11/11/2016

El genio nos abandonó anoche a los 82 años de edad dejando como testamento uno de sus mejores trabajos.

Hoy, definitivamente, el mundo es un lugar peor. No porque al frente de toda la humanidad se halle Donald Trump, sino porque entre sus habitantes ya no está el genial Leonard Cohen. El poeta, novelista y cantautor canadiense ha fallecido esta pasada madrugada a los 82 años de edad, dejando como herencia 14 álbumes de estudio, un par de novelas escritas en los años 60, varios libros más de poesía publicados a lo largo de toda su vida y un legado cultural de valor incalculable. En el comunicado, emitido a través de las redes sociales del artista, no se especifica la causa de su muerte o si padecía de algún tipo de enfermedad o dolencia, pero lo cierto es que hace apenas unas semanas Cohen confesó en un reportaje del The New Yorker, con motivo de su último álbum, que estaba listo para morir. Poco después lo matizó con su característica ironía: “Siempre he sido un poco dramático. Tengo previsto vivir para siempre… Al menos quedarme hasta los 120“.

Su hijo, el productor Adam Cohen, ha explicado que su padre ha muerto en su casa de Los Ángeles, “con la certeza de que había completado el que él creía uno de sus mejores discos. Estuvo escribiendo hasta sus últimos momentos con su característico humor“.

Del mismo modo que Blackstar se erigió como triste pero majestuoso testamento musical de David Bowie, publicado el mismo día que cumplió 69 años y dos antes de morir, You Want It Darker quedará para la historia de la música como el epitafio del trovador judío más importante de los últimos 50 años. El destino ha querido que el genio muriera apenas tres semanas después de que su última obra viera la luz, siendo además la primera que le producía su hijo Adam. Dos despedidas cuya dignidad, belleza y elegancia solo están a la altura de auténticos genios. “I’m ready, my Lord”, confiesa Cohen en la canción inaugural de su testamento, con esa inigualable y ya eterna voz suya tan profunda e intensa, y ahora entendemos el porqué. Y así, con la clase y la grandeza que le caracterizó durante toda su vida, nos ha abandonado Leonard Cohen: el penúltimo mesías de la revolución músico-social de los años 60. Cuesta creerlo pero es así. Hasta siempre, genio.

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