22/06/2016

Crónica del histórico concierto del artista en Barcelona.

Había muchas ganas y expectación por ver a Neil Young de nuevo en Barcelona, tras aquella actuación en el Primavera Sound 2009 que dejó marcados para siempre a todos aquellos que entonces le vimos por primera vez (anteriormente únicamente había ofrecido un concierto en el Palau d’Esports en 1987). Ahora, a sus 70 años, Young se ha embarcado en una gira que en el tramo europeo completará 27 fechas en apenas un mes y medio, algo ya de por sí extraordinario, y esta nueva visita a la ciudad condal venía precedida de las excelentes críticas tras su paso por Madrid un par de días antes en el Mad Cool Festival, y de la ilusión de ver al canadiense por fin (¿y quizás por última vez en tierras europeas?) en un espacio de dimensiones reducidas y amables. Como no podía ser de otra forma, Young demostró ser la bestia escénica que todos confiábamos que siguiera siendo, volcán de intuición musical, encarnación total de lo que el folk y el rock pueden llegar a significar y comunicar sin la necesidad de artificio. A la salida del Poble Espanyol, la emoción con la que se comentaba lo vivido elevaba desde ese mismo instante el concierto a la categoría de los históricos de la ciudad.

Era aún pleno día cuando un par de mujeres salieron a sembrar el escenario, escenificando el primer acto de la batalla del músico contra la multinacional de la industria agroalimentaria que da título a su último disco, The Monsanto Years, y que también se ha materializado en el cortometraje Seeding Fear, dirigido por Craig Jackson y producido por el propio Neil Young bajo su pseudónimo cinematográfico, Bernard Shakey. Un combate, el de los derechos de las familias de granjeros norteamericanos frente a las grandes corporaciones, que desde el año 1985 ha ganado visibilidad gracias a Farm Aid, la cita anual que organiza el canadiense junto a Willie Nelson, John Mellencamp y Dave Matthew.

Inmediatamente, y casi sin previo aviso, sus manos atacaron en solitario ‘After the Goldrush‘ al piano y su voz nasal y afilada, tan característica, nos trasladó a un nuevo espacio emocional, un lugar indefinido donde parecían reunirse el pasado, lo inmaterial y la pureza de lo que la música puede encarnar. Pasó a la guitarra acústica y a la armónica para seguir con ‘Heart of Gold‘, ‘Comes a Time‘ y ‘The Needle and the Damage Done‘, en un póquer de ases que nos dejó a todos con la piel de gallina. ¿Era un inicio tan desnudo y demoledor, plagado de clásicos, un aviso de despedida? Para cerrar esta primera parte, abordó ‘Mother Earth‘ al órgano, bajo un silencio emocionante que nos permitía percibir la comunicación total que Young desprende al cantar directamente desde su yo más íntimo a un planeta que ve desvanecerse.

Neil 02

Tras la aparición en el escenario de unos personajes ataviados con equipos de fumigación que representaban el abuso de pesticidas sobre aquel terreno labrado, entraron en escena Promise of the Real, la banda comandada por Lukas Nelson, hijo de Willie Nelson, a quienes para sus conciertos con el tío Neil se ha sumado su otro hermano, Micah. Transitaron en este segundo tramo por terrenos acústicos: ‘Out on the Weekend‘, ‘From Hank to Hendrix, una ‘Human Highway‘ que nos hizo temer cuando asomaron problemas de sonido, ‘Someday y ‘Unknown Legend. Un repaso clásico a su repertorio que nos tenía a todos tarareando a ratos, y fijándonos también en detalles del escenario, desde el icono indio que nos hacía recordar los orígenes de Young (y de Nelson) y otra de sus luchas personales, a los 12 iluminadores que controlaban manualmente los focos de escenario allá en las alturas. Aunque a ratos afloraba el fantasma de su sublime interpretación en solitario, y una a veces no podía dejar de percibir a unos Promise of the Real muy solventes pero poco asilvestrados, se podía percibir que la banda iba cogiendo forma para afrontar la parte eléctrica del set, quizás la más esperada precisamente por los cambios de ruta y los devaneos de guitarra con los que suele improvisar el canadiense.

Los cambios de instrumento parecían marcados también por el ritmo del atardecer, y ya era oscuro cuando Neil Young se enfundó la Gretsch eléctrica para iniciar una auténtica clase magistral de lo que significa comerse un escenario desde la humildad pero sabiéndose un transmisor de energía con una intuición por el sonido que sigue sorprendiendo a cada paso, con sus característicos movimientos de balanceo, siempre buscando la complicidad del resto, para lanzarse hacia una ‘Alabama pletórica en sus coros. Los paseos eléctricos de ‘Words (Between the Lines of Ages)‘ y una vibrante ‘Winterlong‘ dieron paso a uno de los momentos más excitantes del concierto, una ‘Love to Burn‘ extendidísima, con la clásica Les Paul de Young desprendiendo torrentes de lava eléctrica junto a unos Promise of the Real ya muy inspirados, siempre atentos a los movimientos del maestro.

De aquí a ‘Mansion on the Hill‘ y a las menos habituales ‘Revolution Blues‘, ‘Western Hero, con el inicial rugido del sonido de ‘Sleeps with Angels bastante celebrado, y ‘Vampire Blues‘, para cerrar con una coreadísima ‘Rockin’ in the Free World, con músicos y público celebrando ya la victoria que significaba este concierto, el estar allí, con Neil Young jugando al perro y el gato con un final de canción que dejaba entrever el final para huir de él y repetir varias veces el coro y la consigna que le han llevado hasta aquí. Volvió para ofrecer ‘Cortez the Killer‘, pero hubiéramos deseado que se quedara para siempre, o al menos hasta escuchar ‘Hurricane‘.

Neil 03

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Foto. Gustaff Choos   General
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