29/01/2017

El segundo disco de Julie Byrne, Not Even Happiness, descubre a la cantautora estadounidense como una de las voces más cálidas y serenas del folk actual.

Aunque Julie Byrne irrumpió en 2014 dentro la escena folk con su álbum Rooms With Walls and Windows, no ha sido hasta el lanzamiento de su segundo disco –el pasado 13 de enero– cuando la cantautora nacida en Buffalo (Nueva York) ha traspasado verdaderamente la línea del anonimato. ¿El motivo? El sonido iniciático, puro y encandilador de su debut encuentra en Not Even Happiness, su nuevo disco, una necesaria evolución, más madura y entera, donde el folk cálido y delicado de Byrne explora nuevas texturas, nuevos contextos y logra acariciar a cualquiera que se disponga a escucharlo. Un exquisito sonido que nace de un largo, tranquilo y paciente camino.

Para la cantautora norteamericana todo empezó en 2007, cuando su padre, diagnosticado de esclerosis múltiple, tuvo que abandonar su trabajo como cantante en bodas. Fue en ese momento cuando Byrne decidió iniciar su trayectoria musical en Chicago, tomando así el relevo de su padre. En esa época, Byrne había dejado el colegio y trabajaba para ganar algo de dinero, aunque aquello que realmente llenaba y ocupaba su mente era poder tocar con su amigo Jake Acosta, quien estaba directamente relacionado con la industria de la música y con algunos pequeños sellos discográficos. Fue entonces cuando la cantautora empezó a trabajar con sellos locales como Solid Melts y Teen River, entre otros, con los quien pudo grabar sus primeras canciones en solitario. De esta conjunción nació su primer lanzamiento en 2012, You Would Love it Here, un cassette de cinco temas que ya apuntaba la clara y transparente dirección de Byrne.

Desde entonces, la cantautora ha vivido aquí y allí –en Nueva Orleans, Seattle, Chicago, etc– y ha podido experimentar y encontrarse con su sonido folk. Un camino que la ha llevado hasta Not Even Happiness, un disco que explora cada uno de las paisajes y sitios donde ha estado, de la mano de un sonido atemporal, la alta sensibilidad narrativa de la cantautora y el mágico magnetismo que logra impregnar a cada uno de sus nueve temas.

Not Even Happiness es un rico y cuidado despliegue de un folk profundo, cercano y suave que, como ya apuntaban los singles de adelanto ‘Natural Blue’ y ‘Follow My Voice’, se mueve a través del fingerpicking de una guitarra acústica, de las delicadas líneas melódicas de su voz y de una construcción armónica basada en el dicho de ‘menos es más’. Y nos ha descubierto a una formidable cantautora que gustará a aquellos amantes de propuestas como las de Marissa Nadler, Jessica Pratt, Weyes Blood e incluso de los inicios de Cat Power.

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