01/02/2017

Nos adentramos en la historia de ‘I See You’, el disco de la reunificación de The xx.

Fue al terminar de tocar por primera vez en público ‘I Dare You’, en el que suponía el retorno de The xx en directo ante millones de espectadores durante el Saturday Night Live del pasado 19 de noviembre. Oliver Sim, asintiendo con gesto serio e intenso, se planta a escasos centímetros de Romy Madley Croft mientras esta ejecuta uno de sus característicos solos, tan sencillos como francamente inimitables, y Jamie Smith lanza las últimas bases mientras se contonea desde su púlpito. Acaba la canción, los tres dibujan una sonrisa, y Oliver le da un beso en la mejilla a Romy.

La escena no desentona para nada en The xx. Es insignificante, de hecho. Desde que se convirtieran en trío poco después de publicar su primer disco, con la marcha (forzada por el resto de la banda) de Baria Qureshi, el grupo británico es una suerte de fortaleza inexpugnable, una unión casi sin fisuras entre Oliver y Romy, que se conocieron con solo tres años y han pasado prácticamente toda su vida juntos, y Jamie, que llegó algunos años después durante su etapa en la escuela secundaria Elliott, en la que también estudiaron Hot Chip, Burial y Four Tet. The xx son uno de los grupos del nuevo siglo que mejor han proyectado las luces y sombras de las relaciones amorosas, de la mano de un minimalismo instrumental oscuro y evocador, de las voces susurradas y combinadas de sus dos cantantes, y de unas letras lo suficientemente crípticas y desligadas de género para que cualquiera pueda encajar en ellas. También han sido un grupo cuyas dinámicas internas se han proyectado siempre de forma nítida y sana. O eso parecía.

Pero volvamos al beso. Sin ser inusual, sí esconde su cierta historia. La de un extenso capítulo que se cierra con la puesta de largo oficial y definitiva de su tercer disco, I See You, gestado durante cinco largos años. Y no solo es la culminación de la gestación del nuevo disco, el más vibrante y expansivo que el grupo ha firmado hasta la fecha, sino también de todo el vendaval generado desde la inesperada repercusión de su debut xx, que ganó el Mercury Prize de 2009 y vendió un millón de copias en todo el mundo… y les arrastró a un proceso de creación de cara al segundo disco, Coexist, mucho más turbulento y angustiante. Con I See You, The xx finalmente pasan página de su debut y por el camino sanan unas cuantas heridas.

Porque aunque las canciones de The xx hablen, en su mayoría, de relaciones pasionales y separaciones dolorosas, hay otro tipo de amor subyacente en todo lo que hace, dice y rodea al grupo: el que comparten Romy y Oliver.

Las dos canciones más importantes de I See You están al principio y al final. ‘Dangerous’ abre el álbum, como ya habrán escuchado una y mil veces, con el sonido más alejado a la ‘fórmula The xx’ que encontraremos en todo el disco, unos vientos eufóricos seguidos de una trepidante base de UK garage. La letra también ofrece una declaración de intenciones: “They say we’re in danger / But I disagree / If proven wrong, shame on me”. Dicen que estamos en peligro, pero me da igual, si me equivoco serás mi error favorito. Un mensaje sorprendentemente asertivo para tratarse de una banda que fundamentaba su discurso entre las declaraciones incondicionales de amor y, a la primera de cambio, las inseguridades.

Si en esta primera canción The xx le hablan al mundo (escudados en la retórica de una relación furtiva), en ‘Test Me’, canción de cierre, Romy le canta directamente a Oliver: “Just take it out on me / It’s easier than saying what you mean / Test me, see if I break”. Eso es, mejor págalo conmigo en vez de explicar lo que sientes. Una forma tan irónica como implacable de escenificar una tensión, la existente entre las dos vértebras del grupo, en diferentes momentos de los últimos años. Cuentan que la creación de Coexist, su reválida, fue extenuante, con el grupo encerrado durante meses en un estudio de Londres negándose a enseñarle nada a nadie (ni siquiera su propio manager) hasta que el disco estuviera terminado. Oliver ha explicado en varias entrevistas que el hecho de hacer un disco para alguien por primera vez supuso una losa enorme a nivel creativo, de modo que su respuesta fue ceñirse a lo que, creían, había gustado a sus fans: el minimalismo. Jamie lo explica perfectamente: “Con el primer disco, nunca hablamos sobre ello [el sonido minimalista]. Haciendo el segundo disco, quizá hablamos demasiado de ello”. La presión llegó a ser tal que, como cuenta este fantástico artículo de The New Yorker publicado en 2012, los miembros del grupo dejaron de hablar entre ellos, solucionando sus disputas creativas a través de Caius Pawson, su manager y responsable del sello Young Turks (división de XL Recordings). En un momento dado, Pawson exigió escuchar el disco, y al hacerlo lo dio por terminado. Habían capturado el momento por el que pasaba el grupo, dijo, y no podían dar más. De ahí que el resultado final fuera un trabajo tan criticado por su continuismo como por su parquedad, casi exagerada, a nivel instrumental (y, sin embargo y pese a todo, trufado de canciones colosales, desde ‘Chained’ a ‘Sunset’ pasando por ‘Swept Away’ y ‘Reunion’, piezas clave a la postre para entender el salto en solitario de Jamie xx).

Y es que The xx grabaron su primer disco de forma muy distinta: sin presión alguna, sin siquiera tener la certeza de que vería la luz. Caius Pawson, por aquel entonces un jovencísimo A&R (cazatalentos) londinense recién fichado por XL, descubrió el grupo en un concierto, y fue su madre (que le acompañó al verlos) quien lo empujó no solo a empezar a trabajar con ellos sino a hacerlo pacientemente. “Este grupo no nació preparado”, explicaba años después. Por lo que en vez de ofrecerles un contrato discográfico y un adelanto económico, algo que podía asustar a unos recién llegados, les proporcionó un local de ensayo y les dio otra cosa: tiempo. Para que desarrollaran su sonido, para que se formaran como grupo. El resto es historia.

Años después llegaría la gira de Coexist, que con la consolidación absoluta del grupo como estrellas a nivel mundial se alargó en exceso, llegando a un punto de fatiga que pasó factura en la relación entre sus miembros. “Hacia el final, tuvimos un par de giras donde, aunque estábamos juntos, no hablábamos demasiado. Hacíamos nuestro trabajo, y una vez el concierto terminaba nos íbamos a nuestras respectivas habitaciones”, se sinceraba Oliver recientemente. Romy también reconoce que tenían puesto “el piloto automático”. La distancia, tanto física como emocional, se hizo imprescindible.

De esa gira tan larga empezó a surgir In Colour de Jamie xx, cimentado en gran parte como un viaje a través de la música electrónica británica de los últimos años, algo que según el propio productor ha confesado fue uno de los motores creativos del disco. “Escuchar música que me recordaba a casa [mientras estaba de gira] era una buena manera de sentirme feliz sobre estar triste”. Jamie se alejó de The xx para adentrarse en su propio terreno, donde se permite “salirse por tangentes”. Romy, a su vez, se concentró en su relación sentimental con la artista y diseñadora Hannah Marshall (con quien de hecho se ha comprometido recientemente), lo que le dio una estabilidad emocional para detenerse por primera vez en años y procesar la pérdida de sus padres (especialmente la de su padre, que murió cuando ella tenía 20 años y estaba en plena gira del primer disco; su madre murió cuando tenía 11 años) y escribir una canción sobre ello, una conmovedora ‘Brave For You’ en la que la letra habla por sí sola: “And when I’m scared / I imagine you there/ Telling me to be brave” (y que gracias a la acertada producción ligeramente épica de Jamie xx no es tanto un canto a la gravedad de la pérdida como a la esperanza de la vida). Esa distancia fue, también, el inicio del descenso de Oliver, que sin proyecto artístico propio ni relación personal a los que dedicarse fue quien quedó más desubicado, máxime teniendo en cuenta el éxito que sus dos compañeros, cada uno en su terreno, estaban obteniendo.

No era envidia, me sentía orgulloso de Jamie”, confesaba recientemente Oliver sobre ese 2015 en el que su compañero y amigo publicó In Colour con una entusiasta recepción y lo presentó por todo el mundo. “Pero al mismo tiempo, yo quería eso. Yo y Romy queríamos eso. Queríamos volver a estar allí, en el escenario, sintiendo eso”. Fue durante ese 2015, dicen, cuando se se hizo evidente el alcoholismo de Oliver (explicado por primera vez en esta entrevista de Pitchfork) por la dificultad de reconectar con su vida anterior, algo que plasmó en la canción ‘Stranger In A Room’ del disco de Jamie xx, un corte nocturno y opresivo difícil de descifrar pero con imágenes significativas como la de sentirse un extraño en una habitación. “Las paredes eran altas“, explica Romy sobre su distanciamento con Oliver en esa época.

Fueron Romy y Jamie, sus mejores amigos, los que tuvieron que abordarle (cada uno por separado) para que tomara medidas, y los conciertos de la pequeña gira que The xx hicieron por Europa del Este el pasado mes de noviembre fueron los primeros (en toda su trayectoria) en los que Oliver estuvo sobrio. De ello también escribió una canción, otro de los temas emblema de los nuevos The xx: ‘A Violent Noise’, una experiencia catártica tanto por esos emocionantes crescendos instrumentales como por la franqueza de Oliver, que habla aquí de quedarse solo por no dejarse ayudar y de autoengañarse (“I’ve looked away, cowardice”). La tensión del tema nunca explota del todo, y adquiere tonos casi místicos cuando Romy le da la réplica con “Let a moment take place / Without running away / I hope you silence the noise” y la música se detiene cuando dice “noise”.

No es la única: en ‘Naive’, una canción que sorprendentemente ha quedado fuera del disco y relegada a bonus track, habla todavía más abiertamente sobre estar haciendo las cosas mal y optar por la ingenuidad, encima del sample de ‘Doing It Wrong’ de Drake que repite “That’s the wrong thing to do”; y ‘Replica’, probablemente la auténtica joya de I See You gracias a una sofisticada producción de Jamie xx que conjuga en un punto medio sus sinuosas bases líquidas con un paisaje que remite a los mejores The Cure, aunque a primera vista hable sobre repetir los errores de los padres, también podría interpretarse como un mensaje de Oliver (“Mirroring situations, accurate imitation / Do I watch and repeat?”), habida cuenta de que es muy reacio a hablar de su pasado (solo ha dicho que proviene de una familia desestructurada) y que al ser preguntado en una entrevista sobre si el tema es una confesión, reacciona con sorpresa reconociendo el atino del periodista en su interpretación.

No sería justo decir que I See You se basa solo en experiencias traumáticas, pero sí le aportan una profundidad necesaria. En muchos momentos es el disco más ligero y abiertamente disfrutable de The xx, gracias a que la experiencia de autolimitarse con Coexist había sido fallida. “Esta vez queríamos crear sonidos que tuviéramos ganas de escuchar”, han dicho ellos. Y por eso se levantaron las barreras, y se olvidaron de únicamente grabar sonidos que pudieran tocar en directo (norma 1) y de cantar lo que cada uno había escrito (norma 2). Prueba de ello es ‘On Hold‘, el primer single, en el que un estribillo explosivo a base de un sample colisiona con una letra que habla de una relación tóxica en la que el o la protagonista asume que la otra persona le esperará el tiempo que haga falta. Y se hace difícil leer “Now you’ve found a new star to orbit” y no pensar en las las expectativas y el distanciamiento vivido por los tres miembros de The xx.

Sea como sea, a esta apertura estilística seguramente también contribuyeron las primeras sesiones de grabación del grupo, en las antípodas de su Londres natal. Su manager se los llevó a grabar al diminuto pueblo de Marfa, en Texas (donde más tarde volverían para grabar el videoclip de ‘On Hold’), y les organizó una pequeña gira por el sur de Estados Unidos para que debutaran las nuevas canciones que iban escribiendo. Les animaba a que después de los conciertos no se alargaran demasiado y disfrutaran de los días y la luz, y les forzaba a que se enfrentaran a un público difícil con canciones que acababan de escribir. Seguramente fue aquí donde la luz empezó a colarse en las nuevas composiciones, al igual que esa seguridad y madurez que desprende todo el disco a nivel de sonido y (casi todo) discurso. Después llegarían las distintas sesiones en Los Ángeles y Reykjavik (Islandia), también enfocadas a esta nueva perspectiva como contrapunto a la asfixiante experiencia anterior.

Seguramente al influjo de esas sesiones (y a la experiencia de Romy en un “campamento de compositores” junto a productores de pop mainstream) debamos ese efusivo abrazo en forma de canción de amor que es ‘Say Something Loving’ (una de sus canciones más luminosas y afables), los ritmos caribeños de la sugerente ‘Lips’ (podría ser perfectamente de Caribou) y el descaro de ‘I Dare You’, el gran himno pop de este disco y probablemente su nueva canción emblema, que relata los escalofríos y el ritmo cardiaco acelerado que produce el deseo con una interpelación: “Go on, I dare you” (Atrévete, te reto).

Y luego está lo de Jamie Smith, claro. El genio a la sombra de The xx desde el principio, que tras empezar a asumir su rol en Coexist y reivindicarse definitivamente con In Colour ha adoptado un papel central en la evolución sonora del grupo, comandada claramente por él. No solo eso, sino que el papel de Jamie en este disco también pasa por haber encontrado su propia voz. Literalmente. Con el uso de los samples, el tercero en discordia de The xx aporta otra dimensión a las canciones. Donde en Coexist había espacio y silencio, en I See You hay retazos de otras voces y canciones, sintetizadores y beats. A la reinvidicación ochentera de Hall & Oates (‘I Can’t Go For That (No Can Do)‘ en ‘On Hold‘) y Alessi Brothers (‘Do You Feel It?‘ en ‘Say Something Loving‘) se le suma la extravagancia de David Lang (‘Just (Another Song of Songs)‘ en ‘Lips‘) y la sorpresa de Drake, que aparece magníficamente sampleado en esa ‘Naive‘ que al final ha quedado relegada a tema extra.

De alguna forma, Jamie es quien más dificultó el proceso de creación de I See You por sus idas y venidas debido al éxito de In Colour, pero al mismo tiempo esa distancia sirvió para que por un lado Romy y Oliver pudieran llegar a sus encuentros con canciones mucho más desarrolladas que en el disco anterior, y por otro lado que Jamie tuviera un bagaje creativo mucho más amplio para insuflarle su vida a los temas.

De esa separación y posterior reunificación surge también el nombre del disco. I See You significa “te veo”, te conozco en todos los sentidos, sé por dónde puedes salir. Pero también hace referencia, explica Romy, a la simple necesidad física de ver a ese amigo o persona especial cuando está lejos. Es su propio final feliz: “nos distanciamos y luego volvimos a juntarnos”. En todos los aspectos, también. “Es un concepto nuevo para mí”, reconoce Oliver en otra entrevista, “lo de tener que trabajar en una amistad”.

Y de vuelta al beso. En Nueva York, el 19 de noviembre de 2016, los tres juntos ante los ojos del mundo, tras acabar de tocar esa nueva canción que les puede llevar a la eternidad. Las sonrisas y el beso. El final de un largo camino y el comienzo de unos nuevos The xx. Romy, Oliver y Jamie: os vemos.

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