26/06/2016

Un repaso exhaustivo a la 23º edición del festival, con James Blake, Anohni, la lluvia, Mura Masa, Kölsch, Boys Noize...

Seguramente la mayoría coincidamos en que la 23º edición del Sónar no ha sido la más lustrosa de su trayectoria, por varios motivos. A una más que sólida clase media-alta a nivel artístico le ha falto cabezas de cartel de mayor peso y relevancia, lo que probablemente haya conllevado la pequeña reducción de público a nivel general respecto al año pasado (seguramente más concentrada en la edición de noche). Además la climatología esta vez se ha cebado con el festival barcelonés, que ha visto cómo por una vez su celebración no marca la llegada del verano a Barcelona, y vio aguadas parcialmente las jornada del viernes (tanto día como noche) y sábado día.

Pero todo tiene su reverso, e incluso de una edición que en general no pasará a la historia sí nos hemos llevado un buen puñado de momentos memorables, además de constatar una apuesta decidida por Sónar +D e interesantes conferencias a cargo de Brian Eno o los creadores de esa maravilla de Spotify llamada Discover Weekly, el estreno de espectáculos y discos de Anohni y James Blake, y la certificación de que el futuro pasará por nombres como los de Mura Masa, Danny L. Harle o Kaytranada. Así lo vivimos.

JUEVES DÍA

James Rhodes (18)Rp

Nuestro Sónar 2016 a nivel musical curiosamente empezó con música clásica. James Rhodes, fenómeno literario del año por la publicación de su autobiografía Instrumental, se convertía el jueves por la tarde en el primer músico de clásica en actuar en el certamen de música electrónica. Consciente de ello (él mismo lo explicó), no solo se compró unas llamativas bambas para honrar la ocasión sino que fue extremadamente didáctico, como en su obra, para tratar de acerca un género tan inaccesible a priori para un público como el del Sónar. Entre la reverencia por el personaje y la curiosidad sincera, el público celebró el entusiasmo desprendido por Rhodes, y si bien sus interpretaciones probablemente no sean nada del otro mundo a nivel técnico (él mismo lo reconoce, y solo ver su postura ante el piano ya lo anticipa) sí consigue transmitir la emoción que él siente cuando se deja llevar por las teclas de su piano. Y eso fue más que suficiente.

Poco después, y tras comprobar que el magnetismo de Kelela encima del escenario solo va en aumento (estuvo en el Primavera Sound 2015, y su paso por el Sónar solo rubricó su camino al estrellato), el dúo canadiense Bob Moses tenía la tarea de arrojar un poco de luz a su oscura propuesta para adecuarla a todo un SonarVillage en hora punta. Lo lograron apostando por el músculo en sus desarrollos, por encima de la sutileza, y lo cierto es que en general salieron airosos de la empresa. Temas como ‘Tearing Me Up’ y ‘Too Much Is Never Enough’ sonaron sorprendentemente adecuadas a la luz del día, con equilibrio entre la elegancia y la fuerza.

Bob Moses (65)Rp

Pero si hubo un triunfador de la primera jornada, ese fue sin duda David August, que se presentó al Sónar en formato banda (acompañado de batería y guitarra) listo para rubricar con letras mayúsculas el primer día. Si Bob Moses optaron por el músculo, lo de David August fue una apuesta absoluta por la constante subida y las explosiones controladas, sin perder en ningún momento los matices de esa electrónica líquida por la que el productor alemán nada tan a gusto. Obviando algunos de sus cortes más conocidos en favor de nuevas canciones (del que será su próximo disco), y con un acompañamiento visual basado en los juegos de luces en blanco y negro en sintonía con el oleaje musical, la respuesta del público fue tan abrumadora que le coronó como el rey de la primera jornada.

Paralelamente en el SonarDome cobraba vida la unión de dos productores de elegancia exquisita como Philip Lauer y Gerd Lanson. Juntos como Tuff City Kids se arremangan, rebajan sus egos y se dan a la pista de baile con una sesión de trayecto impecable, en la que la oscuridad protagonizó la hora y media del set con algunos arrebatos de luz pero siempre en tono accesible y tremendamente bailable. El final, con su conseguido remix de esa trillada ’Rocker’ de Alter Ego, fue de escándalo. Lo que no pudo decirse de Kenny Dope, de quien solo vimos el final tras el éxtasis de Tuff City Kids. Para tratarse de una figura consagrada como la de Dope, su set en el SonarVillage se antojó algo plano y con una selección un pelín alejada de la retahíla de joyas que es capaz de ofrecer. No fue el día.

VIERNES DÍA

Y si el jueves no terminó como queríamos, el aguacero que cayó el viernes a la hora de comer en el recinto del Sónar de Día no hizo empezar con demasiado buen pie la segunda jornada. La electrónica vaporosa de la local Awwz se vio bastante mermada por ello, ya que es la banda sonora de una tarde tranquila a contraluz. Aún así, la aparición de otro nombre local de futuro como Bearoid para cantar una de las canciones animó mínimamente el ambiente.

Para El Guincho ya había dejado de llover, pero su reto no pasaba por la climatología sino por llevar a la vida un disco de sonoridad tan electrónica y retorcida como su Hiperasia. Lo intentó con su banda de acompañamiento de siempre (tres de los miembtos de Extraperlo) y lo consiguió a medias, seguramente acusando la falta de rodaje de un artista que se reinventa con cada paso que da.

El Guincho (48)Rp

Roots Manuva era una de los nombres fuertes de hip-hop de la presente edición y decidió saltar al escenario como tal. Rodney Smith acudió a la cita con un conjunto formado por un DJ, un batería, un mc acompañante y una cantante para los momentos melódicos. La fórmula surgió efecto y dio como resultado un show intenso, oscuro acorde con la muy industrial escenario Hall del recinto de Fira Barcelona, y tal vez un poco agobiante. Recurrió a dos temas antiguos de su repertorio: el agresivo ‘Wtiness (1 Hope)‘ que tuvo al público botando un rato y luego lo encadenó con la más densa ‘Movements‘. También hubo tiempo para repasar temas más recientes, como ‘Hard Bastards‘ de su último álbum Bleeds (2015). El británico cumplió con el guión, pero no logró retener a un público que poco a poco se marchó en busca de sonoridades más ligeras en el Village.

Estas llegaron de la mano de un chaval de 20 y pocos años llamado Danny L Harle. El productor británico es uno de los puntales del sello PC Music, y como tal ejerció en su divertidísima hora de set, que se nutrió de sus temas y remixes (desde su remix de ‘Shine’ de Years & Years a su reciente tema propio ‘Broken Flowers’, que le puede abrir todavía más puertas), todos cortados bajo el mismo patrón: bases electrónicas pasadas de vueltas, voces femeninas, y la euforia inmediata y fácil que describe toda una generación. Si uno conseguía abstraerse del revivalismo noventero constante y se contagiaba de la purpurina en el ambiente, el baile estaba servido.

Santigold (36)Rp

Inmediatamente después llegaba la renacida Santigold, que se presentaba al Sónar con un set festivalero de lo más entrenado, en el que el entretenidísimo show suplía las carencias que ciertas canciones acusaban. Bailarinas, coreografías, visuales “snapchateros” y lo que viene siendo un poco de verbena para acompañar temas como ‘L.E.S. Aritstes’, ‘Banshee’, ‘Lights Out’ o ‘Disparate Youth’, todos vestidos de ese pop a medip camino entre la ingenuidad de The Go! Team y el torbellino r’n’b de Janelle Monáe. Bien jugado por la chica de oro.

Hace un par de años (o tal vez tres) hubo una especie de hype con John Grant y el disco Pale Green Ghosts (2013). La cosa es que el talludito músico americano no estaba dispuesto a que su momento fuera un instante fugaz y dos años después se confirmó con Grey Tickless Black Pressure (2015). En el Sónar ofreció un concierto basado en estos dos discos con canciones como ‘Black Belt‘, ‘Grey Tickles Black Pressure‘, ‘GMF‘ o ‘Snug Slacks‘. El artista, con ese vozarrón, se movía como un loco sobre el escenario Hall. Ahora parecía un bailaor flamenco, ahora tenía más pinta del alumno poco aventajado de una clase de aerobic. Freak, contundente y divertido, el músico americano tiene vía libre para seguir explorando su sonido más bailongo (el más sentimental, menos). “Son muy bonitos y muy sexys“, dijo con una especie de acento entre inglés y mexicano. Gracias Mr. Grant, usted también.

John Grant (31)Rp

Lo de Matías Aguayo nos cogió desprevenidos, la verdad. El DJ chileno, que tenía el honor y la responsabilidad de cerrar la segunda jornada del Sónar de Día en el Village, empezó su sesión housera latina mientras intercalaba algunos de los temas donde pone su voz (decir cantar sería exagerado), como el Sucu Tucu. La escena tenía algo de esperpéntico, con Aguayo contorneándose en el escenario, poniendo morritos al público y desafiando a la cámara con su mirada fija clavada en ella. Algo de karaoke, algo de petardeo, algo de divo. Más cercano a la estrella del pop, que al esteta de los platos, el mejunje convenció a buena parte del público del Village. Eso sí, Aguayo aparcó el sonido de las maracas al final, y cerró con ritmos más secos.

VIERNES NOCHE

Jean-Michel Jarre (7)Rp

En esa empresa plausible de ir recuperando totems de lo que hasta hace nada se denominaba música avanzada, el Sónar se ha cobrado este año una de sus piezas más codiciadas en la figura de Jean-Michel Jarre. Tan relevante en sus buenos tiempos (finales de los 70 y todos los 80) como inadvertido para las masas desde mediados de los 90, Jarre ni reniega de legado más conocido ni de sus composiciones más actuales como así quedó plasmado el pasado viernes en el SónarClub, tan seguro de sí mismo y de las bondades de ese tour de force colaborativo que es el díptico Electronica que acaparó más de la mitad de su espectacular show a dar cabida a su último trabajo. Así pudimos retomar ese pasado tan celebrado (el encadenar ‘Oxygène 4‘ y ‘Équinoxe 4‘ fue de lo mejor de la noche) y pasar el tiempo haciendo cálculos sobre quién se lleva el gato al agua en cada bis a bis que recoge Electronica vol 1 y 2: si con Pet Shop Boys en ‘Brick England‘ la simbiosis se consigue amoldando Neil Tennant su voz al sonido Jarre, en ‘What You Want‘ es la canadiense Peaches la que barre hacía casa. La más icónica que revolucionaria ‘Exit‘, en la que colabora Edward Snowden, acaba siendo techno bien llevado pero totalmente inocuo, y ‘The Architect‘ es tan Jeff Mills que hasta podría dar el pego en la época Axis del pope del techno de Detroit. Y ya por no hablar del delirio trance comercial que supone ‘Stardust‘ que tan buenos réditos le dio a Armin Van Buuren hace ya mucho tiempo y con el que puso colofón a una velada en la que el francés convenció mucho más que otros que han asaltado el festival barcelonés como referentes en lo suyo y que al final acaban convirtiendo su paso en un triste karaoke.

Anohni (19)Rp

El primer show europeo de ANOHNI era uno de los imperdibles de esta edición, tanto por la mutación de la propuesta sonora de Antony Hegarty como por el marcado mensaje político de las canciones de Hopelessness. Aunque el eterno preludio de Naomi Campbell, retorciéndose a través de las pantallas del SonarPub, nos puso más nerviosos que expectantes, finalmente la cantante transgénero apareció escoltada por sus productores Oneohtrix Point Never y Hudson Mohawke a los platos, uno a cada lado, con el rosto cubierto por lo que parecía un burka. Prefirió dar un protagonismo visual casi absoluto a mujeres de edades, orígenes y características sociales y de género diversas, cuyas expresiones faciales se iban sucediendo al son de efectos y capas de sintetizadores camaleónicos, con momentos catárticos y bailables, pero también con algún que otro pasaje bastante aburrido que hizo desertar a más de un espectador. Sorprendentemente, los puntos álgidos del espectáculo se vivieron en canciones que no lucen especialmente en el disco; el desarrollo de ‘Obama’ y la progresión lacrimógena de ‘I Don’t Love You Anymore’ merecen especial mención. Sin embargo, nos fuimos con sentimientos enfrentados. Pocas veces la música de baile ha apelado a la indignación universal a la vez que se reclamaba nuestro divertimento.

James Blake (92)Rp

Poco después, imponía ver todo un escenario principal del Sónar de Noche preparándose para recibir a James Blake, el tímido chico británico que nos conquistó en 2011 a corazón abierto. Entre eso y la imagen del imponente SonarClub tampoco han pasado tantas cosas, más que un disco de consagración como Overgrown, y un recién llegado álbum colosal llamado The Colour In Anything, que Blake prácticamente estrenaba en el Sónar. Por eso la apuesta del británico fue doblemente valiente: el grueso del concierto fue ocupado por canciones de su último disco, de ‘Timeless’ a ‘Radio Silence’ o ‘Modern Soul’ (qué pena que ‘I Need A Forest Fire’ no entrara en el setlist), relegando sus piezas más íntimas e incluso las de su primer disco al banquillo (apenas llegó ‘The Wilhelm Scream’ y para cerrar). Pero Blake era consciente del escenario y el festival que le estaban recibiendo, y por ello esa vena clubber que ya asoma en sus directos habitualmente esta vez se multiplicó, convirtiendo canciones aparentemente reposadas como ‘Life Round Here’, ‘Radio Silence’ y ‘I Hope My Life’ en auténticos monstruos electrónicos, con puntos de ruptura en cada una de ellas que derivaban en auto-remixes monumentales, todos ellos tocados de forma orgánica por Blake y sus dos acompañantes, como él mismo se encargó de precisar más tarde. Con esta premisa anti-hits (incluso se atrevió a versionar ‘Confidence Boost’ con su protagonista, el rapero londinense underground Trim) y tan enfocada a generar un ambiente de club, ‘Retrograde’ emergió como un colofón rotundo, con ese sintetizador que hizo retumbar las bases de todo el festival y que solo fue superado por la explosión final de ‘The Wilhelm Scream’, con la que Blake definitivamente se desquitó de esa imagen de mosquita muerta y dio un golpe encima de la mesa para demostrar que ni siquiera necesita todo su repertorio para llenar un escenario así.

Lo de que Flume empezara con bastante retraso fue un regalo caído del cielo, sobre todo para quienes habíamos renunciado a ver la primera mitad de James Blake. Y seguro que si alguien lamentó la espera, rápidamente perdonó al australiano cuando éste empezó a arrojar carnaza, plenamente consciente de que se encontraba ante leones hambrientos de hit. Harley Edward Streten vino a exhibirse y a dejarse querer como el productor mainstream en el que se ha convertido, y aunque Skin acaba de estrenarse, nadie en el SonarPub se contuvo a la hora de cantar y bailar desenfrenadamente con ‘Say It’, ‘Smoke & Retribution’ y una ovacionadísima ‘Never Be Like You’, en las que no hizo falta la presencia física de sus colaboradores para que crecieran de forma considerable en su despliegue en directo. Por ahí tampoco faltaron sus remezclas y featurings para Lorde, Disclosure y Chet Faker, así como el gran petardazo que siempre será ‘Holdin On’ o el instrumental ‘Wall Fuck’ del nuevo disco, un tema que parece forjado con el único fin de bombardear grandes festivales.

Tras el tsunami expansivo, maximalístico y epifánico de Flume y antes de un directo memorable de Kölsch, le tocó lidiar a Mano Le Tough con un set de hora y media. Entonamos el mea culpa por no haber estado todo lo receptivos que merecía, pero intercalar un DJ entre 2 directos tan protagonistas era difícil. Con todo, el masterclass de Mano se sirvió de su vena más pistera, y dejó de lado su punto melancólico más propio de su faceta de productor, para dar la talla y no bajar las pulsaciones del público.

Justo después, Kölsch se erigió en uno de los ganadores del Sónar 2016. Más seguido por la parte de público masiva que no tanto por la de la crítica, Kölsch marcó uno de los puntos de clímax de las dos jornadas de noche y de todo el festival. Donde destacan los arpegios de violines en ‘Talbo‘ o ‘Moonface‘ de su último disco 1983, allí aparecían puñetazos directos al corazón. Contundencia, fuerza, una locomotora en bajada y sin frenos. Cuando llegó la lluvia en ‘Loreley‘ y ‘Goldfisch‘, la épica se había apoderado del público. Brazos abiertos, chicas subidas a hombros y un estado de euforia colectiva que pocas veces se han visto este año. Era difícil no sonreír mirando al cielo.

Poco antes de Kölsch, nos habíamos dejado martillear unos minutos por el B2B de Ben UFO Helena Hauff, quienes arrojaron a nuestros oídos una sesión de techno impecable en cuanto a técnica y conexión con la audiencia. Sin embargo, el cierre que parecía más adecuado para mantener los ánimos despiertos no cumplió las expectativas. A diferencia del set que ofreció en el Beach Club del Primavera Sound 2016 como Disco Finale, esta vez John Talabot sonó retraído, sin concesiones al disco ni a sus sonidos más desenfadados. Aunque algunos desertaron rápidamente hacia las dos otras propuestas –quizá con acierto–, el apego que le tenemos al DJ barcelonés nos hizo permanecer en el SonarPub para despedir la velada del viernes, que se animó hacia el final.

SÁBADO DÍA

Oneohtrix Point Never (74)Rp

En la oscuridad del SonarHall, Oneohtrix Point Never abdució a un público sorprendentemente receptivo con un show hipnagógico, confuso y de tintes industriales, que acompañó con perturbadores visuales alienígenas. Se valió de una acentuada distorsión vocal y múltiples chasquidos digitales para configurar su presencia cien por cien robótica, acompañado de un guitarrista que trazaba caóticas líneas en múltiples direcciones de nuestros cerebros. Quedó claro que Daniel Lopatin sabe canalizar sonidos y una narrativa conceptual desagradable como la del ambicioso Garden of Delete hasta convertirlos en experiencias placenteras y estimulantes.

Mucho menos experimental e introspectiva fue la actuación que le sucedió en el mismo escenario, a cargo del dúo Howling, que pese a una puesta en escena sobria y oscura fluyó e hipnotizó con emotividad y elegancia. La voz cálida y sinuosa de RY X y el manejo cristalino pero contundente de Frank Wiedemann conjugaron sensibilidad folk y deep house con excelsa sutileza, deleitando con una versión de ‘Everything In Its Right Place’ de Radiohead que se empalmó con su primer hit homónimo hasta arrancar el aplauso total y generalizado en un último tema de poderosos teclados.

Howling (18)Rp

La marca Ed Banger llegó a cotizar en lo más alto entre 2007-2009. Con Justice a la cabeza, le seguían Uffie, el propio Busy P., Breakbot y tantos nombres de ese resurgir del french touch de finales de los 2000. Bajo nuestro punto de vista, no han llegado nunca a hacerse sombra a sí mismos, y lo que antes acumulaba a miles de seguidores fuera el tipo de fiesta que fuera y con los participantes del sello que tocaran, ahora hacen falta jugadas como la del sábado por la tarde para recuperar ese espíritu. Bajo el nombre de House Party, salieron a jugar Busy P, Para One y Boston Bun. Ni rastro de hits evidentes y sí mucho de buen gusto, de tener buena maleta de clásicos de Chicago, con guiños a Daft Punk y dosis de baile. No llegaron a congregar tanta gente como se esperaba, pero los que estuvimos disfrutamos de ese lavado de cara.

SÁBADO NOCHE

La noche de sábado arrancaba con el que probablemente ha sido el mejor descubrimiento de este Sónar 2016: Mura Masa salía al escenario a primera hora con apenas un EP y algunos singles que nos han vuelto locos, pero con una juventud tal que no sabíamos qué esperar. ¿Una sesión con sus temas? ¿Un directo limitadillo como el de Flume? Nada de eso: el británico hizo honor a su faceta de productor y se presentó con su teclado, su batería electrónica y su set de bases, para construir prácticamente en solitario todos sus temas. Pero es que a ese talento innato por la ejecución en vivo de sus canciones le tenemos que sumar el ojo a la hora de escoger la vocalista, una irlandesa que responde al nombre de Bonzai y que hizo olvidar incluso a NAO y Shura (colaboradoras de sus temas) a nivel vocal, mientras llenaba el escenario con sus movimientos y magnetismo. Por lo que, a nivel técnico, el show de Mura Masa fue absolutamente impecable y más completo que muchos otros más populares. Y a nivel de canciones, hits irresistibles como ‘Firefly’, ‘Love For That’ y ‘What If I Go?’ no llegaron hasta la recta final, pero ni con composiciones inéditas (varias de ellas más contundentes y electrónicas, cercanas al trap bien entendido) decayó el ritmo en ningún momento. Revelación absoluta.

New Order (154)Rp

Al otro lado del festival, nadie daba un duro por New Order. Su última visita al Sónar, en 2012, dejó muy mal sabor de boca. Fue un concierto sin química y, en general, parecía que la reciente salida de Peter Hook les estaba pasando factura. Estuvo bien que el sábado por la noche Bernard Summer y los suyos barrieran ese recuerdo con un show que, sin ser nada del otro mundo, fue de lo más divertidos del festival. Un repertorio cargado de hits eternos, unos visuales efectivos y un público entregado que llenó el escenario Club hasta la bandera. Summer canta justito, pero le pone ganas y el público, tras tres días de festival, es agradecido con los artistas que aún son capaces de imprimir baile en sus pies. New Order tocaron varios temas de su último trabajo, Music Complete (2015), sin generar desánimo en un público que estaba allí para saciar su sed de clásicos. Cayeron ‘Crystal‘, ‘Bizarre Love Triangle‘, y ‘True Faith‘. El bis arrancó con una ‘Blue Monday‘ acelerada que enloqueció a la sala y culminó con ‘Love Will Tear Us Apart‘ con un aire bastante verbenero y un mensaje un poco naive proyectado en la pantalla: Forever Joy Division. Qué quieren que les diga, New Order, desacomplejados, superaron con nota la hora noble del festival en el escenario Club, una prueba en la que muchos otros grandes y menos momificados han aburrido.

Los conciertos de auto-homenaje se están convirtiendo en un género en sí mismo y también en una buena manera de mostrar el estado creativo actual de un artista. Los germanos Booka Shade venían a cubrir el ahora reivindicado su disco Movements, y lo que se vio sobre el escenario del SonarClub fue un retrato preciosista y bien trabajado (sonaron de fábula y visualmente traían una escenografía cuidadísima) de ese disco de notables canciones pero poco rompedor (tampoco lo tenía por misión), en el que se celebró, por supuesto, que fuesen cayendo joyas del calibre de ‘Body Language‘ y ‘Mandarine Girl‘. Nada nuevo, cierto, pero totalmente disfrutable.

Kaytranada (55)Rp

Durante el tramo central de la noche del sábado, el ambiente se tiñó de ritmos negros y eclécticos, tanto tropicales como urbanos. El set de Kaytranada podría convertirse en la banda sonora predilecta de este verano, ya que el haitiano-canadiense desplegó beats suaves, vocales susurrados y percusión calmosa hasta convertir aquello en una pista de baile futurista y paradisíaca. En su habitual mezcla de r&b, house, disco, funk y hip hop no faltaron sus remezclas para AlunaGeorge, Missy Elliott, Janet Jackson y Rihanna, su colaboración con Anderson .Paak o el hit etéreo y robótico que es ‘Lite Spots’. Por su parte, Skepta vino a gobernar por primera vez el recinto con una versión ya completamente mejorada de sí mismo respecto a su actuación del año pasado con su hermano pequeño JME, quien en esa ocasión llegó a hacerle sombra. Mientras un DJ hacía sonar las primeras notas de ‘Konnichiwa’, el nuevo capo del grime salió solo ante una abultada multitud que rápidamente vitoreó y saltó enloquecida, aunque pronto, como viene siendo habitual, salió su crew Boy Better Know a acompañarle. Caldeó al entregado personal con ‘That’s Not Me’ de buen principio, disparó la certera ‘Shutdown’ hacia la mitad y cerró con ‘Man’, su single más reciente. Antes de que terminara, Stormzy cogería el relevo del grime británico en el SonarLab, donde demostró que su repertorio musical y técnico va mucho más allá del ya mítico ‘Shut Up’, sorprendiendo tanto a fans como a personas que no le conocían con un show cargado de energía y sentimiento.

Entre los nombres más desconocidos a priori de la jornada del sábado noche encontramos un enorme oasis de diversión: Melé & Monki’s NRG Flash. Dos DJs con el sello de BBC Radio 1 marcado en cada hit. Desde Armand Van Helden, al ‘Strings of Life‘ o guiños al cartel como los impepinables de Booka Shade o Fatboy Slim, lo de Melé y Monki fue una verbena por todo lo alto que podría haber durado 7 horas como los del SónarCar, ya que fueron una válvula de escape, de soltar las piernas y diversión sin pretensiones como pocas hubo ese día.

Al mismo tiempo, y aunque en ciertos momentos totalmente pasado de vueltas (exceso de trap y hip hop tan canónico como manido, esperábamos algo más de variedad pero supongo que se quiso adaptar al medio) y hasta con algún problema técnico al final del set (sonido en ocasiones chirriante y hasta un parón), la sesión del nicaragüense Craze venció por un acoso por derribo que tumbó a los que se quedaron tras la desbandada generalizada al acabar Skepta. Y no debería haber sido así porque el talento en la selección y sus habilidades con los platos lo tiene de sobra. Ahora, es un espectáculo ver como se regodea con el ‘Core‘ de RL Grime o el ‘Simon Says‘ de Pharaohe Monch llevándolos mediante el scratch a un nuevo nivel de locura.

Boys Noize (86)Rp

Fue la antesala perfecta para Boys Noize. No es la primera vez que Alex Ridha presenta uno de sus discos dejando un poco de lado su aclamada e incendiaria faceta como DJ (en el recuerdo su épica sesión de 2014 en este mismo festival bajo un buen chaparrón y la gente dando botes como si no hubiera un mañana) apostando por un live que en poco se diferencia de sus sesiones más allá de la cantidad de material propio que entra en él. Y no fue diferente en esta ocasión. Mayday es un álbum que no le discute sonoramente nada a los anteriores más allá de adaptar algunas de sus piezas a lo que suena ahí fuera sin perder de vista ese espíritu pistero y deudor de los géneros más clásicos que le ha convertido junto a Modeselektor en una de las claves del resurgir del movimiento techno en media Europa. Sonó contundente como siempre e inspirado como pocos (‘Overthrow‘ y ‘Birthday‘, ésta última a pachas con Spank Rock y Hudson Mohawke, demuestran que compositivamente sigue en dulce) pero algunos parones innecesarios y el tomar solo pequeñas muestras de varios de sus clásicos para decorar el resto de sus nuevas canciones lastraron un poco una actuación que, aun así, entra de pleno en el top 5 de lo mejor del Sónar.

Y cuando acabamos nos fuimos corriendo a Bicep… pero no, no escuchamos ‘Just‘. Ese tema que nos iluminó en 2015 Jamie xx (precisamente en su set del Sónar) y aún hoy nos acompaña. No pudimos cerrar el círculo como queríamos. Fuimos acumulando tensión a cada beat que se le parecía, pero no llegamos a vivir el highlight. Sí que vivimos su oscuridad, su técnica y esa manera de hilvanar un set en la que siempre todo estalla sin darte cuenta, de manera contenida y manteniendo la atención a cada minuto.

No le des cuerda a Laurent Garnier porque se puede pasar una noche entera o toda una vida dando rienda suelta a lo que mejor sabe hacer: poner la pista de baile del revés. Así que entra dentro de la lógica que el Sónar deposite la confianza en su más reputado clausurador de festivales para encargase de echar el cierre al remozado SonarCar que prometía sonido envolvente y aforo limitado pero que realmente solo cumplió en lo segundo (de mitad para atrás no acababa de sonar del todo bien).

Apurando las últimas horas del sábado el francés ya se dejó llevar poniendo toda la carne en el asador: ‘Crispy Bacon‘ y el ‘Poney Part 1‘ para un fin de fiesta en el que todos salieron contentos: el festival porque gracias al francés y a Four Tet (que también se merendó una sesión maratoniana el día anterior) le han dado una segunda vida a un escenario que apenas tenía relevancia y, de carambola, también al público ya que gracias a la tremenda sesión de Jackmaster en el SonarPub (vaya remix tan jugoso del ‘Psycho Killer‘ de Talking Heads que se cascó) quedó claro que el SónarPub está a buen recaudo. En ese momento, con los primeros rayos de sol iluminando a Jackmaster, recordamos que ya era domingo y que difícilmente superaríamos la cuesta abajo hasta el miércoles próximo. De modo que la mejor y única opción era seguir bailando.

Textos: Max Martí, David Jiménez, Gabriel Trindade, Jordi Isern y Aleix Ibars.

Oneohtrix Point Never (185)Rp

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Foto. Pablo Luna Chao   Festivales
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