05/03/2017

El fantástico debut de la camerunesa Lætitia Tamko, 'Infinite Worlds', conjuga intimidad, pertenencia y sobresaliente indie rock.

Lætitia Tamko es joven, mujer y negra, tres características perfectamente compatibles con hacer enormes canciones de indie rock que, sin embargo, todavía siguen poniéndotelo todo un poco más difícil en un mundo en el que la música de guitarras sigue siendo tan #SoWhite. Nacida en Camerún, emigrada a los Estados Unidos e ingeniera recién graduada en Nueva York, en cuya escena DIY empezó a abrirse camino hace algunos años, el interesante choque cultural de su propia vida no ha hecho sino beneficiar su amplitud de miras y enriquecer las influencias de sus intimistas composiciones. Y es que Vagabon se inspira tanto en la música tradicional y el folk africano que conoció a través de sus padres como en en los primeros artistas mainstream a los que empezó a escuchar de adolescente y las bandas indie a las que posteriormente tuvo acceso mezclándose con músicos de la eferverscente escena DIY neoyorquina. En Infinite Worlds, su debut largo de solo ocho temas –algunos de ellos actualizados con asombroso resultado a partir de Persian Garden, su EP de 2014– publicado hace apenas unos días por el exquisito sello californiano Father/Daughter, Tamko toca todos y cada uno de los instrumentos: desde la guitarra, el primero que cayó en sus manos cuando todavía iba al instituto, hasta el teclado, la batería y los sintetizadores.

Me siento tan pequeña / Mis pies apenas tocan el suelo / En el autobús, donde todos son altos“, canta Vagabon en ‘The Embers‘, corte de apertura de este nuevo disco que ya destacamos como nuestra canción de la semana a finales del año pasado. Anteriormente llamada ‘Sharks‘, en su reedición no la ha dotado de una producción excesívamente sofisticada; más bien es un pequeño himno de rock destartalado y rugiente, un grito emocional y directo. No es la única letra del disco que reflexiona sobre estos menesteres. “Muchas de ellas son sobre encontrar un espacio para mí misma, sea físico o emocional“, explica Tamko, preocupada por el escaso sentimiento comunitario de nuestras sociedades. “Me he estado escondiendo en el espacio más pequeño / Me muero por irme / Este no es mi hogar“, lamenta en la delicada ‘Fear & Force‘, una balada cercana al folk en la que la sublime Frankie Cosmos, compañera de escena y artista con la que comparte bastante afinidad estilística, aporta segundas voces. ‘Minneapolis‘, en cambio, es pura fuerza y caos: guitarras ruidosas, bajos estridentes y percusión desordenada. En ella, la camerunesa se inspira en un turbulento viaje en avión para descubrir que, al final, el hogar no es un espacio físico sino un estado mental, que puede encontrarse hasta en el lugar aparentemente menos familiar.

El disco cambia completamente de tercio en canciones como ‘Mai à L’aise‘, cantada completametne en francés, en la que Vagabon nos sorprende con sintetizadores, samples y voces procesadas en un experimento a medio camino entre el ambient y el dream pop. Y cuando parece que ya ha jugado todas sus bazas, en temas como ‘Cold Apartment‘ y ‘Alive and A Well‘ su voz llena de matices –tan alejada en rasgos de la que suele ser habitual en músicos afroamericanos, y más cercana en cuanto a registro a vocalistas como su admirada Mitski e incluso Dolores O’Riordan de The Cranberries– logra conectarnos con momentos de su propia intimidad de una forma poética e inimitable. La música de Lætitia Tamko, como su pseudónimo indica, evoca destellos de una vida errante, recuerdos de lugares y situaciones nebulosas de su historia, todo ello ligado a un sentimiento de validación, de crecimiento personal y de pertenencia a ese hogar que solo puede construir uno mismo.

Publicidad
Publicidad