25/10/2016

Escogemos los artistas que pueden tener un mayor recorrido después de haberlos visto en el festival barcelonés.

La tercera edición del Primavera Club ha servido para reafirmar la valiente apuesta del hermano pequeño del Primavera Sound, que concentra en tres días un puñado de artistas y bandas a menudo incluso demasiado emergentes todavía para el público general. Eso no solo permite tener en Barcelona a artistas internacionales que de otra forma serían imposibles de ver (junto a una buena selección de lo que se cuece a nivel local), sino que además les da la posibilidad a ellos de actuar en salas llenas o casi (La [2] de Apolo lució muy bien durante la mayoría de conciertos del festival, a veces incluso demasiado debido a que este año solo había dos salas y los conciertos apenas se solapaban). Como siempre, tendrá que pasar algún tiempo para que se vean los frutos de las apuestas (como sucedió con las ediciones 2014 y 2015, de la que sacamos bandas como Jungle, Shura, o Empress Of), pero a pesar de comprensibles decepciones como las de Yumi Zouma (con un directo flojo fruto de sus circunstancias), Seth Bogart (un circo) y Hoops (demasiado planos), la cosecha 2016 ha sido especialmente buena. Aquí tienen nuestra selección de 10 descubrimientos, con menciones de honor para C Duncan y Lucy Dacus, que aunque han quedado fuera por los pelos nos dejaron dos muy buenos conciertos impecablemente ejecutados.

10. Extrarradio

La propuesta autóctona más tempranera del viernes fue una grata sorpresa, y eso que no íbamos sobre aviso porque estos chavales apenas tienen cuatro canciones en Bandcamp (por ahora). Pero ahí está la gracia del Primavera Club a la hora de visibilizar talento emergente también de nuestro propio ‘extrarradio’ local, y con La [2] aún algo despoblada este prometedor cuarteto rompió el hielo con notoria satisfacción. A través de brillantes capas y sintetizadores, guitarras funky y una voz asépitca pero voluminosa perfectamente empastada con el groove general, conformaron un set de canciones densas y translúcidas que coquetean tanto con los sonidos urbanos como el synth-pop y el post-punk, demostrando que se pueden tocar muchos palos de forma cohesiva en pos de un sonido no excesívamente explotado en nuestro territorio y que, sin embargo, en algunos momentos evocó inmediatamente la belleza atmosférica y las texturas cósmicas de Darkside. A falta de un disco de debut que les confirme como la revelación absoluta que intuimos, el directo lo aprobaron con creces. (Max Martí)

9. Operators

operators Electrizantes, desbordantes y, en algunos momentos, casi al borde de lo que parecían pequeños ataques de epilepsia –sin ánimo de ofender a nadie–. Así fue como se mantuvieron Operators a lo largo de su paso por el festival, donde confirmaron que, sin dejar de lado la intensidad de su synth pop muy ochentero, uno de sus puntos fuertes es la excitante energía que desprenden sus directos. Con Dan Boeckner (guitarrista de Wolf Parade) a los mandos, al cuarteto canadiense le bastaron un par de canciones para poner en marcha las caderas y los pies de gran parte de los asistentes, haciendo de la sala Apolo toda una pista de baile. Y es que era tarea difícil rendirse a su abrumadora fuerza y a su sonido. Entre frenéticos ritmos de batería por parte del talentoso Sam Brown y elegantes y magnéticas armonías con sintetizadores vestidas de pegadizas melodías, los de Canadá sorprendieron con un repertorio dance pop y new wave bastante sombrío que aprovechó la oportunidad para presentar en directo su disco Blue Wave. (Raquel Pagès)

8. El Lado Oscuro de la Broca

el-lado-oscuro-de-la-broca-83rweb En su actuación del sábado en el Primavera Club, los zamoranos El Lado Oscuro De La Broca cumplieron con su objetivo cuasi militar: llegar, construir un orden desde el ruido y vencer. La sala Apolo se vistió de guerrilla y de acero, y el relativamente (para la hora que era) numeroso público que asistió a la cita degustó el sabor a metralla mezclado con el de las primeras cervezas de la tarde-noche. El suyo es fuego amigo, pero no por ello resulta menos mortífero y apabullante. Con una disposición escénica frontal y poco menos que hoplítica –el bajo en el centro, secundando por las dos guitarras–, el quinteto de noise castellano leonés orquestó a la perfección un sonido que no puede presentar fisuras. Incluso las voces, siempre provenientes de ultratumba, se alineaban con la distorsión (des)medida conformando un todo voraz, brutal y lleno de combustible, pero que desagua caudalosamente a través de conductos bien acondicionados para ello. Su segundo disco, Poderosa, está a punto de ver la luz –este viernes día 28– a través del sello El Genio Equivocado, motivo por el cual pre estrenaron varias de sus canciones directamente en el escenario, intercalándolas con las de Beta, su álbum de debut. El resultado fue un repertorio incendiario hecho para supervivientes, un concierto tan purgante y arrollador como las lluvias torrenciales que se llevan todo a su paso, sea vegetal, humano o inmueble. El noise nacional renace. (Pablo Luna)

7. Porches

porches-69rweb A pesar de que Pool, el interesante último trabajo del proyecto de Aaron Maine, bebe sobre todo de la música de baile, no es precisamente el disco que pondríamos para amenizar una fiesta. Que su concierto se celebrara la noche del domingo –dato que él mismo no sé cansó de señalar en sus múltiples intervenciones–, como colofón después de tres días de festival y tras la experiencia vitalista y más desenfadada de unos Whitney exultantes, tampoco jugó mucho a su favor. Sin embargo, a diferencia de otros grupos de esta edición que también coquetean con los sonidos más sintéticos, se agradeció el formato de banda al completo. La deprimente atmósfera que genera su pop electrónico con clara mirada en los 80 nos envolvió desde la primera canción, ‘Glow’, y la bajista Maya Laner reemplazó con eficacia las partes vocales de la pareja de Maine, Frankie Cosmos, en temas como ‘Forgive’. Entre momentos de agradable densidad y melodía (‘Be Apart’), virguerías robóticas de voz rigurosamente procesada (‘Pool’) e incluso un inesperado retorno al sonido más rock y orgánico de su pasado con el intenso pesimismo de ‘Headsgiving’, seguido por la revisión de una de las canciones de su compañero de gira y sello, el joven Alex G, los neoyorquinos optaron por oscurecer la noche frente a propuestas más luminosas, clausurando con la cristalina ‘Underwater’ una memorable edición del festival cazatalentos patrio por excelencia. (Max Martí)

6. Alex Cameron

alex-cameron-88rweb Hay quien dice que quién no arriesga, no gana. Un dicho que bien se podría aplicar a la actuación de Alex Cameron en el Primavera Club, quien protagonizó una de las puestas en escena más valientes del festival y, a la vez, de las más acertadas. El australiano se subió al escenario acompañado solamente por su saxofonista Roy Molloy y, con micro en mano y vestido con una americana llena de brillos, interpretó gran parte de los temas de su debut Jumping the Shark como si de un karaoke se tratara: hacía un breve speech, ponía en play la base y se lanzaba a cantar haciendo gala en todo momento de sus dotes como showman. Sí, porque más allá del exquisito y elegante pop rock oscuro vestido con su cálido timbre de voz, el de Sydney despuntó por moverse como pez en el agua sobre el escenario, deleitándonos con unos atractivos y estilosos balanceos que inevitablemente recordaban a los del carismático Nick Cave. Una actuación que sirvió para demostrar que, a veces, menos es más. (Raquel Pagès)

5. Public Access T.V.

public-access-tv-rweb Tras una actuación algo descafeinada por parte de los británicos Boys Forever, La [2] de Apolo tuvo la oportunidad de volver a brillar gracias al recital que ofrecieron Public Access T.V., quienes inundaron todos los vértices de la sala de un luminoso, intenso y pegadizo rock cercano al sonido de la new wave o el post-punk y que recordaba al rock anglosajón de los 70 y 80 de grupos como The Clash o Television, e inevitablemente a The Strokes como consecuencia. Con las gafas de sol puestas y la actitud descarada a cuestas, su propuesta consiguió animar a un público que pedía a gritos una buena dosis de buen rollo, guitarras eléctricas y estribillos potentes, fórmula que despuntó cuando arrancaron con ‘In Love and Alone‘. Pero más allá de sonar frescos y dinámicos, sorprendieron por la seguridad con la que se plantaron en el escenario a pesar de su breve trayectoria: actitud, carisma y energía fueron los protagonistas de su repertorio, que ahondó sobretodo en las canciones de Never Enough, su LP debut. Nunca se sabe hacia donde van a ir los tiros, pero algo está más que claro: Public Access TV apuntan maneras. (Raquel Pagès)

4. River Tiber

Pese a compartir horario con unos Minor Victories que abarrotaron la sala principal, River Tiber supo sacarle brillo a las canciones de Indigo, un disco ecléctico y no demasiado sencillo de trasladar al directo que da buena fe de su enorme potencial, y de paso representó lo más cercano al R&B de esta edición. Con bases pregrabadas pero acompañado de dos músicos eficientes que le arroparon con la guitarra, el bajo y segundas voces en clave góspel, el de Toronto creó una atmósfera cálida y sensual desde el inicio del concierto, transitando por territorios sonoros oscuros y melancólicos que recordaron tanto al cruce de soul y electrónica de artistas como James Vincent McMorrow Chet Faker (hoy Nick Murphy), como a la lánguida psicodelia de Mac DeMarco. Su voz versátil y maleable navegó por distintos estadios a lo largo de un setlist en el que desde el principio sonaron algunas de sus canciones más redondas, como ‘No Talk’. Intentó dirigirse al público en español en alguna ocasión y, como era previsible, fue aclamado al presentar ‘Barcelona’, pero por si acaso faltaba meterse a alguien en el bolsillo, cerró el concierto completamente solo con una balada (‘Let You Go’) cuyo falsete bien podría competir en matices con el de Frank Ocean. Normal que haya encandilado a DrakePusha T y Kaytranada(Max Martí)

 

Un poquito de @rivertiber en el #PrimaveraClub 2016.

Un vídeo publicado por Indiespot (@indiespots) el

3. Minor Victories

minor-victories-179rweb La distancia entre Minor Victories y los demás integrantes del cartel de este año del Primavera Club se medía en más de 20 años de trayectoria y otros tantos discos, es decir: el total resultante de unir las carreras de Mogwai, Slowdive y Editors, formaciones de las que provienen sus tres miembros principales. Una banda que, como nos contaba James Lockey –hermano de Justin, de Editors, y pieza menos célebre del cuarteto– en la entrevista que nos concedió hace unos días, ha funcionado casi en su totalidad a través de cientos de e-mails cruzados, creando a distancia una obra fascinante que aúna monumentalidad épica (post-rock instrumental), dulzura (dream pop) y contundencia (shoegaze). En Barcelona les tocaba escribir el segundo capítulo de una gira europea que había arrancado el día anterior en Madrid, y aunque cabe esperar que con el tiempo ganen cohesión como banda, resultó exactamente el concierto que todos esperábamos. Con un Stuart Braithwaite descomunal, arrinconado en su inmensa parcela de distorsión, hipnotizando con esa increíble habilidad que tiene para destilar hermosos rayos de luz con la vehemencia de su mano derecha. El supergrupo presentó casi íntegro su álbum de debut homónimo, del que ya han anunciado continuación en forma de replanteamiento orquestal instrumental. Un repertorio apurado para los 50 minutos que duró su concierto, que pasó volando ante el desglose de las grandes esperanzas que pueblan el disco. Rachel Goswell, enmarcada como frontwoman entre Braithwaite y la vigorosa base de bajo de Justin Lockey, aceptó ser objeto de todas las miradas mientras la instrumentación crecía, incluso por encima de su voz titubeante (solo al principio, fundamentalmente en ‘Cogs’), hasta que logró ponerse a tono. La británica, de hecho, empezó a rozar las estrellas con su voz solo a partir de ‘Breaking My Light’, bordando el susurro de ‘Folk Arp’ (¡qué guitarra final de Stuart, señores!), el lamento a dúo de ‘Scattered Ashes (Song For Richard)’ y el planear ensoñado de ‘Higher Hopes’ en la segunda parte del espectáculo. Podríamos debatir hasta el infinito – en la redacción lo hemos hecho – si dieron más o menos caña que la que hay en su disco, pero en lo que sí estamos todos de acuerdo es en afirmar que su concierto fue el más intenso emocionalmente hablando de todo el festival. Quizá no el más sorprendente, pero después de veinte años haciendo música dogmática tampoco iban a salirse por la tangente ni a decepcionarnos. (Pablo Luna)

2. PAVVLA

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Cuando la semana pasada estrenábamos ‘Guns’, el fascinante single del primer disco de la barcelonesa PAVVLA, dejábamos claro que el suyo no sería un debut cualquiera. ‘Guns’ es un caramelo envenenado, que combina arreglos folk con voces espectrales y un desarrollo marcadamente sintético, y así es justamente como se presentó Paula Jornet en el escenario del Centre Cultural Albareda el domingo a las 12 de la mañana. Por suerte, pese a la hora, la sala estaba prácticamente a oscuras, lo que le fue de maravilla para presentar los temas de Creatures, ese primer álbum que está a la vuelta de la esquina. Escudada por un teclista y un batería (electrónico), PAVVLA desplegó sus canciones haciendo buena su faceta de actriz para demostrar talento interpretativo de sobras (especialmente a nivel vocal) encima del escenario, sin caer en la trampa de la excesiva teatralización. Delicada en ‘Skin’, intensa en ‘Young’, arrolladora en ‘Guns’, hasta se atrevió a tocar un tema (‘Home’) completamente en acústico y se llevó a su terreno jamesblakiano el himno ‘Do I Wanna Know?’ de Arctic Monkeys con resultados más que notables. Sorpresa tras sorpresa. (Aleix Ibars)

1. Whitney

whitney-59rweb La alta expectación que despertaba la actuación de Whitney durante la última jornada no responde al paso de sus dos responsables, Julien Ehrlich y Max Kacacek, por bandas como Smith Westerns y Unknown Mortal Orchestra. Más bien hay que buscarla exclusivamente en un disco de diez canciones que son auténticas golosinas. Droga dura si queremos aumentar la connotación sensorial de la metáfora. No sorprende, pues, que Light Upon the Lake haya emocionado al mismísimo Elton John, quien muy pocos días antes del concierto que nos ocupa se empeñó en entrevistar a Ehrlich en The New York Times. “Intentamos sonreír en el escenario, porque no muchas bandas indie en 2016 buscan necesariamente crear esta sensación. Muchos intentan ser ‘góticos’ o algo. Son demasiado guays (…). Nosotros no sentimos miedo a expresar eso“, respondía el vocalista y batería al ser preguntado por la conexión entre su banda y el público en el directo. A lo que Sir Elton contestaba: “No soy uno de esos artistas que siente mucho dolor en el escenario. Encuentro alegría. Eso es lo que recibo de vosotros“. Precisamente esta sensación de júbilo, casi terapéutica y con sus dosis justas de melancolía, es la que muchos recibimos en la Sala Apolo desde el primer momento en el que los norteamericanos empezaron a presentar, con el revestimiento orgánico que se merecen, sus pequeñas joyas melódicas. Escoltadas por cuerdas, teclados y (imprescindible) vientos, canciones como ‘Polly’ arrancaban con un delicado falsete hasta explosionar en una perfecta comunión entre instrumentos, para finalmente terminar con un resplandeciente solo de trompeta, mientras que en otros momentos como ‘Red Moon’ simplemente dieron rienda suelta a una compenetrada jam instrumental entre jazz y caribeña. Con ‘Golden Days’ nos volvieron a recordar que son una banda de pop rock y antes hasta cayó una versión del recientemente laureado Bob Dylan (‘Tonigh I’ll Be Staying with You’), en la que Ehrlich cantó con mucha más garra de la que le suponíamos e incluso arrancaron algún baile entre el público. Sin embargo, con la delicada ‘Light Upon de Lake’ se hizo un silencio sepulcral, y su audición fue casi lacrimógena. El hit, ‘No Woman’, lo dejaron astutamente para el final –aunque habían hecho un amago bromista de empezar a ejecutarlo durante el primer tramo del concierto–, conscientes quizá de que lo mejor era despedirse con una sonrisa. Las guitarras de Kakacek no tardaron en recibir como respuesta las palmas de un entregadísimo público y, cuando parecía que el concierto había terminado, una reprise instrumental generó todavía más ovación. Sin recurrir a ningú tipo de impostura ni artilugio sónico o estético, Whitney nos hicieron felices simplemente tocando sus canciones. (Max Martí)

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Foto. Pablo Luna Chao   Conciertos. Festivales. Nuevos grupos
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