17/07/2016

Repasamos la nueva edición del festival portugués, con uno de los carteles más potentes del año.

Se presentaba el NOS Alive de Oeiras (a las afueras de Lisboa), en Portugal, como uno de los festivales europeos con mejor cartel de Europa, conjugando en un solo evento a un puñado de nombres que en los festivales españoles estaban dispersos, caso de Radiohead, Arcade Fire, The Chemical Brothers, Pixies, Tame Impala, Foals, Grimes o Band of Horses, entre muchísimos otros. De ahí que el festival portugués colgara compresiblemente el cartel de entradas agotadas, y que su celebración haya marcado la temporada festivalera europea.

Arrancó el jueves a lo grande, con un sempiterno Robert Plant ofreciendo un aperitivo a base de rock auténtico y libre del postureo que tanto protagonismo ha acaparado en los últimos años. Vestido de negro, con unas chorreras de lo más country –y horteras– y una melena ahora plateada pero igual de indomable que hace 40 años, el ex frontman de Led Zeppelin abrió su concierto con ‘The Lemon Song‘, de la mítica formación londinense. En la escasa hora a su disposición, el bueno de Robert ofreció algún corte de su carrera solista, como ‘Rainbow‘ y ‘Turn It Up‘, en un setlist más bien plagado de versiones entre las cuales destacó el imperioso medley ‘I Just Want to Make Love to You / Whole Lotta Love / Mona‘ (Etta James / Led Zeppelin / Bo Diddley). Se despidió sobre las notas de ‘Rock and Roll‘ de una Lisboa sedienta de más de ese rock del que habla en su tema, del de toda la vida, del que él lleva haciendo desde siempre.

Toccata e fuga, la del señor Plant, que a Lisboa fue básicamente a telonear a los Pixies, el supuesto plato fuerte de la primera jornada. Nadie lo comprendió: los de Boston se presentaron en el escenario principal del NOS desganados y faltos de personalidad, arrojando una treintena de canciones que pretendían hacer un recorrido de su discografía y que en realidad resultaron en un setlist sin son ni ton, inadecuado para un público que nunca se acabó de venir arriba (y no fue por falta de ganas). Como viene siendo habitual en las actuaciones de los estadounidenses, su interacción con la audiencia fue absolutamente nula y el espectáculo tan aborrecible que ninguna de sus más anheladas canciones (‘Where Is My Mind?‘, ‘Debaser‘ o ‘Here Comes Your Man‘) hizo que el público sintiera una verdadera conexión con la banda. Lo único sinceramente destacable del concierto, por muy triste que resulte, fue el tremendo parecido de Paz con Kim, a quien o bien imita (demostrando una completa falta de personalidad) o bien imponen imitar (todavía peor).

Chemical

Un halo de decepción se quedó aleteando por encima de la explanada frente al escenario NOS, que se pobló todavía más para cuando, a la 1 de la madrugada, hicieron su aparición en el palco The Chemical Brothers y borraron en cuestión de segundos la desazón, desatando la euforia más incontrolable de los 50.000 asistentes que allí se congregaron. Empezaron pisando fuerte, con la mítica ‘Hey Boy, Hey Girl‘, himno generacional ¡de dos generaciones! Cabría esperar que el nivel bajaría, pero el dúo británico mantuvo al público cautivado con su material visual magnético y seductor y un ritmo frenético que puso a prueba la resistencia física de más de uno y de dos. Con ese savoir faire que solo te da la experiencia, el dúo ofreció un setlist de lo más equilibrado, incluyendo temas más viejos que muchos de los asistentes, como ‘Chemical Beats‘, que pertenece a su álbum de debut (Exit Planet Dust, 1995), y otros de su disco más reciente, como ‘Go‘ (de su trabajo homónimo, publicado en 2015). Sin aparente esfuerzo, Rowlands y Simons se consagraron los verdaderos reyes del primer día del festival, y hasta hicieron que se nos pasara el cabreo por lo de Pixies.

Tras la decepción del jueves, la incertidumbre se hacía casi tangible entre los asistentes, que parecían querer rebajar sus propias expectativas. En este ambiente ocupó el escenario Heineken Courtney Barnett, joven australiana que entró con fuerza arrolladora en prácticamente todas las listas de lo mejor del 2015 y quien desgranó casi por completo su álbum de debut, Sometimes I Sit and Think, and Sometimes I Just Sit, emocionando a su público con se actitud genuina, pasota y punki repleta de guitarreos tan propia de los 70. Nos desplazamos todos como una enorme manada hasta el NOS, donde Foals estaba acabando su actuación ante una masa descontrolada, para aguardar el primer gran concierto del día.

Tame-Impala

Ante unos venidos arriba por la joven y prometedora Courtney, y otros desatados por la locura de los Potrillos, entraron en escena Tame Impala (que milagrosamente sobrevivieron unidos a las acusaciones de plagio de Pablito Ruiz). En un ambiente ya cargado de electricidad se presentaron sobre las notas de la evocadora ‘Nangs‘, solo para poder lanzar ‘Let It Happen‘ (con tanto de confeti) a lo que ya parecía más bien una jaula de leones hambrientos. Kevin Parker y los suyos ya tenían al público comiendo de su mano cuando sucedió. Será por las proyecciones psicodélicas, por sus distorsiones voluptuosas,  o por la sensualidad de ‘Mind Mischief‘, pero Lisboa se transformó en Woodstock del 69, con todo eso de las domingas al aire (Free the nipple!). Para ‘Elephant‘ ya habíamos visto un buen puñado de pechotes, tanto que el mismísimo Parker, entre risitas, intentó calmar los ánimos con un “¿qué dirían vuestras madres si os vieran?” Los australianos tuvieron a su disposición un tiempo extremadamente corto – ¡58 minutos! – y jugaron bien sus cartas, dejando para el final ‘Apocalypse Dreams‘, esa magnífica obra de arte titulada ‘Feels Like We Only Go Backwards‘ (con otra lluvia de confeti) y ‘New Person, Same Old Mistakes‘. Así se despidieron los de Parker, dejando la audiencia a puntito para Radiohead.

Radiohead, que aparecieron después de lo que se vivió como una eternidad, la dulce y agónica espera antes de ver a tu gran amor. Nadie, ni Pixies, ni Tame Impala, ni los mojabragas 1975 consiguieron reunir a tantísimas personas como los de Thom Yorke, que arrancaron el concierto con ‘Burn The Witch‘ y siguieron con la desgarradora ‘Daydreaming‘, que a su vez daría paso a varias canciones más de su último disco. Una declaración de intenciones la de Yorke: a Lisboa ha venido a presentar lo último de la banda, A Moon Shaped Pool. Y, como cabía esperar, tras una desquiciada versión de ‘Ful Stop‘ con Thom bailando como un androide poseído, Radiohead dieron un giro y empezaron a desempolvar grandes éxitos de su pasado, salpicando su setlist con alguna que otra canción de su último elepé pero así, como quien no quiere la cosa.

Radiohead

Sorprende su repentino reenamoramiento por ‘Talk Show Host‘, esa desolada y preciosa balada que nunca llegó a un disco, pero sí al alma de los más de 50.000 que allí se dejaron raptar por la intensidad del corte sin oponer la más mínima resistencia.  Le siguió casi inmediatamente ‘Exit Music (for a Film)‘, con una intensísima versión de ‘Lotus Flower‘ intercalada. Momentos memorables fueron los de ‘Everything in Its Right Place‘, ‘Idioteque‘ y ‘Street Sprit (Fade Out)‘, con la cual el público se rindió por completo y se arrodilló ante la formación de Abingdon. En el bis no faltaron otras de las grandes esperadas, todas coreadas por una masa ya extasiada, como ‘Nude‘ o ‘2 + 2 = 5‘. Pero Thom y los suyos, que en esto de la música y del hype son unas eminencias, se reservaron para el final ‘Creep‘, la canción menos Radiohead de la historia y, absurdamente, la más conocida y esperada en todos sus conciertos. ‘Karma Police‘, con ese solo de guitarra acústica de Yorke, cerró un concierto épico que quedará para siempre grabado a fuego en el corazón de los que allí estuvimos.

El sábado llegó un poco antes de lo previsto y un poco más tarde de lo deseado.  Las sensaciones contrarias invadían las almas que pululaban por el NOS y con bastante recelo acudimos varios al Heineken Stage para ver a José González, con la esperanza de que no se congregaran allí tantas personas como en la actuación de Two Door Cinema Club (razón por la que unos cuantos nos vimos obligados a irnos del festival antes de tiempo). Con cierto alivio y una pizca de incredulidad quedó enseguida patente que el sueco no tenía el mismo atractivo y así se pudo disfrutar de un directo de sonido cristalino y encanto arrebatador. Como siempre, el tiempo a su disposición era poco y más corto todavía pareció, pero el cantautor consiguió arrebatarnos el corazón con algunos de sus mejores temas, como ‘Crosses‘ y ‘Heartbeats‘ o su versión de ‘Teardrop‘, que consigue hacer sonar incluso mejor que la original. Probablemente, el mejor concierto del festival.

Arcade-regine

Casi en la recta final y con bastante mejor sabor de boca llegó el momento de Arcade Fire, otro de los grupos que más expectación crearon. Y es que da igual en cuántos festivales toquen o cuántas veces los veas: los canadienses nunca defraudan. Comienzo grandioso, el de Arcade Fire, que encendieron los ánimos con su inmensa ‘Ready To Start‘ e hicieron las delicias con ‘The Suburbs‘ (I y II). Siguieron con ‘Sprawl II (Mountains Beyond Mountains)‘ y, como si de una oda a la vida se tratara, nos dedicaron sus deliciosas ‘Reflektor‘ (¡ay, Bowie!) y ‘Afterlife‘. El público ya estaba extasiado, pero los de Win y Régine no dieron tregua, desenfundando algunas de sus mejores canciones para hacernos cantar a pleno pulmón ahora, o bailar como si nos fuera la vida en ello luego, sin piedad alguna: ¡’No Cars Go‘, ‘Ocean of Noise‘ (¡¡¡con los vientos por Calexico!!!), ‘Neighborhood‘ (1 y 3), ‘Rebellion (Lies)‘, ‘Here Comes The Night Time‘! Se despidieron sobre las notas de ‘Wake Up‘, entre nuestros “oooooh ooooooh oooooooh” y sus confetis, dejándonos con la sensación de haber sido parte indispensable de algo glorioso, de algo eterno, como si música fuéramos nosotros.

Arcade

Texto: Robbina Simeoni

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Foto. NOS Alive (Arlindo Camacho / Macedo Photographer)   Conciertos. Festivales
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