12/07/2016

Los hits del 'Hurry Up, We're Dreaming' no disimulan la evidente pérdida de identidad musical del francés, cuya actuación no pasó de la corrección.

M83 ha perdido definitivamente su(s) estrella(s), o al menos la estela de aquella que le llevó a lo más alto hace apenas cinco años. Y no es solo porque el francés haya desviado su mirada del firmamento y del espacio exterior que otrora inspiraban su música, entre el post-rock analógico y la electrónica posmoderna, es porque el bueno de Anthony Gonzalez parece haberse perdido incluso a sí mismo. En su concierto de anoche en el Festival Jardins de Pedralbes de Barcelona fue fácil encontrarle en temas antiguos como ‘Steve McQueen’, ‘Intro’, ‘Wait’ o ‘Midnight City’, pero nada de lo nuevo nos enseñó un solo atisbo del artista que creímos haber ganado con Hurry Up, We’re Dreaming. Contemplando su trayectoria hasta ese punto de inflexión era evidente que la fuerza centrífuga de su evolución no hacía sino ganar velocidad, pero el tortazo que se dio –y nos dio– con Junk, su reciente último trabajo, nos pilló a todos un poco por sorpresa. No nos corresponde a nosotros decidir si un artista debe desarrollarse de tal o cual modo, pero sí juzgar si dicha deriva funciona o no; y, en este caso, el lugar a donde parece que va M83 no supera al lugar de donde viene.

En general, de todas formas, fue un concierto correcto: con muchas luces, mucha épica pop y un puñado de hits lo suficientemente infecciosos como para configurar un buen recuerdo global. Pero resultó muy evidente el salto cualitativo que hay, ya no solo sobre el papel sino también sobre las tablas, entre el M83 que escalaba una montaña, y el que se está despeñando tras conquistarla; entre el M83 de 2005-2011 y el de 2016. Ya sea solo el síntoma o la enfermedad en sí misma, está claro que el francés ha perdido identidad musical. Quedó patente en la puesta en escena de temas como ‘Oblivion’, ‘Bibi the Dog’, ‘GO!’ o ‘Laser Gun’, la versión más pop edulcorada y pretenciosa del nuevo M83, y también la que menos recuerda a cualquiera de los M83 que nos han gustado en su inagotable proceso de mutación. Cediendo casi por completo el protagonismo tanto a Kaela Sinclair, su nueva teclista, como a Mai Lan en los últimos compases antes de los bises, dio la sensación de que el francés está entregado su banda a demasiados extraños últimamente. Suerte que la batería, inmensa de principio a fin, siguió remitiéndonos a la grandeza espacial de siempre incluso en los momentos más discutibles.

M83 (134)Rp

M83 (137)Rp

Por otra parte, si algo positivo tuvo la actuación de anoche de M83 con respecto a su nueva fórmula es que el francés demostró haberse quedado a medio camino a la hora de implantarla por completo. Su setlist apenas incluyó seis temas de su nuevo disco, y ocho del Hurry Up, We’re Dreaming: señal, tal vez, del poco convencimiento que tiene él mismo en relación a su material más reciente. Ni que decir tiene lo bien que funcionaron al principio ‘Reunion’, con redoble de beats, ‘Steve McQueen’, con el público ya irremediablemente en pie, la pretérita y glamurosa ‘We Own the Sky’ e ‘Intro’. Tanto, que hasta ‘Do It, Try It’, insertada en segundo lugar, camufló su excentricidad entre tanto plato volante. Luego es verdad que supo sacarle jugo a una muy bien montada ‘Walkway Blues’ y a una bailonga ‘Road Blaster’ –infalible ‘Ok Pal’ mediante–, con saxo en directo y un final digno de la mejor orquesta electropop, pero sin duda alguna las canciones más aplaudidas fueron las más antiguas. No ya las tan antiguas como ‘Sitting’, que por cierto sonó como un tremendo party bus espacial entrando en órbita, sino las del primer M83 que conocieron muchos.

Obviamente también funcionó bien ‘Wait’, curiosamente justo a continuación, porque en directo crece y crece como himno épico para gritarle al viento; y sobra decir que la gran mayoría de los asistentes habrían vuelto a pagar lo que pagaron solo por escuchar más de una vez la imprescindible ‘Midnight City’, que casi cerró de manera apoteósica el concierto. Tras una segunda mitad empalagosamente pop por momentos –con el escenario en manos de las chicas–, el final tenía que ser cañero y remoto, y lo fue con creces: con una ‘Couleurs’ en la que volvió a evidenciarse el poder de la batería a la hora de modular los rimtos, incluso por encima de la programación, y con una añeja, espacial y expirada ‘Lower Your Eyelids To Die With The Sun’. Pero ni el cebo de los grandes hits del pasado ni el final cañero que nos sirvieron los de Anthony Gonzalez impidió que nos fuéramos de los jardines de Pedralbes con un regusto agridulce. Poque M83 tenían un directo mejor en 2012 con tan solo 50 minutos de duración, que ahora en 2016 con hora y media y un disco más en las alforjas.

M83 (193)Rp

Publicidad

Foto. Pablo Luna Chao   Conciertos
Publicidad