28/10/2016

La nueva revelación del cante millennial rescata versos de ayer y los convierte en canciones de hoy en la presentación de 'Los Ángeles' en Barcelona.

“Que nadie vaya a llorar el día que yo me muera, es más hermoso cantar aunque se cante con pena, que nadie vaya llevar ni flores ni ropa negra”, cantaba ayer Rosalía hacia el final de su concierto en la Sala Apolo en una revisión de Manuel Molina, poeta del flamenco fallecido el año pasado. Quizá por eso las prendas  de luto las dejaron en el armario y, para la presentación de Los Ángeles en Barcelona, tanto ella como Raül Fernández salieron al escenario ataviados de riguroso rojo. Dos focos, dos sillas y una guitarra fueron los únicos elementos en los que se apoyó esta curiosa pareja musical no tan curiosa si tenemos en cuenta la personalidad visionaria y polimorfa de Refree, a quien ya hemos visto realzar encima del escenario el talento nato de figuras como Sílvia Pérez Cruz o Rocío Márquez, y la mirada aperturista de Rosalía, la joven revelación del momento que no tiene reparos a la hora de cambiar los tablaos por el R&B respetando sus respectivas idiosincrasias.

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Después de introducir ‘Puñal’ con un sample recitado por una voz infantil, el dúo catalán empezó a desgranar un repertorio lírico que, si bien ha sido rescatado de la tradición y el folclore, mantiene un espíritu tremendamente actual gracias a su sobrio pero sentido acompañamiento instrumental con ciertos dejes experimentales. Así, los antiguos versos de ‘La hija de Juan Simón’ empezaron a resonar como una marcha fúnebre para poco a poco ir enterrando nuestro corazón en un compenetrado ejercicio en el que la voz se convertía en guitarra y la guitarra en voz, mientras que en ‘Aunque es de noche’, en la que recuperan una poesía religiosa de San Juan de la Cruz que también interpretaba Enrique Morente, la cantaora catalana empezó con palmas para luego mostrar una amplísima gama de registros vocales, creando un bello contraste entre fragilidad y rabia. Posteriormente nos envolieron en un aura de misterio casi cinematográfico con un tiento que desembocó en puro clímax emocional, para poco más tarde revivir a Machado con los versos de ‘Malagueñas’, sobre los cuales Refree aplicó crudeza y desnudez rasgando la guitarra con falsa desgana pero auténtico sentimiento.

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En mitad de la velada extrajeron del romancero español el cante ‘Que se muere, que se muere’, que sirve como cara B de un adelanto, ‘Catalina’, en el que la de Sant Esteve Sesrovires y su mentor reinterpretan un viejo tango de Manuel Vallejo. Prueba de que ha nacido una estrella (al menos en potencia), este primer single de Los Ángeles fue recibido entre vítores desde sus primeras notas, convirtiéndose en el momento en el que más personas sacaron sus teléfonos móviles para inmortalizar unos segundos del tema en Instagram. También hubo tiempo para mezclar guajiras, fandangos y otros palos flamencos que por momentos casi se convertían en baladas de folk, siendo quizá el pasaje más bello el momento en el que Raül aportó segundas voces a Rosalía. Se despidieron con una versión de la preciosa ‘I See a Darkness’ de Bonnie “Prince” Billy, una canción que pese a desencajar con el resto del repertorio sí conectó conceptualmente con su oscuridad, además de brindarnos la oportunidad de comprobar cómo la voz rompediza pero rebosante de matices de la joven intérprete, esta vez en pie, también brilla a la hora de afrontar otros géneros, algo que intuimos que también hará dentro del estudio más pronto que tarde. Y es que aunque cante canciones sobre la muerte, Rosalía es un artista llena de vida que justo acaba de despegar.

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Foto. Pablo Luna Chao   Conciertos
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