14/12/2016

Empezamos el repaso a los mejores discos del año.

Un año más, aquí empieza todo. Repasamos un año de música con un puñado de listas, y la primera de ellas recoge lo que ha quedado fuera de ellas. Cada miembro de la redacción de Indiespot ha escogido un disco que finalmente no ha tenido su espacio en el top definitivo pero que no merece caer en el olvido. Un año más, la lista más variopinta y apasionada de todas. Allá vamos.

CONSULTA LAS LISTAS DE OTROS AÑOS AQUÍ.

A Tribe Called Quest – We got it from Here… Thank You 4 Your service

(Escúchalo en Spotify)

2016 ha sido un año convulso en múltilples sentidos. Tanto en un plano sociopolítoco internacional marcado por el resurgimiento de cierta intolerancia que creíamos superada como, en lo que aquí más nos afecta, por la pérdida de algunos de los talentos musicales más refulgentes de las pasadas décadas. Phife Dawg, miembro de la banda de rap de los noventa A Tribe Called Quest, es una de ellas. Pero no todo son motivos para la desesperanza: si estos ases del hip hop han podido culminar su largamente prometida reunión final con un sexto disco como We got it from Here…, decididamente todo tardará un poco más en irse a pique. Dieciocho años ha tardado en materializarse, pero contra pronóstico, sus canciones no rezuman ni un ápice de nostalgia; sin renunciar a todo lo bueno de lo clásico y la instrumentación orgánica, enfrentan retos de vanguardia que las hacen sonar tremendamente actuales –escoltadas por genios como Kendrick Lamar, André 3000, Consequence, Jack White y Anderson .Paak– y, en el plano social del que hablábamos al principio, sus rimas representan el mejor antídoto contra el auge de las actitudes más fanáticas e intransigentes: “All you mexicans, you must go / and all you poor folks, you must go / muslims and gays, boy we hate your ways“, canta Q-Tip como si las palabras fueran armas de doble filo en ‘We The People’, uno de los himnos del año. Y qué ilusión ver a toda la tribu reunida y logrando tanta sinergia en canciones como ‘Dis Generation’, con la que homenajean el estado actual del rap y en la que, además de compenetrarse más que nunca Q-Tip, Jarobi y su compa Busta Rhymes, Dawg se asoma desde ahí arriba. Gracias chicos, por vuestro servicio sanador contra los tiempos que están por venir. (Max Martí)

Conor Oberst – Ruminations

(Escúchalo en Spotify)

El tiempo para este sábado en Omaha, Nebraska, se espera un poco jodido: máximas de -10ºC y mínimas de -22ºC. Un invierno duro, vaya. Equiparable al del año anterior, suponemos, cuando Conor Oberst se metió en casita a cantar. “El invierno en Omaha puede ser paralizante para una persona, pero en este caso funcionó. Simplemente me quedaba hasta tarde cada noche tocando el piano y mirando la nieve acumularse al otro ado de la ventana. Cuando quise darme cuenta había quemado toda la leña que tenía en el garaje y tenía canciones más que suficientes para un disco. Las grabé rápido para que quedasen registradas y luego sentí que debía publicarlas así”. De nuevo el mito de la cabaña, la soledad y el invierno: bendito tópico en ciernes. Conor se reencuentra aquí con el compositor folk que fue, con el cantante hiriente que se nos metió bajo las mantas con I’m Wide Awake, It’s Morning. Es Ruminations un disco austericida, tan desnudo que las canciones tienen que aguantar sobre sus propios huesos de piano, ceniza y guitarra, sin apenas una armónica que les haga de tendón. No les hace falta. Más que mortecinas, lucen delicadas. Frías por fuera, cálidas por dentro. No crean que hay muchos ahí fuera capaces de una ‘Barbary Coast (Later)’, con esa melodía de pelo de marta; o de ese rock and roll de bañera de hotel que es ‘A Little Uncanny’. Este disco es un regalo. Quizás una estrella fugaz en una carrera que parecía amortizada. Ojalá no. De momento, yo me pongo los cascos, me meto debajo del nórdico y que me despierten en primavera. (Daniel Boluda)

Emma Louise – Supercry

(Escúchalo en Spotify)

En tiempos donde las grandes producciones reinan y donde abunda lo barroco y lo superficial, por suerte siguen apareciendo, aunque sea con menor repercusión mediática y pasando algo desapercibidos, artistas como Emma Louise, una cantautora australiana que sorprende por la elegancia, la sencillez y la verdad de su sonido. Tras debutar con Vs Head Vs Heart y darse a conocer con su single ‘Jungle, Emma Louise da un paso adelante en su carrera con Supercry, su segundo disco hasta la fecha, donde su madurez y su admirable sensibilidad se encuentran para dar como resultado un disco más que sobresaliente. En esta ocasión, la cantautora demuestra su valentía al desnudarse ante nuestros oídos, mostrándose vulnerable en todo momento y hablando sin tapujos y con una absoluta franqueza sobre sus inquietudes y sobre aquellas cosas que han protagonizado sus últimos tres años de vida: el deseo, el amor, el desamor, la belleza y la nostalgia. Sentimientos convulsos e intensos que encuentran su mejor embalaje en un pop de bajas revoluciones enriquecido a base de delicados sintetizadores, suaves guitarras y un cálido, vibrante y tierno timbre de voz de Emma que logra hipnotizar en cada una de las melodías que se propone, despuntando, sobretodo, en el exquisito y pegadizo ‘Underflow‘.  Lejos de querer construir algo artificioso o extravagante, la cantautora de Brisbane se alza con un disco que brilla por sí solo, por su honradez y por su franqueza. Y porque, aunque suene muy tópico, a veces menos es más. (Raquel Pagès)

Francis And The Lights – Farewell, Starlite!

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Farewell, Starlite! tenía que ser el disco que diera a conocer definitivamente –y de paso confirmara– a Francis Starlite, conocido artísticamente como Francis And The Lights. 10 años de carrera, un puñado de EPs y un ecléctico primer disco publicado en 2010 habían mantenido en un relativo ostracismo a este californiano que, sin embargo, ya contaba con un currículum de colaboraciones envidiable: había girado con Drake y contribuido en dos de los discos clave de 2016: Coloring Book de Chance The Rapper y Blonde de Frank Ocean. Por eso la expectación ante Farewell, Starlite! era alta, máxime cuando el single de avance era nada menos que ‘Friends’, esa dulce oda a la amistad (¿al rechazo amoroso?) que cuenta con la voz de Bon Iver, con los coros de Kanye West, con el baile del año, y con el implacable veredicto de Kanye: “mi canción favorita de este año”, dijo. Es precisamente este himno de r&b meloso con Auto-Tune lo mejor y lo peor del disco, ya que lo eleva por el hecho de contener una canción así, pero al mismo tiempo lo lastra por no poder igualarla en ningún momento. Y no es que no tenga otros grandes momentos: el desgarro sintético de la inicial ‘See Her Out (That’s Just Life)’ es realmente emocionante, el homenaje ochentero de ‘May I Have This Dance’ enamoraría al propio Justin Vernon, y ‘My City’s Gone’ es una tierna balada (en la que vuelve a colaborar Kanye West) a la altura del mejor Patrick Watson. Lástima que algunos trucos sonoros se repitan en exceso, y que flojee en las letras de canciones como ‘Running Man / Gospel OP1’ (“You really gave me a run, Forrest”) o ‘Comeback’ y ‘Can’t Stay Party’ (ambas sobre fiestas, con un punto demasiado juvenil), porque cuando las piezas encajan, como lo hacen por ejemplo en el conmovedor final con ‘Thank You’ (grabada con un iPhone en el salón de Justin Vernon, y co-escrita junto a Chance The Rapper), Francis And The Lights sí alcanza todo el potencial que se intuye en él. (Aleix Ibars)

Minor Victories – Minor Victories

(Escúchalo en Spotify)

Una de las mejores noticias hasta ahora de 2016. Solo la unión de Mogwai (Stuart Braithwaite) y Slowdive (Rachel Goswell) podría explicar la construcción de un rock de tal calibre: sutil, pero increíblemente poderoso; profundo y nostálgico, pero extraordinariamente esperanzador. Una especie de actualización del shoegaze británico bajo la tutoría de las mareas incontenibles y emocionales del post-rock instrumental, pero siempre con el faro de la firme y dulce voz de Goswell como referencia en el horizonte. Artístico, luminoso desde el ángulo propio del romanticismo más maduro, y abiertamente narrativo, Minor Victories es un disco que revuelve algo grandioso y trágico en el oyente, inyectándole una especie de energía de lucha renacentista al estilo del ave Fénix. Sobre todo desde piezas como ‘Breaking My Light’, ‘Scattered Ashes (Song For Richard)’ y ‘Folk Arp’, de una increíble e intensa belleza, pasando por torbellinos emocionales como la inaugural y desafiante ‘Give Up the Ghost’ o la vibrante ‘A Hundred Ropes’, epicentro conceptual del álbum, hasta ese final monumental y purgante de ‘Higher Hopes’, donde las guitarras al estilo Mogwai terminan alzando el vuelo. A la impecable instrumentación, además, hay que añadir unos arreglos de violín tremendamente efectivos: un envoltorio de elevada dignidad que sirven para mantener vivo el rescoldo de las grandes esperanzas. Ojalá esta nueva unión no se separe nunca. (Pablo Luna)

Miranda Lee Richards – Echoes Of The Dreamtime

(Escúchalo en Spotify)

En el año en que Bon Iver ha incrementado el número de máquinas que filtran su universo, el mismo que ha supuesto el despegue quizá definitivo de Angel Olsen, a la espera de que Julien Baker confirme las expectativas, de que Courtney Barnett lance otra bofetada o de que Fiona Apple emprenda una actividad más atractiva que la de atacar a su flamante presidente al son de un villancico , ¿por qué no reivindicar un disco que abruma desde el clasicismo? Lo que ha hecho Miranda Lee Richards con su Echoes Of The Dreamtime, paradójico nombre para un disco con portada digna de los mejores Jethro Tull, es actualizar una época que, comparaciones al margen, se puede considerar como una sucesión de instantes memorables. Más allá de la extraordinaria ‘First Light Of the Winter’, la alumna de Kirk Hammett y emuladora de Mazzy Star ha elaborado un disco preciosista sin pretensión alguna, con intensos arreglos fácilmente palpables en la orientalizada ‘Julian’, producción cristalina y sin cruzar nunca la delgada línea que separa lo estimulante de lo melifluo. Los ecos a la tradición que el año pasado desprendía el sobresaliente Have You In My Wilderness de Julia Holter pasan ahora a ser el argumento principal con la trascendencia lírica como único factor común entre ambas joyas. Joan Baez podría tocar ‘It Was Given’ en la época dorada del Greenwich Village neoyorkino sin despertar sospechas de sería compuesta décadas más tarde. Son ocho composiciones deliciosas que componen un disco sin fisuras con el ineludible encanto de lo añejo. (Carlos Marlasca)

Noname – Telefone

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“I thought I was gone write a rap”, dice Noname, nuevo eslabón de la interminable cadena de música negra made in Chicago, en el arranque de ‘Freedom (Interlude)’. Como si, a toro pasado, hubiera entendido que a Telefone, su última mixtape, le queda muy pequeña una etiqueta como “rap”. También “hip-hop”, “soul”, “jazz” o “r&b”. No es ni lo uno ni lo otro, sino todo al mismo tiempo. Es injusto intentar poner límites a un álbum (porque lo de “mixtape” también le viene corto) que se dispara en infinitas direcciones, exuberante y riquísimo a pesar de su sencillez formal. Los elementos se amontonan (coros, sampleos, arreglos) y, sin embargo, el resultado avanza ligero como una pluma. Por encima de todos ellos, la voz de Noname, relajada y fluida, siempre cercana al spoken word, posible herencia de los años que pasó en su adolescencia escribiendo poesía y recitándola en público (incluso brillando en algún slam). Como Solange o Jamila Woods, Noname también ha sido altavoz del sufrimiento negro en 2016, aunque en su discurso no hay demasiado espacio para la ira. Los diez cortes de Telefone, que pasan volando, dejan un aroma de esperanza, casi de fe en lo que está por venir. Ese optimismo se contagia, aunque ella lo va a tener crudo: superar la cima que ya marca Telefone no será poca posa. (Víctor Trapero)

Tourist – U

(Escúchalo en Spotify)

Lo cierto es que Tourist no es un nombre nuevo por aquí. Varios EPs y singles lo avalan, y el verano pasado con ‘Holding On‘ tuvo ese aire de “novedad de la temporada”, que debía explotar con este largo debut en 2016. No ha terminado de ser así, y U se ha quedado como un pasito más adelante, pero no el gran salto. Cuenta con grandes temas como ‘To Have You Back‘, o la housera ‘Waves‘, pero son demasiado exigentes para el público que le seguía, y terminados con demasiada brocha gorda para los clubs. Su pop sintético sigue creciendo hacia muchas direcciones, tanto hacia la oscuridad más opaca sin apenas vocales, como hacia cortes evolucionantes como la maravillosa ‘Run‘ –este sí, uno de los temas del año– pero sin un sonido del todo definido, a veces demasiado disperso. Se queda como una colección de un par de singles entre algunos cortes no tan afinados. Seguiremos detrás de él hasta que Tourist llegue a encontrar su destino. (Jordi Isern)

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