09/03/2017

Entrevistamos al dúo de electro-disgusting, uno de los fenómenos de los últimos meses, a las puertas de su nueva gira.

Alba Rihe coge un trozo de pan y lo unta con afán en un huevo poché de 12 euros, del que cae la yema, como perlitas de oro. Carla Moreno, con un ojo medio cerrado por el sol inesperado del invierno barcelonés, sorbe con desesperación un café de 3 euros. Se ha pasado hasta las tantas trabajando y son solo las 9 de la mañana.

En el Soho House de Barcelona sale caro incluso respirar, pero ellas hacen justicia a su fama: noble y vulgar. Si hay que gastar dinero, se gasta. “Igual solo tenemos 20 euros para pasar el mes… Pues nos da para un taxi y un cocktail”.

El destino ha querido que este club de élite a escasos metros del puerto de Barcelona –con gimnasio, restaurante y salas de reunión– sea la sede de la conversación con Las Bistecs, que el año pasado publicaron su debut largo Oferta y zarandearon los subsuelos del panorama patrio.

Ninguna de las dos tiene un duro para pagarse el abono al club Soho. Pero se las ingenian para ser bienvenidas entre la jet set –Las Bistecs han llevado la programación del club, unas semanas antes de la cita montaron un “bingo bizarro”, comentan– igual que lo hacen para mezclarse con todo tipo de artistas en todo tipo de guateques. En cuanto a lo del Soho, no tienen claro “si podrán repetir”, dicen entre risas. Pero mientras tanto, a disfrutar de la experiencia: en eso consiste el electro-disgusting, el estilo que ellas mismas han acuñado, y que mezcla con sorna lo alto y lo bajo, lo refinado y lo chabacano.

Con el pie debajo del culo, como una alumna aventajada de pilates, Alba rememora cómo nació el dúo que ha cogido el testigo de la Movida Madrileña, el electroclash y le ha añadido un toque conceptual a la fórmula; ellas no se reconocen en ninguna de estas categorías, o en todas ellas. El misterio es parte del encanto. “Recuerdo ir a un concierto de Putilatex en el que todo era escupir. Nosotras también tenemos algo de esa irreverencia, pero siempre intentamos poner más ideas detrás. No somos tan punkis realmente. Le metemos más mensaje”, paladea la reflexión Alba. Según comentan, las bases son similares a las del electro: enganchan. Pura nicotina. Pero el concepto se vuelve primordial (por algún lado debían salir sus estudios en arte). “Me da la sensación que lo del electroclash era algo muy destructivo, nosotras queremos proponer algo. Nunca quisimos pertenecer a ese mundo y, precisamente por eso, nos pusimos nosotras mismas la etiqueta electro-disgusting”, prosigue Alba.

Las pájaras fruto de las noches de ocio compartidas (jiji-jaja) pero meditadas al día siguiente: ese sería el método aproximado de Las Bistecs. “Cuando salíamos empezamos a decir frases y frases, en sí potenciales canciones. Y solo salían de noche. [ríen] Rallamos a todos los colegas. Y verano de 2013 decidimos rallar a toda España”.

– La canción que marca la diferencia es ‘HDA‘, una crítica hacia esta disciplina [historia del arte]. Le pusimos humor al tema y palante –comenta Alba.
– ¿A nivel musical? A nivel musical solo teníamos a Adri Gil [responsable de las bases del dúo]. Nosotras no somos músicos. Pero sí te digo que el año pasado fue de puro proceso de entender la música: y yo, personalmente las matemáticas las llevo mal –responde Carla.

Una cosa tenían clara desde el principio: había que salir al escenario para hacer bailar un concepto. Letra y base como una conjunción inseparable.

Todo el proceso previo a Oferta fue “lento”, citan. Como un juego. Cuando empezaron a salirles bolos, se propusieron hacer el disco en seis meses de bendita locura: hasta las cuatro de la mañana haciendo canciones.

Durante todo el proceso combinaron la música con algo que comentan poco: trabajos precarios. ¿Por qué vender continuamente una idea de clase equivocada?

– Nos flipa el rollo diva y proletaria. Las Bistecs nacen con muchas horas, mucho cansancio: no tenemos apoyos económicos. Pero siempre buscamos lo elegante y lo decadente, lo gracioso y lo incómodo. Nos gustan las contradicciones. Yo ahora, después de un año, es la primera vez que duermo ocho horas –analiza Carla, que sigue sorbiendo su café con ahínco. Ahora son las 9:30h.
– La clave es decirlo de la forma menos altiva posible. Estéticamente nos gusta el feísmo. Para nosotras más es más, hay que glamourizar lo feo –ajusta la definición Alba.

Las Bistecs se mueven con comodidad en la posmodernidad. Son reflejo de lo que somos todos: un día salvamos a las ballenas y al siguiente compramos en Zara. “Para mí la idea es que todo lo que decimos es para hacer pensar. Obviamente es una reacción. La gente que tiene algo de proyección y de voz debe posicionarse”.

Este punto hace entrar en discordia a la pareja.

– El proyecto tiene un carácter ocioso, para pasarlo bien, incluso bajo este activismo abstracto. A veces para hacer algo contra lo que está pasando porque no siempre se tiene que buscar la seriedad, el miedo y tal. También lo podemos pasar bien. Si eres intelectual, no debes ser solemne –dice Carla.
– Mmm… Nosotras no hacemos pensar, Alba. Somos una voz más. Aunque ojalá hagamos pensar. Lo que está claro –comenta Carla– es que la nuestra es una voz de abajo hacia arriba.
– Supongo que cuando la gente canta un estribillo, piensa en algo. Cada uno lo asimila como quiere –responde, entre risas, Alba.

Otra pregunta en torno al mismo tema: ¿Dicha deconstrucción se queda en un entorno cerrado o es inclusiva? “Antes íbamos siempre a sitios pequeños, de artistas. Ahora hemos dado un paso más allá. En los últimos conciertos en Madrid o Barcelona vimos hombres gays de 50, heteros jóvenes, chicas punkis. La recepción cada vez es mejor”.

“Qué bueno está esto”, revolotean las dos mientras acaban su desayuno con diamantes. Con un hilo musical que escupe pop nórdico de fondo y camareras –todas chicas– con una dirección que las obliga a ser excesivamente atentas. La conversación se acerca a su fin. ¿A qué aspira el proyecto ahora?

– Ya hemos conseguido lo que esperábamos. Lo que queríamos, lo tenemos: no queremos ser conocidas en toda España. Esto no ha llegado al gran público pero para ser un proyecto hecho para molestar, ha enganchado suficiente.
– Ahora aspiramos a entrar en sitios en los que no se puede: museos, instituciones… Molestar desde dentro. Basta de hacer la batalla desde fuera –destaca Carla.

Mientras recoge su bártulos, la misma Carla, que debe irse a trabajar, levanta la cabeza. Y matiza: “Lo que queremos ahora es destruir el escenario. Todo sigue siendo muy vertical en un escenario. Nosotros queremos una ‘roller party’, que todo dé vueltas. No puedes esperar siempre lo mismo de un concierto. Queremos romper las paredes”. Carla vuelva a las ansias del grupo de penetrar en la mente de la gente: “Mira, a las 5 de la mañana la gente está petada, quiere olvidar todo. Pero nosotras les colamos a Machado. [‘Caminante’, incluido en Oferta] Y bailan el poema como si fuera la ruta del bacalao. Eso es, en una discoteca, la máxima expresión de la cultura popular”.

El objetivo de Las Bistecs es que la cultura se filtre de una forma diferente. “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”, esa tiene que ser la frase que pendolee en la sesera del público al día siguiente de sus conciertos… Mientras se levantan con la boca como un cenicero, con resaca galopante. Con ganas de un croissant de chocolate y de un paracetamol.

“Lo malo es la gente que se cree muy seria. Porque acaban creando ironía involuntaria. Si proyectas algo tan sólido, en una sociedad tan líquida como esta, al final no eres creíble. Reírse de uno mismo acaba siendo humilde y honesto. Una actitud panfletaria no lleva a nada, lo pierdes todo”, concluye Carla que, ahora sí, se dirige al sablazo matutino –paso por caja– antes de dar por finiquitada la entrevista.

Yo no he consumido nada. Me gastaré las perras en una entrada para su concierto.

Porque, como decían de Lola Flores, igual Las Bistecsno saben bailar y no saben cantar… Pero no se las pierdan”.

Las Bistecs inician este jueves 9 de marzo en la sala Apolo de Barcelona una nueva gira que las llevará hasta Vigo, A Coruña, Madrid, Mallorca, San Sebastián, Bilbao o el Vida Festival 2017. Todas las fechas, aquí.

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