06/02/2017

El veterano cantautor norteamericano y su banda cierran la novena edición del Ronda del Heliogàbal desplegando magia y comunión tanto lírica como instrumental.

Cass McCombs es un hombre de pocas palabras, pero también un maestro de la palabra. Así lo demostró (aunque alguien capaz de mantener el listón tan alto tras publicar nueve discos en poco más de una década tiene poco que demostrar) ayer en el Centre Artesà Tradicionàrius del barrio de Gràcia, donde como colofón de la novena edición del festival Ronda del Heliogàbal presentó su bellísimo último álbum, Mangy Love, acompañado de su banda. El llenazo se había anunciado días antes, y contrastó con una imagen muy distinta a la que un servidor recuerda del cantautor californiano durante la pasada edición del Primavera Sound. Si en esa ocasión (todavía sin nuevo disco bajo el brazo) el artista logró congregar a una legión de seguidores más bien escasa y, ya fuera por horario, tipo de propuesta o un sonido bastante deficiente, conectó entre poco y nada, con la velada de ayer pudo compensar la deuda que tenía pendiente con el público barcelonés. Y de qué manera…

Ante un público marcadamente adulto, McCombs dio inicio al concierto con el tema de apertura de su último trabajo, ‘Bum Bum Bum‘, que además de ser un clásico instantáneo de enorme gancho presenta una crítica mordaz al entorno sociopolítico occidental. A esta le seguiría otra de sus canciones estrella más recientes, la mágica ‘Opposite House‘, en la que todos sus músicos (su productor y bajista Dan Horne, un bateria y un pianista) trataron de emular los coros de la irremplazable Angel Olsen, que obviamente se echaron de menos, pero que se convirtió en uno de los puntos fuertes de la noche al culminar con un mágico espectáculo de sintetizadores a cargo del teclista. Sus fans de siempre agradecieron especialmente la inclusión de canciones de los discos anteriores que sonaron a continuación, y tanto la melancólica ‘Morning Star‘ de A Folk Set A Part (2015) como la luminosa ‘Brighter!‘ y una rugiente ‘Big Wheel‘ de Big Wheel and Others (2013), con un final más que electrizante, arrancaron entre ovaciones.

Mucho más lánguida y delicada sonaría ‘Medusa’s Outhouse‘, en la que el estadounidense demostró que el hecho de no tener una voz portentosa o excesívamente priviliegiada no está reñido con la versatilidad y la capacidad de emocionar. Casi como un lloro, su voz fluyó entre aportes psicodélicos, solos de guitarra y lo que por momentos se conviritó en una jam session instrumental que acabó de redondear una de sus letras más emotivas. Desprovista de sus vientos, ‘The Burning of the Temple‘ destacaría por un precioso pasaje de piano, mientras que la sofisticación funk y disco de su nuevo álbum regresarían con ‘In A Chinese Alley‘ y ‘Cry‘, momento casi bailable en el que Cass aportó hasta cierta dosis de teatralidad escénica. Pero sin lugar a dudas, el clímax de la noche llegó con un medley que cruzó ‘Dreams-Come-True-Girl‘ de Catacombs (2009) con una inesperada versión de ‘Witchi Tai To‘ de Harpers Bizarre. Tras el apoteósico final de esta no olvidaría su alegato feminista ‘Run Sister Run‘, inyectado de cumbia.

Llegados a este punto de abducción y comunión tanto lírica como instrumental, Cass McCombs se despidió recuperando la sosegada y enigmática ‘County Line‘ de su Wit’s End (2011), que de algún modo enlazó con el bum bum bum inicial. No se iría sin un bis efusivamente reclamado por el público, que no fue otro que la misteriosa balada que sirve de cierre para el reciente Mangy Love, ‘I’m A Shoe‘. Para deleitarnos con ella, pidió apagar completamente las luces de la sala, algo que nos sumergió todavía más en el hechizo de un cantautor que se postula, disco a disco, como uno de los grandes crooners norteamericanos de la canción del milenio, y que en el espacio idóneo y ante el público adecuado, como sucedió ayer, es capaz de conectar con su audiencia de una forma mucho más poderosa que la que logran algunas grandes bandas de rock que frecuentan festivales en los que a él le hemos visto naufragar. La deuda, desde ayer, está más que saldada.

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Foto. Pablo Luna   Conciertos
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