de Raül como las mías hacen que en este disco, a lo mejor, las texturas vocales no sean las típicas de una cantaora, o que el sonido de su guitarra no sea el típico que acompaña al cante. Es que la guitarra de Raül no es una guitarra flamenca, ¿sabes? Por tanto, influyen todo un conjunto de elementos: la forma de producir de él, el tratamiento de sonido que se le ha dado a los temas, las dinámicas, mi forma de interpretar los cantes, la forma en la que hemos cambiado las estructuras y los ritmos… Lo que hemos intentado preservar, o por lo menos lo que yo he intentado que se preservara en todo momento, es la melodía y la letra. La letra es una cosa tradicional, y con la melodía alguna vez hago un poco lo que quiero pero en el fondo estoy preservando siempre lo que la vertebra, la esencia de esa melodía. A partir de ahí, a partir de esa raíz del cante, todo lo demás es una construcción personal que pretende explicar el flamenco desde nosotros.

En su mayoría, son cantes de autoría disfusa y con versiones diversas. ¿Qué proceso sigues para convertirlos en canciones finales?
La forma de estructurar las canciones, porque ya no son cantes sino canciones, ha consistido en buscar cómo se estructura normalmente la música popular, es decir, las canciones pop. En lo popular hay siempre unas repeticiones, unas ideas sencillas que brillan… sin que por sencillo algo sea simple. De momento te diría que eso está ahí. Para la búsqueda de los cantes, por otro lado, he partido de un tema central que es la muerte teniendo en cuenta a mis referentes, que me vienen dados por mi maestro [el cantaor gaditano José Miguel Cerro aka Chiqui de la Línea]. Él me enseñó a valorar el cante clásico, el flamenco antiguo… y a partir de todos esos referentes que adquirí he rebuscado material durante un año y medio para hacer este disco.

Aun así, a menudo citas a otros referentes como Kendrick Lamar, Sufjan Stevens y James Blake. ¿Se impregna algo de su música en estas canciones, aunque sea solo en la forma de transmitir las emociones?
Cien por cien. De hecho, creo que este disco lo único que tiene de flamenco son los cantes. Todo lo demás no lo es, y creo que todas mis influencias se ven reflejadas en sus canciones. Las intenciones que pueda tener un James Blake a mí me inspiran. La mala hostia que tiene un Kendrick Lamar también me inspira. La sensibilidad de un Sufjan Stevens o lo radical de un John Cage también. Como el minimalismo. O la agresividad del punk, o la violencia. Todo eso está ahí y forma parte de mi background, e intento que ese background esté presente todo el tiempo en mi forma de componer, de cantar, de tocar y de hacer música en general.

En cambio, tus padres escuchaban Supertramp, Queen, Bob Dylan… ¿Cómo llegas a ese punto de no retorno en el que decides que quieres dedicarte a la música y, además, ser cantaora? ¿Fue fácil viniendo de un entorno familiar ajeno al flamenco?
Mi familia siempre me ha apoyado muchísimo. Siempre lo intento explicar porque creo que ha sido fundamental. Que yo iba a ser cantaora estaba escrito. ¿Hola? Mi familia ni se dedica a la música, ni está dentro de la industria, ni ha escuchado nunca flamenco… Pero yo tuve un flechazo tan firme con Camarón y con el flamenco que decidí que sería cantaora fuese como fuese, que me lo trabajaría muy duro hasta conseguirlo. Realmente creo que eso habla un poco de mí como persona. Cuando se me mete algo en la cabeza, lo peleo hasta que lo tengo. Creo que ese carácter ha sido fundamental porque he necesitado muchos años de dedicación, ya que es lo que dices tú, no vengo de ese entorno. Es como aprender un idioma, cómo aprender chino… ¿Cómo vas a escribir un libro en chino si antes no aprendes a hablar el idioma?

Dedicándole muchas horas, mucho esfuerzo…
Mucho esfuerzo, mucho trabajo… Desde los 13 años hasta mis 23, mi obsesión durante una década ha sido dedicar la mayor parte de mi tiempo a este género, y a la música en general, claro está. También la técnica lírica me interesa un montón. Llevo seis años aprendiendo técnica lírica para poder dominar mi voz, para poder tener soltura y herramientas… para poder ejecutar aquello que tengo en la cabeza.

Volviendo a Los Ángeles. No sé si fue fácil decidir, cuando estabais grabándolo, quedaros con lo esencial. Decir: “Vale, con esto esta canción ya camina, no la toquemos más“. ¿Cómo cerrabais, digamos, las canciones?
Es una buena pregunta y todavía no me la habían hecho. El proceso creativo de este disco nos ha llevado dos años, y un año y medio fue solo para rebuscar. A medida que iba rebuscando ya íbamos probando los temas con Raül. En ese proceso de prueba y error hubo temas que salieron superrápido y otros que nos costaron más; temas a los que tuvimos que darle muchas vueltas durante semanas y semanas… Los grabábamos y decíamos: “Esto no queda bien, esto no funciona…“. O “aquí, vamos a depurar, esto vamos a apuntalarlo, vamos a quitarle capas…“. Todo el tiempo estuvimos buscando lo esencial. Y no, no ha sido fácil. En muchos de los cantes fue un proceso largo, porque partíamos de unos cantes pero queríamos eso: partir, irnos de allí… Y eso es lo complejo. Darle la vuelta. Explicar el flamenco desde una visión personal. Desde un lenguaje personal.

La muerte sirve de eje vertebrador de los temas, pero paradójicamente tú eres muy joven. ¿Cómo encuentras el mood para transmitir esta preocupación universal?
Bajo mi punto de vista, los cantes tienen un alma, tienen su alma propia. Por eso, lo único que tengo que hacer cuando entro en el estudio, o cuando estoy encima del escenario, es dejar que esa alma pase a través de mí y llegue a la gente. Intento conectar con esa alma porque ese cante, ese canto ancestral, contiene todo lo que necesito. Tú no tienes que hacer nada, solo tienes que dejar que pase a través de ti. Solo tienes que conectar con esa muerte que tiene una seguiriya… Tienes que estar abierto y conectar con eso. Entonces ese sentimiento, esa muerte, acaba llegando a los demás. Y tú la entiendes. Con este disco, gracias a estos cantes y estas letras, me he acercado a temas oscuros que no conocía, y a partes oscuras de mí misma que desconocía. Porque a mí me interesa acercame a algo que no entiendo o que desconozco. Cuando hago música, yo quiero eso. Quiero acercarme a lo que no entiendo. Quiero entenderlo. Hacer música, para mí, es ese intento de entenderlo.

Por lo que me cuentas, al rebuscar en los cantes y reinterpretarlos experimentas un cambio personal. Se produce un cambio en ti misma.
Totalmente. De hecho, durante estos dos años para mí ha habido un antes y un después. Mi voz no es la misma en las primeras grabaciones que en las últimas. No tiene nada que ver. Y mi forma de cantar… es como… sí, algo cambia. Y si no pasara eso, sería una mala señal. Si no se ha creado un poso en ti a partir de tu trabajo es que este no ha servido de nada.

‘I See A Darkness’ es la versión que cierra el disco pero también fue su punto de partida. Sin embargo, en cuanto a procedencia e idioma se aleja muchísimo del resto del repertorio. ¿Por qué decidisteis incluirla?
Digamos que es un bonus track. Es un tema que está en el disco pero no está. Como bien dices, es la primera canción que tocamos Raül y yo, y desde que la tocamos, supimos que íbamos a hacer un disco sobre la muerte. Y esa canción habla de la muerte. Entonces, creo que es una casualidad… No, no es una casualidad. Que fuese la primera canción que tocamos y la que cierra el disco es un bonito guiño. Un capricho a la vez que una declaración de intenciones en toda regla, porque él y yo no solo hacemos música de este género. De hecho, Raúl no es tocaor de flamenco, y yo soy cantaora pero, como decías al principio, no soy una cantaora al uso. No solo soy cantaora. Es una pequeña reivindicación: hemos hecho un trabajo que parte entero del cante flamenco, pero hemos añadido una canción que no tiene nada que ver… y que a la vez conecta con toda la temática y la estética del disco. Más allá de que es en inglés y que su autor nada tiene nada que ver con el repertorio del disco, en realidad está muy cerca. Se tocan.

Sé que es muy pronto, ¿pero os ha llegado alguna crítica por parte de sectores más puristas?
Solo hace un mes que ha salido el disco. No ha habido mucho tiempo, pero no sé… yo estoy preparada para que guste y para que no guste a la gente. Las críticas positivas las agradeceré y de las críticas negativas aprenderé algo. De hecho, si a algún purista no le gusta es buena señal. Será buena señal.

Supongo que te enorgullece que muchos jóvenes estén conociendo aspectos de la tradición flamenca gracias a ti.
Si eso pasa, creo que en gran parte es porque se está creando una escena de artistas que están descontextualizado el flamenco de su lugar habitual, y considero que eso es algo muy valioso. Hoy mucha gente joven está escuchando flamenco y eso es muy fuerte. Cada vez más jóvenes están valorando nuestro folclore y consumiendo flamenco; eso es una evidencia. Es algo que está pasando y me parece increíble.

Hubo varias grandes discográficas interesadas en ficharte. De hecho, ahora estás en Universal. ¿Qué aporta una multinacional a un artista del siglo XXI?
En mi caso, una multinacional como Universal Music me aporta una distribución que yo sería incapaz de conseguir por mí misma. Yo puedo tener las ideas, puedo incluso darme a conocer vía Internet… Hoy en día la proyección que te da Internet puede llegar a ser muy parecida a la que te da una multinacional. Pero la distribución… eso no puede hacerlo uno mismo como lo hace una multi. Y para mí eso es fundamental. Yo quiero que mi trabajo llegue al máximo de gente posible, y claro, el alcance y la infrastructura que tiene Universal no la tenemos ni tú ni yo. Por otro lado, y esto ya es una tontería, que tú saques con una multinacional sigue pesando en el imaginario colectivo. Sigue siendo una marca de… no sé cómo decirlo. Es como que te hacen más caso. Personalmente valoro tener un equipo detrás. He tenido esa suerte y para mí es muy importante que una multinacional como Universal me respalde. Sin ella, no sería capaz de llegar donde quiero llegar.

Has hablado de Internet. Ciertamente ha habido un cambio en la forma en la que ciertos nuevos artistas se comunican con sus seguidores. Me viene a la cabeza la escena trap, pero tú también entrarías dentro del saco; estás constantemente conectada. ¿Lo tenéis más fácil gracias a las redes sociales?
Cien por cien. Tú eliges cómo te muestras al mundo sin intermediación. Puedes enseñar lo que quieras y cómo tú quieras. El artista tiene el poder en ese sentido. El artista tiene las ideas y el artista las ejecuta. Y las puede transmitir a la gente por Internet, con sus redes sociales, mediante una comunicación directa y sin intermediarios. Eso es increíble, es maravilloso. Creo que hay un antes y un después con eso, y es una herramienta que hoy en día los artista tenemos la suerte de poder usar.

Sin embargo, vuestro uso intensivo de las redes sociales me lleva a preguntarme cuánto hay de actitud promocional y cuánto de que tu generación es así y punto.
Creo que ambas cosas están ahí. Por una parte, como decíamos antes, las redes sociales son una vía superdirecta para compartir lo que estamos pensando o haciendo a tiempo real. Y eso es genial, es muy real, muy del momento, muy del presente. Pero luego también está lo que comentas: hemos nacido ya con eso. Para mí es algo muy natural, pero a la vez es algo muy extraño de nuestra generación: es como si hacer algo tuviera que ver con hacerlo pero también con enseñar que lo haces. Con esas dos cosas. Siempre que reflexiono sobre las redes me doy cuenta de ello. Nos hemos acostumbrado a mostrar lo que hacemos, a enseñar cosas de nosotros… Pero creo que eso tiene una parte muy positiva. Realmente, yo no muestro nada que no quiera mostrar; no muestro demasiado de mi vida personal. En realidad muestro más cosas de mi trabajo que de mi vida. Pero luego tambien me divierte ese juego que se puede llegar a crear. Lo que muestras y lo que no muestras en las redes sociales para mí es un juego.

Antes de Morirme‘ ya supera los nueve millones de reproducciones en YouTube. ¿El plan era petarlo a este nivel? Lo digo por esa visión marketeniana de la que siempre saca pecho C. Tangana…
A ver, sí que Antón tenía la intención de hacer una canción comercial, o mejor dicho accesible. Que no fuera compleja ni experimental. No buscaba ese mood. Ahora bien, yo no me esperaba para nada nueve millones de visitas. No doy crédito. Sigo sin entender la dimensión que ha cogido esta canción; cuando participé en ella para mí era una colaboración más con un músico más del underground español. Un músico al que admiro, eso es todo. No me esperaba tal repercusión. Para mí es la consecuencia de que es una canción directa, una canción pop. Y las canciones pop bien servidas, pues sí, al final acaban llegando a mucha gente (risas). Y no, la verdad es que yo no me lo esperaba. A lo mejor C. Tangana sí que tenía una dirección más clara, o un público superamplio. En mi caso, la repercusión la veo más bien como una consecuencia de hacer música, que se puede dar o no…

Supongo que eres consciente de que mucha gente te conoció por esa canción. ¿Puede repetirse esta fórmula más pop en el futuro?
Yo no espero una fórmula concreta ni hacer ninguna música en concreto. Todo el tiempo me guío por lo que creativamente me motiva, por lo que quiero aprender en cada momento… El alcance que tenga mi música después del proceso creativo será el que será. Yo no lo controlo, y no me interesa controlarlo. Es una consecuencia de mi trabajo. Para mí, lo primero y lo principal en mi trabajo es el proceso creativo. Y lo preservo, ante todo.

Te hemos visto en un sinfín de portadas y parece que te atrae bastante la moda. ¿Crees que su lenguaje puede ir de la mano con el musical? ¿Das mucha importancia a cómo te muestras o la imagen que proyectas? 
Creo que es algo a tener en cuenta. A mí la moda me ha gustado siempre. Desde muy pequeña, en mi casa siempre hubo revistas de moda que compraba mi madre encima de la mesa. Recuerdo cómo mi hermana recortaba prendas de ropa que salían en esas revistas. Eso forma parte de mi infancia y está ahí. Pero al final yo lo uso como un arma más de mi trabajo. Me importa lo que me voy a poner antes de salir al escenario. Al final, el conjunto total de mi obra para mí no es solo música; también es visual. Del mismo modo que cuido lo musical, me interesa cuidar lo visual.

Próximamente actuarás en Madrid, Barcelona y Valencia, y este verano te veremos en festivales como el Primavera Sound, el Atlantic Fest y el Vida. ¿Encaras por igual todos los bolos, o los adaptas a cada espacio y público?
Todas las actuaciones me motivan, de modo que las cuido todas por igual. Me da igual que sea en un teatro con 20 o 400 personas que en un Auditori con 1000 no sé cuántas. Para mí siempre es lo mismo. Es la totalidad de la obra. La iluminación tiene que estar igual de cuidada en un Auditori del Fòrum que en cualquier teatro más pequeño. Siempre intento ser muy cuidadosa con la propuesta, sea donde sea. La música en vivo siempre es música en vivo. Siempre tiene que estar presentada con calidad.

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Foto. Aylen Torres   Entrevistas
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