28/11/2016

La banda de Robert Smith recibe un unánime aplauso intergeneracional por sus cuarenta años de legado en un concierto que combinó entrega, nostalgia y solvencia.

El pasado viernes The Cure no presentaban disco –el último, 4:13 Dream, lo publicaron en 2008–, ni una gira completamente renovada o novedosa –les vimos en un formato muy similar en el Primavera Sound 2012–. Su concierto en el Palau Sant Jordi de Barcelona, precedido por otros tres en la península (Madrid, Lisboa y Bilbao) como parte de una extensísima gira europea y mundial iniciada en mayo en Norteamérica, cumplía un único y loable objetivo: autohomenajear su importantísimo legado musical justo cuando celebran su cuadragésimo aniversario encima de los escenarios. Un impresionante catálogo discográfico que pasará a la historia y una trayectoria infatigable que, además, tiene detrás de sí el respaldo de un público intergeneracional y cobra aún plena vigencia a la hora de influenciar a artistas de todas las esferas musicales. Y es que más allá de encontrar pinceladas de su huella resonando en las obras de grupos como Radiohead, Smashing Pumpkins, Interpol, Sigur Rós, Mogwai, The Rapture, Muse o M83, así como en trabajos más recientes de bandas como City Eat Guitars o Eagulls, por poner solo un par de ejemplos, este mismo 2016 les han citado como fuente de inspiración en la construcción de su sonido artistas tan dispares estilísticamente como The xx (vean la playlist que les ha ayudado a confeccionar el disco que tienen en camino) y Frank Ocean (quien cita ‘Boys Don’t Cry’ como una de sus canciones favoritas en su propia revista autoeditada, que precisamente también recibe dicho título).

Tras un preámbulo musical a cargo de los escoceses The Twilight Sad, quienes como mínimo comparten con The Cure cierto halo lúgubre y retraído, y ante una audiencia de unas 17.000 personas de todas las edades, aunque prominentemente adulta, la banda de Robert Smith desglosó uno de sus (ya conocidos) dilatados repertorios, que superó la treintena de canciones y alargó hasta las tres horas un espectáculo que combinó entrega, nostalgia y solvencia a partes iguales. Arropado por el veterano Simon Gallup, bajista y miembro de honor de la banda al haberle acompañado desde 1979, y con la inestimable presencia sónica de Reeves Gabrels a la guitarra, Roger O’Donnell al teclado y Jason Cooper a la batería, si algo se hizo evidente desde el principio de la velada fue que el poderío vocal de Smith, a sus 57 años, no se ha visto mermado ni por el paso de los años ni por la inagotable lista de conciertos previos al que nos ocupa. Sin moverse de sus posiciones en ningún momento y desechando cualquier efectismo pirotécnico más allá de unos sobrios pero coloridos visuales, arrancaron con ‘Open’, título oportuno de Wish (1992), para configurar un concierto que al principio arrojó escasos hits y principalmente revisitó su álbum The Head on the Door (1985), elección que quizá agradecieron sus fans más minuciosos, pero no así quienes habrían preferido que echaran toda la carne en el asador ya de entrada.

Hasta siete canciones sonaron del citado trabajo, con alguna pequeña concesión electrónica a Japanese Whispers (1983) como ‘The Walk’, con la que el Sant Jordi empezó a dar saltos; los himnos ‘Pictures of You’ y ‘Love Song’ como primeros atisbos del magnánimo Disintegration (1989); e incluso una escapada nostálgica a los setenta con ‘Three Imaginary Boys’, del disco que recibe el mismo nombre (1979). De Faith (1981) tocaron la acelerada ‘Primary’, en la que Smith poco tuvo que envidiarse a sí mismo en sus años mozos en vista de los ánimos que insufló en el público. A esta le siguió la más sosegada y oscura ‘Charlotte Sometimes’, después de la cual, ahora ya sí, empezó a ser total la comunión entre la banda y sus seguidores, que enloquecieron con momentos de pura intensidad como ‘Just Like Heaven’ (Kiss Me Kiss Me Kiss Me, 1987), ‘From the Edge of the Deep Green Sea’ (Wish, 1992) y la densísima ‘One Hundred Years’ (Pornography, 1982), en la que Gabrels –quien fuera guitarrista del mismísimo David Bowie entre 1987 y 1999– nos regaló un descarnado solo de guitarra hacia el final que hizo estremecer el pabellón de arriba abajo. Y tras ‘End’, llegaron los bises…

the-cure-02

Lo de los bises de The Cure da para otro capítulo. Y es que, dividos en tres bloques, conformaron casi la mitad del concierto, con un inicio que, entre inéditas como ‘It Can Never Be the Same’ y temas menores como ‘Burn’, extraída de la banda sonora de El Cuervo, resultó algo anodino, pero cuyo cierre con la eterna ‘A Forest’ (Seventeen Seconds, 1980) fue uno de los momentos más vibrantes de la noche, entre agónico y apoteósico. Durante el segundo bis rescataron ‘Shake Dog Shake’ (The Top, 1984) y ‘Wrong Number’ (del recopilatorio de singles Galore, 1997), en un tramo algo innecesario que parecía responder más a su deseo de tocar todas sus obras que a otra cosa, pero que sin embargo salvaron con ‘Fascination Street’ (con la que recuperaron su obra cumbre, Disintegration) y una arrolladora ‘Never Enough’ (de su disco de remezclas Mixed Up, 1990).

La traca final –y con ella los esperados hits– llegaría para el tercer y último bloque de hasta siete canciones, que nos atrapó desde el comienzo cual telaraña –también en lo visual– con la canónica ‘Lullaby’ de Disintegration y se puso de lo más bailable con la ecléctica ‘Hot Hot Hot!!!’ de Kiss Me, momento en el que la oscuridad se evaporó por completo y el show rozó la teatralización. Dejarían para el final sus canciones emblema, ‘Friday I’m in Love’, ‘Boys Don’t Cry’ y ‘Close to Me’, levantando hasta la última persona de las gradas de su asiento con ‘Why Can’t I Be You?’ y confirmando aquello de que no se les puede catalogar ni como rock gótico, ni como post-punk, ni como new wave, ni como pop oscuro. The Cure siempre fueron lo que Robert Smith quiso que fueran, y aunque difícilmente volverán a alcanzar el esplendor de antaño en lo que a creación se refiere, de seguir envejeciendo así de bien encima del escenario pueden permitirse vivir de nostalgia unas cuantas giras más. Nuestro aplauso unánime lo tienen.

 

The Cure ayer en Barcelona 🌑

Una foto publicada por Indiespot (@indiespots) el

Publicidad

Foto. Rosario López   Conciertos
Publicidad