20/10/2016

Entrevistamos al prometedor grupo neozelandés, uno de los grandes atractivos del Primavera Club 2016.

The Postal Service fueron responsables de llevar la indietronica a un público masivo siendo, al mismo tiempo, atípicos en su metodología: el dúo formado por Ben Gibbard y Jimmy Tamborello compuso y grabó el disco a distancia, intercambiando sus ideas y canciones a través del ¡correo postal! Más de una década después de aquello la revolución digital ha permitido que las comunicaciones sean instantáneas, pero no es habitual encontrar grupos con cierta repercusión que trabajen tan separados los unos de los otros.

Yumi Zouma, cuarteto procedente de Nueva Zelanda, es una excepción. Sus miembros están esparcidos por el mundo (dos –Christie Simpson y Sam Perry– en su Christchurch natal, Charlie Ryder en Londres y Josh Burgess en Nueva York), y eso no les ha impedido publicar dos fabulosos EPs (el homónimo en 2014 y II en 2015) e incluso debutar en largo este mismo año, con un delicioso Yoncalla que de alguna forma actualiza la indietronica de The Postal Service refinando su sonido y añadiendo ecos de atmósferas a lo Beach House o The xx con el poder melódico de Chvrches y la sutileza de The Radio Dept.

Creo que siempre viviremos separados”, nos explica Josh Burgess desde su segundo hogar, una furgoneta en alguna carretera de Suecia, donde siguen con su gira europea que les llevará al Primavera Club 2016 (viernes 21 de octubre a las 22:30h, Apolo). “Aunque si sales de gira 4 o 5 meses al año, es difícil saber dónde vives. Si viviéramos en la misma ciudad no sé qué haríamos (risas)… porque al acabar una gira realmente necesitas tu espacio, y vivir en ciudades alejadas es la mejor manera de tenerlo”.

Desde hace un par de años, los cuatro miembros de Yumi Zouma coinciden en el mismo lugar siempre con algún objetivo musical: o bien salir de gira para presentar su música, o bien ensayar para subirse a un escenario. Aunque se conocieron en su localidad natal, el grupo no arrancó realmente hasta que estuvieron a kilómetros de distancia los unos de los otros, a base de muchos emails y archivos colgados en Dropbox. ”Coincidió que todos estábamos en momentos personales en los que estábamos relajados. Creo que el hecho de no tomarnos el grupo muy en serio ayudó a hacer esas primeras canciones, todo salía muy fluido y sencillo. Además, cuando vives en Nueva Zelanda y empiezas a recibir atención por tu música en el resto del mundo, es muy fácil caer en la tentación de pensar que vas a triunfar, y eso puede llevar a cometer errores. Como algunos vivíamos en Estados Unidos y Europa, éramos conscientes de cómo funcionan las bandas de éxito, y nos permitió ser muy realistas al respecto”.

Aún así, la historia del grupo es de las que cuesta creer: con solo un EP en la calle, construido de esta forma tan poco ortodoxa, recibieron una propuesta: telonear a nada menos que Chet Faker durante su gira australiana. Por aquel entonces, todavía no habían dado ningún concierto oficial como Yumi Zouma. “Nuestro primer concierto fue sin anunciar en un bar de nuestra ciudad, y el segundo fue teloneando a Chet Faker delante de 5000 personas”, relata Burgess. “Fue como un ensayo ante miles de personas. Fue realmente muy raro. A día de hoy, todavía no sabemos por qué nos escogieron como teloneros… de hecho, les dijimos que no muchas veces, pero al final nos convencieron“. Ese mismo año fue Lorde quien los escogió para su gira neozelandesa. El magnetismo de Yumi Zouma es irresistible.

De ahí al segundo EP (en 2015) y a Yoncalla, su primer álbum, que apenas lleva algunos meses en la calle y ya ha cosechado una entusiasta recepción por parte de los amantes del pop electrónico más sutil. Y con razón, ya que el disco se digiere con una facilidad asombrosa y tiene efectos casi terapéuticos. Aunque también presenta contrastes: contiene algunas de las canciones más luminosas de su carrera, y también algunas de las más lúgubres. Según Burgess, hay una razón. “Hay alguna diferencia entre las canciones que hacemos separados y las que surgen cuando estamos de gira. Creo que en el disco se nota, las más oscuras suelen ser las que hacemos aislados, cada uno en nuestra casa, mientras que las más luminosas salen de cuando estamos juntos. Cuando estamos de gira componemos mucho, porque es casi lo único que te apetece hacer aparte de tocar”.

¿Y por qué Yoncalla? Buscamos en Wikipedia y nos aparece un pueblo de apenas 1.000 habitantes en Oregon. “Estábamos de gira y llevábamos una racha muy mala: nos pararon en la frontera, tuvimos que cancelar un concierto, no teníamos hotel… Y reservamos un Airbnb en Yoncalla durante un par de días. Aquello se convirtió en unas mini-vacaciones de las que guardamos muy buen recuerdo, fueron un par de días bonitos. Y después pensamos que habíamos llegado hasta allí, hasta esos días en Yoncalla, únicamente gracias al grupo. Así que era un buen título para el disco”.

Y pese a este funcionamiento atípico, no hay planes de cambiarlo. Quizá incluso sea algo positivo, como defiende Burgess: “Sonaríamos diferentes si fuéramos un grupo “normal”, sin duda. Cuando trabajas solo no te influye la opinión de los otros. Me refiero a que, por ejemplo, una idea muy prematura de canción puede ser descartada rápidamente por otra persona en el local de ensayo y ya perderse, mientras que si vamos trabajando cada uno por nuestra cuenta es más fácil desarrollarlas. A nosotros nos funciona hacerlo así”.

Y remata: “¿Si el grupo seguirá durante muchos años? Sinceramente, quién sabe. Hace tres años, Yumi Zouma no existía. “No pienses en nada” podría ser nuestro lema. Creo que siempre haremos música… ¡pero quién sabe!”.

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