15/12/2016

Primera parte de nuestro repaso a los mejores discos que nos deja este año.

40. Mitski – Puberty 2

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El mejor ejemplo en años de que las apariencias engañan. Por la portada, por su título e incluso por el nombre de su autora, este álbum no parece en absoluto lo que es: un soberbio y lacerante trabajo personal basado en un tipo de rock crudo a través del cual se abre en canal Mitski Miyawaki, una joven trotamundos japonesa-estadounidense de 26 años que ya va por su cuarta publicación. Con Puberty 2 ha hecho suyo un espacio considerable en el espectro del rock femenino, colindante con las aristas y ciertas suavidades de St. Vincent –‘Happy’ y ‘Once More to See You’ respectivamente– y con el estilo de vaqueros desgastados de (la primera) Angel Olsen –‘Dan the Dancer’, ‘A Loving Feeling’–. Pero más allá de las coordenadas en las que se ha asentado con firmeza, Mitski se desnuda aquí mediante un discurso sincero en el que, de algún modo, relaciona el amor con la derrota y la felicidad con la soledad. Son ideas que planean entre guitarrazos siempre intensos, expuestas con especial brillo en la terna ‘Fireworks’ –“And then one warm summer night / I’ll hear fireworks outside / And I’ll listen to the memories as they cry, cry, cry” –, ‘Your Best American Girl’, una pieza monumental que podría sostener el álbum entero y dos más, y ‘I Bet on Losing Dogs’ –“I know they’re losing and I pay for my place / (…) I’ll be there on their side / I’m losing by their side”–. Aunque el disco pierde intensidad en el último tramo, los primeros seis o siete temas son una auténtica batería de intimidades bien vertidas, a cada cual más sorprendente. No se dejen engañar. (Pablo Luna Chao)

39. Preoccupations – Preoccupations

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Uno le da al play y de pronto está en un montacargas, bajando a la mina. Metro a metro más cerca de ese frío húmedo exudan las piedras negras, esas que no vieron nunca el sol. El rumor metálico del aparato tarda en extinguirse exactamente un minuto y cuatro segundos. Bienvenidos a la hipoxia. Matt Flegel suena a alcohólico, a viudo fumador de Ducados. A pendendiero. “With a sense of urgency and unease / Second-guessing just about everything / Recollections of a nightmare /So cryptic and incomprehensible / Encompassing. Anxiety”. Nos los vamos a pasar de puta madre, Matt. Si les suena el tema es porque Preoccupations no es exactamente una banda nueva: es el nuevo nombre de Viet Cong, que por cositas decidieron rebautizarse. Oscuros, densos, asfixiantes, Preoccupations saben asustar sin llegar a agarrarte por las pelotas como un Michael Gira, hasta casi obligarte a pausar. ‘Zodiac’ suena a Swans soñando con la radio. Una canción acojonante, con, de nuevo, una letra para agarrarse. “Loved in a dehumanizing way /But you can’t feel happy every day / Cease and desist on the thing that you insist / To be in a complete state of consciousness / It’s completely intolerable”. Pero en el fondo de estos temas industriales, de hormigón sucio y baleado, existe una luz extraña. Son letras jodidas de alguien que está jodido, pero que no se resigna. ‘Memory’, más de 11 minutos de tema en el corazón del disco, ejemplifica bien esta sensación. Arranca Matt gutural, grave, y cerca de la frontera de los 3:30 el tema pega un giro extraño y renace luminoso, en una escalada como diseñada por The War on Drugs pero comandada al micrófono por el inmenso Dan Boeckner. Tremendo tema y tremendo disco. (Daniel Boluda)

38. The New Raemon & McEnroe – Lluvia y Truenos

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Cuando las cosas funcionan, lo primero que a uno se le viene a la cabeza es no cambiar nada y dejar que la fórmula siga dando sus frutos. Es en esos momentos cuando se agradecen propuestas como la de Lluvia y Truenos, donde, lejos de conformarse con sus proyectos en solitario, Ricardo Lezón (McEnroe) y Ramón Rodríguez (The New Raemon) unen sus talentos para dar vida a este primer disco conjunto. ¿El resultado? Un catálogo de doce canciones donde la naturaleza –la lluvia, los truenos, las montañas, etc– se funde con los intensos sentimientos cotidianos, tomando como telón los medios tiempos, las melodías punzantes y una atmósfera algo brumosa que parece inundar gran parte del disco. Dejando constancia de la perfecta sincronía entre ambos, construyendo algo parecido a un pequeño cosmos formado por la armonía entre las letras y las armonías, The New Raemon y McEnroe toman el riesgo y lo superan con creces. Esperemos que este solo sea el primer tomo. (Raquel Pagès)

37. The Last Shadow Puppets – Everything You’ve Come To Expect

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Mantener el listón tras un debut tan extravagante y redondo como el de The Age of The Understatement no es tarea fácil. Pero, tras ocho años de espera, el tándem formado por la carismática pareja de Alex Turner y Miles Kane regresa con un Everything That You’ve Come To Expect que genera dudas sobre si llega, o no, a cumplir las expectativas generadas. Construyendo el álbum a base de un pop elegante y retro con ciertos matices rock y soul, Turner y Kane retoman y exploran de nuevo su sensual e hipnótico sonido. Una nueva apuesta que encuentra un interesante camino en la exquisita ‘Miracle Aligner‘ y en la eterna balada ‘Sweet Dreams, TN‘ pero que parece perderse en algunas de las canciones restantes del disco, donde el famoso dúo inglés pierde un poco el fuelle a nivel de composición en comparación con su debut. Aún así, Everything That You’ve Come To Expect no deja de ser un disco notable, con una producción envidiable y canciones que hipnotizan. Pero, inevitablemente, uno se plantea si estos ocho años de espera han sido para bien o para mal. (Raquel Pagès)

36. Blood Orange – Freetown Sound

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Aunque ya parece haberse encontrado definitivamente, por sus habituales cambios de disfraz (entre 2005 y 2011 pasó del dance punk que practicaba con los fugaces Test Icicles al folk estridente de Lightspeed Champion y de ahí a reformularse a sí mismo como Blood Orange) y su gusto por poner voces ajenas a cantar sus canciones, podría pensarse que Dev Hynes es de los que se esconde, pero ni mucho menos. A menudo aprovecha su estatus para posicionarse en torno a temas que le preocupan o que ha sufrido en sus propias carnes: es hijo de inmigrantes africanos y caribeños y hace un par de años denunció trato racista por parte de la seguridad de un aeropuerto alemán. Ese charco, el de la xenofobia, es solo uno de los muchos en los que Hynes se empapa a lo largo de Freetown Sound, su tercera entrega como Blood Orange. Otros son el papel de la mujer en el mundo actual (aquí, desde luego, es capital: Debbie Harry, Empress Of, Carly Jae Rapsen y Nelly Furtado protagonizan algunos de los mejores momentos) o la causa homosexual (Hynes adelantó su salida para hacerlo coincidir con el Día del Orgullo Gay). Todo ello cuece en un personalísimo disco-manifiesto, más llanto desesperado que grito rabioso, que resulta terriblemente oportuno. Con el atentado de Orlando y los últimos capítulos de violencia racial en Estados Unidos aún frescos, Hynes, como Beyoncé o Kendrick Lamar poco antes, pone la lupa donde toca. Alza la voz, aunque sea a través de otros (u otras, más bien), durante 17 cortes que, casi literalmente, forman un todo: las pausas entre uno y otro son mínimas o, directamente, inexistentes. Una hora sedosa, levantada en colores pastel, que, en lo estrictamente musical, continúa definiendo un lenguaje ya sumamente característico a pesar de referentes evidentes (alguno, como Michael Jackson, presente desde la portada), clave para entender el pop del siglo XXI. Y, sin embargo, Hynes no se conforma con eso. Su lucha es otra. Y nosotros, aunque sea con un poquito de remordimiento, bien que la disfrutamos. (Víctor Trapero)

35. Andy Shauf – The Party

The Party es tanto un ejercicio musical como un experimento narrativo. Andy Shauf, con esa pinta lánguida como de Gollum arreglando, ejerce aquí de observador en un guatequillo casero. Si se bailase al son de sus canciones, debería ser forzosamente en una casa de nivel. Decorada con maderas oscuras, alfombas recién aspiradas, perfumada quizás con inciensos discretos, adornada con flores en colores pastel. Podría ser acaso un duplex de zona acomodada, de joven empresario con ambiciones y un Golden Retriever. Vino blanco suave, canapés sedosos de los que no manchan, chicas de largo con recogidos de peluquería. Si algo define la musica de Shauf es la elegancia. La instrumentación es frondosa pero discreta. Es un jardín botánico de teclados, guiarras, baterías, vientos y cuerdas. Todo ordenadito y con sus nombres en latín. Las letras aquí son retratos de personajes y situaciones, todos en esa fiesta imaginaria que es el disco. Y con toda la limitación que supone el ejercicio de ficción, sale redondo. Una joyita. (Daniel Boluda)

34. Kaytranada – 99,9%

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Además de ser chulísima, posiblemente una de las mejores del año, la portada ideada por Ricardo Cavolo para el primer largo de Kaytranada, 99.9%, dice mucho de lo que guarda en su interior. Primero, por su desbordante colorido, prolongado después a lo largo de sus quince cortes, que se desparraman en todas direcciones, absolutamente incontenibles. Segundo, por la imaginería religiosa y las referencias caribeñas, que conectan con los orígenes haitianos del músico. A pesar de que su fusión de funk, hip-hop, house y r&b es puro 2016, 99.9% es un disco que mira al pasado. Efectivamente, a las raíces del propio Kay, pero también a la época dorada (la década de los 90s) de esos estilos. De todo ello se nutre el ahora residente en Montreal para entregar un resultado callejero y elegante al mismo por el que desfilan voces de altura: Anderson .Paak, AlunaGeorge, Craig David, Little Dragon… Esa enorme lista de invitados permite a Kaytranada mantenerse en la posición que más le gusta, la que le valió un nombre en Soundcloud a golpe de remix: la de productor. (Víctor Trapero)

33. Manel – Jo Competeixo

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Hasta cierto punto, Manel siguen disfrutando de su inmenso éxito a pesar de sí mismos. Me explico: es evidente que en 2008 dieron con las teclas adecuadas en su célebre debut, y su éxito masivo se debe en gran medida a aquellas 12 canciones. Desde entonces, el cuarteto catalán ha decidido transitar por la vía difícil, la de la evolución, la de no repetirse aunque ello les haga alejarse completamente de lo que les hizo triunfar en primera instancia: desde la arriesgada ausencia de estribillos de 10 milles per una bona armadura (segundo disco) hasta la ambición melódica de Atletes, baixin de l’escenari, que a pesar de contar con hitos como ‘Mort d’un heroi romàntic’, ‘Teresa Rampell’ y ‘Ai, Yoko’ acabó quedándose a medias. Pero todos esos pasos son imprescindibles para entender Jo Competeixo, el que sin duda es su disco más completo e inspirado, en el que tanto se permiten jugar con el rock de estadio (‘Les cosines’) como con los ritmos latinos (‘La Serotonina’, ‘Sabotatge’), sus ya características baladas épicas (‘Arriba l’alba a Sant Petersburg’, ‘Temptacions de Collserola’, esta vez más baladas y más épicas) o las golosinas melódicas (‘Cançó del dubte’, ‘L’espectre de Maria Antonieta’). Por no mencionar, una vez más, la catarsis de ‘Jo Competeixo’, una montaña rusa de ocho minutos en la que se permiten despojarse definitivamente de cualquier concepción pasada de lo que había sido Manel y se entregan a una carrera (nunca mejor dicho) por el pop electrónico pasado de vueltas y la cadencia hip hop con frases implacables que marcan un punto de inflexión ineludible, tanto a nivel musical como lírico, en su carrera. Ganadores. (Aleix Ibars)

32. Hamilton Leithauser + Rostam – I Had A Dream That You Were Mine

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Nunca sabes de dónde saldrá algo bueno. Ante la desaparición definitiva de The Walkmen y la ausencia temporal –pero que se está haciendo eterna– de Vampire Weekend, la unión de Hamilton Leithauser –cantante de los primeros– y Rostam –uno de los motores creativos de los segundos– aparece como una bendición inesperada. Después de haber tanteado el terreno con un par de canciones co-escritas en el debut de Leithauser de 2014 (Black Hours), los dos músicos se funden completamente en un álbum colaborativo hecho a medias en el que se aprecia lo mejor de sus talentos: la voz agrietada y pasional de Leithauser y un poderío interpretativo le va que ni pintada a la versatilidad instrumental de Rostam. I Had A Dream That You Were Mine mira más hacia atrás que hacia delante en lo que a influencias se refiere (del delicioso folk bobdyliano de ‘In A Black Out’ a la balada soul ‘When The Truth Is…’ pasando por la monumental canción de apertura ‘A 1000 Times’, en la mejor tradición de la americana, o la orquestal ’1959’ con la angelical Angel Deradoorian), pero lo hace con tanto acierto que no importa. Esto suena, al final, a un disco hecho desde y por el amor a la música, una colección de canciones sin demasiadas pretensiones que da la sensación de haber brotado sola, haciendo disfrutar por el camino a sus creadores y a nosotros, los oyentes. ¿Y no se trata de eso? (Aleix Ibars)

31. PJ Harvey – The Hope Six Demolition Project

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En sus comienzos Polly Jean Harvey destapaba sus esencias punk y bramaba desgarrada en su celebrado Rid Of Me. Pero el paso del tiempo calma las almas, aunque en el caso de la británica la evolución la ha conducido a una suerte de sacerdotisa espiritual, y la coincidencia del apelativo con el de Patti Smith no es una casualidad. Como hizo con su anterior Let England Shake, busca golpear las conciencias, recordando los barrios más marginales de Estados Unidos con la canción ‘The Hope Six Demolition Project’ que da nombre al disco o la lacerante situación en Afganistán con ‘The Ministry of Sound’, primer hit que se encuentra en el álbum. Lo que antes fue Reino Unido, ahora es Estados Unidos y, aunque un escalón por debajo de su inmediato predecesor, PJ Harvey logra un catálogo excelente. Con un mensaje transparente, al igual que la grabación del disco que se hizo en la Somerset House de Londres de manera que cualquier pudiera vislumbrar el proceso de grabación, la contundencia de las letras está acompañada de la suavidad instrumental que marca su reciente devenir. Al igual que en ‘The Glorious Land’ o ‘The Words That Maketh Murder’, los coros juegan un papel fundamental en temas como ‘The Orange Monkey’ o ‘Chain of Keys’. Y, de nuevo, un despliegue instrumental mayúsculo para conformar un disco cuyo intimismo se rompe con canciones como ‘Near The Memorials To Vietnam and Lincoln’, la excelente ‘Medicinals’ o los guiños blues de ‘The Ministry of Social Affairs’, y en el que destacan las percusiones marciales y los brumosos vientos con los que PJ Harvey vuelve a reivindicar sus virtudes instrumentales. Después de sus dos últimos largos, su estatus privilegiado le exige sumergirse en nuevas aventuras. Y es más que probable que salga victoriosa manteniendo su condición de inmaculada diva. (Carlos Marlasca)

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