20/12/2016

Los 30 mejores discos del año según la redacción de Indiespot.

DESCUBRE AQUÍ LOS MEJORES DISCOS DE 2016: DEL 60 AL 31.

CONSULTA AQUÍ LAS LISTAS DE OTROS AÑOS.

30. Weyes Blood – Front Row Seat To Earth

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Conlleva un cierto tiempo llegar a encontrarse tanto a nivel personal como, en este caso, a nivel musical. Y aunque Natalie Mering llegó a sorprender con su exquisito debut The Outside Room bajo el nombre de Weyes Blood, su proyecto en solitario, no ha sido hasta este cuarto disco, Front Row Seat To Earth, donde la cantautora de Portland parece haber encontrado el perfecto equilibrio entre su mensaje y su sonido. Con un repertorio de nueve canciones, en su mayoría baladas, y con la ayuda en la producción por parte de Chris Cohen (Deerhoof), Mering viste su punzante y transparente visión de la contemporaneidad de un hipnótico y lírico folk que evoca en ciertos momentos a la música clásica, al rock psicodélico y al folk-rock de los 60 y 70. Un sonido rico y solvente que encuentra en el dulce y carismático timbre de voz de Mering su punto más álgido y la mejor manera de narrar las dolorosas y actuales letras de la cantautora. A medida que el disco sigue su curso, uno se da cuenta de que Front Row Seat To Earth se convierte en un viaje atemporal y delicado al barroco universo sonoro de Natalie Mering. Un extenso paseo que recorre las delicadas y reflexivas entrañas de la actual Weyes Blood. (Raquel Pagès)

29. Savages – Adore Life

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Un disco sobre el amor desde las catacumbas del post-punk. No hay que ser muy perspicaz para deducir que Cupido lanza flechas envenenadas en la afrodisíaca premisa con la que Savages han compuesto su segundo trabajo. Inevitablemente este Adore Life es un disco más dulcificado que su predecesor, y que prescinde de la contundencia en los bajos de canciones como ‘City’s Full’ o la propia ‘Husbands’, aunque conservando la apuesta por el legado de Siouxsie o The Fall. Los londinenses se consolidan como una de las firmes apuestas del género con techo aún desconocido y lo hacen ampliando su espectro con protagonismo de guitarras y acentuados contrastes en ‘T.I.W.Y.G’ (quizá impregnados por el recuerdo de la colaboración con Bo Ningen), el devenir melódico de la excelente ‘Adore’ o el nostálgico adiós de ‘Mechanics’. La efervescente pasión de Savages poco tiene que ver con la que Caribou construyó su extraordinario Our Love. Jehhny Beth y los suyos a veces la transforman en ruda pornografía (‘Slowing Down The World’) y en otras la utilizan como dardo reivindicativo contra la iglesia y su influencia en la prohibición del matrimonio gay en Francia (‘Evil’). La entrega siempre requerida para aumentar las pulsiones de un idilio es el factor común que une este trabajo con el de Dan Snaith. (Carlos Marlasca)

28. Parquet Courts – Human Performance

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Dos aspectos convierten Human Performance en el intento más certero, pulido y versátil de Parquet Courts en sus seis años como banda. Por un lado, su marcada accesibilidad –aunque claro, venimos del enredado Monastic Living (2015), y aquí Andrew Savage, Austin Brown y los suyos siguen más bien la línea de Sunbathing Animals (2014)–. Aun alejado del easy listening –aunque he escuchado pocas cosas tan pegadizas como ese minuto y medio que es ‘Outside’–, la riqueza melódica de su americana punk alcanza aquí un estadio inédito sin renunciar a sus raíces, y mucho menos perder su nervio característico. Por el otro, apreciamos un cambio notable en cómo se intelectualiza su narrativa, que se muestra más sincera y vulnerable (“Busy apartment / no room for grieving / sink full of dishes and no trouble believing / that you are leaving”). El grupo parte de la recurrente escenificación que se da en las relaciones humanas posmodernas, pero también reincide en su habitual sensación de ansiedad y confinamiento, mental o espacio-temporal. La vida urbana, como en Content Nausea (2014), sigue siendo caótica y ruidosa. ‘Dust’, por ejemplo, es una metáfora de toda la suciedad y banalidad que nos rodea y nos distrae. Empieza sampleando el canto de los pájaros mientras Jeff Tweedy aporta sus trucos a la guitarra –grabaron parte del disco en su loft de Chicago–, pero cierra con las abrumadoras bocinas de la gran ciudad. Y luego hay la maravilla de larga duración ‘One Man No City’, o ‘Berlin Got Blurry’, recordándonos a ritmo de riffs de spaghetti western cuán aislados nos sentimos en una ciudad extraña, lejos de nuestra zona de confort. Respiros baladescos menos logrados (‘Steady On My Mind’, ‘Keep It Even’, ‘It’s Gonna Happen’) apaciguan el garage punk de más voltaje (‘Paraphrased’ y ‘Two Dead Cops’, sobre el asesinato de dos policías). En definitiva, Human Performance es un disco de inesperada simplicidad, pero que se torna en complejo y efectivo en su transcurso, y crece con cada escucha. (Max Martí)

27. The Range – Potential

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Ante ese ya fastidioso mantra que afirma que “en la música ya está todo inventado“, caben, al menos, un par de posturas: someter a todo aquello que llega a tus oídos por primera vez al (a menudo injusto) examen de la originalidad más absoluta o aceptar el asunto con naturalidad y aprovechar el gigantesco bagaje que hemos acumulado tras décadas y décadas de creación musical. James Hinton aka The Range, rara avis electrónica en un sello de tradición rockera o folkie como Domino, es de los segundos. Parece perfectamente consciente de que no inventa nada, casi literalmente, y eso otorga a su propuesta, mezcla de hip hop, neo-soul o UK garage, un aura de originalidad evidente. No es que su segundo álbum, el sinestésico Potential, esté inspirado en otros, es que, directamente, está construido por otros. Por desconocidos localizados y sampleados por Hinton durante interminables sesiones de “buceo” en YouTube (esto viene de esto otro, por ejemplo). Piezas ajenas, tanto vocales como instrumentales, que este productor con pinta de empollón estira, retuerce y deconstruye para formar un puzzle que, a pesar de todo, resulta personalísimo. (Víctor Trapero)

26. Moderat – III

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De dos grandes proyectos como ya eran Apparat y Modeselektor salió esta idea de unir el músculo de la pareja alemana con la voz aterciopelada de Sascha Ring, y la colaboración ha terminado por convertirse en un mastodonte implacable, casi con mayor importancia que sus respectivos factores (al menos actualmente). Ya con el primer disco saltaron a la primera división de grandes nombres, el segundo los llevó al público de manera masiva consolidando temas en el imaginario colectivo, y este año un tercero ha reventado las expectativas terminando de recolectar fans y dándoles justamente lo que buscaban. En lo puramente creativo, este III transmite una consolidación absoluta de la propuesta, en el buen y en el mal sentido: pocas sorpresas y un acomodamiento en una formula que no falla, que ya han hecho suya; pero también el refinamiento definitivo de un sonido que les pertenece, que mezcla el tono melancólico de las melodías vocales con las sofisticadas bases, cada vez más listas para el disfrute directo. Y si por el camino surgen nuevas joyas como ‘Reminder‘, ‘Ghostmother‘, ‘Finder‘ o esa monumental ‘Running‘, poco hay que achacarles. A la letra de esta última, especialmente, se le puede aplicar la filosofía Moderat: seguir corriendo, sin hacerse grandes preguntas, para no dejar de disfrutar. Que tampoco está mal. (Jordi Isern)

25. El Guincho – Hiperasia

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Solo el tiempo acabará dictando si la original iniciativa de El Guincho a la hora de publicar su nuevo disco –en formato wearable (a través de una colección de pulseras y sudaderas) y acompañado de un universo digital en constante expansión y actualización para los compradores– acabará imponiéndose frente al formato físico convencional o se quedará como un mero experimento. Pero sea como sea el tercer disco de El Guincho viene del futuro o, como poco, de otro planeta: es algo así como la antítesis de Pop Negro, su anterior álbum, tanto en forma (Hiperasia brilla por prescindir de melodías convencionales y por mezclar géneros sin cortapisas) como en contenido (escritas por el “yo malo” de Pablo Díaz-Reixa, que espeta desde “sé que te molesta ver cómo no me cuesta” a “pensabas que tu padre te quería, pero era broma”). Hiper Asia, el bazar chino de las afueras de Madrid que da nombre al disco, es a su vez una especie de universo paralelo de objetos innecesarios, colores flúor y organización delirante, y hasta cierto punto es la metáfora perfecta de Hiperasia, el disco: un trabajo de sonoridad indescriptible (con ecos de trap, dancehall, jungle, footwork y reggaeton), elementos técnicos imperceptibles (¿inútiles?) para el oyente medio (de la alteración constante de la voz a través del software Melodyne a la utilización de los canales mono y estéreo para ciertas melodías, ruidos y distorsiones a cargo del productor canario) y melodías aparentemente arrítmicas que conforman un disco extrañísimo de buenas a primeras. Pero que fluye maravillosamente gracias a su cadencia reposada y su apabullante uniformidad, y que a base de escuchas va revelando a través de sus infinitas capas un corazón sonoro muy puro, que hace que canciones como ‘De Bugas’, ‘Mis Hits’, ‘Stena Drillmax’ y por supuesto ‘Comix’ con La Mala Rodríguez acaben convertidas en ganchos irresistibles de un trabajo a la postre adictivo que suena distinto a casi todo lo que habrás escuchado este año y que puede que necesite varios años para ser valorado como merece. (Aleix Ibars)

24. DIIV – Is The Is Are

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DIIV es el pequeño lugar en el mundo de Zachary Cole-Smith, un adolescente problemático reconvertido a estrella del shoegaze que ha encontrado por fin su lenguaje y expresión natural. Is the Is Are es su segundo álbum: una antología de estilo que despeja cualquier duda sobre la estabilidad del proyecto, y una continuación más que satisfactoria de Oshin, su flamante debut en Captured Tracks. Su nueva entrega profundiza agotadora y casi dolorosamente en el género, escarbando una y otra vez la tierra a guitarrazos, sin concesiones ni aperturismos de ningún tipo. Pese a su extensa duración –17 canciones, 63 minutos–, el álbum resulta tremendamente compacto, como si cada una de las pistas fuera tan solo un elemento más del mismo sistema tormentoso. Un trabajo que presenta absolutamente todas las tonalidades del gris, desde las más brillantes –‘Out of Mind’, ‘Under the Sun’, ‘Is the Is Are’, ‘Healthy Moon’ o ‘Loose Ends’– a las más oscuras –‘Blue Boredom’, ‘Yr Not Far’, ‘Take Your Time’, ‘Mire (Grant’s Song)’, ‘Incarnate Devil’ o ‘Dust’–, pasando por un amplio abanico emocional idóneo para sacudirte la tontería de encima. La catarata de shoegaze no se para nunca, y Cole-Smith mantiene la cuerda siempre tensa. (Pablo Luna)

23. PAVVLA – Creatures

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This is my life, I’m happy and sad at the same time”. Así empieza con ‘Young’ el primer disco de Paula Jornet, PAVVLA, llamado Creatures. Paula es catalana, tiene 20 años, lleva trabajando de actriz desde los 13 y escribiendo canciones desde los 15. Y ahora, con 20, ha firmado uno de los debuts del año. En muchos aspectos, Creatures es el disco de una chica de 20 años, que captura ese vaivén emocional constante (en ‘Young’), el habitual desamor (“Now you don’t call my name when you need someone to hold”, ‘Winter’), esas ganas de comerse el mundo en ‘Guns’ (“Death is just a silly dream / It won’t ever happen to us”) y también un ligero dramatismo emo (“I’m going mad / My mind’s not a pretty place to be”, en ‘Tired’). Pero también es el de una gran artista en ciernes, que demuestra ya una envidiable solidez compositiva (‘Young’, ‘Should’ve Known Better’ y ‘Winter’ son canciones infalibles desde el primer momento, en la estela de la gelidez emocional de Daughter) y una ambición que le permite flirtear acertadamente con arreglos electrónicos (‘Tired’ y el vibrante final de ‘This Is Not A Movie’ abren el espectro sonoro del disco) e incluso explorar terrenos más etéreos (‘Planets and Stars’ y ‘For A Long Time’ son como dos sueños nebulosos de aroma circense), siempre con esa inocencia a la hora de abordar sus canciones que, voluntariamente o no, la aleja del cliché de cantautora frágil convencional. PAVVLA, escrito con dos v en vez de una u: vayan acostumbrándose al nombre. (Aleix Ibars)

22. Chance The Rapper – Coloring Book

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Que dice Chance the Rapper que está trabajando en su disco de debut. Que Coloring Book solo fue una nueva mixtape. Pues qué mixtape, hijo mío. Aunque estemos hablando de este formato por haber sido gestado completamente desvinculado de etiquetas discográficas –como el resto de sus referencias hasta la fecha–, Coloring Book es una de las grandes obras de hip hop de este 2016. Rebosante de espiritualidad y halo góspel, estamos ante un salto sorpresivo y personal del norteamericano, escoltado en su épica odisea por el partenón del rap y el R&B estadounidense casi al completo, con nombres como Kanye West, Future, Lil Wayne, 2 Chainz, T-Pain, Ty Dolla $ign, Jeremih y BJ the Chicago Kid, pero también dando entrada a la nueva hornada de talentos negros como el omnipresente Young Thug, la revelación Anderson .Paak y valores en auge como Lil Yachty, Saba y Noname. Incluso no duda en abrir la puerta a Justin Bieber y Francis and the Lights. Desde los fraseos arrolladores de ‘All We Got’ hasta la solemnidad de ‘Summer Friends’, pasando por la introspectiva catarsis postpsicotrópica que es ‘Same Drugs’ (“ya no nos metemos las mismas drogas que antes“), la aportación más bailable ‘All Night’ cortesía de Kaytranda o su declaración de amor a la música y la libertad con la contribución de la fantástica y reivindicativa Jamila Woods, ‘Blessings’, Coloring Book es el disco, perdón, mixtape, que nos hará creer en Dios. (Max Martí)

21. Junior Boys – Big Black Coat

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Jeremy Greenspan y Matt Didemus alcanzan la madurez absoluta que supone un quinto disco más inquietos que nunca. Como ese cuarentón que, tras una ruptura como la de Junior Boys con Domino Records (el sello que publicó sus cuatro primeros trabajos), cambia de colonia y se mete a runner. Aquel tufillo a rutina que dejó el simplemente correcto It’s All True (2011) se esfuma ahora con un Big Black Coat aventurero y variado, posiblemente influenciado por el trabajo en solitario de Greenspan y rumiado con calma. Junior Boys vuelven a abrir la boca casi un lustro después porque, efectivamente, aún tienen algo que decir. En un acto valiente y casi romántico, pasan del piloto autómatico, opción tentadora tras más de diez años de carrera, y añaden un buen puñado de colores a su paleta, hasta ahora copada por tonos grises. Su electrónica sobria y aséptica, ya casi marca registrada, muta en Big Black Coat y se arrima al footwork (‘You Say That‘), el tecno-pop más directo (‘Over It‘), el cosmic (‘What You Won’t For Love‘), el techno detroitino (‘M & P‘, ‘And It’s Forever‘) o el funk (‘Baby Give Up On It‘) sin que la cosa rompa nunca en refrito. Una riqueza entre la que, por puro contraste, sus habituales números nostálgicos y sedosos (‘C’mon Baby‘, ‘No One’s Business‘) brillan como nunca, como siempre. Bienvenidos de nuevo. (Víctor Trapero)

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