30/11/2016

Natalie Mering presenta su sobresaliente nuevo disco, 'Front Row Seat to Earth', hoy en Barcelona (Sidecar) y mañana en Madrid (Siroco). Horas antes, conversamos con ella.

Nacida en Santa Mónica, California, Natalie Mering es una cantante, compositora y exploradora de sonidos que, tras una década operando bajo el alias Weyes Blood –nombre inspirado en el título  de la primera novela de Flannery O’Connor–, vive hoy su momento más álgido. Y es que Front Row Seat to Earth, su nuevo disco publicado por Mexican Summer el mes pasado y una continuación al EP Cardamom Times (2015) y dos álbumes tan notables como son The Outside Room (2011) y The Innocents (2014), representa un claro hito en su trayectoria al realzar todas las virtudes que uno podía empezar a vislumbrar en sus composiciones hasta la fecha: una voz solemne y atemporal, redondez melódica, letras arquetípicas sobre el desamor y la distopía, el aroma clásico de las radios AM y un estilo que, como si de un cuadro impresionista se tratara, añade pinceladas de su pasado en la escena noise de Filadelfia y una sutil paleta drone a unas directrices que se mueven entre el folk de los setenta y el pop de cámara. Antaño bajista de la banda Jackie-O Motherfucker, y más recientemente colaboradora de artistas amigos como Ariel Pink, Mild High Club, Drugdealer y Chris Cohen, hoy mismo ha sido confirmada en el cartel del Primavera Sound 2017.

Horas antes de su concierto en la sala Sidecar de Barcelona, que tendrá lugar hoy a partir de las 21:00h como parte de una gira europea que mañana, a eso de las 00:00h, también se detendrá en la sala Siroco de Madrid, hemos podido conversar un rato con ella sobre el disco que presentará en directo y su proceso de composición y producción, además de habernos puesto un poco serios respecto al problema climático del planeta, la conectividad tecnológica millennial y el apocalipsis constante en el que vivimos.

¿Has actuado alguna vez en España? ¿Cuáles son tus expectativas y qué te gustaría transmitir al público?
WEYES BLOOD: Sí, he actuado ya en España antes, y normalmente mis expectativas son altas porque siento que la gente aquí entiende mi manera de cantar y expresarme. Me gustaría transmitir al público un nivel elevado de emoción.

¿Puedes avanzarnos algo de estos conciertos? ¿En qué formato te vas a presentar?
¡Tengo una banda de acompañamiento! Así que será muy intenso.

Empecemos por tus raíces. Me suena haber leído que tus padres también fueron músicos y que creciste en una familia católica. ¿Ha influido la religión en tu música de algún modo (quizá en un sentido espiritual)?
En algunos casos sí, aunque no éramos católicos sino más bien cristianos del cinturón bíblico de Estados Unidos (“una región del país donde el cristianismo evangélico tiene un profundo arraigo social”, según Wikipedia). Puede que la religión me haya hecho más sensible de cara a mi universo interior, pero sus aspectos dogmáticos nunca han afectado directamente a mi música.

¿Quién o qué inspiró tu sonido?
De pequeña me encantaba Jeff Buckley y Joni Mitchell. Solía grabar canciones de la radio en cassettes. Siempre he sido una fan de la música en general, y eso ha inspirado mi sonido ecléctico. También hace que siempre esté en busca de nuevos sonidos.

¿Cómo empezaste a producir y grabar por tu cuenta? ¿Cómo ha evolucionado ese proceso?
Empecé a grabar con un cuatro pistas mientras estaba en el colegio, simplemente como curiosidad. No encontraba personas que quisieran estar en un grupo conmigo porque mi obsesión con la música era diferente a la de la gente que conocía, así que grabar sola tenía sentido. Ese periodo formativo con el cuatro pistas todavía brilla incluso en mis nuevas grabaciones. Me gusta la intimidad de las grabaciones caseras con la potencia de un gran espacio. Me gustaría seguir avanzando en este aspecto, usando el espacio como sonido.

¿Cuáles son los cambios más significativos de este disco respecto a tus anteriores obras, tanto a nivel de concepto como de producción?
He podido capturar mi voz en un estado más natural sin que fuera ni demasiado nítida ni demasiado lo-fi, y también he tenido la oportunidad de trabajar con gente maravillosa. Es una versión mejorada de mis anteriores discos, todos metidos en uno. Hacer un disco es como tensar un músculo: creces y te nutres de la experiencia previa.

¿Por qué decidiste grabar el disco con Chris Cohen? ¿Te sientes cómoda delegando decisiones durante el proceso de grabación?
Chris es amigo y me encantaban todas sus grabaciones, y además me ha permitido coger el timón del barco y tomar la mayor parte de las decisiones, ya que él sabía que yo tenía una idea clara de lo que quería. Hizo grandes aportaciones, eso sí, y colocó los micros para grabar las baterías –¡una tarea muy tediosa!–.

¿Te imaginas la producción de tus canciones mientras las escribes, o es algo que decides después?
Un poco de ambas, es un proceso dinámico. A veces llego con todas mis ideas completamente desarrolladas, mientras que en otras ocasiones las canciones toman forma con colores sonoros que se van añadiendo, como si fuera un cuadro impresionistas.

¿Por qué el título del disco?
Quería reflejar simbólicamente nuestra desconexión con la realidad: cómo vemos la vida desde la comodidad, escondidos detrás de nuestras pantallas, mientras el teatro de nuestro mundo globalizado sigue en marcha enfrente nuestro.

¿Qué tienen en común el desamor y el cambio climático? Parece que ‘Do You Need My Love’ gira alrededor de estos dos conceptos.
Si no podemos sentir amor por el planeta como sentimos amor por otras personas nunca podremos alcanzar un nivel de comprensión humano de nuestra interdependencia con la naturaleza. Somos naturaleza. Por desgracia, hay gente que no lo siente así o no se da cuenta de ello. Pero son capaces de amar: las personas que no abrazan árboles no son incapaces de amar. Superponer nuestro amor natural bioquímico hacia el resto al que sentimos por el bioma del planeta, mucho mayor aunque aparentemente menos personal, sería la única forma de salvarlo, ya que nuestras mentes son demasiado pequeñas para concebir su colosal reflejo de nosotros mismos.

En ‘Generation Why’ usas el mantra YOLO y haces referencia a la conectividad de los millennials con sus smartphones. ¿Qué mensaje hay detrás de la canción?
Un mensaje de no avergonzarte ni temer lo que está pasando. Es un instinto humano el querer estar conectado, y aunque la tecnología tiene sus defectos nos sigue permitiendo cumplir ese impulso evolutivo de estar cerca y disfrutar del tiempo que nos queda de vida, ya que finamente todos moriremos.

¿Con tus letras, pretendes influir en la actitud de tu público respecto a asuntos globales? ¿O simplemente mostrar tu visión distópica de la realidad?
Busco informar a la gente sobre estos conceptos. Nunca he dicho que se acerque el apocalipsis o que debamos estar asustados. La realidad siempre ha sido distópica, pero hay gente que está demasiado protegida para darse cuenta. Quiero dirigir a la gente hacia la “liberación espiritual” desde la paradoja de la existencia civilizada.

¿Te interesa más tu lado de compositora y el aspecto más melódico de tus canciones o la constante exploración y experimentación con los sonidos?
Las dos cosas, pero en los últimos cinco años me he enfocado especialmente en las canciones. Los efectos de sonido se están filtrando de nuevo a mi esfera.

¿Crees que tu personalidad musical se ve mejor representada con este disco que con los anteriores? ¿O tienes múltiples personalidades musicales y muestras una distinta en cada proyecto?
¡Tengo múltiples personalidades musicales! Esta es la que abarca un mayor espectro hasta la fecha.

Tu música desprende sentimientos auténticos y profundos, pero también cierta teatralidad. ¿Buscas esa ambivalencia?
Me gusta exultar los arquetipos de la existencia humana hasta un nivel de trascendencia. Quiero universalizar estos sentimientos, como creo que la mayor parte del arte pretende. Nunca intento ser sarcástica, todo sale de un sitio sincero.

Me gusta mucho una canción que no forma parte del disco, ‘Suddenly’ con Drugdealer. ¿Cómo surgió la colaboración?
Fuimos compañeros de piso en Baltimore: somos amigos desde hace mucho tiempo. Surgió de una forma muy natural cuando ambos nos dimos cuenta de cuánto nos gustaba la música del otro.

He leído en algún sitio que cuando empezaste a tocar, estabas influenciada por cierta “rudeza patriarcal”. ¿Cómo conseguiste escapar de ella?
Me di cuenta de que había una versión mucho mayor de cómo la música podía y debía ser: no necesitaba ser agresiva para ser entendida como mujer. Podía ser femenina y aún así conservar la mala leche.

¿Cómo afronta Natalie Mering el apocalipsis del mañana?
¡Siempre ha sido el apocalipsis! Lo afronto con coraje y elegancia, aceptando la naturaleza temporal de la existencia material. “Sin miedo” es mi lema favorito.

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