08/03/2017

Conozcan a la reina de la samba brasileña que actuará en el Primavera Sound 2017.

Debo confesar que no conocí la música de Elza Soares hasta que leí la excelente reseña que Philip Sherburne publicó en Pitchfork de su último disco, A Mulher do Fim do Mundo. En un primer momento, fue el desgarrador relato de la vida de tan poliédrico y cautivador personaje el catalizador para que decidiera adentrarme en sus canciones. Hoy, Día Internacional de la Mujer Trabajadora, creo oportuno dedicarle unas líneas a quien hace dos años, en una entrevista para The Huffington Post Brasil, dijo lo siguiente: “Usted sabe que el Día de la Mujer existe a causa de un incendio en una fábrica, ¿verdad? Más de un centenar de mujeres fueron quemadas hasta la muerte el 8 de marzo. Se resistieron y lo pagaron con sus vidas. Creo que hay que elogiarlo y hablar de ello toda la vida. Como reivindicación de la vida de las mujeres que todavía sufren y mueren de otras maneras. Tenemos que recordarlo por la lucha y la resistencia”. Criada en una favela de Río de Janeiro, todavía hay quien recuerda qué le respondió con solo trece años al músico y presentador Ary Barroso cuando, al participar en un popular concurso de talentos brasileño, este le preguntó de qué planeta venía por su físico endeble y la ropa andrajosa que llevaba puesta, robada del armario de su madre: “Del planeta hambre”, respondió ella, sin pestañear ante las carcajadas del público. Pero en la memoria colectiva también perdura otra frase que más tarde pronunciaría el mismo Barroso: “Señores, ha nacido una estrella“.

Por supuesto ganó dicho concurso. Era madre; necesitaba el dinero para alimentar y comprar medicinas para sus pequeños. A los doce años, su padre la había forzado al matrimonio con un hombre con quien tuvo varios hijos; uno lo dio en adopción, otro murió de hambre. Su marido, quien en una ocasión llegó a dispararle en el brazo por considerar que las cantantes eran prostitutas, falleció dejándola viuda a los 21 años, pero aun así Elza Soares mantuvo intacto su único sueño: cantar. Reconvertida en icono de la samba y la MPB, volvería a casarse años más tarde con Garrincha, famoso futbolista procedente de otro matrimonio y con hijos. Pese a que fue el amor de su vida, la relación no fue menos conflictiva por el alcoholismo del jugador, el maltrato físico que recibió de su parte, las duras críticas de una opinión pública que vio con malos ojos su relación y el posterior boicot a su música. La madre de Elza moriría poco después en un accidente de tráfico en el que Garrincha conducía ebrio, y del que por suerte Elza y su hija salieron ilesas. Finalmente, Soares abandonó al astro del fútbol después dée que este le rompiera los dientes antes de una aparición televisiva. Él moriría poco después de cirrosis, y su hijo en común correría el mismo destino en otro accidente de coche. Después de esto, Elza quedaría sumida en una profunda depresión y abandonaría Brasil, de donde ya había huído para exiliarse a Roma durante la dictadura militar de 1964. No regresaría al país para revitalizar su carrera musical hasta 1994.

A punto de cumplir los 80 años, Elza Soares es hoy una heroína nacional en Brasil. De voz ronca y vibrante, con una técnica de scat que ha llegado a ensalzar hasta el mismísimo Louis Armstrong, su biógrafo José Louzeiro ha llegado a comparar su contribución a la música popular brasileira con la de Bessie Smith al folk o la de Ella Fitzgerald al blues; canciones como ‘Só Danço Samba‘, ‘Mulata Assanhada‘ y ‘Aquarela Brasileira‘ fueron auténticos éxitos en su momento y forman hoy parte de un impresionante catálogo discográfico que hace convivir géneros como la samba, el jazz y la bossa nova. En A Mulher do Fim de Mundo, publicado en 2015, Soares se deja asistir por músicos de la escena independiente de São Paulo –entre ellos, Guilherme Kastrup, Celso Sim y Romulo Fróes, encargados de la dirección artística, y guitarristas como Kiko Dinucci, Rodrigo Campos y el citado Fróes– para firmar su trabajo más experimental hasta la fecha: en sus abrumadores once temas inéditos, sus rasposos fraseos son revestidos por elementos propios del noise rock que los envuelven de distorsión cruda.

El atípico álbum abre con ‘Coraçao do Mar‘, un poema modernista de Oswald de Andrade cantado a capela y musicado por José Miguel Wisnik, quien llegó a decir que para Soares cantar es como dar a luz a cada sílaba. Pero no todo es instinto y resignación maternal. En cada uno de los versos de ‘Maria da Vila Matilde‘, Soares afila sus garras contra la violencia machista que ha sufrido en su propia piel: “Te vas a arrepentir de levantarme la mano“. Dicha canción narra como una mujer maltratada amenaza a su marido agresor con denunciarle, hacerle desfilar bajo la mirada de los vecinos y humillarle ante su propia madre. Tampoco olvida Soares a otros colectivos oprimidos, y en otras de sus composiciones alza la voz contra el racismo, la homofobia y la transfobia. ‘Benedita‘, por ejemplo, es cantada desde la perspectiva de una tansexual sumida en una espiral de violencia y adicción al crack. Pese a su vida marcada por la miseria, el conflicto y la muerte, pese a haber visto morir a muchos de sus hijos –el quinto falleció hace apenas dos años–, la música de la reina de la samba está llena de vida. De hecho, tal es su energía que pese a los graves problemas de columna que le atacan desde hace algún tiempo podremos verla actuar, acompañada de su nueva banda, en la próxima edición del Primavera Sound. El tema homónimo del disco, que culmina con un grito gutural y sobrecogedor, revela el espíritu luchador de esta mujer invencible:

Hasta el final cantaré, yo quiero cantar,

quiero cantar, yo cantaré hasta el fin,

yo cantaré, déjame cantar hasta el fin.

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